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Clima

Un Brasil más caliente

Los primeros escenarios utilizando modelos climáticos regionales avizoran sequías e inundaciones más severas, en un cuadro de temperaturas más elevadas y menor humedad, causando impacto en la salud humana y en la producción de alimentos.

Ciudades que desaparecen bajo el mar y la Amazonia transformada en desierto no es lo que nos espera en el futuro inmediato. Pero existen, indudablemente, riesgos de aumento de la temperatura media anual en las próximas décadas en toda América del Sur. Pueden asimismo surgir áreas casi desérticas en el interior y en el nordeste, de acuerdo con los modelos sobre el clima del futuro, usando por primera vez los modelos climáticos regionales, desarrollados en el Instituto de Investigaciones Espaciales (Inpe). Se vislumbra un Brasil menos tropical y húmedo, y más caliente y seco.

Esas transformaciones pueden afectar la producción de energía eléctrica, en la medida en que el agua de los ríos y de las represas se evapore más rápidamente, y a la salud humana: enfermedades como la malaria y el dengue podrían propagarse más intensamente bajo un clima más caliente y húmedo; y en un clima más caliente y seco, las dolencias respiratorias podrían tornarse más comunes. La economía brasileña, en especial la agricultura, puede adquirir otro perfil. Estimaciones anteriores, realizadas siguiendo modelos globales, ya habían apuntado a la reducción progresiva en las cosechas de productos agrícolas básicos como el trigo, maíz y café, cuyas áreas de siembra tenderían a moverse hacia el sur del país a medida que el calor aumentase.

Al mismo tiempo, cobra fuerza una vertiente de investigación que adiverte sobre la necesidad de acciones preventivas y para la urgencia de contar con semillas adaptadas a climas más calientes como forma de evitar el desabastecimiento de la población. “Los escenarios climáticos futuros deben ser vistos como materia prima para estudios más profundos acerca de los impactos de los cambios climáticos sobre la biodiversidad, la salud, la agricultura y la economía”, dice José Antonio Marengo Orsini, meteorólogo del Centro de Pronóstico del Tiempo y Estudios Climáticos (CPTEC) del Inpe y coordinador de ese trabajo. “Pueden también ser la base de políticas públicas que procuren reducir los prejuicios asociados a los cambios climáticos, por medio de la reducción del desmonte y de la emisión de gases de efecto invernadero”.

Hasta ahora sólo era posible imaginar los impactos de los cambios climáticos en Brasil por medio de las proyecciones de los modelos globales. Realizados por instituciones de Estados Unidos o de Europa, suministran una visión panorámica a gran escala, con los promedios de las temperaturas continentales, no muy útiles para la evaluación de los impactos climáticos regionales. Al tratar con una escala bastante menor, los modelos regionales indican, por ejemplo, si puede haber variación en el volumen de agua de las cuencas hidrográficas y así prever problemas de abastecimiento en ciudades o de navegación. “Es como si ahora mirásemos a Brasil bajo una lupa”, dice Marengo. Según Pedro Leite da Silva Dias, profesor de la Universidad de São Paulo (USP), modelos regionales como el del Inpe pueden ser bastante útiles para entender procesos climáticos específicos e intentar descubrir si la brisa marina continuará llegando a la ciudad de São Paulo o va a moverse la frecuencia de las tempestades de Paraguay hacia el sur de Brasil.

Vulnerabilidad
Los gráficos y mapas con las proyecciones de cambios climáticos, que emergen de las supercomputadoras del CPTEC, indican un aumento de 2º a 3º Celsius (ºC) en la temperatura media anual de casi toda la franja litoral y buena parte del interior de Brasil, mientras que en un área del norte de Amazonas equivalente al estado de São Paulo, el calentamiento puede alcanzar 6ºC. Esas proyecciones se refieren al escenario más optimista, que presupone el cumplimiento integral de las metas de reducción de la polución del Protocolo de Kyoto. En ese caso, todo sería hecho para evitar los daños causados por el calentamiento global.

En el otro extremo, el escenario pesimista presupone que nada será hecho o que nada funcione para detener el calentamiento global — y las emisiones de gas carbónico, uno de los principales agentes del calentamiento global, permanecieran altas. Bajo esa expectativa más sombría, de acuerdo con las proyecciones del Inpe, una amplia franja que abarca a las principales ciudades de Brasil estaría sujeta a temperaturas medias anuales hasta 4ºC más altas. La mayor parte del país estaría bajo temperaturas medias anuales hasta 6ºC mayores y una pequeña franja de tierra al norte de Amazonas podría ir más allá y soportar aumentos de hasta 8ºC con relación al período 1961-1990, adoptado en el mundo entero como punto de partida de los modelos climáticos.

