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Entrevista

“Podemos perder algunas generaciones de científicos e ingenieros”

El investigador estadounidense Kei Koizumi estuvo en Brasil para participar en un seminario sobre la ciencia de la ciencia

Koizumi en la sede de la FAPESP: las políticas de innovación regionales son importantes para el desarrollo económico del país

Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESP

El científico social estadounidense Kei Koizumi toma parte desde hace años en la formulación de la política científica y tecnológica de Estados Unidos. Fue asesor de los presidentes Barack Obama (2009-2017) y Joe Biden (2021-2025) y ocupó cargos de liderazgo en la Oficina de Políticas Científicas y Tecnológicas (OSTP) de la Casa Blanca. También participó activamente en la implementación de la Chips and Science Act, aprobada en agosto de 2022 con el objetivo de fortalecer la producción de semiconductores y ampliar la financiación federal en ciencia y tecnología.

Los días 10 y 11 de julio, Koizumi visitó la sede de la FAPESP, en São Paulo, y la Universidad de Campinas (Unicamp), para participar en el seminario Investigación sobre Investigación e Innovación: Indicadores, Métricas y Evidencias de Impactos. También conocido como ciencia de la ciencia, este campo estudia cómo se produce, financia y evalúa la práctica científica. El evento fue organizado por el Laboratorio de Estudios sobre Organización de la Investigación y la Innovación (Lab-Geopi), de la Unicamp, en celebración de los 30 años de su creación. En la Unicamp, accedió a conversar con Pesquisa FAPESP sobre su experiencia en la OSTP y sobre la situación de la comunidad científica en Estados Unidos ante los recortes en el presupuesto federal de investigación bajo la actual gestión de Donald Trump.

¿Considera usted que la diversidad de las fuentes de financiación de la investigación científica en Estados Unidos logrará compensar las recientes reducciones de las inversiones federales?
Estamos a punto de descubrirlo. Una de las fortalezas del sistema estadounidense radica en su diversidad y descentralización. En la investigación y desarrollo de nuestro país, el gobierno federal proporciona alrededor del 25 % de la financiación. Las empresas, las fundaciones, los gobiernos de los estados y locales y las organizaciones sin fines de lucro aportan el 75 % restante. Existe la posibilidad de encontrar fuentes de financiación alternativas para muchos proyectos de investigación federales cancelados, pero requerirá un trabajo arduo. Las empresas y fundaciones ya están invirtiendo en sus propias investigaciones y difícilmente pueda pedírseles que también se hagan cargo de los proyectos que eran financiados por el gobierno federal. Yo espero que seamos capaces de reparar parte de los daños causados por los recortes federales.

Ya a principios de este año, los científicos estadounidenses se mostraban bastante preocupados por el futuro de la financiación de sus proyectos. ¿Cómo está la situación ahora?
Siguen estando preocupados y tienen motivos para estarlo porque muchos de los subsidios siguen cancelados. En 2025, la financiación ha mantenido el mismo nivel de los años anteriores. Pero la propuesta presupuestaria para 2026 apunta a un amplio recorte [de alrededor de 44.000 millones de dólares, según estimaciones difundidas en julio por la AAAS, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia]. Como todavía no ha sido aprobada por el Congreso de los Estados Unidos, de momento es solamente una propuesta. Lo más preocupante, sobre todo para los investigadores y estudiantes principiantes, es la incertidumbre sobre el futuro. El ambiente de financiación actual no es propicio para la toma de decisiones que implica una carrera. Lo que a mí me preocupa más es la posibilidad de que perdamos algunas generaciones de científicos e ingenieros. En septiembre comenzaremos a tener datos sobre la matrícula universitaria, especialmente las inscripciones de estudiantes extranjeros y de posgrado que están ingresando en programas de ciencia e ingeniería. Entonces podremos dimensionar la magnitud de los cambios. Creo que el complejo científico y de ingeniería estadounidense ya no será el mismo después de los sucesos de este año.

