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entrevista

Maysa Furlan: Para romper el techo de cristal

Primera mujer que asume la rectoría de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), la especialista en química de productos naturales analiza los obstáculos que se interponen al ascenso femenino en la ciencia

Furlan dirige una universidad con campus en 24 ciudades, 3.200 docentes y más de 50.000 alumnos

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

En una ceremonia realizada el 15 de enero que reunió a más de 1.500 personas en el auditorio Simón Bolívar del Memorial de América Latina, en São Paulo, la química Maysa Furlan asumió el cargo de rectora de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), siendo la primera mujer que lo ejerce. Durante los próximos cuatro años, dirigirá una institución con características singulares: posee unidades distribuidas en 24 municipios del estado de São Paulo. Creada en 1976, la Unesp congrega a 3.200 docentes y más de 50.000 estudiantes de carreras de grado y posgrado. Es la segunda institución del país en cantidad de magísteres y doctores graduados, tan solo por detrás de la Universidad de São Paulo (USP). Su presupuesto para este año asciende a 4.690 millones de reales.

Especialista en química de productos naturales, Furlan es docente del Instituto de Química, con sede en el campus de Araraquara, desde 1987. Nacida en Mirassol, en el interior paulista, se graduó en química en la Unesp en 1981, e hizo su maestría (1985) y doctorado (1990) en la USP y un posdoctorado en la Washington State University (WSU), en Estados Unidos (1993). Dirigió el Instituto de Química entre 2004 y 2008 y asumió como vicerrectora en 2021, en la fórmula encabezada por el nefrólogo Pasqual Barreti, investigador del campus de Botucatu. En octubre del año pasado, obtuvo el 67,6 % de los votos en la consulta a la comunidad universitaria para la elección del nuevo rector, con el biólogo Cesar Martins, también de Botucatu, como vicerrector. En su primer día en el cargo, la rectora concedió la siguiente entrevista por videoconferencia.

Usted es la primera rectora en la historia de la Unicamp, pero no fue la primera vicerrectora al asumir esa función en 2021: ese cargo ya había sido ejercido una década antes por la profesora Marilza Rudge. ¿Por qué es tan difícil que las mujeres lleguen a la cima de la jerarquía académica y rompan lo que en el sector privado se conoce como “techo de cristal”, una metáfora que alude a los obstáculos, a menudo invisibles, que impiden el ascenso femenino a los puestos más altos?
Es una cuestión histórica, reflejo de una sociedad aún conservadora y machista, con un marcado predominio de la figura masculina en los puestos destacados. Las universidades reflejan las dificultades de la sociedad brasileña. Las mujeres cargan con la responsabilidad de las labores domésticas, la maternidad y el trabajo, y ello repercute en sus trayectorias académicas y profesionales. Así y todo, su presencia es cada vez mayor en las universidades estaduales paulistas, y no es la primera vez que alcanzan puestos destacados. Hace unos 20 años, la USP [Universidad de São Paulo] tuvo una rectora, la profesora Suely Vilela. Las universidades han debatido mucho sobre las dificultades que enfrentan las investigadoras para ascender en su carrera y sus oficinas de gestión han generado datos. Un dato importante indica que las mujeres tardan más que los varones en alcanzar el título de profesor titular. Y éste es un requisito para acceder al cargo de rector. En las universidades públicas paulistas, observamos cierta equidad al principio de la carrera. En la Unesp, actualmente hay alrededor de un 50 % de mujeres y un 50 % de varones al inicio de la carrera docente. Pero las mujeres solo congregan el 25 % de los profesores titulares, algo que también se observa en otras instituciones. Hemos avanzado, pero todavía tenemos que mejorar estas condiciones.

¿Qué debería hacerse, a su juicio?
Es esencial que las universidades cuenten con una mayor infraestructura de apoyo a las madres, ya sean docentes o alumnas, como cambiadores de bebés y espacios para amamantar, por ejemplo, creando un ambiente favorable. Movimientos como Parent in Science (Maternidad en la Ciencia) han promovido discusiones en todo el mundo acerca de estas cuestiones en la carrera científica y los obstáculos son más evidentes especialmente en las áreas conocidas como Ctim o Stem [acrónimo en inglés por ciencias, tecnología, ingeniería y matemática]. En la ceremonia de toma de posesión de mi cargo, una mujer de 40 años se me acercó para contarme, muy emocionada, que solo había podido acceder a la universidad después de haber criado a sus hijos. Esto refleja profundos problemas sociales que imponen un límite a las oportunidades, más allá de las capacidades. La universidad tiene que ocuparse de ello, porque su rol es fundamental para promover una sociedad más ecuánime y justa y contribuir al avance del país.

