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Memoria

Los tesoros del sertón

La Comisión Científica de Exploración al territorio de Ceará ayudó a enriquecer el patrimonio del Museo Nacional de Brasila mediados del siglo XIX

Acuarela de Reis Carvalho que retrata aspectos de la vida cotidiana de los miembros de la comisión

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

El 26 de enero de 1859, una comisión integrada por algunos de los naturalistas e intelectuales más prestigiosos de la época embarcó en el vapor Tocantins rumbo a Ceará, en una expedición que pretendía explorar las riquezas de algunas de las provincias menos conocidas de Brasil. En el transcurso de casi tres años, emprendió un vasto trabajo de identificación y prospección de los recursos naturales e informaciones sobre climatología, topografía, cursos de los ríos, minerales, flora y fauna, además de costumbres, lenguas y tradiciones indígenas. El objetivo era dotar al gobierno de un mejor conocimiento sobre las carencias y potencialidades de aquella región. A pesar de formar parte de las actividades del Museo Nacional, con sede en Río de Janeiro, y de haber colaborado en el proceso de consolidación de las ciencias naturales en el país, la expedición prácticamente pasó al olvido para los historiadores de la ciencia de Brasil, y recién se la retomó en estudios efectuados a partir de la década de 1990. “Todavía no se sabe, pero se estima que gran parte del material recabado se habría perdido en el incendio que arrasó a la institución científica en septiembre de este año”, lamenta la historiadora Karoline Viana Teixeira, del Centro de Humanidades de la Universidad Federal de Ceará (UFC).

La Comisión Científica de Exploración está considerada como la primera expedición científica integrada únicamente por brasileños. Surgió a partir de una idea del naturalista Manuel Ferreira Lagos (1816-1871), miembro de la sección de anatomía comparada y zoología del Museo Nacional, en 1854, y resultó aprobada en mayo de 1856, en el marco de una reunión en el Instituto Histórico Geográfico Brasileño (IHGB), del cual era secretario. En su discurso a favor de la expedición, Ferreira Lagos contrastó los resultados de los viajes emprendidos por extranjeros, entre los cuales estaba el del naturalista inglés Francis de la Porte (1810-1880), quien exploró Brasil hallándose al servicio de Francia entre 1837 y 1841. Para el naturalista brasileño, en el país no faltaba gente con talento y capacidades específicas para la investigación científica.

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861) Reproducción de algunas de las plantas encontradas en el sertón, entre ellas, orquídeas y malváceasReproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

Además de evaluar las condiciones materiales disponibles para sacarle provecho a nivel comercial e industrial, la propuesta planteada al gobierno imperial también contemplaba el interés de Ferreira Lagos por incrementar las colecciones del Museo Nacional. Uno de los propósitos de la comisión, según él, sería recabar para la institución “una colección de productos de los reinos orgánico e inorgánico y todo aquello que pudiera servir como prueba del estado de la civilización, la industria, usos y costumbres de nuestros aborígenes”. La elección de Ceará como área de trabajo estaba basada en la hipótesis del hallazgo y explotación de metales preciosos. Los mitos de las riquezas en torno a aquel territorio eran antiguos, aunque los portugueses no se habían interesado demasiado en explorarla, posiblemente a causa de su apariencia, que en parte se revelaba a la vista como un inmenso desierto salpicado de dunas, o bien, en otros sectores como un vasto litoral cubierto de manglares.

Se cree que gran parte del material recolectado se habría perdido en el incendio que consumió al museo en septiembre de este año

Una vez aprobada, la Comisión se organizó en cinco divisiones, comandadas por naturalistas de instituciones y museos científicos del país. La sección de botánica quedó al mando de Francisco Freire Alemão (1797-1874), uno de los más notables botánicos brasileños, y la de geología y mineralogía, con el ingeniero Guilherme Schüch de Capanema (1824-1908), del Museo Nacional. Ferreira Lagos quedó como responsable de la división zoológica, mientras que el matemático Giacomo Raja Gabaglia (1826-1872), de la Academia de la Marina, lideró la división astronómica y geográfica. El poeta marañense Antônio Gonçalves Dias (1823-1864), del Colegio Pedro II, en Río de janeiro, fue el jefe de la sección etnográfica y se encargó de registrar el diario de la expedición. La documentación iconográfica, que se realizó mediante ilustraciones de plantas, animales, personas y paisajes, quedó a cargo de José dos Reis Carvalho (1798-1892), de la Escuela de la Marina.

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861) Un soldado, una oveja y una proveedora de víveres en marcha rumbo a la ciudad de Crato, en Ceará, en 1859Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

Reis Carvalho había sido alumno de la primera promoción de la Academia Imperial de Bellas Artes, fundada en Río de Janeiro en 1826 por João VI con el objetivo de inaugurar la enseñanza artística en Brasil bajo preceptos similares a los de las academias de artes europeas. Discípulo del pintor y dibujante francés Jean-Baptiste Debret (1768-1848), Reis Carvalho era reconocido en aquella época como uno de los más talentosos documentalistas de flores.

