Imprimir Republish

Carta de la editora | 99

Reflexiones sobre la muerte y la vida

Por primera vez en sus 42 años de existencia, la FAPESP ha tenido que vivir la dura experiencia de la muerte inesperada de un directivo de la institución en pleno ejercicio de su mandato. Francisco Romeu Landi, su director presidente, trabajó normalmente el jueves 22 de abril y, cuando regresaba a su casa al anochecer, murió víctima de un infarto. El profesor Landi, tal como todos lo llamaban en Fundación, era siempre una persona afable, alegremente bromista con los más allegados, pero de una obstinación a toda prueba, aunque suave en la defensa de sus puntos de vista. Ocupaba el cargo desde 1997, luego de haber sido presidente del Consejo Superior de la FAPESP entre 1995 y 1996. Atravesaba su tercer mandato, que terminaría recién en agosto de 2005. Así, entre la perplejidad y la tristeza, la Fundación afronta ahora la necesaria travesía del duelo. Y en ella caben innumerables homenajes a aquél que tanto se dedicara a los problemas de la ciencia y la tecnología en Brasil. Entre éstos ubicamos al texto que comienza en la página 10 de esta edición de Pesquisa FAPESP ?que, a propósito: bajo la conducción del profesor Landi se transformó de modesto boletín de noticias en una revista de divulgación científica.

El reportaje de la portada de esta edición también invita a hacer inevitables reflexiones sobre la vida y la muerte. El editor especial Marcos Pivetta se metió de lleno en el tema e intenta allí circunscribir los límites de los actuales tratamientos del cáncer, una enfermedad que es hoy en día la segunda gran causa de muertes en Brasil, pues de ésta surge nada menos que el 13,2% de todas las defunciones. Pivetta procura verificar los avances efectivos de la investigación científica en este campo, luego de transcurridas algunas décadas de investigación en las cuales se han alternado momentos de euforia y de desesperanza, y los retos que se les plantean a los investigadores, incluso en Brasil, para que el diagnóstico de cáncer deje paulatinamente de sonar en cada paciente como algo rayano con una sentencia de muerte.

Con todo, no solamente de las revoluciones sombrías del cuerpo humano trata la editoría de Ciencia en esta edición. La entrevista con el neurólogo Iván Izquierdo avanza luminosamente por entre los descubrimientos de los mecanismos de las omisiones, las ocultaciones, los olvidos, los recuerdos y las reminiscencias que van componiendo esa fascinante propiedad humana llamada memoria. En tal sentido, es de extraordinario interés el tramo en que el investigador se refiere a la reciente recuperación en el ámbito de la neurociencia del concepto, tan importante en la teoría freudiana, de represión o de memoria reprimida, merced a la constatación científica de su veracidad.

Una sensación luminosa y algo celestial puede también desprenderse de la lectura referida al festival de música que se realiza a mediados de julio y desde hace 26 años en la pequeña ciudad de Prados, Minas Gerais. Ideado por el maestro Olivier Toni, profesor de la Escuela de Comunicación y Artes de la USP ?actualmente jubilado?, se trata de un festival muy singular, tal como informa Neldson Marcolin, editor jefe de la revista. Primeramente, porque el evento se desarrolla en completa interacción entre los músicos de afuera y la población local. Y, en segundo lugar, pues porque se centra en antiguas y no muy conocidas piezas sacras brasileñas, escritas por negros y mulatos. Es realmente hermosa la música del siglo XVIII que allí se escucha, y año a año pueden salir a la luz rarezas que no se ejecutan desde hace más de 200 años.

Para finalizar, el reportaje Carlos Haag, editor de Humanidades, que empieza en la página 86, referente a un estudio que analiza los documentales sobre la naturaleza producidos para la televisión brasileña, nos trae de regreso y planta bien nuestros pies en el suelo de la cultura contemporánea del espectáculo. Y en ésta, tal como este estudio nota, las cuestiones ambientales tienden a abordarse con recursos mucho más propios del campo ficcional que del periodismo: los animales pueden ser antropomorfizados hasta la náusea, y la narración parece adquirir ribetes de vívidos relatos de guerra. Vale la pena leerlo.

Republicar