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Necrológicas

Romper barreras

Elisa Frota-Pessôa fue una de las pioneras en el estudio de partículas, y participó en la fundación del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF)

Francisco Alcântara Gomes, Elisa Frota-Pessôa, Tiomno, Ribeiro, Luis Sobrero, Leopoldo Nachbin, José Leite Lopes y Maurício Peixoto en 1942, delante de la Facultad Nacional de Filosofía

CBPF

“Ella hacía lo que le parecía correcto”, dice la física Sonia Frota-Pessôa sobre su madre, Elisa Frota-Pessôa, una de las primeras mujeres graduadas en física en Brasil, y una figura importante en el comienzo de la investigación y de la enseñanza de la disciplina en el país, cuando no se esperaba que las mujeres trabajaran ni mucho menos que fueran científicas. Murió a los 97 años debido a una neumonía, la noche del 28 de diciembre, en Río de Janeiro.

Nacida el 17 de enero de 1921, Elisa Esther Habbema de Maia quedó fascinada con la física y la matemática y quiso ser ingeniera. Ese proyecto, considerado masculino, quedó descartado. Luego descubrió la carrera de física y, aunque contrariara a su padre, ingresó en 1940 a la Facultad Nacional de Filosofía (FNFi). Ya estaba casada con el biólogo Oswaldo Frota-Pessôa (1917-2010), con quien tuvo dos hijos: Sonia, profesora jubilada de la Universidad de São Paulo, y Roberto, cirujano general.

En 1942 se convirtió en asistente del físico Joaquim da Costa Ribeiro (1906-1960) en la FNFi y siguió en el puesto hasta 1944, cuando la nombraron docente. En 1949, fue una de las fundadoras del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF). Es de su autoría, junto con Neusa Margem (1926-2015), el primer artículo de investigación producido en la institución: “Sobre la desintegración del mesón pesado positivo”, publicado en 1950 en la revista Anais da Academia Brasileira de Ciências. En el trabajo, ellas analizaron placas fotográficas traídas de Estados Unidos por el físico César Lattes que registraban la trayectoria del mesón pi, partícula que él había ayudado a descubrir y a demostrar que podía detectarse en la primera generación de aceleradores de partículas. Ese tipo de estudio experimental sedimentó la descripción de componentes de la materia que se estaban descubriendo en aquel período.

En el CBPF coordinó, hasta 1964, el Laboratorio de Emulsiones Nucleares. “Ellos usaban placas fotográficas, revestidas con una capa de emulsión, expuestas a rayos cósmicos en la cima de montañas, para después examinarlas al microscopio”, describe Sonia Frota-Pessôa. Con la falta de laboratorios de física experimental para la enseñanza en la FNFi, los alumnos de Elisa Frota-Pessôa hacían pasantías en el laboratorio de enseñanza creado en el CBPF por ella y por el físico Jayme Tiomno (1920-2011), con quien pasó a vivir desde 1951 hasta que él murió.

Con el régimen militar, Frota-Pessôa y Tiomno se transladaron a la Universidad de Brasilia (UnB), llevando además a estudiantes. No duró mucho. Aquel mismo año, ellos estarían entre los 223 docentes que renunciaron colectivamente en protesta contra la persecución política. En 1969 el régimen militar la cesanteó en la FNFi y la hizo salir de licencia del CBPF, juntamente con Tiomno. Se fueron los dos a trabajar en Europa y en Estados Unidos.

En 1980 la pareja fue readmitida en el CBPF, donde ella siguió con la investigación y la enseñanza. Jubilada por edad en 1991, Elisa Frota-Pessôa recibió el título de Investigadora Emérita del CBPF y trabajó hasta 1995.

Además de los dos hijos, la física deja cinco nietas y nueve bisnietos, y perdió –por poco– la oportunidad de conocer a la tataranieta. Buena parte de la familia sigue carreras académicas o está encaminada en esa dirección. Las mujeres de la familia encontraron las puertas abiertas para escoger sus rumbos. “Mamá rompió con todos los tabúes.”

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