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Soluciones inmediatas y futuras para la generación de electricidad

Varios proyectos de investigación financiados por la FAPESP aportan nuevos horizontes para los métodos tradicionales y alternativos de producción de energía eléctrica

En el marco de la crisis energética brasileña, se incrementa la búsqueda de soluciones rápidas que fortalezcan a los actuales medios de generación de electricidad y eliminen la posibilidad de apagones. Pero no existen soluciones rápidas o mágicas. Existen sí, soluciones elaboradas tras años de estudio, como el trabajo del profesor Secundino Soares Filho, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Junto a su equipo, Soares Filho desarrolló dos software que pueden mejorar en un 5% el rendimiento energético de las centrales hidroeléctricas, fuente del 92% de la electricidad del país.

Otra posibilidad para aumentar los tan necesarios megawatts reside en lograr un mejor aprovechamiento de la extracción de energía eléctrica del bagazo y de la paja de la caña de azúcar. También fuera de los tradicionales sistemas de generación de energía eléctrica, una nueva tecnología ganará espacio en los próximos años en residencias, hospitales y pequeñas industrias. Son las células de combustible, equipamientos que funcionan con hidrógeno puro o extraído del gas natural. Otra buena noticia la constituyen los dos nuevos productos desarrollados en la Unicamp y la Universidad de São Paulo (USP) que baratearán la producción de equipamientos de sistemas de energía solar. Las soluciones tienen como base una visión estratégica, aunque algunas pueden ser usadas a corto plazo. Ellas involucran a investigadores de instituciones de investigación y de empresas, y mucho estudio, planificación e innovación tecnológica.

Aumento ya
Hace más de diez años, el aprovechamiento de las hidroeléctricas es tema de estudio en el Laboratorio de Sistemas Hidrotérmicos de Potencia de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Computación. Allí, el profesor Secundino Soares Filho ya ha generado dos programas de computadora capaces de proporcionar -sin nuevas obras ni grandes inversiones- un aumento del 5% en la producción nacional de energía eléctrica, lo que corresponde a 2.250 megawatts (MW) de potencia. Ese número equivale a la producción promedio de ocho hidroeléctricas instaladas en el río Paranapanema, en el límite entre los estados de São Paulo y Paraná, y corresponde a la cantidad de energía que el plan de racionamiento pretende que sea economizada por los consumidores residenciales.

“Si esas nuevas tecnologías, que mejoran el rendimiento de las turbinas de las centrales y optimizan el gerenciamiento del agua almacenada en los embalses, fueran implantadas por el conjunto de las hidroeléctricas brasileñas, el racionamiento seria mucho más suave”, afirma el profesor de la Unicamp. Soares Filho constata de hubo insuficiencia de inversiones enla capacidad de generación del sistema en los últimos años. Esto se debe a que, mientras la demanda de energía del país creció 5 mil MW por año, la oferta de generación aumentó apenas 3 mil MW.

Gerenciamiento cuidadoso
Hace algún tiempo que el profesor Soares Filho viene advirtiendo sobre el riesgo de racionamiento. En una nota publicada en la edición nº 41 de Noticias Fapesp, de abril de 1999, Soares Filho fue categórico: “El gerenciamiento más cuidadoso de los embalses contribuiría para reducir los riesgos de racionamiento de energía, previstos para los próximos años, si las inversiones en el sector continúan siendo postergadas”. Dos años después de su vaticinio, Brasil enfrenta la posibilidad de apagones.

Para ayudar a revertir ese cuadro, los software desarrollados por los especialistas de la Unicamp desempeñan un papel importante en el aumento de la producción de energía eléctrica en el país. Fueron elaborados en el ámbito del proyecto temático Planeamiento y Programación de la Operación de Sistemas de Energía Eléctrica. El primero de los software es el del despacho de máquinas. Con éste, es posible aumentar en un 3% la productividad de las centrales hidroeléctricas.

Para entender esta mejora es necesario saber que toda turbina tiene una curva de rendimiento llamada “curva Colina”. Ésta depende de dos parámetros: caudal y salto de agua. Cuanto mayor es el salto de agua, mayor es la potencia. El modelo matemático formulado por el equipo de la Unicamp evalúa el rendimiento de cada turbina en función del caudal disponible y de la altura del salto de agua, y determina el funcionamiento global del conjunto.