La distribución y cantidad de las lluvias también se modificarían, según las proyecciones del CPTEC/ Inpe. Las dos previsiones extremas ?de baja y de alta emisión de gas carbónico? sugieren que podría haber menos lluvias tanto en la Amazonia como en el Centro-Oeste, perjudicando así la supervivencia de la Selva Amazónica y del Pantanal, que dependen de la humedad, como la Región Nordeste. En el Sur y Sudeste de Brasil y en por lo menos la mitad de Argentina, los registros pluviométricos tenderían a aumentar, aunque con una menor contribución de la humedad proveniente de la Amazonia.

Las primeras proyecciones del clima futuro en Brasil usando modelos climáticos regionales sugieren la posibilidad de eventos climáticos extremos con mayor frecuencia, ya indicados por los modelos globales, aunque no con tanto detalle. En la práctica: lluvias más fuertes y cortas que resultarían en temporales más intensos que los que hay hoy, y por el contrario, sequías más largas, que podrían transformar el semiárido del Interior del nordeste en una región casi árida. Un promedio de 16 modelos globales del Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos (IPCC), por ejemplo, ya habían indicado una reducción de 40% en las precipitaciones de la Región Nordeste de Brasil.

Lluvias atrasadas
De acuerdo con ese nuevo estudio, las lluvias podrían tornarse más raras, especialmente en invierno, cuando la Amazonia estaría sujeta a temperaturas medias 4ºC más altas y el sudeste, de 2ºC a 3ºC, en un escenario optimista. “Esa constatación es preocupante”, dice Marengo, “porque la primavera marca el comienzo de la estación lluviosa en todo Brasil”. Si bien de hecho llueve menos en primavera, las lluvias de verano, que comienzan al final de octubre en el sudeste y en diciembre en el norte, podrían atrasarse dos o tres meses y perjudicar la oferta de alimentos, ya que son exactamente las primeras lluvias de fin de año, las que marcan el momento de la siembra del arroz, fríjol, maíz, soja y trigo. El verano que dejó encallados barcos en medio de los ríos secos y aisló casi 300 mil personas en los estados de Amazonas y de Pará el año pasado, fue causada precisamente por un atraso de dos meses en la llegada de las lluvias.

“La sequía de la Amazonia en 2005 representa un tipo de episodio climático extremo que puede volverse más frecuente en la segunda mitad del siglo XXI”, dice Marengo. Un estudio reciente del que es uno de los autores, muestra que la más grave sequía de la Amazonia en el último siglo no ha sido causada por el calentamiento global o por el desmonte, como en un principio se alardeó, y más probablemente resultó de la superposición de aguas y vientos más calientes del océano Atlántico al norte y al sur del ecuador — un raro fenómeno climático que ayuda a explicar también el huracán Katrina en el sur de Estados Unidos. “Los escenarios de los modelos regionales que elaboramos pueden estar en el camino acertado, porque indican la posibilidad de que ocurran otros fenómenos similares a esa sequía, que ya aconteció”, dice el investigador del Inpe, que trabajó con los equipos de Tércio Ambrizzi, de la USP, y Eneas Salati, de la Fundación Brasileña para el Desarrollo Sostenible (FBDS), en colaboración con los investigadores del Hadley Centre, Inglaterra. “Tenemos que prepararnos para esas situaciones extremas”.

Pero nada cambiará de la noche a la mañana. De acuerdo con los cálculos preliminares del equipo del Inpe, la temperatura media se alterará de modo lento y gradual hasta 2030, siguiendo una curva suave — más precisamente, el inicio de una parábola, que representa la acumulación de gas carbónico en la atmósfera y debe reflejar también el ritmo del calentamiento global. Sólo entonces es que deberán comenzar los cambios más acentuados, que culminarán en ese cuadro más severo, de sequías más intensas en el norte y nordeste y lluvias más torrenciales en el sudeste y sur, hacia 2070–2100. Hasta entonces, sólo puede tenerse una noción de los impactos de los cambios climáticos, en base a proyecciones hechas por medio de modelos climáticos globales, que ofrecen una visión menos detallada que los abordajes regionales — tanto Argentina como Perú ya construyeron sus propios modelos, presentados en una conferencia realizada en 2005 en São Paulo, aunque aplicados en áreas menores que el modelo brasileño. El deshielo de los glaciares de los Andes debe acelerar y reducir las cantidades de agua en las casas de los habitantes de las capitales y de las ciudades más altas de Perú y Chile. Uno de los modelos del IPCC sugiere que la Selva Amazónica puede mutar hacia una vegetación más baja y menos densa “una sabana” hacia 2040. Una elevación de medio metro del nivel del mar bastaría para causar resacas más fuertes y agravar la erosión costera. ‘Los holandeses ya están reforzando los diques”, afirma Dias.

