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Nomenclatura

Un organigrama en pugna

Los conflictos de intereses dan la tónica en el debate sobre la reforma de la Tabla de Áreas de Conocimiento

La definición de la nueva Tabla de Áreas de Conocimiento está provocando un intenso debate en el seno de la comunidad científica y académica de Brasil. A finales de septiembre, una comisión compuesta por 17 miembros, convocada por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), dio a conocer una versión preliminar de la nueva nomenclatura. La referida herramienta es adoptada por todos los órganos gubernamentales y agencias de fomento ligados a la ciencia, la tecnología y la innovación de Brasil; de allí su importancia. Es vital para sistematizar informaciones sobre los programas de posgrado y las actividades de investigación, para comparar los datos de Brasil con los de otros países y para orientar políticas públicas. La comisión propuso una extensa reorganización que, en líneas generales, realza el valor de campos del conocimiento recientes y flexibiliza las barreras existentes entre las disciplinas. Este cambio empieza por la alteración de los nombres de las así llamadas grandes áreas: aquéllas que están en la cúspide de la tabla. A excepción de las Ciencias Biológicas y las Ciencias Humanas, las restantes tendrán todas nueva denominación, si es que se confirma la versión preliminar de la propuesta. Tal es el caso de las Ciencias Exactas y de la Tierra, que pasan a llamarse Ciencias Matemáticas y Naturales. El término exactas fue desterrado, por considerárselo poco preciso. Las Ciencias Sociales Aplicadas se convierten en Ciencias Socialmente Aplicables. Esto resuelve una antigua discusión esgrimida por los teóricos de las Ciencias Sociales, que sostienen no hacer ciencia aplicada.

Otros – En el caso de la gran área de las Ingenierías, redenominada como Ingenierías y Computación, el cambio no fue semántico ni filosófico. En la práctica, se le hace justicia a la Computación, que, pese a su creciente importancia y a su gran productividad científica, ocupaba un lugar de coadyuvante entre las Ciencias Exactas y de la Tierra. También de acuerdo con el texto provisorio, las Ciencias de la Salud serán redesignadas como Ciencias Médicas y de la Salud, las Ciencias Agrarias como Ciencias Agronómicas y Veterinarias y la gran área de Lingüística, Letras y Artes, como Lenguajes y Artes. Pero algunos dilemas aún no han sido resueltos. No se arribó a un acuerdo en la propuesta preliminar con respecto a la idea de crear la gran área de Ciencias Ambientales. A favor de tal cambio pesa la existencia de 196 periódicos orientados a temas ligados al Medio Ambiente. Y los programas de posgrado en este campo son los que más crecen entre los así designados como multidisciplinarios. En tanto, contra el cambio pesa el hecho de que las asignaturas relacionadas con las Ciencias Ambientales se encuadran muy bien en otras áreas. La comisión volverá a reunirse a mediados de noviembre para decidir sobre las dudas pendientes y analizar las críticas y sugerencias referentes a la propuesta preliminar. Cerrará sus actividades el 4 de diciembre, con la presentación de la versión final de la propuesta.

Todos coinciden con la necesidad de modernizar la Tabla de las Áreas del Conocimiento. La actual terminología está en vigor desde 1984. Hace al menos una década que se la considera desfasada, debido al desarrollo de la ciencia y la tecnología, sobre todo en la investigación y la enseñanza interdisciplinaria. Se le han hecho varios remiendos. No por casualidad, la gran área denominada Otros no ha cesado de crecer, con más de cien tópicos relacionados. La desactualización es injusta con áreas y disciplinas emergentes. Existe el riesgo de que un proyecto de que un campo del conocimiento desarrollado recientemente, cuando se lo eleve a una agencia de fomento, sea analizado por un asesor que no esté familiarizado con el tema. La ciencia avanza. Siempre están surgiendo nuevas teorías, nuevas metodologías y nuevos objetos. Es necesario actualizar la tabla para reconocer la importancia de nuevas disciplinas, dice Manuel Domingos Neto, vicepresidente del CNPq y presidente de la comisión encargada de plantear el cambio. Con todo, el consenso queda por ahí. Se sabe que urge cambiar la nomenclatura; sin embargo, ha habido dos tentativas fracasadas de reformularla en los últimos diez años: una patrocinada por las agencias de fomento y otra a nivel interministerial. Y no se llegó a nada, pues surgieron divergencias irreconciliables con relación a qué cambios efectuar.

Estos intentos malogrados muestran cuán delicada es la tarea de la reorganización.  ?La comunidad académica es muy desunida?, dice Domingos Neto. Cada investigador cree que su área es la más importante. Si bien que eso es algo natural pues, si no fuera por tal entusiasmo, la ciencia no avanzaría. Con todo, buena parte de las críticas, de acuerdo con el presidente de la comisión, surge como fruto de un equívoco. Los científicos creen que los cambios pueden perjudicarlos en su búsqueda de financiamiento, pero la tabla no tiene el poder de distribuir subvenciones. Apunta meramente a organizar la información. Cada agencia tiene sus prioridades y define sus inversiones, advierte. El antídoto para evitar un nuevo fiasco fue la creación de una comisión amplia, con representantes del gobierno, las universidades, las agencias de fomento, la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) y hasta el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). De nada sirve crear una terminología que vaya a contrapelo del pensamiento de la comunidad académica, afirma.