Fallas en esa complicada ecuación representan pérdida de preciosos megawatts. “Ya comprobamos la eficacia de nuestro modelo en las centrales del río Paranapanema y simulamos un test en la usina de Itaipú. En ambos casos, la mejora en el rendimiento fue del 3%”, afirma el investigador. Los resultados en Paranapanema fueron tan significativos que la empresa concesionaria, Duke Energy, formó un contrato con la Unicamp por valor de 345 mil reales para aplicar el modelo en sus ocho hidroeléctricas: Jurumirim, Rosana, Chavantes, Capivara, Canoas I y II, Salto Grande y Taquaruçu.

Río abajo
El otro aplicativo desarrollado por el equipo de la Unicamp coordina el volumen de agua de los embalses. La clave de ese modelo es la transferencia del volumen de agua de las centrales cercanas a la cabecera de los ríos a las hidroeléctricas a más próximas a la desembocadura. El desplazamiento causaría una elevación de un 4% en la generación de las usinas que operan con embalses. Estas hidroeléctricas responden por el 45% de la potencia energética instalada en el país. El otros 55% corresponde a las centrales al filo de agua, cuyos reservorios o embalses no pueden ser controlados. Si este sistema de control propuesto por el profesor Soares fuera implementado por el Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS), la ganancia sería del 2% en el rendimiento energético de las hidroeléctricas con embalses.

Agua en el lugar equivocado
Para probar que el modelo funciona, el investigador de la Unicamp efectuó una simulación, tomando como base la situación de tres usinas del sistema sudeste, el día 15 de febrero de este año: Emborcação,en el río Paranaíba, Furnas, en el río Grande, e Ilha Solteira en el río Paraná. En aquella fecha, las tres centrales operaban, en promedio, con un 27% de las reservas de agua y estaban generando 2.667 MW. “Si el ONS mantuviera el misma caudal en las tres unidades, pero concentrando el volumen de agua en la última central del salto, en el caso de la Ilha Solteira, la generación de energía ascendería a 2.778 MW, un aumento del 4,13%. Eso demuestra que el agua está guardada en el lugar equivocado. Ellos la almacenan en la cabecera, cuando deberían almacenarla en las represas cercanas a la desembocadura.”

Soares Filho sabe que la aplicación del modelo de despacho de máquinas es mucho más asequible que el del gerenciamiento de stocks, porque este último tiene un inconveniente: para el que sistema funcione mejor, la central de la cabecera debería abdicar de generar más energía en pro de las centrales de la desembocadura. “De la manera como están las cosas hoy, todo el mundo pierde”, remarca el investigador.

Tanto el modelo de despacho de turbinas como el de gerenciamiento de embalses integran un software más complejo, bautizado HydroLab, que en la práctica, es un sofisticado laboratorio de análisis del sistema hidroeléctrico brasileño. HydroLab incluye también un extenso banco de datos y un previsor de caudal, que intenta “adivinar” cuánto va a llover, en el plazo de un año, en las cuencas de las centrales. Este dato es fundamental para un mejor gerenciamiento de las hidroeléctricas y podría evitar situaciones como la que estamos viviendo hoy. “Nuestro software realiza previsiones mucho más precisas y posee un índice de errores que equivale a la mitad que el del aplicativo de la Eletrobrás, que usa un modelo de los años 80″, explica el investigador.

Reducción de rendimiento
Por medio del HydroLab, es posible saber que con el embalse lleno, la usina de Furnas tiene una potencia de 405 MW, pero con el 20% de su capacidad, que correspondía a la situación a fin de mayo, la generación de energía cae a 345 MW. Eso demuestra que la caída del volumen de agua en los embalses implica una reducción del rendimiento de la central, porque su potencia es proporcional al producto del caudal por el salto de agua. “Estamos gastando más agua para generar la misma cantidad de energía”, explica el investigador.