En un primer momento la expedición contó con un amplio apoyo del emperador Pedro II y de la élite intelectual de Río de Janeiro, habiendo llegado incluso a oídos de naturalistas europeos, entre ellos, el botánico Carl Friedrich von Martius (1794-1868), con quien Freire Alemão mantenía contacto. A lo largo de casi tres años, recorrió la provincia de Ceará, extendiéndose también hacia las actuales regiones de Piauí, Rio Grande do Norte, Paraíba y Pernambuco.

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861) Algunos ejemplares de mariposas retratados durante los trabajos de la comisiónReproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

Sin embargo, durante ese período, surgieron varios contratiempos políticos y económicos que contribuyeron para que el emprendimiento quedara en entredicho. “Los problemas que afrontó la Comisión, más allá de los económicos y aquellos emergentes de las condiciones climáticas y precariedades del sertón nordestino, tuvieron que ver con conflictos personales entre sus miembros, malentendidos con las autoridades locales y también con la pérdida de material de trabajo de la división de geología en el naufragio del yate Palpite, en Barra do Acaraú, cuando navegaba hacia Fortaleza”, resalta la historiadora Maria Margaret Lopes, del Programa de Posgrado Interunidades en Museología del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), en un artículo que publicó en la revista História, Ciência, Saúde – Manguinhos.

La expedición contó con un amplio apoyo de Pedro II y de la elite intelectual de Río de Janeiro, y llegó a oídos de naturalistas europeos, entre ellos, Carl Friedrich von Martius

También hubo otros episodios que involucraron un supuesto comportamiento libertino de Capanema y Gonçalves Dias, y el descuido en la aclimatación de 14 dromedarios traídos de Argelia para el transporte de los comisionados por los sertones, que más tarde fueron reemplazados por asnos y también se sumaron para que en Río, la expedición fuese vista como una iniciativa infausta, onerosa e inútil. “Al cabo, algunos se referían a la expedición como la Comisión de las Mariposas, mote que le impusieron aquellos que cuestionaban su importancia científica”, escribió Karoline Teixeira, de la UFC, en un artículo que salió publicado en 2013 en la revista Cadernos de História da Ciência.

Teixeira evaluó la experiencia de la comisión científica desde la perspectiva del uso de la ciencia como faceta intelectual del desarrollo del Imperio, en un país que procuraba lidiar con la herencia colonial y, simultáneamente, establecerse como nación moderna, capaz de emprender el conocimiento de su propio territorio. Según ella, aunque muchos la hayan considerado un fracaso porque no halló los tesoros esperados, la expedición pudo recolectar diversos pájaros, insectos y reptiles, que más tarde pasaron a engrosar las colecciones del Museo Nacional.

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861) Fiesta de bodas con baile en la calle en una región cercana al cerro de Vargem Grande (Ceará)Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

En aquella época, la institución también recibió 46 cajas provenientes del territorio de Ceará con materiales recolectados por las divisiones geológica y botánica. El herbario del Museo Nacional recibió una provisión de aproximadamente 14 mil muestras de plantas, guardadas en cajas de hojalata revestidas de madera. “Esa fue la mayor contribución botánica hecha hasta entonces para el patrimonio del museo”, comenta Margaret Lopes. “La institución, que siempre bregó por conseguir el dinero para adquirir colecciones, ganó mucho con el trabajo de la comisión”.

Los trabajos de la comisión rindieron una prolífica contribución artística y documental, con dibujos, acuarelas y aguadas sobre la región de Ceará de mediados del siglo XIX

Parte del material recolectado fue enviada al archivo del IHGB. Algunos utensilios, artesanías, armas y otros artefactos fueron litografiados en el Instituto Artístico Brasileño y coloreados a mano por el alemán Henrique Fleiuss (1824-1882). Con el material traído por la Comisión, el museo fue la primera institución en organizar, a la moda de las exhibiciones europeas, una exposición industrial en Río, en septiembre de 1861, con los productos naturales y aquellos relacionados con las costumbres de la provincia de Ceará. El éxito de esa iniciativa afianzó la idea de organizar una Exposición Nacional, preparatoria para la Exposición Universal que se llevó a cabo en Londres, en 1862, que fue la primera en la que Brasil participó oficialmente.

Los trabajos de la expedición también rindieron un abundante aporte artístico y documental compuesto por dibujos, acuarelas y aguadas de Reis Carvalho. Su obra constituye una gran colección de informaciones del Ceará de mediados del siglo XIX, donde abundan la vegetación, los paisajes rurales y urbanos, la arquitectura, artefactos, costumbres y personajes. Parte de ese material fue compilado y publicado en el libro intitulado Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861), editado en enero de 2017 por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan).

Reproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861) En una acuarela de 1860, Reis Carvalho retrata la iglesia de Bom Jesus dos Aflitos junto a las casas humildes en la pequeña Vila de Arronches, cercana a FortalezaReproducción del libro Aquarelas & desenhos do Ceará oitocentista: O trabalho de José dos Reis Carvalho na Comissão Científica de Exploração (1859-1861)

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