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Medicina

Protección para los recién nacidos

Investigadores desarrollan un casco plástico capaz de enfriar la cabeza de los bebés que padecen la falta de oxigenación en el cerebro

Un gorro inflable desarrollado por el grupo del médico Renato Rozental, investigador de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) y de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), podrá salvar la vida de miles de bebés que sufren asfixia perinatal –la falta de oxigenación del cerebro–, disminuir sus secuelas neurológicas permanentes e incluso evitar que las mismas ocurran. Este gorro está elaborado con dos láminas de material plástico flexible superpuestas, con los bordes unidos formando un espacio interno, que, cuando se lo infla con dióxido de carbono (CO2), se adapta a la cabeza del recién nacido, formando una especie de casco. El objetivo es enfriar el cerebro del niño, interrumpiendo así las actividades eléctricas anormales causadas por la falta de oxígeno que pueden provocar lesiones irreversibles o incluso la muerte.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que figuran en la publicación Neonatal and perinatal mortality: Country, regional and global estimates, de 2006, la estimación de muertes por asfixia de bebés en los países en desarrollo es de siete cada mil nacimientos, mientras que en los países desarrollados esta proporción es inferior a una muerte. Dos estudios realizados a comienzos de la década pasada en Brasil mostraron la prevalencia de la asfixia en recién nacidos. El profesor de obstetricia de la UFRJ Jorge Rezende Filho recuerda un estudio de 2003 realizado en el marco de una tesis doctoral defendida en la Fiocruz. “En esa época, la cantidad de casos de asfixia perinatal, sin ser necesariamente seguida de muerte, era del 2,1%, o 21 casos cada mil partos en Brasil”, dice. Otro estudio de investigadoras de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), publicado en Revista Brasileira de Crescimento e Desenvolvimento Humano y coordinado por la médica Maria Esther Jurfest Rivero Ceccon, jefa del Centro de Tratamiento Intensivo Neonatal II del Instituto del Niño del Hospital de Clínicas (HC) de la USP, mostró una prevalencia general de asfixia en recién nacidos de 3,2 cada mil nacimientos durante el período comprendido entre enero de 2004 y enero de 2005 en la Unidad Neonatal del Hospital Santa Marcelina, en el barrio de Itaim Paulista, en la capital paulista.

Existen varios factores que pueden llevar a la asfixia de los bebés durante la gestación o al momento del parto, según Rozental, que es investigador del Centro de Desarrollo Tecnológico en Salud (CDTS) de la Fiocruz y docente de neurofisiología de la UFRJ. Entre los más comunes se encuentra el estrangulamiento causado por el cordón umbilical enroscado en el cuello, llamado circular o vuelta del cordón. “También puede originarse en el desprendimiento de la placenta, un problema que ocurre en ciertas ocasiones durante la gestación”, añade. “La asfixia puede ser provocada también por traumas que ocurren durante el parto.”

Sea cual sea la causa, la consecuencia de ello es la caída de la tasa de oxigenación del cerebro. En ese caso, la situación es de emergencia médica, pues algunas áreas del tejido encefálico, que varían caso a caso, quedan más susceptibles a las lesiones. “Si no actuamos rápidamente, pueden producirse daños neurológicos irreparables”, explica Rozental. “Hay un período crítico llamado ventana terapéutica, que es de a lo sumo cuatro horas, en que el recién nacido debe recibir tratamiento”. Además de medicamentos, el procedimiento estándar, que se aplica desde hace mucho tiempo, es la hipotermia terapéutica, cuando se baja la temperatura del cerebro para interrumpir la actividad eléctrica anormal, que sucede cuando el órgano no recibe la cantidad de oxígeno necesaria.

La médica Jurfest Rivero Ceccon explica que a todos los recién nacidos que padecen asfixia debe enfriárselos inmediatamente después del parto y así deben permanecer durante 72 horas. “El enfriamiento disminuye el metabolismo del cerebro, y evita o minimiza las lesiones”, dice. “Al mismo tiempo, mientras que se lo enfría, se medica al bebé con fenobarbital, un medicamento que evita las convulsiones y puede regenerar algunos de tejidos de la lesiones cerebrales causadas por la asfixia”. El problema reside en que el enfriamiento sólo puede hacerse en máquinas y aparatos que son más comunes en los grandes hospitales. “Asimismo, aun en los grandes centros de atención, la hipotermia se hace en el cuerpo entero, pues no existen aparatos para enfriar solamente la cabeza”, explica Rozental. “El riesgo es que este procedimiento tendiente a bajarle la temperatura corporal al recién nacido provoque arritmia cardíaca y lleve al bebé a la muerte”. Por eso, Rozental y su equipo buscaron una solución para su uso en pequeñas ciudades y otros logares apartados y carentes de una asistencia médica hospitalaria adecuada, que pudiese al mismo tiempo enfriar sólo el cerebro y dar tiempo como para que al bebé puedan trasladarlo a un centro de atención médica mejor equipado. Se infla el casco flexible con dióxido de carbono, un gas accesible y barato que se usa en los hospitales mezclado con el oxígeno.

Prototipo y premio
Rozental comenta que la idea de desarrollar este dispositivo surgió hace 15 años, cuando era profesor en el Albert Einstein College of Medicine, en Estados Unidos. “Desde entonces, mi trabajo consiste en desarrollar estrategias terapéuticas o aparatos para el tratamiento de casos de baja oxigenación, deficiencias de flujo sanguíneo y traumas del sistema nervioso central”, explica. Pero recién en julio de 2015, cuando recibió la financiación proveniente del Ministerio de Salud, y posteriormente de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Río de Janeiro (Faperj), fue posible crear el primer prototipo. En 2017, un lote de esos prototipos se utilizará en ensayos con pacientes. El objetivo es obtener la autorización de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) para que el gorro pueda usarse en el servicio público de salud dentro de dos años.

El gorro tendrá un bajo costo de producción. “El precio de las máquinas de hipotermia que se usan en los hospitales es de entre 5 mil y 30 mil dólares”, informa Rozental. “Nuestro casco costará de entrada entre 600 y 700 reales, un precio que caería al cabo de dos años a unos 200 ó 300 reales, a medida que se vaya escalonando su producción. De implementarse el uso a gran escala en el Sistema Único de Salud (SUS), esperamos que ese valor disminuya aún más”. El casco que inventó Rozental se hizo acreedor al premio del voto popular en 2016 del consorcio “Saving Lives at Birth”, compuesto por la Fundación Bill & Melinda Gates, el Banco Mundial y entidades gubernamentales de Estados Unidos, Noruega, el Reino Unido y Corea del Sur. “El proyecto quedó encuadrado bajo el concepto de innovación radical, pues no existía en el mercado. Fue uno de los 49 seleccionados entre 750 proyectos de 78 países y recibió el diploma de reconocimiento científico del consorcio.”

Algunos prototipos del casco están desarrollándose en el Instituto Vital Brazil (IVB) de la ciudad de Niterói, una entidad dependiente de la gobernación del estado de Río de Janeiro. Una vez comprobadas la funcionalidad y la eficiencia, la empresa producirá comercialmente el dispositivo. “Aún tenemos por delante alrededor de un año para finalizar y perfeccionar el prototipo funcional ideal”, dice Rozental. “Ahora estamos seleccionando a la empresa que lo fabricará a gran escala.”

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