Pero, por supuesto: es imposible prever con exactitud el comportamiento de la temperatura, de la presión atmosférica, de la humedad, de la radiación solar y de los vientos de superficie o de altitud por medio de las ecuaciones matemáticas que integran los modelos climáticos. Igualmente los cálculos sobre variación de temperatura global sufren ajustes. El tercer informe del IPCC, elaborado a partir de imágenes con una resolución gráfica de 400 kilómetros cuadrados, preveía en 2001 que la temperatura media de Brasil subiría 1,6ºC en un pronóstico optimista y hasta 5,8ºC en uno pesimista. El próximo informe, que se publicará en 2007, indica que el calentamiento puede variar de 2ºC hasta 4,5ºC respectivamente, en los escenarios de baja y alta polución.

Soja, monte y vientos
“No podemos afirmar si las precipitaciones en la región Amazónica disminuirán 50% u 80%, pero con certeza serán menores”, dice. Aunque cambios muy sutiles pueden resultar fatales. Dos estudios publicados este año, uno en el Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y otro en la Earth Interactions, revelan que las plantaciones mecanizadas de soja, al transformar las selvas en inmensas áreas abiertas, contribuyen a calentar el clima de la región por ampliarse la cantidad de radiación solar absorbida por la tierra y reducir la circulación de agua en el suelo y en la atmósfera. Monitoreadas por medio de imágenes satelitales, las áreas deforestadas presentan una temperatura 3ºC más alta que las de los bosques próximos. “Además de hacer que el clima se vuelva más cálido”, expresa Alexandre Oliveira, biólogo de la USP, “el ciclo del agua puede cambiar, transformando el ambiente en más seco y disminuyendo la circulación de humedad en la atmósfera”. En ese caso, los vientos de la Amazonia que llegan al sur y al sudeste, serán menos húmedos, agravando los efectos de la sequía sobre campos y ciudades.

“Ahora precisamos aplicar los resultados”, dice Marengo, que contó con financiación del Proyecto de Conservación y Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica Brasileña (Probio) del Ministerio de Medio Ambiente (MMA), del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) y de Global Opportunity Fund (GOF) del gobierno inglés.

Marco Aurélio Machado, del Inpe, comenzó a aplicar ese modelo regional para prever el impacto de los cambios climáticos sobre la agricultura brasileña. Las conclusiones a las que está llegando sólo agregan detalles a las obtenidas por medio de los modelos climáticos planetarios. “Las pérdidas serán inevitables”, concluye Hilton Silveira Pinto, director asociado del Centro de Investigaciones Meteorológicas y Climáticas Aplicadas a la Agricultura (Cepagri) de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Investigaciones del Cepagri y de Embrapa Informática basadas en proyecciones de los modelos climáticos globales sugieren que Brasil puede perder cerca del 25% de las áreas con potencial para plantíos de cafetales en Goiás, Minas Gerais y São Paulo, con pérdidas estimadas en 500 millones de dólares por año, si la temperatura sube 1ºC. Tres grados o más, y el área de plantación caería a un tercio del actual. Seis grados o más en la temperatura media anual, de acuerdo con las proyecciones más pesimistas tanto de los modelos globales como ahora, de los regionales, implican prácticamente la extinción de los cafetales de las tierras paulistas y de los actuales estados productores.

El café se asentaría entonces en las tierras hoy más frías de Paraná, de Santa Catarina y de Río Grande do Sul, hasta llegar a Argentina. Asimismo, las plantaciones de trigo y girasol del sur tenderían a tornarse inviables a medida que las temperaturas subiesen. En los últimos dos años la producción de trigo ya disminuyó un 50% – como consecuencia el precio de la harina de trigo subirá 25% en 2007.