El profesor Soares Filho está en el tercer proyecto temático consecutivo, todos con el mismo objetivo: optimizar la producción nacional de energía eléctrica. Para desarrollarlo, además del equipo de la Unicamp, colaboran investigadores de Ingeniería y de Matemática y Computación de São Carlos, ambas de la Universidad de São Paulo (USP), y de Ingeniería de Baurú, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp).

Biomasa del bagazo de caña
Además de mejorar el rendimiento de las usinas hidroeléctricas, Brasil tiene potencial para instalar 2.500 MW más de energía eléctrica a partir de la biomasa de la caña de azúcar. Este valor representa cerca del 20% de la capacidad de producción de la hidroeléctrica de Itaipú, la mayor del país. “El bagazo y la paja de la caña pueden transformarse, a mediano plazo, en importantes componentes de la matriz energética de Brasil”, cree el profesor Isaías Carvalho Macedo, asesor para el área de energía de la Rectoría de la Unicamp que, durante siete años, fue gerente de tecnología de la Cooperativa de Productores de Caña, Azúcar y Alcohol del Estado de São Paulo (Copersucar). “Pero para que ese escenario se convierta en realidad serán necesarias inversiones y una política de energía que le permita al sector desarrollar su potencial.”

Actualmente, casi toda la producción de energía eléctrica de los ingenios de caña representa unos 1.100 MW, destinados al consumo interno. Menos de 100MW son vendidos a la red. La razón es simple: el precio pagado por los distribuidores a los productores es aún muy bajo y no compensa los costos de generación.

El dominio de la tecnología de producción de energía a partir de la biomasa de la caña existe en Brasil hace más de 20 años. En 1980, los ingenios producían el 60% de la electricidad que consumían con la quema del bagazo. Actualmente son autosostenidos, generan el 100% de la energía que necesitan.

Un proceso simple
El sistema de generación de energía con bagazo es relativamente simple. En el comienzo del proceso, el bagazo es quemado en una caldera convencional, produciendo vapor, a un promedio de 20 atmósferas de presión. Al salir de la caldera, el vapor hace funcionar una turbina que, a su vez, acciona un generador eléctrico. El vapor deja la turbina y su energía térmica es utilizada en varios procesos como el calentamiento y la evaporación del caldo de la caña para producir azúcar, además de la concentración para la producción de alcohol. Todo este proceso es llamado de cogeneración, pues resulta al mismo tiempo en la producción de energía eléctrica y térmica.

Según Macedo, el rendimiento energético del bagazo gira en torno al 20% con la tecnología actual. Pero un nuevo proceso que está en desarrollo será capaz de duplicar esa productividad. Es el Biomass Integrated Gaseification/Gas Turbine (BIG/GT), o gasificación de biomasa y uso de turbinas de gas. El mismo ha sido investigado para la industria de la caña por la Copersucar conjuntamente con la empresa sueca TPS (Termiska Processor Sweden). El flujo productivo de ese proceso es diferente: el bagazo es calentado en un sistema cerrado sin aire, generando una mezcla de gases. Esos gases son tratados y hacen funcionar una turbina de gas especial, produciendo energía eléctrica. “Bien ajustado, ese sistema puede transformar el 40% de la energía del bagazo en electricidad”, dice Macedo.

Actualmente, la producción de caña de azúcar en Brasil ronda los 300 millones de toneladas anuales, siendo que aproximadamente el 70% de ese volumen -200 millones de toneladas- es producido en los 130 ingenios de São Paulo. Para que el sector suministre 2.500 MW de potencia, será necesario modernizar los ingenios, que deberán equiparse con nuevos sistemas generadores. Con algunas otras alteraciones en el ciclo productivo, éstos pueden llegar a lograr un excedente de 3.000 MW de potencia. Ese valor corresponde a la energía generada en seis meses, ya los establecimientos solo trabajan de mayo a septiembre. En ese caso, la potencia efectiva anual sería de 1.500 MW. Y los 1.000 MW faltantes para llegar los 2.500 MW podrían surgir de la quema de la paja de la caña, que actualmente no integra el proceso.

