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Carta de la editora | 103

Tristes imágenes ideales

Desde hace algunos años, algunos pensadores han venido advirtiendo y demostrando que la lógica de funcionamiento de la sociedad contemporánea es dominada en gran medida por la imagen, como mercadería y simultáneamente como una especie de valor absoluto. La producción incesante de imágenes parece destinarse a llenar y ocupar todos los ámbitos de la vida social, e inmiscuirse en todos los planos de la actividad humana, incluso aquéllos más recónditos, más privados y secretos, que aparentemente deberían permanecer al margen de esa invasión por parte de la imagen fabricada en la imaginación de los individuos.

Y el cuerpo humano, por supuesto, no escapa al dominio de esa lógica -al contrario, es sometido a ella en gran escala, en la confrontación muchas veces brutal, dolorosa y absurda entre el cuerpo real y la imagen ideal. En este ambiente de valoración hiperbólica de la imagen, algunas respuestas francamente patológicas a la insatisfacción profunda con la forma del cuerpo propio que, rebelándose contra los moldes de la industria, insiste en presentar características individualizadas fuera de estándar, ni siquiera causan demasiado asombro -pese a que deberían causarlo. Y ése es precisamente uno de los méritos -entre otros tantos- del artículo que cubre la portada de esta edición, que comienza en la página 34: hacernos una invitación en ese sentido. El reportaje, elaborado por la periodista Marili Ribeiro, colaboradora de Pesquisa FAPESP, y Ricardo Zorzetto, editor asistente de ciencia de la revista, se centra en un estudio que tomó como base una muestra de 700 chicas y muchachos en la franja de edades entre los 17 y los 26 años, todos estudiantes del área de la salud ligados a 11 universidades distribuidas por los estados de São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Goiás. La investigación es a todas luces reveladora de ese problema inherente a la insatisfacción profunda con el físico y algunas de las nefastas consecuencias que de allí se desprenden, y muestra entre otros resultados que el 80% de los jóvenes entrevistados mudaría características de su cuerpo para mejorar su apariencia, y lo que es peor: el 13% sostiene que se provoca vómitos, toma laxantes o usa diuréticos después de comer con el objetivo de no engordar -cabe registrar que casi 90% de los integrantes de la muestra no eran gordos u obesos. Ahora bien, tales procedimientos son indicativos de riesgo de bulimia nerviosa en un índice mucho más alto del que los científicos esperaban encontrar. Y la diseminación de este tipo de trastorno, un signo de una cierta patología social, puede arrojar alguna luz, más bien dura y poco glamorosa, sobre el segundo lugar que ocupa actualmente Brasil en número de operaciones estéticas anuales en el mundo, con alrededor de 500 mil personas que se someten a cirugías plásticas. Ésa es una medalla de plata que gana el país, de mínima cuestionable en cuanto a su mérito.

En un campo completamente diverso, el artículo que se inicia en la página 78 la sección de humanidades por cierto, elaborado por el editor de ciencia Carlos Fioravanti, muestra que recientes estudios comprueban que la recuperación de áreas verdes, en lugar de la canalización de los ríos, es capaz de reducir la impermeabilización del suelo y brinda una salida real al problema de las inundaciones en la grandes ciudades brasileñas. Es decir, son soluciones mucho más sencillas que aquéllas a las que en los últimos tiempos se apostaba; y ésta es una cuestión sobre la cual valdría la pena que los candidatos a alcaldes de nuestras metrópolis meditasen, en estos momentos preelectorales.

Merece destacarse también en esta edición la entrevista realizada por Marcos Pivetta y Ricardo Zorzetto, con Gilberto De Nucci (en la página 12). Este investigador, que entre otros proyectos desarrolla actualmente un similar nacional del Viagra, al paso que es uno de los más respetados y citados científicos brasileños, es con seguridad uno de los personajes más polémicos de la comunidad científica nacional. Merece también una lectura atenta el reportaje de Marcelo Leite (en la página 46), quien hasta hace poco fuera editor de ciencia del periódico Folha de S.Paulo y es uno de los periodistas brasileños más respetados en ese campo, donde narra con mucho estilo la experiencia de una quema controlada en la región amazónica, llevada a cabo por un equipo de investigadores con el objetivo de entender mejor el impacto del fuego sobre la fauna y la flora de la selva.

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