Huevos sin cáscara
“En los próximos 15 años ocurrirán alteraciones razonables en el escenario agrícola del país”, afirma Hilton Pinto, cuyo equipo elaboró simulaciones también para otras culturas agrícolas: las plantaciones de arroz sufrirían pérdidas de 30% en São Paulo y en Bahía, las de fríjol podrían caer un 21% en São Paulo y 41% en el nordeste, y las de maíz 16% en São Paulo y 71% en el nordeste, sólo con 1ºC más en la temperatura media anual.

Los animales también son motivo de preocupación, porque igualmente decrece su metabolismo cuando el clima se hace más cálido: las gallinas ponen huevos sin cáscara o mueren, las cerdas abortan, los lechones más jóvenes mueren y las vacas producen menos leche. En una muestra de los que se pretende evitar, durante una ola de calor en septiembre de 2004, la temperatura se mantuvo 4ºC por encima de lo habitual durante algunos días y causó perjuicios estimados en US$ 50 millones solamente en el estado de São Paulo. La perspectiva de tomarnos un café de Argentina puede no sólo ser un deseo de venganza de los argentinos luego de perder con la selección brasileña. “Definitivamente”, dice Hilton Pinto, “ya está ocurriendo un aumento de la temperatura”. Según él, desde 1890 hasta hoy las temperaturas mínimas subieron 2,7ºC y las máximas 1,3ºC en São Paulo, estado que genera 35% de los recursos agrícolas nacionales.

Otro augurio de que el tiempo puede no estar dispuesto a esperar: durante cuatro años seguidos, de 2001 a 2004, la producción de café en el sur de Minas Gerais sufrió un bajón, porque la temperatura máxima rebasó los 34ºC. El calor más intenso llegó en octubre y secó buena parte de los jóvenes y frágiles capullos florales que darían origen a los frutos. “Es muy poco probable que eventos climáticos como ese se deban solamente a una variable climática natural”, comenta Dias, de la USP. “Puede ya ser una leve señal del calentamiento global en Brasil y de los impactos que podría causar”.

Menos lluvia y más sol
Los escenarios y los posibles impactos de los cambios de clima en Brasil en la segunda mitad del siglo XXI

Región Norte

Escenario optimista (bajas emisiones de contaminantes): Temperatura media anual de 3ºC a 5ºC más alta, humedad del aire hasta 15% más baja y retraso en el inicio de la estación lluviosa. Mayor cantidad de incendios y reducción en el nivel de los ríos y en el transporte de humedad hacia las regiones del sudeste y del sur.
Escenario pesimista (altas emisiones de contaminantes): De 4°C a 8°C más cálido, 15% a 20% más seco y retraso de la estación lluviosa.

Región nordeste

Escenario optimista: Hasta 3ºC más cálido y 15% más seco. Reducción en el nivel de agua de las represas y en la producción agrícola.
Escenario pesimista: De 2°C a 4°C más cálido y hasta 20% más seco.

Región centro-oeste

Escenario optimista: De 2°C a 4°C más cálido, con impacto sobre la biodiversidad, la agricultura y la salud de la población.
Escenario pesimista: De 3°C a 6°C más cálido

Región sudeste

Escenario optimista: De 2°C a 3°C más cálido. Lluvias extremas, mayores inundaciones y oscilaciones de temperaturas más intensas, con impacto en la agricultura, en la salud de la población y en la generación de energía eléctrica.
Escenario pesimista: De 3ºC a 6ºC más cálido. Lluvias e inundaciones más fuertes.

Región sur

Escenario optimista: De 1°C a 3°C más cálido, con extremos de lluvias, inundaciones y de temperaturas.
Escenario pesimista: De 2°C a 4°C más cálido y de 5% a 10% más lluvioso, con extremos de lluvias, inundaciones y temperaturas más intensos.

Los proyectos
1.
Caracterización del clima actual y definición de las alteraciones climáticas para el territorio brasileño a lo largo del siglo XXI; Coordinador José Antonio Marengo Orsini – CPTEC/Inpe; Inversión R$ 260.000 (Ministerio de Medio Ambiente – Probio)
2. Using regional climate change scenarios for studies on vulnerability and adaptation in Brazil and South America; Coordinador José Antonio Marengo Orsini – CPTEC/Inpe; Inversión R$ 520.000 (Global Opportunity Fund)

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