Desde el 20 de enero, cuando el presidente Donald Trump asumió su segundo mandato y firmó varios decretos ejecutivos sucesivos disponiendo recortes presupuestarios y de personal, que también han afectado a las agencias federales que financian y realizan investigaciones científicas en el país, los científicos viven un clima de incertidumbre y desconcierto en Estados Unidos, con repercusiones en otros países. Con el desmantelamiento de los programas y los retrasos en la renovación de las becas, la vorágine se extendió a laboratorios y universidades. Algunas de las medidas fueron suspendidas por los tribunales de Justicia, al menos de momento, pero la inseguridad continúa. “Hay muchas dudas. Se han impuesto restricciones no solo en cuanto al monto del presupuesto federal de investigación y desarrollo que podemos gastar, sino también sobre cómo podemos gastarlo”, declaró a Pesquisa FAPESP Joanne Carney, directora de relaciones gubernamentales de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), editora de la revista Science y una de las mayores y más antiguas sociedades científicas del mundo. El gobierno ha recortado la financiación de las investigaciones en temas tales como el clima, la inclusión y el género.
Una semana después de la toma de posesión, se congelaron las becas y la financiación federal bajo el pretexto de disminuir los gastos y achicar la planta de personal. La decisión ha causado confusión en las principales agencias de financiación de la investigación científica del país, la National Science Foundation (NSF) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), un conglomerado de centros de investigación biomédica. Un artículo publicado en la revista científica Nature reveló que se suspendieron los pagos de ayudas de investigación y se cancelaron los paneles de evaluación de la financiación, orden que fue dejada temporalmente sin efecto por un juez federal. Los recortes también han afectado a otras importantes agencias, tales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la Agencia Espacial Estadounidense (Nasa) y la Agencia de Protección Ambiental (EPA), que amenaza con el despido de hasta un 75 % de sus científicos y el cierre de su Oficina de Investigación y Desarrollo, lo que implicaría un recorte de 1.155 empleos en laboratorios, según publica el periódico The New York Times.
“Nuestra rutina se ha repartido entre continuar haciendo investigación y presentar nuevos proyectos para conseguir otras fuentes de financiación, desde becas de la propia universidad hasta aportes de instituciones filantrópicas, para garantizar los fondos que, en condiciones normales, estarían asegurados”, dice el físico brasileño Rafael Lopes, quien trabaja en el desarrollo de modelos matemáticos y estadísticos en epidemiología del dengue y desde hace dos años realiza una pasantía posdoctoral en la Universidad Yale, en un proyecto financiado por los NIH. “Hay muchas posibilidades de que la beca de investigación de mi jefe, Nathan Grubaugh, que cubre la mitad de mi sueldo, no se renueve en septiembre”, dice Lopes. Según él, los trámites del proceso de renovación ya deberían haberse iniciado en marzo, pero, dado el panorama de inestabilidad que vive la agencia, ha habido un retraso.
También señala que Yale, al igual que otras universidades, podría verse muy afectada por los recortes en los gastos administrativos, conocidos como costos indirectos, una suma de dinero adicional que perciben las universidades de los NIH para cubrir para cubrir los gastos de agua, luz, teléfono, internet, seguridad y mantenimiento físico de los laboratorios, entre otros costos de infraestructura. El 7 de febrero, los NIH anunciaron que limitarían el techo de esa tasa al 15 % del valor de los proyectos; actualmente, este porcentaje supera el 60 % en las grandes universidades, entre ellas Harvard, Johns Hopkins y la propia Yale. Según la agencia federal, esta disposición implicaría un ahorro “inmediato” de 4.000 millones de dólares.
“Cada institución recibe un monto negociado con los NIH y ésta es una de las razones por las que el sistema de investigación en el país es tan avanzado. Aquí en Yale, ese adicional es de un 67,5 %”, dice el físico. “Si se implementara el tope previsto, esto representaría una disminución de más del 75 % de los ingresos necesarios para cubrir estos costos, una pérdida presupuestaria para la universidad de algo así como 200 millones de dólares solo en este año”.

Alex Wong / Getty ImagesFrancis Collins, exdirector de los NIH, habla en una manifestación en la capital estadounidense: está preocupado por el paísAlex Wong / Getty Images
A principios de marzo, una medida cautelar suspendió los cambios en el funcionamiento de los costos indirectos tras la presentación de una demanda promovida por 22 estados y una coalición de organizaciones de investigación científica. El gobierno todavía puede apelar, pero, como le dijo la abogada especialista en ciencias de la vida Kate Heffeman a la revista Science, las probabilidades de que la Casa Blanca tenga éxito son escasas, pues el gobierno no ha respetado los procedimientos legales, como el de llevar a cabo una consulta pública y presentar un motivo atendible, e incumplió acuerdos previamente firmados. Aún puede intentar cambiar las reglas que rigen cómo las agencias de salud federales formulan nuevas políticas.
