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ENTREVISTA

Renato Cotta: En defensa del aumento de las inversiones en el área nuclear en Brasil

El ingeniero e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro participó en el desarrollo de la tecnología nacional de las ultracentrífugas que se emplean en el enriquecimiento de uranio

Ana Carolina Fernandes

A los 15 años, cuando era un estudiante secundario, una visita al Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro fue determinante para que Renato Machado Cotta decidiera su futuro profesional. Hasta entonces, pensaba hacer carrera como diplomático, pero al recorrer la Exposición Brasil Nuclear, en 1975, se despertó su interés por la tecnología nuclear. “Quedé fascinado con la vida del Almirante Álvaro Alberto [1889-1976], pionero del Programa Nuclear Brasileño, y por la participación de la Marina de Brasil en este sector”, recuerda.

Tras graduarse como ingeniero con énfasis en el área nuclear en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), cursó el doctorado en la Universidad del Estado de Carolina del Norte (NCSU), en Estados Unidos, institución pionera en el mundo en la oferta de la carrera de ingeniería nuclear.

Especialidad
Ingeniería mecánica y nuclear

Institución
Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y Marina de Brasil

Estudios
Título de grado en la UFRJ (1981) y doctorado por la Universidad del Estado de Carolina del Norte (NCSU, EE. UU, 1985)

Obtuvo el doctorado en 1985 y, poco después, fue convocado para trabajar como consultor del Programa Nuclear de la Marina de Brasil en simultáneo con su actividad docente en el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), en São José dos Campos (São Paulo). En la Marina participó en proyectos como el de las ultracentrifugadoras para el enriquecimiento de uranio, aparatos fundamentales para que este mineral pueda utilizarse como combustible en los reactores nucleares.

Recientemente, Machado Cotta, de 65 años, recibió el más prestigioso premio mundial en el campo de las ciencias térmicas, la Medalla Luikov. Fue el primer investigador del hemisferio sur en recibir este honor. “Durante la ceremonia de entrega, dicté la conferencia más importante de mi carrera ante un público de 800 científicos del área”, afirma.

Machado Cotta está casado con la ingeniera mecánica Carolina Cotta, docente, al igual que él, del Instituto Alberto Luiz Coimbra de Posgrado e Investigación en Ingeniería (Coppe) de la UFRJ. La pareja tiene tres hijos: Victor, de 22 años, Clara, de 15 y Gabriel, de 13. Bianca, su primogénita, hija de un matrimonio anterior, falleció en 2009 a los 25 años, en un accidente aéreo.

¿Cuál es su evaluación de las inversiones de Brasil en el sector nuclear?
Existen diversas razones por las que tendríamos que invertir más. En primer lugar, poseemos el dominio tecnológico del ciclo del combustible nuclear y nuestras reservas de uranio son significativas. En el escenario actual de reactivación de la generación de energía nuclear y las tensiones geopolíticas entre los productores y consumidores del mineral, podríamos sacar provecho como productores de uranio enriquecido, de alto valor agregado. Para ello necesitaríamos invertir en la expansión de la planta de INB [Industrias Nucleares de Brasil], situada en el municipio de Resende, Río de Janeiro, así como en la propia capacidad de producción de las ultracentrifugadoras por parte de la Marina, recordando que en el proyecto de las ultracentrifugadoras queda margen para la investigación y la optimización. La tecnología de fabricación de estos equipos está restricta a unos pocos países, entre los que se cuentan Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Alemania, Países Bajos, el Reino Unido y Japón. Antes de eso, tendríamos que intensificar la minería de uranio y la producción de yellou cake o torta amarilla, el concentrado de uranio, dando inicio al proyecto de extracción del mineral en Santa Quitéria, Ceará. También tenemos que terminar la planta piloto de conversión de hexafluoruro de uranio [UF6] en Iperó, São Paulo, que servirá como referencia para una unidad de mayor porte cuando dispongamos de la escala económica para la conversión de todo el UF6 que necesita el país. En su forma gaseosa, el hexafluoruro de uranio se enriquece en las ultracentrifugadoras y da origen al combustible nuclear.

