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Reseñas

Los naturalistas en los tiempos del rey

Un libro que revisa el nivel de la investigación científica en la época colonial

A veces, el lugar común no siempre es común. Ésa es la reflexión que surge al terminar la lectura del libro de Maria Elice Brzezinski Prestes, Investigação da Natureza no Brasil Colônia. Se ha convertido en lugar común hablar acerca de la necesidad de revisar las ideas y estudios corrientes sobre la historia de la ciencia en Brasil, en especial la de los períodos colonial y monárquico. El punto de vista anterior indicaba que no había existido ninguna actividad científica en esos períodos. Pero ¿eso es verdad? La cuestión solo puede aclararse realizando investigaciones de carácter histórico. Con todo, no se puede decir que los resultados alcanzados hasta ahora sean en general de buen nivel. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de esos trabajos, pese a la buena voluntad de sus autores, peca por la lectura ligera y equivocada de obras de sus antecesores, más allá de una comprensión superficial acerca de qué es ciencia.

No es el caso de Maria Elice Brzezinski Prestes. Su tema es la investigación de la naturaleza en el Brasil Colonial, por tanto, se enmarca en el lugar común. No así sus resultados. Mostrando una intimidad mayor con el objeto de su investigación –la ciencia biológica–, intimidad que no se nota en la mayoría de sus colegas, ella ejercita con maestría el método histórico, situándolo en el escenario de su tiempo. De esa forma, ella inicia su trabajo en el siglo XVI, haciendo una revisión de los escritos sobre viajeros y cronistas, en su mayoría extranjeros, que hablaron y describieron la fauna y la flora brasileña de aquel tiempo. Se trata de relatos de misioneros y estudiosos como Anchieta, Pêro Gandavo, Ambrósio Brandão, Ivo d’Evreux, Jean de Lery, Hans Staden, André Thevet, Georg Marcgrave y Willem Piso, entre otros. Argumenta persuasivamente que esas obras, aun cuando hablan de lo fantástico y lo mágico, están dentro de los cánones del saber biológico vigente en el Renacimiento, que no habría superado aún las características escolásticas y medievales.

El panorama se transforma en los siglos XVII y XVIII, cuando emergió una nueva Historia Natural en Europa, centrada principalmente en las ideas de Lineu que se impusieron tras ríspidas polémicas con las de sus oponentes como Buffon, solo para citar uno de los más célebres. Es importante resaltar que, sin ese entendimiento acerca de la existencia de esa mudanza en los paradigmas biológicos del continente europeo, sería imposible comprender el significado de las investigaciones sobre la naturaleza efectuadas en ese período en Brasil. Pero esa comprensión estará aún fallada si no tiene en cuenta la intermediación de la metrópoli lusitana en ese proceso.

Es por eso que Maria Elice dedica todo un capítulo a ese tema, esclareciendo el papel de la Reforma Pombalina y del naturalista italiano Domingos Vandelli en la difusión de la nueva visión de la naturaleza suscitada por el paradigma lineano. Solo entonces, ella entra en el análisis de los trabajos de naturalistas brasileños como Alexandre Rodrigues Ferreira y Manuel Arruda da Câmara, deteniédose especialmente en la apreciación de este último. Allí aparece, con meridiana claridad, la figura de Arruda da Câmara como investigador de su tiempo, preocupado con los temas de la moda de la época, como la difusión de los jardines botánicos, la investigación de la historia geográfica de las plantas y preocupado con al conservación ambiental. En tanto, todo ese esfuerzo resulta prácticamente en casi nada en la tierra de Brasil, con su triste destino de ser una colonia supeditada a los designios despóticos de la metrópoli.

Shozo Motoyama es historiador, profesor de Historia de la Ciencia de USP.

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