Un artículo de su autoría publicado en 2020 en la revista Tecnologia e Tendências abordó los retos que enfrentan las mujeres en las carreras científicas del área de materiales. En él usted hacía hincapié en la sobrecarga física y emocional que las investigadoras soportaron durante la pandemia. ¿Podría mencionar algunos ejemplos?
Con la química Karina Fontanin analizamos datos de la Capes [Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior] sobre el ingreso y la progresión de las mujeres en el área de materiales. Notamos que, durante la pandemia, las mujeres soportaron una enorme sobrecarga al tener que lidiar tanto con su trabajo profesional como con las tareas del hogar. Además de dar clases y producir estudios científicos, tenían que supervisar las clases online de sus hijos y cuidar a los ancianos y familiares en situación más frágil. Esta situación tuvo un impacto significativo en sus carreras, que se tradujo en una caída de su producción científica superior a la de los varones, aunque ellos también se quedaran en casa. Esto demostró que las mujeres aún cargan en sus espaldas la mayoría de las responsabilidades domésticas y familiares. La importancia de su rol dentro de la familia es fundamental: son las principales responsables de mantener el equilibrio del ambiente doméstico y ello repercute en su salud física y mental.

Durante la pandemia, las mujeres se enfrentaron a una gran sobrecarga al tener que conciliar el trabajo profesional con el cuidado del hogar

Usted integra la Red Equidad, un grupo conformado por mujeres que dirigen instituciones públicas paulistas de educación superior. ¿Qué avances han logrado?
La propia conformación de la red en sí misma constituyó un avance y una gran experiencia. Los debates se centraron en diversos aspectos, tales como equidad de género, acciones afirmativas e inclusión étnico-racial, siempre con la mira puesta en hacer de la universidad un ambiente más ecuánime y justo. Los datos que recabamos revelaron la necesidad de discutir estos temas en el seno de la comunidad académica, elaborando y distribuyendo material didáctico y de divulgación sobre estas cuestiones y también sobre la accesibilidad, para poder brindarles acogida a las personas con discapacidades. Creamos protocolos y cursos formativos. Hoy en día, la totalidad de los docentes y el personal técnico-administrativo que contratamos en la Unesp tienen que asistir a estos cursos, que los preparan para lidiar con las cuestiones étnico-raciales y de accesibilidad. Esto es de suma importancia, porque no basta con abrir las puertas de la universidad y promocionar la inclusión si no todas las personas cuentan con un ambiente propicio para su desarrollo. En la Unesp confeccionamos la Guia de orientações sobre transtorno do espectro autista [Guía de orientaciones sobre el trastorno del espectro autista], que ha sido adoptada por la Secretaría de Derechos de las Personas con Discapacidad del Estado de São Paulo para su uso en las universidades y en la enseñanza media y fundamental. También creamos un curso preparatorio para el desarrollo de acciones afirmativas, organizado en forma conjunta por la USP, la Unesp y la Unicamp [Universidad de Campinas], que se encuentra disponible en línea para la red estadual de enseñanza.

En la ceremonia de toma de posesión como rectora, se anunció que la Unesp creará una prorrectoría abocada a las cuestiones de equidad, diversidad y permanencia estudiantil. ¿Cuáles serán sus funciones específicas?
¿Por qué una prorrectoría? Porque necesitamos articular todos los programas que hemos creado: permanencia estudiantil, acciones afirmativas, política de salud alimentaria, salud estudiantil y actividades deportivas. Cuando el alumno ingresa a la universidad, encuentra diversos tipos de apoyo para seguir estudiando. Nosotros le cambiamos la nomenclatura ‒de beca a ayuda‒ para que los estudiantes puedan participar activamente en los programas de iniciación a la investigación científica sin que esto parezca una acumulación de becas. También hay estrategias para proporcionar seguridad alimentaria −en la Unesp tenemos 10 restaurantes y ofrecemos viandas u otras iniciativas a los campus que no disponen de ellas−, y además está E-Care Sentinela, un canal de atención en línea creado durante la pandemia para brindarles apoyo a los estudiantes en cuestiones de salud mental, y Acolhe Unesp, un canal directo con la defensoría para tratar temas como la violencia y el acoso. Con este prorrectorado, las coordinaciones responsables de estas acciones dialogarán entre sí y tendrán mayor voz e influencia. Este es un proyecto en el que queremos trabajar y ponernos en acción durante los próximos 100 días.