¿Qué otra razón hay para invertir en esta área?
Tras haber proyectado y construido la primera unidad crítica [un reactor de investigación sin generación de potencia] desarrollada íntegramente en el país, el Ipen-MB-01, en 1988, finalmente estamos más cerca de poner en servicio nuestro primer reactor de potencia nacional, que genera energía térmica y eléctrica, el Labgene [Laboratorio de Generación de Energía Nucleoeléctrica]. Este dispositivo es el prototipo en tierra del reactor nuclear de propulsión del futuro submarino nuclear Álvaro Alberto [véase el reportaje]. Asismismo, se han asignado fondos suficientes como para iniciar la construcción en Iperó [São Paulo], del Reactor Multipropósito Brasileño [RMB], destinado a la producción de radioisótopos, la base de los radiofármacos utilizados en la medicina nuclear. En los próximos años, éste será el principal proyecto en marcha en el ámbito de la energía nuclear en el país, mientras no se reanuden las obras de la futura central nuclear Angra 3, un proyecto cuya necesidad ya no es puesta en duda, más bien es una obviedad. Sin embargo, los sucesivos aplazamientos de las obras demuestran la resistencia política a su finalización. El dogma de la transición energética es la mejor defensa para su reanudación.

A pesar de la resistencia geopolítica, la Marina ha seguido en su misión de desarrollar un submarino de propulsión nuclear

¿Cómo pueden las centrales nucleares ayudar a la transición energética, cuando durante años se las consideró como las villanas ambientales?
La energía nuclear para la generación de electricidad siempre ha cargado con el estigma de las armas nucleares, pese a todos los esfuerzos de los servicios de comunicación de las entidades del área para efectuar la distinción de ambos usos. Los tres accidentes sufridos en centrales nucleares, especialmente el de 1986 en Chernobyl, en la antigua Unión Soviética, y el de 2011 en Fukushima, en Japón, también han tenido impacto en la confianza de la sociedad y magnificaron esa “radiofobia”. El tercer accidente fue el de Three Miles Island en Estados Unidos, en 1979. Los países que han invertido de manera significativa en la energía nuclear, como Francia, desmantelando las centrales termoeléctricas de carbón y petróleo, han conseguido disminuir sustancialmente sus emisiones de CO2 [dióxido de carbono], a pesar del continuo crecimiento demográfico y económico. La presión internacional para reducir las emisiones conduce naturalmente a la elección de la energía nuclear como base de generación para las matrices energéticas con fuentes renovables intermitentes de los principales países industrializados. Además, la cogeneración nuclear, en particular, el empleo del calor producido en los distintos tipos de reactores para reducir las emisiones de diversos sectores de la industria, como la siderurgia y la generación de hidrógeno, petróleo y gas, constituye un fuerte atractivo para la implementación de nuevos proyectos de reactores avanzados, de IV generación [Gen IV], y pequeños reactores modulares [SMR].

¿Qué son y para qué sirven los reactores nucleares de menor porte?
Los dos mayores argumentos en contra de las centrales nucleares siempre han sido su alto costo de construcción, pese a su bajo costo operativo, y los temores relacionados con la seguridad nuclear, aun con los bajísimos índices de accidentes y de vidas perdidas. A finales del siglo pasado, hubo un movimiento que impulsó la introducción de un nuevo concepto de reactores, los llamados SMR. La idea de la modularidad y un tamaño menor apunta tanto a reducir los costos del inicio de la producción de electricidad como a las ventajas en materia de seguridad y control de los módulos de tamaño reducido. También están los denominados microrreactores nucleares [MNR], que no conllevan intrínsecamente el concepto de modularidad [lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 353], y están pensados para cumplir funciones específicas, como la cogeneración en sectores que requieren independencia de la red o en zonas aisladas y off grid. Hoy en día existen en el mundo más de 100 proyectos SMR y MNR propuestos o en marcha, revisados cada dos años por la Agencia Internacional de Energía Atómica [Aiea]. Este nuevo paradigma, que coincide con el resurgimiento de la energía nuclear, ha generado una exagerada cantidad de nuevas concepciones pero no todas llegarán a buen puerto. Todavía existen obstáculos para la implementación de estas tecnologías. El SMR NuScale, de Estados Unidos, por ejemplo, si bien fue autorizado, ha tropezado con dificultades de financiación.

