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Literatura

¿Por qué amar a Jorge?

Reedición de obra completa plantea una revisión crítica de uno de los escritores más populares del Brasil

La presentación en marzo pasado de los seis primeros tomos de la reedición completa de la obra del escritor bahiano Jorge Amado (1912-2001) por parte de Companhia da Letras con conclusión prevista para 2012, con 32 títulos no es tan sólo el más ambicioso proyecto editorial de la empresa sino también el más desafiador. Pretende ser una bandera a favor de una relectura crítica y para dar al padre de Gabriela, Tieta y Doña Flor, entre tantos otros personajes, el valor literario que cree merecer. Después de 33 años, Amado deja la carioca Record y emigra a São Paulo. Su nueva editora venció en agosto del año pasado la disputa por la obra, codiciada por otras seis competidoras.

Atraer a la inteligencia brasileña costará una inversión paralela en promociones que van desde conferencias y seminarios con respetados escritores y artistas a shows, exhibiciones de películas y hasta versiones en historias en cómics de algunas novelas en la actualidad, el dibujante de cómics Spacca prepara Jubiabá, en sociedad con Lilia Schwarcz. Lilia, por otra parte, es la coordinadora editorial de este emprendimiento, al lado del diplomático y escritor Alberto da Costa e Silva, considerado la mayor autoridad viva sobre África en Brasil y uno de los más importantes intelectuales del país.

La estrategia es ambiciosa. Desde mediados de marzo, grandes librerías fueron ocupadas por expositores de piso y de mostrador, además de librillos con tramos de los primeros libros distribuidos como cortesía a los clientes. El frente de ataque incluye la campaña publicitaria en periódicos, revistas e internet, con fotos y declaraciones de quien admira sus libros. La editora recurrió al aval a veces entusiasmado de nombres como Rubem Fonseca: Sus espléndidas historias retratan de manera conmovedora nuestro país y nuestro pueblo, con una universalidad capaz de encantar a lectores de todo el mundo. A su estilo, José Saramago asevera: En Jorge, el arte de hacerse amar era espontáneo, nunca premeditado. El editor Thyago Nogueira observa con entusiasmo: Queremos hacer que las personas lean sus libros, vamos a estimular el debate, por eso también estamos produciendo esclarecimientos de carácter conclusivo colocados al final del cada libro. Y agrega: Haremos la capacitación de profesores en Brasil, material de apoyo escolar, recitales, etc. Vamos a buscar nuevos lectores entre los jóvenes y no tan jóvenes. De ahí las actividades como el concurso para profesores y alumnos.

A decir verdad, los desafios son dos. Además del respeto crítico, convertir a Amado en un buen negocio otra vez aunque sus ventas sigan siendo significativas junto a los lectores más jóvenes, tal como la editora consiguió hacer con Nelson Rodrigues en la década de 1990. Alberto da Costa e Silva sabe que vender al escritor para los formadores de opinión exigirá persistencia. Para él, el aspecto político de sus libros fue importante solamente en determinada época, bien específica, lo que no justifica el rótulo de autor comprometido. Su creación sobrevive a las vicisitudes de la política. Él prefiere recordar que existe una aceptación muy grande en determinados sectores y épocas. Su obra es estimada y admirada por compañeros de su generación y por los más importantes autores de las dos generaciones siguientes.

El diplomático admite que existe efectivamente una cierta resistencia de la universidad de parte de la crítica a escritores que tienen éxito popular. Su obra es rica en matices, colores y hasta sirve como ejemplo de determinada interpretación de Brasil. La academia, afirma Costa e Silva, tiene a decir verdad dificultades para inclinarse sobre la obra de Amado. Sucede que determinados sectores intelectuales sienten fascinación por el formalismo y Jorge es antiformalista por naturaleza. Del mismo modo que es difícil estudiar la poesía de Manuel Bandeira y de Cecília Meireles, es más fácil atenerse a João Cabral de Melo Neto, porque tiene características formales muy claras. O sea, hay más posibilidades de hacer un trabajo brillante con poco esfuerzo sobre un autor de altísima calidad y con originalidad como Guimarães Rosa. Jorge entra en ese segundo grupo. En su caso, es necesario tener profundos conocimientos de sociología y antropología. En sus libros sobresale el Brasil encantador, duro, de encuentro de mezclas a partir de sus desencuentros. Los que se enojan y hasta desprecian sus libros no tienen la sensibilidad especial que se necesita tener con  la vida en sí misma y no exclusivamente con la literatura.

El crítico y escritor José Castello coincide en que Amado pagó un precio alto por  su militancia. Hasta hoy, aún muerto, continúa pagándolo. Es un caso parecido al de Saramago, otro comunista declarado. Los dos sufren la fuerza de prejuicios extraliterarios que lastiman y disminuyen sus literaturas. Es muy injusto eso. Está claro que se puede no gustar de Amado, o de Saramago, pero no porque sean comunistas. O porque sean cristianos, o islámicos, o ateos, o conservadores, o hasta fascistas. Céline fue fascista y, a pesar de eso, un genio. Castello dice que ocurre que el medio literario, aún hoy, está muy contaminado por cuestiones y peleas ideológicas que se camuflan bajo la capa lujosa de las posiciones teóricas. Las personas andan en grupos cerrados, sólo consideran a sus pares, sólo buscan lo igual y la repetición.

