Cuando era un niño, pasaba horas desmenuzando mapas. Me gustaba localizar las fronteras de los países, los ríos, los desiertos. Cuando fui algo mayor, me interesé por la aviación. Entonces estudiaba las capitales brasileñas y dibujaba nuevas rutas de vuelo. Uno de mis paseos predilectos era ir con mi papá al aeropuerto de Congonhas, en São Paulo, la ciudad en donde nací y me crie, para tomar fotos de los aterrizajes y despegues. Pero nunca pensé que podía estar en uno de aquellos aviones ni que en el futuro iba a estudiar y trabajar en otro país.
Ya siendo adulto, viví en Irán entre 2009 y 2012. Además del persa, el idioma oficial del país, aprendí que, al igual que en Brasil, en este país de Medio Oriente existen grandes contrastes. Se trata de la 18ª economía más grande del mundo, alimentada por sus ingentes reservas de petróleo y de gas natural, pero esta riqueza no se ve reflejada en los ingresos promedio de su población. A pesar de su dependencia del petróleo, Irán ha procurado diversificar su economía mediante inversiones en otros sectores, tales como la agricultura y el turismo. También ha intensificado sus relaciones comerciales bilaterales.
Mi interés por Medio Oriente se despertó al comenzar la licenciatura en Geografía, carrera que cursé entre 2002 y 2008 en la Universidad de São Paulo [USP]. Especialmente por el impacto que me generó la asignatura sobre la regionalización del espacio mundial, dictada por el profesor André Martin. En ella estudiamos los procesos de división del mundo a partir de las características naturales, culturales o económicas, con miras a facilitar el análisis y la planificación de políticas públicas.
En el segundo año, fui admitido como investigador en el Laboratorio de Geografía Política [Geopo], del que Martin es uno de los coordinadores. En mi trabajo de conclusión de carrera, analicé la estrategia de Irán y Catar para eludir el dominio del dólar en el marco del comercio mundial del petróleo.
Semanas después de haberme recibido, en 2008, me enteré de que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán estaba buscando un estudiante recién graduado interesado en realizar una maestría sobre temas iraníes contemporáneos. Me inscribí y resulté seleccionado entre los 75 postulantes brasileños.
Viajé a Teherán en 2009. No tuve grandes dificultades para adaptarme, pero algunas cuestiones me resultaron inevitablemente extrañas, por tratarse de un régimen autoritario. La censura en cuanto a internet es generalizada y la sharía ‒la ley islámica‒, la base del sistema jurídico iraní, impone una serie de restricciones sociales, lo que implica que existen ciertos contrastes. Por ejemplo, varones y mujeres asisten a escuelas por separado, pero las carreras de estudios superiores son mixtas. Asimismo, las mujeres pueden estudiar y ejercer cualquier profesión que elijan, pero no pueden asistir a los estadios de fútbol ni cantar en público.
Más allá de ello, creo que tuve la suerte de participar en la última edición del Programa de Maestría en Estudios Regionales de Medio Oriente, de la School of International Relations, financiado por el gobierno iraní. La carrera, impartida en inglés, tenía una estructura similar a la de la formación de los diplomáticos iraníes. Por lo tanto, proporcionaba una visión amplia de Irán en materias tales como historia, geografía y relaciones internacionales.
En mi investigación de maestría, elaboré un análisis comparativo de las relaciones comerciales entre Brasil e Irán en dos momentos: la década de 1970 y el decenio de 2000. En la misma procuré comprender de qué modo impactaron el régimen político y el escenario internacional sobre el perfil del comercio entre ambos países. Mientras que Irán hacía frente a una revolución teocrática que le generó un aislamiento comercial, Brasil vivía el “milagro económico”, que se caracterizó, entre otros factores, por la llegada al país de grandes empresas multinacionales y por la aceleración de la urbanización. A lo largo de 30 años, la balanza comercial entre ambos países se invirtió, generando un superávit a favor de Brasil debido a la exportación de productos agrícolas a Irán, especialmente soja y maíz.

Archivo pessoalEn 2010 en la plaza Naghsh-i Jahan, en Isfahán (Irán)Archivo pessoal
El estudio del idioma persa en su forma más clásica era una asignatura complementaria que formaba parte de la estructura del programa. Esta lengua, de origen indoeuropeo, confiere al país una identidad única en comparación con los países vecinos, que comparten una herencia cultural árabe. Incluso después de haber concluido el cursado de esa materia, continué estudiando el idioma persa, pero entonces en un instituto de lingüística vinculado a la Universidad de Teherán. Con el tiempo fui adquiriendo fluidez en el idioma, incluyendo el persa más coloquial.
Durante la maestría, en 2010, recibí una invitación de la embajada brasileña en Teherán para colaborar con los preparativos de la visita a Irán del presidente Luiz Inácio Lula da Silva junto a un grupo compuesto por 200 empresarios de diversos sectores. Uno de los objetivos de esa comitiva era ampliar el comercio con ese país.
De esa experiencia acabó surgiendo poco después otra invitación, cuando ya había concluido la maestría. En esa ocasión, era para ocupar un cargo permanente en la embajada como asistente de promoción comercial. El trabajo incluía la realización de una serie de actividades tendientes a fortalecer las relaciones bilaterales, entre ellas la organización de encuentros entre empresarios brasileños e iraníes.
Durante ese período, también pude poner en práctica mis conocimientos de comunicación. Soy licenciado en Publicidad y Propaganda por la Faap [la fundación Armando Álvares Penteado]. Cursé la carrera entre 2001 y 2004 en horario matutino, mientras seguía la carrera de geografía por la noche. Uno de mis sueños de la adolescencia era ser redactor publicitario. Una vez que me gradué, llegué a trabajar durante un tiempo en esa área, pero no logré adaptarme.
En 2012 regresé a Brasil para estar cerca de mi familia. Tenía que ayudar a mi mamá en el cuidado de mi abuela materna que, para entonces, atravesaba un estadio avanzado de alzhéimer. Al año siguiente falleció.
Al volver al país trabajé como docente en la educación superior privada y dicté clases de relaciones internacionales, incluso en la Faap, donde había estudiado publicidad. En 2021, fui admitido en el Programa de Posgrado en Geografía Humana de la USP. Conseguí una beca de la Capes [Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior] que me permitió dedicarme por completo a mi investigación doctoral. Parte de la misma la llevé a cabo en el Indian Ocean World Center [IOWC], de Canadá, donde actualmente me desempeño como investigador asociado.
La investigación, intitulada “Islas Mauricio: la encrucijada meridional brasileña en el océano Índico”, se basa en la teoría meridionalista, elaborada por el profesor André Martin, de la USP, quien dirigió mi trabajo doctoral. Esta teoría propone la creación de un comité del sur, integrado por potencias regionales como Brasil, India, Sudáfrica y Australia, para la articulación de una agenda común y establecer redes de colaboración económica, política, tecnológica y militar.
Con base en un análisis de las islas Mauricio, en la investigación sostengo que la profundización de las relaciones entre Brasil y este país insular podría fortalecer la presencia brasileña en el océano Índico. Esto ayudaría a consolidar una agenda meridionalista para el siglo XXI.
En abril de 2025 defendí mi tesis doctoral. En este segundo semestre seré uno de los docentes de la carrera de posgrado lato sensu titulada Geopolítica del Mundo Contemporáneo, que se dictará en forma online desde la PUC-MG [Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais]. Estoy entusiasmado con este nuevo desafío.
Este artículo salió publicado con el título “Por los caminos del mundo” en la edición impresa n° 354 de agosto de 2025.
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