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CULTURA

Los rastros de una misión portuguesa

La influencia que un grupo de intelectuales lusitanos legó a Brasil

“Soy un portugués más, en busca de algo mejor”. Si estas palabras no fuesen de autoría de un lisboeta exiliado en Brasil hace medio siglo por causa de Salazar, rápidamente se las interpretaría como una forma poética de expresar la falta de autoestima del pueblo lusitano. Sin embargo, al definirse de esta forma, el poeta y pintor Fernando Lemos expresó un sentimiento común a muchos portugueses que, al dejar la antigua metrópoli debido a los regímenes dictatoriales del siglo XX, ayudaron a erigir las tierras ubicadas más allá del mar que, como ya era sabido, ya hacía mucho tiempo habían dejado de ser colonia.Lemos forma parte de un grupo de intelectuales portugueses que nunca se autodenominó como “grupo”. Pero que ahora, con el lanzamiento de A missão portuguesa – rotas entrecruzadas [La misión portuguesa – rutas entrecruzadas] (con organización de Rui Moreira Leite y Fernando Lemos, Edusc y Editora Unesp, 235 págs., R$ 59), puede contar con una revisión y recalificación de su legado a la cultura brasileña, bajo el concepto de “misión”, término aplicado tradicionalmente a los profesores franceses que formaron la Universidad de São Paulo (USP) y empleado acá por Antonio Candido para referirse también a los portugueses.

Este libro contiene 26 artículos y 28 colaboradores, incluidos entre éstos los organizadores, y discurre sobre 19 personalidades, entre ellas las de Carlos Araújo, Eduardo Lourenço, Eudoro de Souza, Jorge de Sena, Vítor Ramos, Manuel Rodrigues Lapa, Fidelino de Figueiredo y Joaquim Barradas de Carvalho. La historia comienza antes incluso de los años salazaristas, cuando Sarmento Pimentel, tras participar del contragolpe a la dictadura de Gomes de Costa, en 1927, decidió exiliarse en Brasil. Por estas tierras se convirtió en presidente del Centro Republicano Portugués y colaborador del periódico Portugal Democrático (PD), que entre 1956 y 1974 se constituyó en la vía de expresión de los antifascistas portugueses. Entre sus colaboradores se contaban escritores, poetas, críticos y ensayistas como Adolfo Casais Monteiro, Agostinho da Silva, Castro Soromenho, Jorge de Sena y el propio Fernando Lemos. De todos ellos se traza un perfil en el libro.

“La cuestión política fue realmente relevante para estas personalidades. En última instancia, la única cosa que teníamos en común todos nosotros era el antisalazarismo”, recuerda Fernando Lemos, actualmente con 77 años, el único sobreviviente radicado aún en Brasil. En un tiempo en el que la prensa brasileña en general no comprendía el significado de las dictaduras europeas, Portugal Democrático desempeñaba un papel didáctico. “Fuimos diversas veces criticados por hacer un periódico de izquierda, pero no todos eran del Partido Comunista. Yo mismo nunca actué efectivamente en política, a no ser en exposiciones de arte, por ejemplo, para juntar fondos para parientes de exiliados portugueses”, dice Lemos. “Pero siempre tuve una actuación en eventos de izquierda, a la mayor distancia posible de la derecha.”

Si en las páginas del PD se estampaban las insatisfacciones políticas contra Salazar, en los circuitos culturales y académicos brasileños los “misioneros” de Portugal dejaban grandes contribuciones. En 1954, durante las celebraciones del IV Centenario de São Paulo, allí estaban ellos, anticipándose a las festividades, que se repetirán ahora en 2004, con 450° aniversario de la fundación de la ciudad.

Un referente político
“El propio Fernando Lemos arribó a Brasil para el IV Centenario y terminó quedándose por acá”, informa Rui Moreira Leite, el otro organizador del libro. Un inmenso panel de Lemos fue exhibido en el hall de la Exposición de la historia de São Paulo, organizada por el historiador Jaime Cortesão, el más militante de los “misioneros”, quien se exilió en España y Francia antes de llegar a Brasil. Además de constituirse en un referente político para los demás del grupo, Cortesão encontró su espacio en el país para escribir algunos de los trabajos fundamentales de la historiografía portuguesa moderna. Obtuvo apoyo gubernamental para desarrollar una investigación basada fundamentalmente en datos científicos relativos a la navegación, en particular en lo que hace a la evolución del conocimiento geográfico y cartográfico.

Al igual que Cortesão, la mayor parte de los integrantes de la misión portuguesa estaba constituida por hombres de letras – ensayistas y ficcionistas – que encontraron lugar para trabajar en las universidades brasileñas. “Fue a través de los colegas que me convertí en profesor de Artes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la USP, como así también de otras facultades”, recuerda Lemos. “La universidad era el espacio que teníamos para dialogar con la sociedad brasileña.”

Así, la primera parte del libro se aboca exclusivamente a algunos eventos académicos en los que, al margen de las discusiones sobre crítica literaria, historiografía y otros temas, había embates políticos implícitos. Los Coloquios Internacionales de Estudios Luso-Brasileños – cuya 4ª edición, realizada en Bahía en 1959, es comentada en este libro – fueron un ejemplo de ello. La interferencia directa de la política del Estado se hizo clara en 1954, cuando la propia organización del segundo Coloquio fue sugerida por Salazar, que se reservó el derecho de nominar a las personalidades participantes.

Esta pretensión, asociada a las conmemoraciones del IV Centenario de São Paulo, fue considerada por miembros de la comisión organizadora como un intento de fortalecimiento del salazarismo en Brasil. Lo que no dejaba de contribuir a la confrontación ideológica extraterritorial que los portugueses exiliados vivían en Brasil.Mientras que en el ambiente colectivo reinaba la insatisfacción política, la expresión artística se encargaba de transmitir su mensaje sobre la experiencia del exilio, tal como puede verse en la obra de Carlos Maria de Araújo, considerado el “poeta del exilio” del grupo.

También la obra poética de Fernando Lemos ya ha sido interpretada como una expresión del emigrado, principalmente en el poema A linguagem é apenas um processo [El lenguaje es tan sólo un proceso], que dice así: “Entrando mal dentro de um/ quadro, por exemplo, a gente pode cair num abismo/ alheio que/ não foi feito para as nossas quedas” [“Entrando mal dentro de un/ cuadro, por ejemplo, uno puede caer en un abismo/ ajeno que/ no fue hecho para nuestras caídas”]. “Nunca he añorado Portugal, pese a que siempre he tenido presente el hecho de que soy un extranjero. Y ser un extranjero portugués es diferente”, dice Lemos.

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