¿En Brasil hay iniciativas en este sentido?
El país puede tener en el Labgene su primer proyecto de microrreactor nuclear. Fue concebido para el submarino nuclear, pero posee una naturaleza dual, ya que puede utilizarse en una versión modificada para la generación básica en microrredes con energías renovables intermitentes, particularmente eólica y solar. Aunque básicamente se trata de un reactor de agua presurizada [PWR] de segunda generación, típico de los años 1970 y 1980, muchos reactores de aquella época continúan en funcionamiento en todo el mundo. La investigación y el desarrollo no pueden interrumpirse. Tenemos que pensar en un próximo reactor, empezando por su diseño en consonancia con su misión. Las demandas de cogeneración de agua desalinizada e hidrógeno, así como para el uso en el sector del petróleo y gas, constituyen ejemplos de aplicación inmediatos y evidentes de los reactores de menor porte. Una opción es el empleo de una versión reproyectada del Labgene, que atienda a los requisitos del perfil de uso y de seguridad adicionales. Otra sería desarrollar una nueva familia de microrreactores más alineada con las nuevas concepciones de IV generación existentes en la actualidad. Ambos caminos pueden transitarse simultáneamente en una fase conceptual.

¿Cómo marcha el proyecto del submarino nuclear brasileño?
A pesar de la resistencia geopolítica y el cercenamiento tecnológico, la Marina ha seguido adelante en su misión de dotar al país de su primer submarino de propulsión nuclear con armamento convencional [SNAC]. El submarino nuclear es el principal medio naval de disuasión en cualquier escenario. Con nuestra inmensa Amazonia Azul repleta de riquezas minerales y biodiversidad, no podemos renunciar a obtener esta plataforma. La percepción geopolítica de Brasil en el plano internacional será redefinida. Por un lado, el Programa de Desarrollo de Submarinos (Prosub), avanza a pasos agigantados, ya en la etapa de ensamblado de su cuarto y último submarino convencional conforme al acuerdo con Francia y comenzando con las pruebas de fabricación de los anillos del SNCA. Por otra parte, el Programa Nuclear de la Marina ingresa en la fase final de montaje electromecánico del bloque del reactor del Labgene. Los retrasos que hemos sufrido son de orígenes diversos, desde la interrupción de las transferencias de fondos hasta incumplimientos de contratos y denegación de importaciones, todo en medio de un marco geopolítico desfavorable en el que los poseedores de las tecnologías no tienen interés en que tengamos éxito en este que es el mayor proyecto tecnológico que se haya realizado en el país. La obtención del submarino de propulsión nuclear depende directamente del éxito del montaje y de las pruebas del Labgene. Estas pruebas deberán completarse antes de 2030. La culminación del submarino está prevista para la próxima década.

Archivo pessoalMachado Cotta compartió el premio por la investigación sobre el accidente del vuelo AF447 con el almirante de escuadra Liseo Zampronio (a la izq.) y el capitán de mar y guerra Rogerdson da SilvaArchivo pessoal

¿En qué proyectos está involucrado actualmente?
Estoy cedido por la UFRJ a la empresa estatal Amazonia Azul Tecnologias de Defesa (Amazul), vinculada a la Marina de Brasil. Desde 2019 soy consultor técnico de la Dirección General de Desarrollo Nuclear y Tecnológico de la Marina [DGDNTM], en São Paulo, actualmente dirigida por el almirante de escuadra Alexandre Rabello de Faria. Me desempeño como coordinador o colaborador en proyectos de interés del Centro Tecnológico de la Marina en São Paulo [CTMSP], principalmente vinculados con el área nuclear, y del Centro Tecnológico de la Marina en Río de Janeiro y sus institutos, asociados a temas no nucleares. Las áreas de actuación se encuentran dentro de mi experiencia en transferencia de calor y masa y mecánica de fluidos, disciplinas fundamentales del amplio campo conocido como ciencias térmicas. Entre otros, los temas incluyen desalinización nuclear, destilación por membranas con recuperación de calor, metamateriales térmicos para la concentración de calor, captura y eliminación de gases por zeolitas [grupo de minerales con estructura porosa] y membranas, y recolección de energía de corrientes mediante materiales piezoeléctricos.

