La cardióloga Jaqueline Scholz lleva tres décadas lidiando a diario con los impactos negativos del tabaquismo sobre la salud de la gente. Como directora del programa de tratamiento del tabaquismo del Instituto del Corazón (InCor) de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), ha atendido a miles de personas que buscaban ayuda para romper con la adicción al cigarrillo.
En los últimos años, sin embargo, se ha vuelto cada vez más frecuente un nuevo perfil de pacientes: jóvenes y adultos que procuran librarse del vicio causado por el uso continuado de los dispositivos electrónicos para fumar (DEF), los cigarrillos electrónicos, también conocidos como vapeadores. “Síntomas que tardaban años en presentarse entre los fumadores tradicionales, como despertarse en medio de la madrugada con ansias de fumar, aparecen en los usuarios de estos dispositivos tan solo algunos meses después de haber comenzado a utilizarlos”, se alarma Scholz.
La situación es preocupante porque el uso de los vapeadores se ha difundido principalmente entre los jóvenes. En Brasil, según la Encuesta Nacional de Salud (PNS, en portugués) de 2019, alrededor de 1 millón de ciudadanos eran por entonces consumidores de cigarrillos electrónicos, con una prevalencia mayor entre los jóvenes de 15 a 24 años, que representaban el 70 % de los consumidores de estos productos.
Según datos recabados en el marco del III Estudio Nacional sobre Alcohol y Drogas (Lenad), publicados en junio, más de uno de cada 10 adolescentes (el 11,4 %) ya han probado el cigarrillo electrónico, un porcentaje superior al que se verifica entre los adultos (el 8,8 %). La prevalencia es aún mayor entre los jóvenes de 18 a 24 años: el 25 % declaró haber utilizado el dispositivo alguna vez y el 16,7 % haberlo utilizado durante el último año. Además, un 76,3 % de los adolescentes que lo probaron sigue utilizándolo, lo que revela altos índices de continuidad en su uso. La encuesta incluyó datos sobre el uso de los DEF en una muestra representativa (16.608 personas) de la población brasileña de 14 años de edad o más.
Del total de personas que ya han utilizado los cigarrillos electrónicos (vapeadores), el 26 % reportó haberlos utilizado durante el mes previo a la encuesta ‒entre los adolescentes, el 31,8 %‒, indicador que los expertos consideran como el más adecuado para identificar el uso continuo o recurrente de estos dispositivos. La cifra es similar a la registrada en la investigación denominada Vigilancia de Factores de Riesgo y Prevención de Enfermedades Crónicas por Encuesta Telefónica (Vigitel), que desde 2019 ha implementado un seguimiento del uso de vapeadores entre la población brasileña. Según datos recabados por Vigitel, el 2,1 % de las personas adultas de las capitales del país consume cigarrillos electrónicos a diario u ocasionalmente.
Aunque su uso se ha extendido por todo el mundo, el cigarrillo electrónico aún no se ha popularizado masivamente en Brasil. Según el Lenad, el 91,2 % de los brasileños nunca ha probado estos dispositivos y el 17,6 % ni siquiera sabe qué son los vapeadores. Uno de los motivos por los que su uso es limitado radica en la prohibición de su comercialización en territorio brasileño, dispuesta por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa). En proporción, el 15 % de los habitantes del país, lo que equivale a 26,8 millones de personas, fuma algo con nicotina: dos adeptos a los DEF por cada 8 al cigarrillo común.
“Muchos minimizan la cuestión de la legalidad, pero los datos demuestran que mantener estos dispositivos fuera del mercado legal ha sido fundamental para proteger a la población brasileña, sobre todo a los individuos más jóvenes”, dice la psicóloga Clarice Madruga, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), responsable del Lenad.
El epidemiólogo André Szklo, del Instituto Nacional del Cáncer (Inca), quien no participó en la investigación, observa un cambio en el perfil de los fumadores. “En Brasil, la epidemia del consumo de tabaco siempre ha estado concentrada en la población de bajos ingresos y escolaridad, pero el vapeo ha incorporado a este escenario a los jóvenes de las clases sociales más altas y con mayor nivel de escolaridad, que difícilmente hubiesen adherido al consumo de cigarrillos comunes”, analiza el investigador.

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPLas ventas online ahora predominan, ya que las inspecciones se centran en los kioscos y tiendasLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
Entre los nuevos usuarios de los vapeadores se encuentran grupos de la población que registraban proporciones más bajas de consumo de tabaco, como las gestantes. En un estudio publicado en junio de 2024 en la revista Nicotine & Tobacco Research, basado en la PNS, Szklo e investigadores de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos, constataron que el consumo de tabaco entre las mujeres embarazadas pasó de un 4,7 % en 2013 a un 8,5 % en 2019, prácticamente la misma proporción registrada entre las mujeres no embarazadas en 2019.
“Algunas de las fumadoras comienzan a consumir cigarrillos electrónicos durante el embarazo porque consideran que es menos perjudicial para la salud, pero luego vuelven a los cigarrillos convencionales, que son más baratos”, dice. A su juicio, este panorama es preocupante, porque las mujeres, que siempre han sido una minoría entre los fumadores, hoy en día son mayoría entre la población más joven que utiliza los vapeadores.
Según el Lenad, esta es la única droga con mayor proporción de usuarias mujeres en el grupo de los adolescentes. La prevalencia de utilización en el mes anterior a la encuesta fue de un 4,6 % entre las chicas y de un 2,6 % entre los chicos. Entre las adolescentes, un 12,3 % ha consumido cigarrillos electrónicos en algún momento de su vida, en comparación con el 10,6 % de los chicos.
La diferencia de precios favorece a los DEF. Un pod (cápsula o cartucho recargable o descartable) cuesta en promedio 150 reales y rinde 15.000 puffs (inhalaciones), mientras que un paquete de 20 cigarrillos comunes cuesta entre 6,50 y 15 reales. Sin embargo, la variedad de precios de los dispositivos electrónicos completos es amplia, dependiendo de las funcionalidades, la potencia y la personalización. Los modelos más sencillos o descartables cuestan entre 50 y 200 reales, mientras que los más avanzados pueden llegar a costar 700 reales.
A la venta desde 2004, inicialmente en China, los vapeadores llamaron la atención por ser pequeños, coloridos, con un diseño tecnológico que recuerda a un juguete, por ofrecer sabores frutados y aromas agradables y por representar una alternativa supuestamente más sana que los cigarrillos convencionales. La promesa de un menor daño no se ha cumplido, ya que las investigaciones han revelado riesgos hasta entonces poco conocidos y cada vez son más las personas que, en la práctica, descubren los efectos adversos de su uso prolongado.
Más allá de la adicción, cuyo tratamiento combina apoyo psicológico, cambios de conducta y administración de fármacos, se registra una aparición temprana de enfermedades cardiovasculares y pulmonares entre los usuarios de vapeadores. Un ejemplo de ello es la denominada evali (acrónimo de E-cigarette or Vaping Product Use-associated Lung Injury), una lesión pulmonar aguda asociada al consumo de cigarrillos electrónicos detectada en Estados Unidos en 2019, que afecta principalmente a los jóvenes de alrededor de 20 años sin antecedentes de afecciones respiratorias (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 319).
