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fondos sectoriales

Un modelo exitoso

El programa PIPE, de la FAPESP, servirá de referencia para la implementación de los programas de innovación empresarial del MCT

El Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) firmará un convenio con las Fundaciones de Apoyo a la Investigación (FAPs) para implantar programas de innovación empresarial en los estados brasileños. Dichos programas, financiados con recursos de los 14 fondos sectoriales creados para fomentar la investigación y el desarrollo, recibirán una idéntica contrapartida de las FAPs. “La idea es hacer llamados conjuntos”, explica Wanderley de Souza, secretario ejecutivo del MCT.

La estrategia del ministerio se inspira en el modelo del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE, sigla en portugués), de acuerdo con Souza. Creado y patrocinado por la FAPESP, el PIPE brinda apoyo a proyectos de desarrollo de productos y procesos innovadores presentados por investigadores ligados a pequeñas empresas. La Fundación de Apoyo a la Investigación de Minas Gerais (Fapemig), por ejemplo, está abocada a la elaboración de su programa en los mismos moldes del PIPE, tal como informa su presidente, José Geraldo de Freitas Drumond.

En Río de Janeiro, los convenios se adecuarán al Programa Tecnología en la Pequeña Empresa (TPE), implementado por la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (Faperj), actualmente desactivado en razón del recorte de recursos. “En todos los estados los convenios servirán para apoyar la investigación hecha en las empresas”, afirma el secretario ejecutivo.

Anuncio en bloque
El MCT cuenta ya con la autorización del Consejo Gestor del Fondo Sectorial de Biotecnología para destinar 10 millones de reales a proyectos de innovación tecnológica en empresas del área. “Pero el anuncio de los convenios se hará en bloque”, adelanta Souza. El ministerio está aguardando tan solo autorización de los consejos gestores de los fondos sectoriales de Agronegocios y Salud para anunciar inversiones totales por 20 millones de reales en programas en las tres áreas. “Como el convenio implica una contrapartida, saldremos con un programa de 40 millones de reales”, calcula Souza. “En São Paulo el programa fluirá, seguro. Pero en otros estados puede ser más difícil.”

El MCT adoptará esta estrategia de transferencia de recursos de los fondos sectoriales para empresas – por intermedio de las FAPs – hasta que el Congreso apruebe un proyecto que altere la legislación de los fondos y autorice el giro directo de recursos a las empresas. “Ya que los recursos de los fondos provienen de la propia actividad económica, quizás podamos impulsar cambios en la ley por medio de una instrucción normativa”, supone Souza.La transferencia de recursos para la investigación empresarial, asegura el secretario del MCT, no comprometerá las investigaciones académicas. “Los fondos fueron creados para dar apoyo a la innovación. Estamos desarrollando estudios para brindar apoyo también a la investigación básica que se hace en las universidades, a la integración universidad-empresa y a la formación de recursos humanos, al margen de este nuevo programa de innovación empresarial”, afirma. “La idea es armonizar todo el sistema de investigación.”

Wanderley de Souza adelantó también que el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) lanzará un programa de becas para “la inserción de doctores en empresas, tanto de Brasil como del exterior”. El programa tendrá probablemente una duración de tres años. Durante el primer año será financiado por el CNPq; en el segundo se estructurará un sistema de costos compartidos con la empresa. Para el tercer año está prevista la contratación del becario. “El programa está listo para empezar”, dice.

Una sociedad prometedora
Los recursos de los fondos sectoriales le permitirán a la Fapemig, por ejemplo, retomar sus programas de apoyo a la investigación empresarial, que se abandonaron en 2002. “El borrador de los nuevos programas ya está listo”, adelanta Drumond. La intención es empezar con 15 becarios en empresas de los polos de biotecnología de Belo Horizonte y el norte del estado de Minas Gerais; de informática, en Santa Rita do Sapucaí, Pouso Alegre y Itajubá; y también en los sectores de agronegocios y textil. “Estamos diseñando el instrumento jurídico acorde para implementar los convenios”, afirma. El programa de innovación empresarial, desarrollado en sociedad con el MCT, arrimará al mercado un enorme stock de investigaciones provenientes de las universidades. “En los últimos 16 años se concluyeron 3 mil investigaciones, y no sabemos dónde éstas se encuentran. Los casos de investigación básica pueden contarse con los dedos. El resto es innovación”, dice el presidente de la Fapemig.

“Éste es un ejemplo de la sociedad necesaria y posible entre el gobierno nacional y los estados, en la articulación de la política científica y tecnológica del país”, dice José Fernando Perez, director científico de la FAPESP. “El PIPE debe extenderse a nivel nacional”, añade. Los convenios y llamados conjuntos incluso fortalecerán a las FAPs, lo que, según su evaluación, es otro paso importante en dirección hacia el nuevo pacto federal para el desarrollo de la ciencia y tecnología en Brasil. Perez subraya que la contrapartida prevista en el programa es estratégica para involucrar a los gobiernos estaduales en el proceso. “Sin ellas sería algo paternalista.”

Desde 1997, el PIPE financia 258 proyectos de desarrollo de productos y procesos innovadores. Los proyectos son coordinados por empresarios, investigadores de las empresas o vinculados a las universidades, de los cuales no se exige título de maestría o doctorado: tan solo nivel de grado o currículum que compruebe su aptitud y experiencia en el área específica de investigación. A comienzos de este año el programa ya llevaba invertidos 34,9 millones de reales y 3,9 millones de dólares en innovación (vea el gráfico). Las investigaciones se desarrollan en tres fases.

En la primera, la Fundación destina un máximo de 75 mil reales para pruebas de factibilidad del proyecto. En la segunda, la empresa puede percibir hasta 300 mil reales para desarrollar un proceso o prototipo. Durante la tercera fase, que es cuando el producto entra en escala comercial o en línea de producción, la FAPESP brinda apoyo para la ejecución de un plan de negocios, por medio de la concreción de convenios solventados vía Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) y el Servicio deApoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae) de São Paulo, y otras instituciones de capital de riesgo.

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