¿Qué comprende exactamente el área de las ciencias térmicas?
La termodinámica, la mecánica de fluidos y la transferencia de calor y masa son las tres disciplinas fundamentales de la física clásica que configuran la base teórica de lo que conocemos como ciencias térmicas y, en el marco de las aplicaciones, como ingeniería térmica. He dedicado mi vida al estudio de los fenómenos de la transferencia de calor y de masa y su presencia en los retos de la ingeniería moderna, siempre buscando innovar en las metodologías de análisis. Esta gran área plantea desafíos científicos y tecnológicos en diversos sectores, tales como la ingeniería nuclear, aeroespacial, mecánica, medioambiental, química y biomédica. Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que las ciencias térmicas están presentes en casi todo lo que nos rodea y con lo que interactuamos, desde nuestro propio cuerpo a todo lo que sucede en el mundo, ya sea por acción humana o naturalmente. Para ilustrar este amplio abanico: mi trabajo abarcó desde la protección térmica de cohetes para resistir a la reentrada en la atmósfera hasta el análisis de los efectos térmicos de la fisioterapia con ultrasonido en los tejidos humanos.

¿Cuáles han sido sus principales contribuciones en el campo de las ciencias térmicas?
Con la llegada de la computación digital, particularmente a partir de la década de 1970, el desarrollo de la simulación por computadora en la ingeniería y en ciencias afines cobró gran importancia en todo el mundo. Esta nueva ola científica se ha caracterizado por el desarrollo acelerado de métodos denominados numéricos o discretos para las ecuaciones que rigen los problemas de la ingeniería. Este progreso casi ha conducido al abandono de los métodos analíticos clásicos surgidos en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, que configuraron el andamiaje teórico de las ciencias de la ingeniería antes de la existencia de la computadora. A lo largo de mi carrera he sido un defensor de la combinación sinérgica de estas dos corrientes, apuntando al desarrollo de métodos híbridos numérico-analíticos más precisos y con menor costo computacional. Sobre esta base innové en la propuesta y el desarrollo de las llamadas técnicas de la Transformada Integral Generalizada [GITT] y de las Ecuaciones Integrales Acopladas [CIEA]. Estas técnicas se destacaron inicialmente en el área de la transferencia de calor y de masa y luego se extendieron a otros campos de la ciencia. Las mejoras en precisión, solidez y costo computacional en relación con los métodos matemáticos clásicos demostraron ser significativos y estas técnicas gozan de reconocimiento internacional. Hoy en día se asocia a Brasil como su principal fuente de desarrollo.

Ha participado en proyectos nacionales estratégicos, como el de las ultracentrifugadoras para el enriquecimiento isotópico del uranio. ¿Qué importancia tuvo en su carrera?
Al finalizar mi doctorado en la NCSU, en 1985, tuve la oportunidad de conocer en la Coordinación de Proyectos Especiales [Copesp] al almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, quien coordinaba el Programa Nuclear de la Marina. En aquella época la Copesp funcionaba junto al Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares [Ipen], en el campus de la Universidad de São Paulo, donde actualmente funciona el CTMSP. Me invitaron a sumarme a ese organismo para trabajar en el proyecto de las ultracentrifugadoras, pero yo ya me había comprometido a regresar al ITA por invitación del profesor Pedro Carajilescov. No obstante, surgió la posibilidad de trabajar en simultáneo a mi vínculo con el ITA como asesor en el proyecto de las ultracentrifugadoras. Empecé en 1986 y trabajé en él hasta 2001. Acompañé el desarrollo de las primeras generaciones de ultracentrifugadoras, siempre trabajando en el modelado matemático y la simulación computacional. La metodología empleada fue una extensión de la que había desarrollado en mi doctorado. A finales de 1986 arribamos a una simulación completa del proceso de ultracentrifugación con bajo costo computacional. Al año siguiente, para acelerar ese desarrollo, pasé cuatro meses en São Paulo dedicado por completo a las simulaciones de la ultracentrifugadora. Recién en el año 2000 pude publicar un artículo sobre esta metodología aplicada a las ultracentrifugadoras.