Recolección de la paja
En este punto entran las investigaciones del profesor Oscar Antônio Braunbeck, coordinador del Laboratorio de Proyectos y Máquinas Agrícolas de la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Unicamp. Con un proyecto de auxilio a la investigación de la FAPESP, Braunbeck desarrolla tecnología para mecanizar la colecta de caña, que es tradicionalmente realizada de forma manual. “El sector azucarero demanda el retiro anual de 80 toneladas de caña por hectárea, 20 veces más que cualquier otro cultivo agrícola.”

La mecanización del proceso es la única alternativa para el aprovechamiento de la paja, puesto que evitaría la quema de los cañaverales, una práctica que afecta al 80% de las plantaciones. “La cosecha mecanizada no existe porque la tecnología disponible, de origen australiano, es ineficiente”, dice. “Estas máquinas tienen una serie de limitaciones que acabaron por tornarlas inviables en las plantaciones”. La investigación del profesor Braunbeck tiene por objeto la construcción de una nueva máquina con el perfeccionamiento de cuatro funciones básicas: corte de puntas, corte de base, picado y ventilación. “Tenemos una unidad piloto que realiza el corte de base y el retiro de la paja. La tecnología que estamos creando generará una pérdida menor de materia prima y, al mismo tiempo, va a levantar menos tierra”, afirma el investigador. Con la tecnología actualmente disponible, las pérdidas en la cosecha mecanizada llegan al 10%.

Según estimativas llevadas a cabo por los técnicos del sector, la mitad de los cañaverales del país -aquellos con hasta un 12% de declive del suelo- podría ser mecanizada. De estas plantaciones, se cree que sería posible recuperar un 50% de la paja sin ocasionarle pérdidas al medio ambiente. Los agrónomos sostienen que es benéfico dejar un poco de paja en la plantación, pues ésta actúa como herbicida y conserva la humedad del suelo. En el cálculo general, el 25% de la paja -cerca de 12 millones de toneladas- sería recuperable y podría ser usada como biomasa para la generación de energía, con un potencial extra de 1.000 MW.

La expectativa del profesor Braunbeck es que los tests con el primer prototipo se inicien al final de la zafra de 2003. “Pretendemos entregarle el proyecto a una industria (aún no elegida) en 2005, y creo que en 2006 tendremos las primeras unidades comerciales.”

Avances en el panel solar
Otros incrementos de energía eléctrica podrán salir también del perfeccionamiento de sistemas para el aprovechamiento de la energía solar. Aunque éste es un modo todavía caro de generar electricidad, el desarrollo de nuevas tecnologías indica que, en poco tiempo, la energía solar tendría un mayor uso con el empleo de células fotovoltaicas fabricadas con materiales más baratos.

En el Laboratorio de Fotoquímica Inorgánica y Conversión de Energía del Instituto de Química (IQ) de la USP, la profesora Neyde Yukie Murakami Iha coordina un equipo que desarrolló una célula solar fotoeletroquímica que podría costar un 50% menos que las células existentes en el mercado. En el IQ-USP fueron desarrollados todos los procesos intervinientes en la confección de una nueva célula, también llamada célula solar sensibilizada con colorantes o dye-cell. Es una alternativa estudiada en diversos países, aunque todavía no se encuentre en el mercado. Una de las características atrayentes de esta célula es la transparencia que permite su instalación en el lugar de las ventanas. De este modo, las grandes superficies con dye-cells captan los rayos solares y los transforman en energía eléctrica para su uso en el propio edificio donde están instaladas.

Sandwich energético
La investigación coordinada por la profesora Neyde desarrolla colorantes específicos y células solares que utilizan materiales semicondutores baratos y de fácil procesamiento, como el dióxido de titanio (TiO2). Dicho material es utilizado ampliamente por diversos sectores de la industria en pinturas blancas, cremadental y cosméticos. “Desarrollamos un film de dióxido de titanio que recibe colorantes de diversos colores, de acuerdo a su aplicación”, explica la profesora Neyde. “Esos componentes son dispuestos en capas, formando una especie de sandwich con el mediador (o electrolito), que cierra el circuito y resulta en una célula solar regenerativa que puede generar energía por muchos años”, explica el químico Christian Graziani Garcia, alumno de doctorado y uno de los participantes en la investigación.

