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CARTA DE LA EDITORA | 210

Revelaciones sobre el futuro del clima en Brasil

Durante la penúltima semana de julio hizo mucho frío en el centro y sur de Brasil para los parámetros normales del país, a punto tal de llegar a nevar en casi dos centenas de ciudades en lugar de en una docena, tal como es habitual. Al comienzo de la tarde del martes 23, mientras me dirigía desde el campus de la USP, en el distrito de Butantã, hacia la redacción de Pesquisa FAPESP, en barrio de Pinheiros, en São Paulo, aunque no nevaba, registré mentalmente el encanto de la atmósfera helada, las figuras de un verde intenso, casi líquido diría, pintadas sobre la vasta serenidad del suave fondo grisáceo: una multitud de árboles sobre el cielo invernal de ese tramo de la zona oeste de la ciudad; la megalópolis obligándome a reconocer su belleza. En ese mismo instante, me contaban por teléfono que la ciudad de Recife se aprestaba a celebrar la 65ª reunión anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia bajo lluvias interminables. Y pocos días después, mientras Río de Janeiro trasladaba desde el anfiteatro de Guaratiba hacia la playa de Copacabana, también por culpa de las lluvias, la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, con incuestionable ganancia estética para el enorme evento religioso liderado por el papa Francisco, una Salvador igualmente lluviosa exhibía playas vacías, aunque dejando a la vista un mar de una increíble tonalidad azul oscura bajo la luz un tanto fría de la mañana. Recordé que hace cosa de un mes, poco más, era la terrible sequía que asolaba el vasto territorio del interior de Bahía lo que se comentaba en su capital.

Estas reflexiones sobre el tiempo y sus variaciones vienen a colación, justamente, del hermoso reportaje de tapa de esta edición (a partir de la página 16), compuesto por un primer texto elaborado por Marcos Pivetta y un segundo redactado por Carlos Fioravanti, ambos editores especiales de la revista. Este material exclusivo nos acerca los principales resultados científicos del más completo diagnóstico realizado al respecto de las tendencias dominantes del clima futuro en el país. En otras palabras, el reportaje aborda el primer informe evaluativo nacional (RAN1) elaborado por el Panel Brasileño de Cambios Climáticos (el PBMC, creado en 2009 por los ministerios de Medio Ambiente y de Ciencia, Tecnología e Innovación), que se divulgará durante el mes de septiembre en el marco de la 1ª Conferencia Nacional de Cambios Climáticos Globales, organizada por la FAPESP. Luego de leer el texto de Pivetta, uno sale con la percepción nítida de que en Brasil las estaciones se han vuelto un poco “locas”, y así seguirán. O sea, el frío y la nieve nacionales de la penúltima semana de julio no desmienten ni mitigan en nada las evidencias de los cambios climáticos en curso como consecuencia del calentamiento global que también afecta a esta porción del planeta llamada Brasil, puesto que los extremos climáticos constituyen precisamente una de las marcas más fuertes de ese proceso.

Según muestran las proyecciones del PBMC, en 2100 Brasil será entre 3ºC y 6ºC más cálido en todas sus regiones en relación con los promedios registrados a finales del siglo XX. La cantidad de lluvias podría ser un 40% mayor en biomas tales como la Amazonia y la caatinga y un tercio menor en la pampa. Las prolongadas sequías darán paso a períodos de lluvias intensas y fenómenos raros como los huracanes pueden tornarse más frecuentes. El desafío que se le plantea al país para contrarrestar los efectos sociales perjudiciales de las alteraciones del clima incluye, tal como lo describe el texto de Fioravanti, profundas modificaciones en las políticas agrícola, industrial y urbana. Conviene meditar al respecto.

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