¿Cuándo se despertó su interés por el área nuclear?
En 1975, cuando tenía 15 años y cursaba la enseñanza media, visité la Exposición Brasil Nuclear, organizada en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. En aquella época pensaba seguir una carrera diplomática, con un perfil científico en el área de la energía, influido por la crisis del petróleo de 1973 y los conflictos que derivaron de la misma. En la exposición, montada a partir de maquetas y paneles, conocí la vida del almirante Álvaro Alberto da Motta e Silva, pionero del Programa Nuclear Brasileño, y la participación de la Marina en este sector. Convencido del futuro prometedor de esta tecnología, decidí estudiar ingeniería nuclear. En aquella época no existía esa carrera en el país y la única opción era hacer un posgrado en el área. En 1976, comencé a cursar ingeniería en la Universidad Federal Fluminense, incluso antes de haber egresado de la enseñanza media, pero decidí prepararme para otro examen de ingreso en la UFRJ, que inauguraba la carrera de ingeniería con énfasis nuclear. Tras trabajar como ayudante alumno y realizar iniciaciones a la investigación científica en el área nuclear, hice una pasantía en el Instituto de Ingeniería Nuclear [IEN], donde adquirí capacitación en el reactor Argonauta y en los circuitos termohidráulicos de sodio y agua. En el último año de la carrera, cursé simultáneamente las asignaturas de la maestría en ingeniería nuclear ‒aunque no redacté ni defendí una tesina‒ y realicé un proyecto de final de carrera sobre el análisis térmico del combustible nuclear para los reactores PWR.

Las ciencias térmicas están presentes en casi todo lo que nos rodea, desde nuestro propio cuerpo hasta todo lo que ocurre en el mundo

¿Cómo continuó su formación académica?
Mis profesores de la UFRJ me animaron para que fuera a hacer un doctorado en el exterior sin haber hecho antes un máster y, al obtener financiación de la Comisión Nacional de Energía Nuclear [Cnen], la decisión fue casi natural. A los 21 años llegué a la NCSU, donde se construyó el primer reactor nuclear de una universidad y se abrió la primera carrera de ingeniería nuclear en el mundo. Curiosamente, también fue allí donde se formó el primer doctor en ingeniería nuclear del mundo, el científico brasileño Hervásio de Carvalho [1916-1999], presidente de la Cnen en la época en que fui aceptado para hacer el doctorado. Al regresar a Brasil, nunca dejé de trabajar en el área nuclear, mi formación de cuna. Además de formar parte del proyecto de las ultracentrifugadoras para enriquecer uranio, que nos proporcionó autonomía en el ciclo del combustible nuclear, participé en el análisis de seguridad del depósito de residuos radiactivos del accidente con cesio-137 en Goiânia, en 1987, y en el análisis del impacto ambiental y radiológico de la minería del uranio en Caetité, en el estado de Bahía, durante el primer decenio de este siglo, entre otros proyectos destacados.

¿Qué significó para usted haber sido galardonado en 2022 con la Medalla Luikov?
Ese quizá haya sido el punto culminante de mi vida profesional. El premio, promovido por la organización no gubernamental Centro Internacional de Transferencia de Calor y Masa [ICHMT], se otorga a investigadores que hayan realizado contribuciones excepcionales a la ciencia y al arte de la transferencia de calor y masa y por actividades de cooperación científica internacional en conjunto con los programas del ICHMT. En la lista de galardonados hay nueve estadounidenses, siete europeos, dos rusos y dos japoneses, por ende, ningún científico del hemisferio sur. En el marco de la ceremonia de premiación dicté la conferencia más importante de mi carrera, ante una platea de aproximadamente 800 científicos del área.

¿En qué fase se encuentra su proyecto referente al modelado de un proceso de desalinización del agua de mar mediante membranas para la cogeneración de electricidad, agua destilada e hidrógeno verde?
Esencialmente, la desalinización es un proceso de separación de soluto y solvente que apunta a eliminar la sal presente en el agua salobre o marina. Este proceso requiere un elevado consumo de energía térmica o eléctrica. Una de las alternativas con miras a incrementar la eficiencia energética mundial consiste en aplicar métodos de desalinización que puedan aprovechar la recuperación del calor disipado en otros procesos. En este sentido, el empleo de reactores nucleares para la desalinización forma parte de un concepto más vasto del uso de la energía nuclear en el que se tiene en cuenta la cogeneración de electricidad a la par de otros productos de interés económico y social. Hoy en día, se entiende que la competitividad económica, la sostenibilidad y la aceptación pública de la tecnología nuclear no dependen solamente de su uso para generar electricidad, sino también de la apertura de nuevos mercados y de la oferta de productos. Con el avance del montaje de nuestro primer reactor nuclear de potencia, el Labgene, la disponibilidad de un reactor de este tipo para la investigación científica en el país también estimula la propuesta de alternativas para la cogeneración y el aumento de la eficiencia energética.