Las dye-cells pueden alcanzar un índice del 11% de eficiencia en la conversión de la energía solar en energía eléctrica con electrolitos líquidos. Las tradicionales células de silicio de alta pureza rinden entre un 14% y un 16%. Una diferencia que debe disminuir con el desarrollo de las investigaciones en los próximos años. “Las células de silicio existen desde los años 50 y los datos de la literatura indican que las mismas están alcanzando su nivel máximo, mientras que las nuevas células tienen un gran potencial para aumentar su eficiencia”, afirma Neyde. Según la profesora, existen estudios que sitúan la eficiencia teórica máxima para las dye-cells en un 27%.

Con el potencial existente y el hecho de que la investigación abarca todas las etapas involucradas en su confección, la célula desarrollada en el IQ-USP ya ha recibido consultas de interesados en producirla. “Fueron decenas de consultas y algunas propuestas formales (empresas y fondos de capital de riesgo)”, cuenta Garcia. En razón de ello, el grupo ya posee una patente registrada en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) y otra que se encuentra en proceso de finalización.

Otra célula solar con características similares a la de la profesora Neyde, está en desarrollo en el Laboratorio de Polímeros Conductores y Reciclaje del Instituto de Química de la Unicamp. Un estudio coordinado por el profesor Marco Aurélio De Paoli desde 1996, resultó en una célula electroquímica con electrolito sólido y seco. “Utilizamos un polímero cedido por la empresa japonesa Daiso que produce este tipo de producto para la industria automotriz”, cuenta De Paoli. “Logramos un índice de eficiencia energética del 6%, el mayor entre los prototipos de células electrofotoquímicas con electrolitos sólidos y substrato de vidrio”. Según De Paoli, la ventaja del electrolito seco reside en su mayor estabilidad energética y en la eliminación de posibles pérdidas. De Paoli registró esa célula en el INPI y prepara otra usando un substrato de plástico flexible, que presenta un rendimiento del 2% de eficiencia y un costo bajísimo si se lo compara con las células del mercado. Los estudios de los investigadores de la USP y de la Unicamp son avances tecnológicos importantes e inéditos que catapultan a las nuevas células para ganar un lugar destacado en el sector de energía solar.

Una novedad: la célula de combustible
Las tradicionales formas de generación de energía eléctrica van a tener una compañera fuerte y segura. Las perspectivas energéticas para el siglo XXI apuntan al hidrógeno como el combustible más prometedor para el uso en vehículos o estaciones generadoras de electricidad. El hidrógeno, un elemento presente en la composición del agua y en casi todos los compuestos orgánicos, hace funcionar a las células de combustible, un equipamiento silencioso que transforma la energía química en energía eléctrica. La célula puede ser descripta como un sandwich de electrodos, catalizadores y un electrolito. Puede recibir hidrógeno puro u obtenido del gas natural, de la gasolina, del metanol (alcohol de madera o de cereal) o del etanol (alcohol usado en los autos brasileños). Retirar hidrógeno del agua es una opción cara por ahora, porqueel proceso de electrólisis que separa los átomos de hidrógeno y el oxígeno requiere de energía eléctrica.

Más baratas y eficaces
La célula de combustible es un equipamiento que no causa daños al ambiente. Genera como residuos tan solo agua o vapor de agua, si se usa hidrógeno puro, y bajísimas emanaciones de gases contaminantes con otros combustibles. Con todas estas características, no es de extrañar que en todo el mundo exista una carrera tecnológica para el perfeccionamiento de ese generador de electricidad.

Centros de investigación de instituciones académicas y de empresas avanzan en el desarrollo de materiales y procesos que las hagan más eficaces y baratas. Desde hace por lo menos tres años, en Estados Unidos, Canadá, Alemania y Japón, las primeras células empezaron a ser vendidas, con una producción restringida y a pedido. Actualmente existen varios prototipos con capacidad para suministrar electricidad entre 10 watts (W) y 11 megawatts (MW), para abastecer a equipamientos portátiles y en la generación de energía en pequeñas ciudades.