Los NIH despidieron aproximadamente a 1.200 empleados en febrero, como parte de un recorte federal de personal aún en período de prueba, trabajadores que habían sido contratados en los últimos años. A principios de marzo, según la revista Science, 250 fueron recontratados.
Se desconoce el volumen total de los recortes en los programas de investigación en el país, porque el mismo sigue modificándose, según le comentó Carney, de la AAAS, a Pesquisa FAPESP. “Una parte está en litigio, como los recortes o las reducciones previstas en los costos indirectos de los NIH. Y aún no sabemos qué otros cambios hay en el horizonte”, dice. “Parte del reto que enfrentamos radica en que nuestro ejercicio fiscal de gastos concluye recién en septiembre. Hasta entonces no sabremos cuál será el impacto global de estos recortes, ni en cuanto al total en dólares ni en lo concerniente a las subvenciones individuales por becas”.
Aunque trabaja en Brasil, la médica Ester Sabino, del Instituto de Medicina Tropical (IMT), de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), también se ha visto afectada por el congelamiento de los fondos. Sabino coordina un proyecto que desarrolla nuevos métodos de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Chagas, financiado por los NIH a través de una línea de apoyo para las enfermedades tropicales desatendidas. En enero, se sorprendió al no percibir el pago mensual de los gastos ya realizados, tales como exámenes y diagnósticos de pacientes, además de las becas de los investigadores, por un monto total de 23.000 dólares. “Solicité una orden de pago, una especie de reembolso, como de costumbre, pero no pagaron ni dieron mayores explicaciones. Estuve unos 20 días angustiada, sin saber cómo resolver el problema”, relata.
Sabino tuvo que suspender sus trabajos de investigación. Entonces se enteró por la prensa que el congelamiento había sido suspendido por los tribunales estadounidenses. “Volví a presentar la orden de pago, y esta vez pagaron enero y febrero”, dice. La investigadora está preocupada por el futuro del proyecto, que acaba de completar el tercer año de su programa quinquenal previsto. El presupuesto anual varía entre 300.000 y 400.000 dólares. “No me han informado si van a abonar el cuarto año, que debía comenzar en abril”. Según ella, ya ha habido un recorte de un 20 % en la financiación debido a las restricciones presupuestarias de los NIH. “Nos hemos organizado para continuar con las investigaciones. El problema es que no sabemos lo que va a ocurrir”, explica Sabino, quien se encuentra ahora abocada a la búsqueda de otras fuentes de financiación.
Las medidas causaron confusión en las agencias de financiación de la investigación científica del país
Ante este panorama, el 7 de marzo hubo manifestaciones que reunieron a miles de personas en ciudades de Estados Unidos y Europa, como París y Viena, en contra de los recortes y despidos, en un movimiento conocido como Stand Up for Science. Protestas de este mismo tenor ya habían tenido lugar durante el anterior mandato del presidente estadounidense, entre 2017 y 2021. La revista Science contabilizó unas 30 manifestaciones en todo el país, y se esperan más de 150 en otros países.
“No es algo que vaya a resolverse con un único evento”, dijo Samantha Goldstein, de la Universidad de Florida, una de las organizadoras de Stand Up for Science, a la revista Nature. El propósito de las protestas es convencer a los legisladores e impedir los recortes impuestos por el gobierno. El genetista Francis Collins, exdirector de los NIH, fue uno de los oradores en la manifestación que se llevó a cabo en la capital estadounidense. “Ahora mismo estoy preocupado por mi país”, dijo Collins, según publica la revista Science, quien fuera director de la agencia durante más de una década y recientemente se jubiló tras 32 años de trabajo.
En febrero, cientos de personas se reunieron frente al Departamento de Salud y Servicios Humanos del país para protestar contra los recortes a las subvenciones y los despidos masivos. Según la revista Science, 47 sociedades científicas, asociaciones y organizaciones, que representan a casi 100.000 investigadores de diversas áreas, enviaron una carta al Congreso, redactada por la Unión de Científicos Conscientes (UCS). En el texto, solicitaban el restablecimiento de la financiación federal a la investigación y la recontratación del personal de las agencias científicas, además de peticionar que “los científicos del gobierno se comuniquen libremente con el público y sus colegas internacionales y que se ponga fin a los ataques contra las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en la ciencia”.