La Unesp tiene unidades que ya existían décadas antes de la creación de la universidad, con historial en investigación, y otras creadas hace pocos años que aún se están consolidando. ¿Cómo puede hacerse para lograr que el cuerpo de investigadores de la universidad, distribuido por todo el estado, sea más homogéneo?
En primer lugar, quiero destacar que la Unesp nunca ha avanzado tanto en materia de investigación científica como en los últimos tiempos. En los últimos cuatro años hemos captado más de 1.000 millones de reales de las agencias de desarrollo. Hemos aumentado mucho nuestro flujo de aprobación de proyectos y los investigadores han cumplido un rol fundamental. Hubo varios proyectos financiados por la Finep [Financiadora de Estudios y Proyectos, una agencia del gobierno federal]. En la FAPESP, conquistamos nuestro primer Cepid [Centro de Investigación, Innovación y Difusión], coordinado por la profesora Patrícia Morellato, del campus de Rio Claro, un centro de estudios sobre biodiversidad y cambios climáticos. Nuestro crecimiento no se basa únicamente en estos grandes proyectos, sino también en proyectos en red, sobre temas que han madurado científicamente en la universidad. De hecho, tenemos unidades con distintos perfiles. Tenemos institutos jóvenes, creados a principios de la década de 2000, conviviendo con las centenarias Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Facultad de Odontología de Araraquara. Varias unidades realizan investigaciones con un grado de internacionalización muy robusto. Una forma de equilibrar el perfil de las investigaciones en los diferentes campus consistió en tratar de lograr un acercamiento entre los docentes que llegaban a realizar investigaciones en las unidades nuevas con nuestros programas de posgrado más consolidados y de excelencia. Estos docentes son altamente calificados, pero podría ser que sus unidades aún no tuvieran una infraestructura de investigación instalada o una cantidad de investigadores suficiente como para crear un nuevo programa de posgrado. Esto ha sido muy importante: tenemos docentes que participan en programas de otras unidades, generando un bagaje que nos permite aventurarnos en otras líneas de investigación y crear programas nuevos en las unidades más jóvenes. Algo que actualmente nos preocupa es que algunos de nuestros docentes-investigadores se están acercando a su edad jubilatoria. ¿Cómo podemos mantener nuestras líneas de investigación en ciencias agrarias, por ejemplo, que son importantísimas para hacer frente a los retos sin precedentes que plantea el siglo XXI? Uno de nuestros desafíos actuales pasa por la contratación de nuevos docentes-investigadores atentos a estas especificidades.

¿Cómo se propone abordar el tema de la mengua de los estudiantes de posgrado y del interés por el cursado de estas carreras?
Este es un debate nacional, pues está afectando a todas las universidades, que han discutido largamente con la Capes sobre esta cuestión. Un tema fundamental en el que las seis universidades públicas paulistas ya están trabajando es el acortamiento del tiempo necesario para completar el trayecto en un programa de posgrado. La sociedad actual apuesta más por lo inmediato, algo que se ve reflejado en el vínculo de los estudiantes con la universidad. En la USP hemos firmado un acuerdo para establecer un trayecto más ágil hacia el doctorado (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 347). Este modelo experimental será evaluado en programas de posgrado de excelencia. Estoy muy entusiasmada. Pero también tenemos que revisar los programas de carreras de grado. En algunas áreas de formación, tanto en el sistema federal como en los estaduales, hay vacantes de carreras de grado que no se están cubriendo, como los profesorados.

¿Por qué?
Nos damos cuenta de que muchos jóvenes han perdido el interés por determinadas carreras. Pero hay otras cuestiones. También tenemos un índice de deserción muy alto en algunas. Las carreras de computación, por ejemplo, son ampliamente demandadas, con una altísima relación postulantes/vacantes. Pero no es nada raro que un estudiante llegue al tercer año de la carrera, acceda a una pasantía e inmediatamente después a un empleo con un sueldo alto y no regrese a la universidad. Fíjese que interesante: se van en tercer año y pueden hacer mucho fuera de la universidad. Estamos realizando estudios basados en inteligencia empresarial o BI [business inteligence], tanto en el nivel del grado como de posgrado, para entender las necesidades de los estudiantes y del mundo laboral, y así poder ampliar, diversificar o remodelar las carreras.

La sociedad actual apuesta más por lo inmediato, lo que se refleja en la relación de los estudiantes con la universidad

¿Cómo se propone conciliar su trabajo como investigadora con su rutina como rectora?
Son muchos los compromisos en la rectoría, entonces se hace un poco más difícil. Desde que asumí como vicerrectora, hace cuatro años, reduje bastante la cantidad de alumnos. En el laboratorio ya he tenido siete estudiantes de posdoctorado y cinco de doctorado. Pero todavía tengo algunos alumnos. Incluso estoy dirigiendo a un becario de doctorado de la FAPESP, Otávio Aguiar, que está cursando un período sándwich en Francia. Le dije: “Ahora estarás un poco más solo”. Estamos trabajando en un proyecto de investigación de una sustancia que se encuentra en concentraciones muy bajas en tejidos vegetales y procuramos, vía ingeniería metabólica, producirla en organismos como Saccharomyces cerevisiae, la levadura de cerveza, o en bacterias. Es un proyecto complejo y a largo plazo que ya ha formado parte de la formación científica de muchos investigadores. Tengo muchas ganas de continuar con mis investigaciones. Tengo una trayectoria como investigadora en el campo de la química de productos naturales con sólidos vínculos interdisciplinarios y siempre me ha sido muy instigadora la producción de conocimiento. Necesitamos formar científicos que puedan continuar con lo que hacemos, dejar un legado. Veremos qué es lo que consigo hacer.

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