Brasil, por suerte, no quedará fuera de esta innovación. El próximo año, la empresa UniTech pondrá en el mercado las primeras unidades de célula de combustible capaces de generar electricidad para residencias y pequeñas industrias. El combustible que se usará es el gas natural. “Con adaptaciones podemos utilizar también el etanol”, afirma el químico Antonio César Ferreira, 44 años, coordinador de proyectos de la empresa. La célula de la UniTech va a funcionar como si fuera una cocina que capta el gas natural residencial o el gas envasado. “Todo el equipamiento es del tamaño de un frigobar. Con él, será posible, por ejemplo, generar energía eléctrica dentro de casa e incluso venderle el excedente al vecino.”

Ferreira trajo a Brasil su experiencia de nueve años de trabajo en Estados Unidos. Primeramente en la Universidad de Texas de Agricultura y Mecánica (AeM) y después en la empresa MER, en Arizona, coordinó proyectos para órganos gubernamentales como la Nasa, la agencia espacial norteamericana, el ejército y el departamento de energía, además de empresas como Asahi y Mazda, siempre con el tema de la célula de combustible.

“Volví porque obtuve el financiamiento de la FAPESP”, cuenta Ferreira. Un proyecto suyo proyecto fue aprobado en el marco del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE). “Envié mi propuesta de proyecto en 1997, estando aún en Estados Unidos”, recuerda. Al año siguiente, montó una empresa en su ciudad natal, Cajobi, cerca de São José do Rio Preto, en un inmueble de la familia.

Para armar los primeros prototipos de células a combustible, Ferreira debió desarrollar las placas separadoras bipolares (catalizadores), piezas esenciales para el montaje de prototipos de células de combustible. En los catalizadores se produce la rotura de las moléculas de hidrógeno (H2). Los protones originados en esa reacción alcanzan, a través de la membrana, el lado ánodo (negativo) de la célula, para formar agua. Entretanto, los electrones originarios de la reacción de la rotura del H2 circulan por la placa separadora generando electricidad.

Desde los años 80
En Brasil, uno de los primeros grupos de estudio sobre la célula de combustible surgió en el Instituto de Química de São Carlos (IQSC) de la Universidad de São Paulo (USP). Bajo la coordinación del profesor Ernesto Rafael Gonzalez, fue construido en la década del 80 el primero prototipo de laboratorio de ese tipo de equipamiento en el país. “Entre 1981 y 1982 estuve en el laboratorio nacional de Los Álamos, en Estados Unidos, estudiando células de combustible y otras aplicaciones del hidrógeno”, recuerda Gonzalez.

De todos estos años, Gonzalez destaca varios trabajos en el perfeccionamiento de materiales y procesos vinculados a la tecnología de células de combustible y baterías, incluso con una patente sobre un método de fabricación de catalizadores para células, aún no utilizado comercialmente. Otro punto destacado es una curiosidad y, al mismo tiempo, demuestra el grado de desarrollo del equipo de la USP. “Los electrodos utilizados en la primera célula de combustible de Corea del Sur, hace diez años, fueron desarrollados en São Carlos”, revela Gonzalez, que actualmente coordina un proyecto temático orientado a la eletrocatálisis y a las células de combustible. Fue también él quien dirigió, en los años 80, las tesis de maestría y doctorado de Ferreira, de la UniTech.

Otro grupo de investigación brasileño involucrado con las células de combustible está en el Instituto de Investigaciones Nucleares y Energéticas (Ipen). Los estudios se iniciaron en 1997 y se concentran en la producción de materiales que componen los electrodos y los catalizadores. El grupo se inició con la llegada, en 1998, del profesor Hartmut Wendt, de la Universidad de Darmstadt, Alemania. Wendt llegó a Brasil por invitación del profesor Marcelo Linardi, que forma parte de ese grupo, y con auxilio a visitante de la FAPESP.

Actualmente, Linardi finaliza un proyecto financiado por la Fundación de desarrollo de electrodos y otros procesos relacionados con células. En la pauta de los estudios del Ipen están dos tipos de células que también pueden ser usadas en automóviles. Son las células PEMFC, sigla en inglés de Célula de Combustible con Membrana Polimérica de Intercambio de Protones, un tipo de tecnología también desarrollado por Ferreira, de la UniTech, y la SOFC, Célula de Combustible con Electrolito de Óxidos Sólidos. “Nuestra idea es desarrollar una línea de investigación que lleve a la construcción de un prototipo de algunos kilowatts”, explica Linardi.

