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Industria farmacéutica

Una dosis semanal

Una empresa le adquiere a la Universidad Federal de Minas Gerais el derecho de producción de un antihipertensivo administrado mediante una técnica de liberación controlada

El sueño de todo hipertenso – que consiste en mantener su presión arterial bajo control con pocos remedios – está cerca de convertirse en realidad. Y esta novedad llega a través de la ingestión de una dosis semanal de un medicamento que sirve para librarse de los males de la hipertensión, una enfermedad que ocasiona serias deficiencias funcionales en el sistema cardiovascular y afecta a alrededor del 20% de la población mundial. La composición de este nuevo fármaco, desarrollada en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), se encuentra en fase de pruebas preclínicas que, en seis u ocho meses, cederán su lugar a pruebas clínicas.

En ese momento, centenas de voluntarios, bajo una severa supervisión médica, probarán el nuevo medicamento. Y, si se lo aprueba, se transformará en una novedad mundial. La buena expectativa médica y comercial va de la mano de la futura fabricante, Biolab-Sanus, una empresa de capital nacional que adquirió el derecho de producir y comercializar el medicamento bajo la protección de patente nacional e internacional, y ahora financia las pruebas preclínicas y clínicas. Para la UFMG, éste es el primer contrato de transferencia tecnológica a la industria farmacéutica basada en patentes y royalties.

Tanto uno de los coordinadores del proyecto en la UFMG, el profesor Rubén Sinisterra, del departamento de Química, como el director técnico-científico de Biolab-Sanus, Dante Alário Júnior, creen que el medicamento estará en las estanterías de las farmacias dentro de tres años. El rápido tiempo de aprobación, normalmente mayor en esos casos, radica en el hecho de que el medicamento no contiene un nuevo principio activo o una molécula inédita; lo que es nuevo es el uso de las modernas tecnologías de encapsulado molecular, la composición de la envoltura del principio activo, éste sí un viejo conocido de médicos y pacientes, del cual aún no se puede revelar el nombre.

La fórmula de este nuevo medicamento se obtuvo mediante el empleo de una tecnología de encapsulado molecular, un sistema de liberación controlada del fármaco en el organismo que, en el caso de este antihipertensivo, permite que la misma cantidad de la dosis diaria del medicamento tradicional actúe en el organismo durante hasta una semana, reduciendo así la ingestión a tan solo un comprimido cada siete días. Para los hipertensos, al margen de la comodidad de no tomar el remedio diariamente, la menor cantidad de droga en el organismo reduce la posibilidad de aparición de eventuales efectos colaterales.

El encapsulado del fármaco se efectúa con una sustancia formada por moléculas de glucosa llamada ciclodextrina, que presentan en su interior una cavidad hidrofóbica (que repele el agua) capaz de contener el principio activo. Una de las posibilidades que manejan los investigadores consiste en concluir el medicamento con un compuesto de inclusión (la ciclodextrina más el fármaco) microencapsulado en un soporte formado por polímeros biodegradables de última generación derivados de los ácidos glicólico y láctico, que se disuelven poco a poco en el organismo. De acuerdo con Sinisterra, el encapsulado altera las propiedades fisicoquímicas y biológicas del principio activo, proporcionándole la protección necesaria para mantener la estabilidad del fármaco y permitiendo así una lenta absorción de la droga por parte del organismo.

Una de las funciones de las ciclodextrinas consiste en transportar el fármaco hasta el colon (el intestino grueso), donde el mismo interactúa y atraviesa paulatinamente la membrana gastrointestinal, para luego caer en la circulación sanguínea. La diferencia de la nueva formulación con los fármacos tradicionales reside en la liberación paulatina y constante durante el paso por el intestino. La poca absorción y la rápida eliminación es uno de los principales problemas en las formulaciones convencionales. Con el sistema de liberación controlada, el aprovechamiento del fármaco es mucho mejor.

Esta innovación fue desarrollada en forma conjunta por los investigadores Rubén Darío Sinisterra y su alumno de doctorado Washington Xavier de Paula, del Departamento de Química del Instituto de Ciencias Exactas (ICEx), y Robson Augusto Souza dos Santos y Fredéric Frézard, profesores del Departamento de Fisiología del Instituto de Ciencias Biológicas (ICB). Para la universidad, el proceso de transferencia de tecnología también fue innovador. De acuerdo con Sinisterra, este contrato constituye un hito en las relaciones entre la universidad y la industria farmacéutica brasileña.

“En términos de negociación, quizá ésta no sea la mejor o la más ventajosa, pero es la más importante, porque ha sido la primera. Es una novedad en Brasil”, afirma el profesor. El director técnico y científico de Biolab-Sanus, Dante Alário Júnior, dijo que se “sorprendió positivamente” con la agilidad y la madurez de la UFMG en esta negociación. Para él, este hecho es digno de elogio también en el ámbito de la industria. “Que yo sepa, será la primera vez que un medicamento con tecnología desarrollada por una universidad brasileña y producido por la industria farmacéutica nacional saldrá como innovación en el mercado externo. Nosotros exportamos, es cierto, pero competimos únicamente por el precio y nunca por marcar la diferencia tecnológica”, revela.

Universidad y empresa guardan el secreto sobre los detalles de la tecnología desarrollada y de la negociación. Los protagonistas evitan referirse al valor porque creen que eso ayuda a preservar el éxito de este contrato pionero. La investigación fue costeada por la propia UFMG, a través de la Fundación de Desarrollo de la Investigación (Fundep, sigla en portugués). El contrato con Biolab prevé, entre otros puntos, el reembolso del valor que gastó la universidad y el pago de royalties sobre la facturación neta por las ventas del medicamento. Los recursos serán distribuidos en tres partes iguales: una para la institución, otra dividida entre la dos unidades que participaron en la investigación: elICB y el Icex, y la tercera rateada entre los cuatro investigadores participantes en el proyecto.