Las discusiones, que empezaron en marzo, fueron extensas. Pero existía una cierta concordancia con relación a algunos parámetros fundamentales. El principal fue el retiro de uno de los niveles jerárquicos de la nueva tabla. En la actualidad, el árbol tiene cuatro escalones de jerarquía: gran área (aglomeración de varios campos de conocimiento afines), área (conjunto de conocimientos interrelacionados), subárea (segmentación del área del conocimiento en función del objeto de estudio) y especialidad (caracterización temática de la actividad de investigación y enseñanza). Este último nivel, el de la especialidad, seguirá existiendo, pero dejará de formar parte del organigrama principal. El objetivo de ello es abrir espacio a la interdisciplinariedad, y ampliar el horizonte de los proyectos. Un estudio sobre una determinada planta podrá congregar a investigadores de cualquier área que tenga interés en el tema, desde médicos hasta economistas, de farmacéuticos a antropólogos. Hoy en día, no hay cabida para tamaña flexibilidad.

Otro punto de concordancia se refiere al peso asignado a cada campo del conocimiento. Merecieron una ubicación destacada en el árbol las disciplinas con una gran producción científica y la formación de una cantidad significativa de investigadores. Aquéllas que no se encajaron en dicho criterio quedaron agrupadas bajo algún paraguas. Las subáreas se hincharon: eran 340; ahora son a 475. Para evitar una fragmentación mayor aún, muchas disciplinas, ya sean nuevas o tradicionales, fueron clasificadas como especialidades, en una lista aparte de la tabla que creció de los actuales 865 items a 1.400.

Estas ideas, con las que es fácil coincidir en teoría, causaron cortocircuitos cuando se intentó llevarlas a la práctica. Un ejemplo de ello: Periodismo, Radio y Televisión, Relaciones Públicas, Publicidad y Propaganda, Edición y Cine, que actualmente están en el tercer escalón de la jerarquía, como subáreas de Comunicación, fueron recalificadas como especialidades y desaparecieron de la tabla principal. Una protesta organizada por las asociaciones de periodistas e investigadores del área congestionó el correo electrónico de los 17 miembros de la comisión, en demanda de cambios. En el caso de retiro del status del Periodismo, la medida contraría toda una tradición, legitimada en el transcurso de más de 300 años, cuando se concretó la defensa de la primera tesis de doctoral, en 1690, a cargo de Tobias Peucer, de la Universidad de Leipzig, Alemania, afirmó Elias Machado, presidente de la Asociación Brasileña de Investigadores en Periodismo (SBPJor, sigla en portugués). Con más de cuatro siglos de existencia como práctica profesional, 300 años como objeto específico de investigación, cien años como disciplina académica, presencia como área en todas las tablas internacionales y más de 30 años como subárea en la tabla en vigor, el Periodismo, que dio origen al área de Comunicación, aun siendo reconocido con status de siete especialidades, desaparece del árbol principal, quedando así relegado a la condición de una entre más de 1.400 especialidades.

Sucede que es difícil armonizar intereses. A las sociedades de terapeutas ocupacionales y enfermeros no les agradó el cambio de nombre de Ciencias de la Salud por el de Ciencias Médicas y de la Salud. Se quejan de que la Medicina ha sido sobrevalorada. En algunos campos, como el de la Física, hay presiones para evitar la fragmentación, manteniendo ciertas ramificaciones en un área común. En otras, como la Biología, la presión va en el sentido opuesto, el de la independencia de áreas afines.

Umberto Cordani, profesor titular del Instituto de Geociencias de la Universidad de São Paulo (USP) y miembro de la comisión, afirma que todas los cambios planteados tuvieron su justificación. Analizamos las alteraciones efectuadas en países como Italia, Estados Unidos y Canadá. Y también salimos en busca de un equilibrio razonable. No tiene sentido subdividir en demasía ciertas áreas y preservar la integridad de otras solamente porque existen intereses en juego, afirma. La comisión es receptiva a las críticas, pero intenta atenerse a aquéllas que tienen representatividad. Recibimos sugerencias, algunas enfáticas, directamente de parte de los investigadores, pero procuramos trabajar las cuestiones en forma institucional, asignándole prioridad a aquéllas que son formuladas por parte de las sociedades científicas, dice Franco Maria Lajolo, docente titular de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la USP, y también miembro de la comisión. La dificultad para delinear el nuevo organigrama dejó una lección y la comisión no pretende perder la posibilidad de aprovecharla. En el informe final se sugerirá la creación de una comisión permanente de seguimiento de la tabla. Así será posible corregir periódicamente los desfases, para no dejar que adquieran una dimensión exagerada.

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