La transferencia de la tecnología de células de combustible podrá concretarse con un probable acuerdo entre la institución y la empresa Electrocell, incubada en el Centro Incubador de Empresas Tecnológicas (Cietec), en el edificio del Ipen en la Ciudad Universitaria, en São Paulo. En estos momentos, de desarrollar la tecnología para las células, Electrocell busca inversores de capital de riesgo para implementar una línea de producción. La empresa cuenta entre sus cuatro socios con dos propietarios de empresas también incubadas en el Cietec que poseen financiamiento dentro del PIPE. Gilberto Janólio, con la empresa DCSystem, desarrolla baterías especiales de litio y de titanio para abastecer a equipamientos de telecomunicaciones, y el también ingeniero Gerhard Ett, de la Anod-Arc, que elabora una técnica de tratamiento de superficie de aluminio superior al proceso convencional.

Tema mundial
“Existe actualmente un movimiento internacional en favor de energías eficientes y limpias como las células de combustible, y Brasil tiene la gran oportunidad de ser un líder entre los países iberoamericanos”, afirma el profesor Gonzalez, quien representante a la USP en el recientemente creado Centro Nacional de Referencia en Energía de Hidrógeno (Ceneh), instalado en la Unicamp e integrado por varias entidades, con coordinación del profesor Ennio Peres da Silva.”Nuestra intención es empezar por la integración de los varios grupos que poseen investigaciones con hidrógeno y estructurar un ampliobanco de datos”, explica Gonzalez. Un trabajo que se espera que traiga buenas noticias para el sector energético brasileño, como los software del profesor Secundino y el incremento de MW con la optimización del uso del bagazo de caña, además del desarrollo de células de combustible y nuevos paneles solares. Noticias que, más que bienvenidas, son noticias necesarias.

Los proyectos
1. 
Planeamiento y Programación de la Operación de Sistemas de Energía Eléctrica (99/12737-9); Modalidad: Proyecto temático; Coordinador: Secundino Soares Filho – Unicamp; Inversión: R$ 80.300,00 y US$ 84.848,56
2. Modelado, Simulación, Optimización y Construcción de un Cortador de Base Seguidor del Perfil del Suelo en el Proceso de Cosecha de Gramíneas (99/04745-1); Modalidad: Línea regular de auxilio a la investigación; Coordinador: Oscar Antônio Braunbeck – USP; Inversión: R$ 8.483,75
3. Polímeros Conductores y Reciclaje (96/09983-0); Modalidad: Línea regular de auxilio a la investigación; Coordinador: Marco Aurélio De Paoli – Unicamp; Inversión: R$ 99.226, 48 y US$ 136.948,02
4. Fotorreactividad de Compuestos de Coordinación y Conversión de Energía (13/25173-5); Modalidad: Línea regular de auxilio a la investigación; Coordinadora: Neyde Yukie Murakami Iha – USP; Inversión: R$ 97.837,56 y US$ 106.610,71
5. Eletrocatálisis Parte III. Cinética y Mecanismo de Procesos Electroquímicos de Conversión y Almacenamiento de Energía (99/06430-8);Modalidad: Proyecto temático; Coordinador: Ernesto Rafael Gonzalez – USP; Inversión: R$ 310.340,00 y US$ 365.314,00
6. Materiales Avanzados para la Fabricación de Separadores Bipolares para Células de Combustible de Polímero Conductor Iónico (97/13109-6); Modalidad: Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE); Coordinador: Antônio César Ferreira – UniTech;Inversión: R$ 192.024,00
7. Desarrollo de Electrodos y Procesos de Dopaje de Electrodos de Células de Combustible de Membrana Polimérica Intercambiadora de Protones (99/03257-3);Modalidad: Línea regular de auxilio a la investigación; Coordinador: Marcelo Linardi – Ipen; Inversión: R$ 53.291,55 y US$ 29.684,63

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