Usted participó en la creación de Arpa H, una agencia para acelerar la investigación innovadora y los tratamientos en el campo de la salud. ¿En qué situación se encuentra actualmente la institución en medio de los recortes federales en el presupuesto para la investigación científica?
Aunque el presupuesto es menor de lo que habíamos previsto inicialmente –actualmente ronda los 1.000 millones de dólares al año, cuando esperábamos que ahora estuviera en unos 4.000 millones–, la agencia está financiando investigaciones. El reto pasa por invertir en proyectos a largo plazo con resultados ídem, en el marco de un sistema político que recompensa el corto plazo. Arpa H está financiando proyectos de investigación, pero sus resultados solamente se verán dentro de unos años.

Podemos encontrar fuentes de financiación alternativas para los proyectos de investigación federales cancelados, pero será un trabajo arduo

Usted participó en los eventos en São Paulo y Campinas donde se presentaron estudios sobre la ciencia de la ciencia. ¿Qué le llamó la atención?
Me sorprendió el hecho de que el Lab-Geopi lleve 30 años en funcionamiento y que Brasil ya hace un largo tiempo que viene reflexionando sobre los problemas de la “investigación sobre la investigación”. A la vez, ha sido maravilloso descubrir que existe una agencia tan dinámica de financiación de la investigación en el ámbito estadual. No conocía el modelo de financiación que la FAPESP recibe de la recaudación de la gobernación del estado. No conozco ningún estado que cuente con algo similar en Estados Unidos. Estoy entusiasmado con la posibilidad de que aprendamos unos de otros sobre políticas de ciencia y tecnología.

¿Cuál es el papel de las agencias estaduales en la construcción de ecosistemas de innovación regional? ¿Cómo son las experiencias similares en Estados Unidos?
Las políticas de innovación regionales son importantes para garantizar que el desarrollo económico se extienda a la totalidad del país. El crecimiento económico de Estados Unidos tiene una distribución desigual. Estados como California y Nueva York poseen políticas e instituciones pujantes de ciencia y tecnología. Uno de los objetivos de mi trabajo ha sido garantizar que otros estados con menos recursos también sean capaces de impulsar la innovación regional. Esta ha sido mi labor en iniciativas tales como la creación y aprobación de la Chips and Science Act y en el establecimiento de una nueva dirección en la National Science Foundation [NSF]: la TIP, Directorate for Technology, Innovation and Partnerships [Dirección de Tecnología, Innovación y Colaboraciones] para trabajar en la innovación regional. La innovación es importante para la generación de empleos y para que estos sean accesibles para la gente de todo el país. Si solamente tiene lugar en la costa este o en la costa oeste de Estados Unidos, no será ni sostenible ni buena para la economía del país en general.

En su conferencia, usted afirmó que la política científica en Estados Unidos siempre tuvo como meta que la gente pueda acceder a los resultados de sus investigaciones. ¿Cómo puede esto proteger a la ciencia cuando la misma está bajo ataque?
La motivación original para que las publicaciones de las investigaciones financiadas por el gobierno estuvieran inmediatamente disponibles para todos era que muchas familias de personas que padecían enfermedades como el cáncer o cardiopatías podían estar interesadas en conocer los estudios al respecto de estas enfermedades. Y, al asegurarles este acceso, millones de estadounidenses comenzaron a implicarse personalmente en la investigación médica. Mi esperanza es que, al poner a disposición los resultados de las investigaciones sobre el cambio climático, la astronomía o la medicina, habrá más estadounidenses que valoren, entiendan y puedan utilizar esos resultados en sus propias vidas.

¿Los estadounidenses confían en la ciencia?
Los datos indican que la confianza del público en la ciencia sigue siendo alta. Pero la forma en que esto se pregunta es muy abstracta: “¿Confías en la ciencia?”. En general, la gente responde que sí. Pero ha habido un deterioro en la confianza que depositan en el uso que el gobierno hace de la ciencia en situaciones de pandemia, como la del covid-19. Estas cifras son bajas y están disminuyendo. La confianza del público en las universidades está decayendo. ¿Por qué ocurre esto? Se debe a una combinación de diversos factores. Uno de ellos es la percepción de que las universidades de investigación científica de primera línea están fuera del alcance del pueblo estadounidense, porque son caras, y también porque son de izquierda. Es en las universidades donde se realiza gran parte de las investigaciones financiadas por el gobierno. La percepción del público al respecto de la ciencia está directamente vinculada a su percepción sobre la educación superior.

Esta entrevista salió publicado con el título “Kei Koizumi: El veneno de la incertidumbre” en la edición impresa n° 355 de septiembre de 2025.

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