Joe Buglewicz / Bloomberg via Getty ImagesLa Universidad Yale es una de las instituciones que pueden verse afectadas por los recortes de los costos indirectos pagados por los NIHJoe Buglewicz / Bloomberg via Getty Images
Diversidad e inclusión
En otro frente, está previsto terminar con los estudios financiados por el gobierno que abordan temas relacionados con la inclusión y la identidad de género, así como los que tienen relación con la comunidad LGBT+. Documentos y una grabación de audio obtenidos por la revista Nature muestran que el personal de los NIH recibió instrucciones de identificar y cancelar la financiación de proyectos que estudian las poblaciones transgénero, la identidad de género, la diversidad, la equidad y la inclusión (DEI) en la mano de obra científica, la justicia ambiental y cualquier otra investigación basada en la raza o la etnia. Los subsidios concedidos a las universidades de China y a las investigaciones relacionadas con el cambio climático también están en la mira.
“Para mí, el primer impacto se verá en las aulas, cuando se sienta el clima del alumnado, y de qué puedes hablar y de qué no”, dice la brasileña Michelle Morais, docente del Departamento de Estudios Internacionales y Regionales de la Universidad de Oklahoma desde 2017. “Soy docente de políticas públicas, derechos humanos y desarrollo internacional. Todo lo que está sucediendo afecta directamente lo que yo enseño. Estoy en contacto directo con mis colegas, que están preocupados”, añade. Morais está completando un período sabático en Brasil y tiene previsto regresar a Estados Unidos en julio.
En algunos estados, el tema de la diversidad y la inclusión, así como las cuestiones raciales y de género, ya estaban prohibidas en la financiación pública estadual y en los programas curriculares de las escuelas desde 2022. Lo que se está haciendo ahora, subraya Morais, es federalizar esta lógica. “Tuvimos que disolver la comisión de diversidad e inclusión del departamento, incluso antes de que asumiera Trump”. En cuanto a los recortes en la ciencia, ella marca una diferencia entre lo que ocurrió en el primer gobierno de Trump y lo que está sucediendo ahora. “Como en aquel momento las instituciones se resistieron, la táctica actual consiste en intensificar las acciones y aplicarlas rápidamente”. El efecto que persiguen, según la investigadora, es paralizar las posibilidades de respuesta. “El sistema Judicial y la oposición al gobierno están teniendo dificultades para responder, porque son muchos los cambios simultáneos y los costos procesales son altos”. La investigadora dice que, durante el primer mandato, las universidades no se habían visto tan afectadas. “Se trata de un desmantelamiento sin precedentes, un desguace de las políticas públicas”.
El gobierno también canceló subsidios a la investigación en la Universidad Columbia por 400 millones de dólares, argumentando que la institución no protegió a los estudiantes judíos en el marco de las protestas en apoyo a Palestina que tuvieron lugar en el campus desde que se inició la guerra en la Franja de Gaza. Los recortes en su mayoría afectan a científicos financiados por los NIH, que anunciaron la suspensión de más de 400 becas de investigación en la universidad, por un total de 250 millones de dólares. El Departamento de Educación del gobierno envió cartas a 60 universidades advirtiéndoles sobre posibles sanciones si no garantizan la seguridad de los estudiantes judíos. La primera afectada fue la Universidad Columbia, donde las protestas fueron más intensas. La administración federal canceló subsidios por 800 millones de dólares a la Universidad Johns Hopkins, que financiaba programas de salud internacional y ayuda humanitaria. Como resultado de ello, la universidad anunció el recorte de 2.000 empleos.
Carney, de la AAAS, dice que es demasiado pronto para evaluar si habrá un cambio estructural en la política científica del país. “Confiamos en que los responsables de la toma de decisiones reconozcan el impacto perjudicial que algunos de estos recortes ya están teniendo y tendrán sobre nuestra capacidad de innovar y competir con China. Espero que vuelvan a priorizar la inversión en tecnologías críticas en distintas disciplinas”, dice. Y subraya que otros países están viendo en la coyuntura actual una oportunidad para atraer a los científicos que trabajan en Estados Unidos a sus universidades e industrias. “He visto anuncios y llamadas a concurso en países tales como Irlanda, Francia, Alemania y China”, dice. De cualquier manera, considera que los recortes en el sistema de investigación científica estadounidense afectarán a otras naciones. “Muchos países se verán afectados, no solo por la pérdida de financiación, sino también por la reducción de las oportunidades de colaborar con colegas de Estados Unidos”, culmina diciendo Carney.
Este artículo salió publicado con el título “Incertidumbre en el estímulo a la ciencia” en la edición impresa n° 350 de abril de 2025.
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