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arquitectura

Memoria de lo nuevo

Una tesis analiza los conceptos de patrimonio histórico de Lúcio Costa

Una tesis doctoral defendida en febrero en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU/ USP) reemplaza las conclusiones definitivas y potencialmente reductoras por referencias para una reflexión sobre la trayectoria de Lúcio Costa. Defendida por Marcos José Carrilho, la tesis intitulada Lúcio Costa – Patrimonio Histórico y Arquitectura Moderna parte de una hipótesis incluso conocida, que sustenta que la esencia de la arquitectura moderna brasileña reside en la asociación entre vanguardia y tradición, para ampliar las bases de análisis del legado del padre de la arquitectura moderna y del patrimonio histórico nacional.

Carrilho fue dirigido por el profesor Nestor Goulart Reis Filho, también de la FAU, y participó en un proyecto de auxilio a la investigación de Goulart sobre Lúcio Costa.Graduado en arquitectura en Curitiba, Carrilho se mudó a São Paulo en 1982, tras su aprobación en un concurso del Consejo de Defensa del Patrimonio Histórico, Arqueológico, Artístico y Turístico del Estado de São Paulo (Condephaat). Era inevitable depararse con la figura de Lúcio Costa, fundador del Servicio del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (actual Iphan) junto a Rodrigo Mello de Franco Andrade, en los años 30. “Al margen de mi admiración por Lúcio Costa, de alguna manera yo me identificaba con él, pues, como arquitecto, me divido entre las propuestas constructivas de la arquitectura contemporánea y la preocupación con el patrimonio histórico”, dice el investigador.

Su investigación aborda desde el surgimiento de la vocación vanguardista brasileña, con la Semana de Arte Moderno del 22, hasta el ápice expresivo de la arquitectura moderna, con el trazado original que Lúcio Costa hizo para Brasilia. Carrilho resalta el carácter paradójico de los modernistas brasileños, en el que tradición y ruptura se mezclan. Y apunta hacia la permanencia de esa paradoja en los años 30 y 40, cuando la producción intelectual brasileña se dio bajo la tutela de un Estado conservador.

De acuerdo con el investigador, las afinidades de Lúcio Costa con el régimen de Getúlio Vargas lo llevaron a analizar vanguardias que también se aproximaron a ideas políticas conservadoras: el Racionalismo Italiano y la Vanguardia Rusa. “Al compararnos con movimientos como esos, percibimos que no fue solamente el modernismo brasileño el que trabajó en la búsqueda de una referencia histórica”, dice Carrilho.

Precisamente en la investigación del pasado Lúcio Costa se basó para crear algo tan original para su tiempo. La tesis de Carrilho aborda tres aspectos del legado del arquitecto: la producción teórica, el patrimonio histórico y su obra arquitectónica propiamente dicha. “La obra de Lúcio Costa es relativamente pequeña y ha sido bastante analizada, por eso procuré encontrar características que aún no habían sido notadas”, afirma el investigador.Si en el terreno teórico Lúcio Costa contribuyó mucho a la historia del arte brasileño, en el de patrimonio histórico dejó pensamientos claves para mucho de los que se piensa sobre conservación hoy en día. “Su interés por el patrimonio nació tempranamente. Un momento especial de ese proceso fue en 1926, cuando visitó Diamantina”, comenta Carrilho. “Costa encontró una ciudad completamente intacta, y aquello fue muy importante para el trabajo de patrimonio que desarrolló posteriormente.”

También los primeros proyectos arquitectónicos eran a su modo basados en la investigación del pasado colonial brasileño. “Desde que se recibió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro, Costa desarrolló diversos proyectos de cuño historicista, principalmente neocoloniales. Era la forma que él encontraba para investigar”, dice Carrilho. “Algunos llegaron a ser premiados, como el de la Embajada de Argentina”.

El momento de transformación de todo ese rescate hacia aquello que se denominaría arquitectura moderna brasileña, en la opinión del investigador, puede ser atribuido, en el campo de las ideas, al período en el que Lúcio Costa fue director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, la misma institución en la que se recibiera. “Costa impulsó profundas alteraciones en la orientación de la escuela, enfatizando el enfoque técnico y científico”, comenta. “Para Costa la enseñanza artística debería reforzar la armonía entre proyecto y construcción. La historia de la arquitectura debería estudiarse críticamente en lugar de aplicársela directamente en el proyecto.”

En el terreno de la construcción, la mismo divisoria de aguas puede atribuirse al Palacio Gustavo Capanema, sede del antiguo Ministerio de Educación y Salud Pública de Río, el cual en poco tiempo más puede convertirse en el primer edificio brasileño en recibir el título de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. Costa incentivó al gobierno brasileño a traer a Le Corbusier para desarrollar el proyecto. Aunque el maestro franco-suizo hizo el primer croquis, el proyecto ejecutado fue de autoría de un equipo brasileño, del cual formaban parte Costa y Oscar Niemeyer.

Para Marcos Carrilho, el Ministerio de Educación fue la síntesis más madura de las concepciones de Lúcio Costa, las cuales ya se habían expresado en proyectos como el de Vila Monlevade, de 1934. En ese proyecto, realizado para un concurso organizado por Companhia Belgo-Mineira, pero nunca construido, Lúcio Costa formuló una de sus propuestas más audaces de la asociación entre procedimientos constructivos tradicionales y fórmulas de la arquitectura moderna: la construcción de una casa de madera (herencia de nuestro pasado colonial e interiorano) sobre una plataforma de concreto armado.

“El proyecto habla por sí mismo, pero un análisis más atento del memorial descriptivo me hizo darme cuenta de que la ecuación tradición-ruptura no era tan sencilla como todos siempre la evocaron, es decir: Lúcio Costa con influencias de Le Corbusier y rescatando el pasado colonial brasileño”, dice Carrilho. “Hay menciones a arquitectos de origen anglosajón, lo que nos muestra un repertorio bastante rico”, explica el investigador.

La complejidad de la obra constructiva de Lúcio Costa está también en el Museo de São Miguel das Missões, en el que el trabajo ecléctico del arquitecto junto con el profesional del patrimonio histórico se materializó en la construcción de columnas sobre resquicios de las antiguas misiones de Río Grande do Sul. Unidas por paredes de vidrios, éstas sugieren la construcción de un museo que, al mismo tiempo que conserva y alberga la memoria del local, no se impone como un elemento invasivo en la historia de las misiones.

“Asimismo, el museo fue construido en un sitio que les permite a los que están en su interior reconstituir en su imaginación el plano urbanístico de las edificaciones originales”, comenta Carrilho. “Lúcio Costa es un arquitecto que logra con un proyecto sugerir todo el trazado urbanístico del entorno”. Fue así que, en los años 40, Costa fue llamado por los herederos de Eduardo Guinle para construir un grupo de edificios en torno a su antigua mansión sin descaracterizarla. Esto en Río de Janeiro.

El análisis de Carrilho sugiere diversas evocaciones del pasado nacional en la obra de Lúcio Costa. “Incluso el trazado de Brasilia, posiblemente su diseño más famoso, puede interpretarse como una remisión a la primera misa de los portugueses en suelo brasileño, toda vez que dicho diseño tiene forma de cruz.”

El Proyecto
Lúcio Costa y los Orígenes de la Arquitectura Moderna y del Patrimonio Histórico (nº 01/06206-2); Modalidad Línea regular de auxilio a la investigación; Coordinador Nestor Goulart Reis Filho – FAU/USP; Inversión R$ 1.507,80

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