¿Podría darnos un ejemplo?
Por supuesto, el desarrollo nacional de un pequeño reactor modular PWR para la cogeneración de agua y electricidad ayuda a hacer frente a la escasez de agua, mientras que la cogeneración de electricidad e hidrógeno abre todo un abanico de oportunidades para la producción de este nuevo y estratégico combustible. En 2016, cuando era presidente de la Cnen, inicié los estudios de un nuevo reactor modular, el proyecto Dessal. En los últimos años, como aporte a este proyecto de mayor envergadura, se propusieron innovaciones en el sistema de recuperación térmica, así como en el proceso de desalinización vía destilación por membranas, para lograr un mejor acoplamiento entre el circuito secundario del reactor y la unidad de desalinización.

El desarrollo de un pequeño reactor modular para la cogeneración de agua y electricidad ayudará a afrontar la escasez hídrica

¿En qué otros proyectos de desalinización usted toma parte?
También estoy trabajando en el proyecto EnerGente, en el marco de una Isla de Policogeneración Sostenible, coordinado por la ingeniera mecánica y docente Carolina Cotta, también de la UFRJ, mi esposa y colaboradora más cercana. Este proyecto, financiado por Petrogal Brasil [subsidiaria brasileña de la empresa de energía portuguesa Galp] a través de la Agencia Nacional de Petróleo, Gas y Biocombustibles [ANP], consiste en la cogeneración de electricidad a partir de paneles fotovoltaicos de alta concentración y la recuperación del calor de los paneles para reutilizarlo en el proceso de destilación por membranas para la desalinización del agua. Esta iniciativa fue la ganadora del Premio ANP de Innovación Tecnológica en 2024 y está siendo evaluada por el gobierno federal para su incorporación en comunidades aisladas del semiárido del nordeste brasileño.

¿También participa en proyectos aeroespaciales?
El inicio de mi carrera en el ITA y la estrecha interacción con el IAE [Instituto de Aeronáutica y Espacio] y el Inpe [Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales] fueron determinantes para centrarme en las investigaciones en este ámbito. Entre otros proyectos, trabajé en el análisis térmico de la plataforma de lanzamiento del Vehículo Lanzador de Satélites, el VLS [cohete brasileño que explotó en tierra en 2003, causando la muerte de 23 técnicos], en el análisis de superaislantes para el control térmico de satélites, y en el desarrollo del sistema de protección térmica del Sara (Satélite de Reentrada Atmosférica), del IAE. Recientemente he coordinado investigaciones para el análisis teórico-experimental de sistemas anticongelantes para las sondas Pitot, un dispositivo que suministra datos para determinar la velocidad y la altitud de vuelo de aviones. En este estudio, realizado en colaboración con la Marina y la empresa ATS4i, se diseñó y se construyó en el Coppe el primer túnel de viento con formación de hielo. En combinación con los ensayos en vuelo con un jet Skyhawk A4 de la Marina, pudo explicarse el fenómeno de formación de hielo en las sondas Pitot que provocó la tragedia del vuelo 447 de Air France en 2009 [el avión cubría la ruta Río de Janeiro-París y se precipitó sobre el océano Atlántico, causando la muerte de sus 228 ocupantes]. El trabajo final de esa investigación ganó un importante premio del ICHMT en 2015. La dedicación al estudio de las causas del accidente del AF447 tuvo para mí una connotación emocional y personal muy fuerte, ya que fue el camino que seguí para superar la trágica pérdida de mi hija Bianca y mi yerno Carlos Eduardo, pasajeros de ese avión en viaje a su luna de miel. Ése fue el trabajo más importante de mi vida, no solo para demostrar el proceso de congelación de las sondas, sino también para proponer alternativas tendientes a evitar que eso vuelva a ocurrir. Fue la forma que encontré para aliviar mi dolor, dedicándome a un estudio que llamó la atención sobre un problema de ingeniería que afecta la seguridad de los aviones, con la esperanza de poder salvar vidas en situaciones similares en el futuro.

Este artículo salió publicado con el título “Renato Cotta: En defensa de la energía nuclear” en la edición impresa n° 354 de agosto de 2025.

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