Este acuerdo fue posible merced al accionar de la Coordinación de Transferencia e Innovación Tecnológica de la UFMG.Robson Santos, coordinador del laboratorio de Hipertensión del ICB, habla con entusiasmo sobre la experiencia. “Fue una unión muy feliz,” dice. En el Laboratorio de Química de Compuestos de Inclusión y Biomateriales, coordinado por el profesor Sinisterra, se desarrolló el sistema de liberación controlada del fármaco, y en el del Laboratorio de Hipertensión, donde se estudiaron los mecanismos neuronales y hormonales implicados en el desarrollo y el mantenimiento de la elevación de la presión arterial se realizaron las pruebas preclínicas (en ratones) utilizando la telemetría.

Este sistema de control se pone en práctica mediante el uso de un catéter implantado en el ratón para la transferencia de los signos de la presión arterial a un computadora, sin la manipulación y el consecuente estrés del animal. “Hasta ese momento, nosotros ni nos conocíamos”, dice el médico fisiólogo. Santos es presidente de la Sociedad Brasileña de Fisiología, vicepresidente de la Sociedad Brasileña de Hipertensión y miembro del cuerpo editorial de la revista Hypertension, de la American Heart Association.El Colombiano Rubén Darío Sinisterra arribó a Brasil en 1989 para hacer su doctorado en el Instituto de Química de la USP. Posteriormente se trasladó a Belo Horizonte. Desde 1993 es profesor de la universidad de Minas Gerais.

El acercamiento entre los investigadores de la UFMG y la empresa fue posible con la mediación del Centro de Toxinología Aplicada (CAT), uno de los diez Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids) financiados por la FAPESP. La presentación del sistema de microencapsulado se concretó el año pasado en el marco de un seminario promovido por el CAT en São Paulo. “Hicimos el puente entre los colegas de Minas y la empresa a la que ya conocíamos”, afirma el profesor Antônio Carlos Martins de Camargo, del Instituto Butantan y coordinador del CAT.

Biolab, junto a União Química, otra empresa del mismo grupo, y Biosintética, que integran el consorcio Farmacéutico Nacional (Coinfar), financian el desarrollo de otro antihipertensivo, también con la participación de los investigadores de la UFMG, que tiene como principio activo una sustancia denominada Evasin, extraída del veneno de yararaca e identificada por el CAT. “Es una nueva molécula, que requiere un mayor número de pruebas antes de transformarse en medicamento. Daremos inicio a las pruebas clínicas a mediados de este año, con buenas perspectivas, ya que todos los experimentos realizados hasta ahora fueron muy positivos.”

En el trabajo llevado a cabo por los investigadores de la UFMG, el nuevo medicamento fue probado en ratones hipertensos convencionales y transgénicos. El investigador Robson explica que es importante probar los dos modelos, pues la enfermedad en los ratones naturalmente hipertensos y en los transgénicos, desarrollados estos últimos para el estudio de enfermedades cardiovasculares, tienen mecanismos diferentes. Todas las acciones del fármaco en el organismo fueron probadas y demostradas con buenos resultados.

Las pruebas preclínicas a escala de laboratorio llevaron a la conclusión de que la nueva fórmula del medicamento permaneció durante entre tres y siete días en el organismo de los ratones. El sistema de telemetría permite monitorear los parámetros cardiovasculares (presión arterial y latidos cardíacos) durante períodos de hasta seis meses continuamente. Estas pruebas permitieron verificar el concepto, es decir,la eficacia del compuesto.

“Pero la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) exige mucho más para licenciar, certificar y autorizar la comercialización de un medicamento”, explica Dante Alário, de Biolab. Sostiene que la empresa hará también pruebas preclínicas complementarias, de toxicidad y otras, en mayor escala, durante alrededor de ocho meses. Recién entonces se dará inicio a las pruebas clínicas con seres humanos, que se extenderán durante dos años y medio aproximadamente, y así entonces se sabrá con seguridad el tiempo de permanencia del fármaco en el organismo.

A buen precio
Aunque todavía faltan algunas etapas para que el remedio sea producido a escala industrial, Dante Alário asegura que Biolab logrará aliar calidad con buen precio. “Debido a que es inédito, nos vemos en la obligación de disponer de más recursos para que el producto llegue a estar listo. Aun con la necesidad de amortizar esos costos, creo que lograremos sacar al mercado un medicamento que será farmacológica, terapéutica y económicamente interesante para el consumidor.”

En todo el mundo, la rutina de los hipertensos que saben que sufren la enfermedad incluye una dosis diaria de medicamento para mantener la presión arterial a niveles normales. La enfermedad es “democrática” y silenciosa, y afecta a gente de todos los continentes, razas y clases sociales, especialmente después de los 55 años de edad. En al menos el 90% de los casos, a las causas, debido a que no son detectables, se las considera multifatoriales, por eso se tratan los síntomas. En tanto, las consecuencias son muy claras. La hipertensión arterial muchas veces es detectada solamente cuando el enfermo es sorprendido por una grave enfermedad coronaria o un accidente vascular encefálico, que causan la muerte o transforman negativamente la vida de millones de personas, muchas veces por negligencia con relación al tratamiento.

El Proyecto
Encapsulado Molecular de Fármacos Antihipertensivos
Coordinadores
Rubén Darío Sinisterra Robson, Augusto Souza dos Santos y Fréderic Frezard – UFMG
Inversión
No divulgada

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