En la academia hay también defensores entusiasmados del escritor bahiano. El alemán Claudius Armbruster, profesor de filología romanística y director del Instituto Portugués-Brasileño de la Universidad de Colonia, enfocó en su posudoctorado sobre literatura brasileña defendida en la Universidad Federal de Bahia (UFBA) el papel del mestizaje en la obra de Jorge Amado. Él considera exagerada la tesis del prejuicio a Amado a causa de su militancia comunista. En realidad, a pesar de su implicación en política, él siempre fue un escritor de mucho éxito, tanto en relación a la crítica como económicamente. El investigador apunta de relevante en la obra del escritor el hecho de expresar su valor literario por medio de la mezcla de cultura popular, voces orales, contextos políticos y legibilidad.

Mara Rosângela Ferraro Nita, que desarrolla el doctorado Juego de espejos: La ilustración y la prosa de ficción de Graciliano Ramos, José Lins do Rego y Jorge Amado en el Instituto de Artes de la Unicamp, tiene como objeto central la ilustración literaria. Ella cuenta que había leído algunas obras de Jorge Amado antes de iniciar la investigación y sabia de la falta de atención de gran parte de la crítica para con la producción del escritor bahiano. Tal vez esta opinión desfavorable no me haya afectado porque soy una lectora común, sin formación en el área de estudios literarios. Confieso también que mi interés inicial era volcado a las magníficas ediciones ilustradas del autor publicadas por las editoras Ariel, Record y Martins, especialmente. Sin embargo, a lo largo del trabajo se fue perfeccionando en la prosa de ficción de Jorge Amado.

En Jorge Amado: novela en tiempo de utopía tesis que se convirtió en un libro de editorial Record, en 1996, Eduardo de Assis Duarte hace una reflexión sobre el contexto de producción de las obras de Amado y, principalmente, analiza en qué medida el pensamiento de izquierda interfirió en la escritura de las primeras novelas, de País del Carnaval (1931) a Los subterráneos de la libertad (1954). Él destaca los matices existentes en cuanto al acatamiento (o no) de las directrices de la llamada estética de partido. En los años 1930, explica él, la radicalización ideológica imponía a los artistas e intelectuales el desafío de posicionarse políticamente. Ese compromiso está presente tanto en la crítica social como en términos de idealización del pueblo y de la militancia, sobre todo sus líderes, como Prestes, El Caballero de la Esperanza. Muestra que Amado no hace realismo socialista strictu senso. En Seara vermelha, por ejemplo, hay fuertes críticas a la autosuficiencia y a los equívocos de los dirigentes en la conducción de la llamada intentona comunista de 1935.

Jorge Amado, observa Ilana Seltzer Goldstein, ya sea como militante político en el inicio de la carrera, sea como novelista que cantaba al pueblo mestizado, sus fiestas y sus sabores, siempre discutió cuestiones vinculadas a la identidad nacional. Fue ésa la motivación que me llevó a realizar un estudio sobre él en el ámbito de las ciencias sociales, enfocando la imagen de Brasil que el escritor bahiano ayudó a construir. Para su sorpresa, encontró poquísimas tesis y tesinas de sociólogos, antropólogos e historiadores brasileños sobre él, tal vez dos o tres. Eso no hizo sino avivar mi interés, observa ella, que, en el momento, es consultora de la Companhia das Letras para la colección de Amado.

De acuerdo con los datos que la editorial envió a Ilana, solamente entre 1975 y 1995, el total de ejemplares vendidos en Brasil llegaba a 20.050.500. Ella resalta que, además de las novelas, Jorge Amado escribió más de un centenar de artículos sobre los temas más variados, como periodista y colaborador de periódicos, y ocupó diversas posiciones en el campo intelectual, entre las cuales la de crítico, prefaciador y miembro de academias de letras. Sin mencionar las adaptaciones de su obra para la televisión, como así también los homenajes y conferencias fuera del país, en que el novelista bahiano era como una especie de embajador simbólico de Brasil. Todo eso hace de Jorge Amado un gran formador de opinión, un hombre público cuyas ideas tuvieron gran penetración en varias capas de la población y en varias regiones de Brasil y del mundo.

El prejuicio con relación a Jorge Amado no existe, en la opinión de la doctora en historia Ana Paula Palamartchuk, autora de Los nuevos bárbaros: escritores y comunismo en Brasil (1928-1948). Ella admite, sin embargo, que hay una memoria construida de su trayectoria que lidia mal con su fase de militancia comunista, ora adjudicándole un valor excesivo, ora subestimando el rol de la militancia en su experiencia literaria. El propio Amado corroboró en ese sentido, dice ella. El mundo de la paz (1952), relato de viaje a la URSS, fue publicado como una contribución a la lucha por la paz. Yo lo escribí como homenaje de un escritor brasileño al camarada Stalin, en su 70º aniversario, sabio dirigente de los pueblos del mundo en la lucha por la felicidad del hombre sobre la tierra?, como escribe el autor.

Años más tarde, en su libro de memorias, Navegación de cabotaje (1992), comenta: Retiré El mundo de la paz de circulación, lo taché de la lista de mis obras, trato de olvidarlo…. La militancia política, sin embargo, es un acto continuo en su creación literaria, especialmente en el período entre 1933, con la publicación de Cacao, y 1954, cuando publicó la trilogía Los subterráneos de la libertad. En el período posterior, cuando se aleja del Partido Comunista, esa militancia política aparece en su obra como ausencia, en una intención de dar otro sentido a su trayectoria anterior. Esa ausencia es compensada por el pueblo y por lo popular que intentan articular el conjunto de su obra.

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