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Carta de la editora | 187

Una especial forma de conocimiento

Algunas veces, casi por casualidad, la elaboración de una única edición de esta revista, Pesquisa FAPESP, puede convertirse en fuente de un rico aprendizaje acerca del método científico y el carácter provisorio de los descubrimientos y verdades científicas. Mientras escribo estas palabras, estoy recordando un debate que ocurriera al finalizar una tarde de abril de 2008, en el Parque de Ibirapuera, al respecto del siguiente interrogante: “¿El avance científico promueve una humanidad mejor? ¿Por qué?” El evento formaba parte del programa cultural de la exposición Revolución genómica. Los disertantes eran el físico Carlos Henrique de Brito Cruz y el ex senador Roberto Freire, presidente del Partido Popular Socialista (PPS), y mi memoria se detiene particularmente en el momento en que el primero, en un marco de referencias acerca de las características geniales del método científico, sintetiza en éstos términos: “Se trata de un método de búsqueda del conocimiento que, implícitamente, admite la existencia del error, el cual será superado por nuevas investigaciones, y así sucesivamente”. Vea aquí.

Lo primero que me llamó la atención al respecto del tema del método científico, durante el cierre de la presente edición, fue el reportaje sobre un artículo referido a la masa de los neutrinos, elaborado por el editor especial Marcos Pivetta, y que el lector podrá escrutar aquí. Según mi parecer, ilustra profusamente cómo se construye cotidianamente la ciencia, promoviendo el avance de determinadas proposiciones, revisándolas experimentalmente, ajustándolas, etc. (las revoluciones científicas no son cosa de un día, esgrime el viejo Thomas Kuhn). A continuación, el reportaje de tapa acerca del relevamiento de la hepatitis en Brasil, basado en algunos estudios que intentan detectar y comprender la evolución de esta enfermedad con múltiples orígenes y diferentes grados de gravedad, atrajo mi atención hacia el tema. Sucede que me impactó enormemente el dato referido a que un 40% de la población del país, comprendida entre los 5 y los 19 años, ya habría tenido contacto con el virus de la hepatitis A. ¿No se trataría de un error estadístico, un error en la metodología investigativa, o algo por el estilo? ¿Tener contacto, significa haber desarrollado en algún momento una patología por acción del virus o, simplemente, albergarlo latente entre los billones de microorganismos que pueblan el cuerpo humano para bien y para mal? Las preguntas surgieron a borbotones, no en mi fuero íntimo, sino que fueron a parar a nuestro editor de ciencia, Ricardo Zorzetto, autor del reportaje, quien trató de revisar sus datos y consultar nuevamente a sus fuentes. De ese chequeo, el porcentaje salió indemne, al menos de momento, tal como se podrá constatar a partir de aquí. A propósito, ese número corrige los datos presentados poco tiempo antes por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Otro destacado acerca de la construcción misma del conocimiento científico: el reportaje elaborado por nuestro editor de política científica y tecnológica, Fabricio Marques, sobre los artículos candentes en Brasil, o sea, aquéllos apuntados como los más citados  por un estudio al respecto de los temas en los cuales la ciencia brasileña ha alcanzado renombre internacional (haga clic aquí).

En cuanto a tecnología, destaco la entrevista sobre la incorporación de las nanopartículas al campo de las técnicas de asepsia del instrumental médico quirúrgico, elaborada por el editor del área, Marcos de Oliveira. Éste se refiere al instrumental odontológico que trae en su superficie nanopartículas capaces de destruir bacterias, entre otros ejemplos (aquí).

Para concluir, también sugiero que el lector se detenga en la entrevista al ex empresario, en la actualidad ambientalista, Israel Klabin, concedida al editor de humanidades, Carlos Haag. Desde diversos aspectos, resulta una entrevista sorprendente y estimulante (aquí).

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