Muchas aves de la Amazonia encuentran refugio en la exuberante vegetación de menor porte que crece debajo de las copas de los árboles de la selva. Un artículo publicado el 29 de enero en la revista Science Advances sugiere que el aumento de 1 grado Celsius (ºC) en la temperatura media durante la estación seca, período que se extiende entre los meses de mayo y octubre, habría reducido en casi dos tercios la tasa de supervivencia aparente de las aves que habitan el sotobosque de la selva tropical, pese a que esta zona se encuentra en una región prácticamente sin interferencia humana.
La conclusión que se desprende de ese estudio se basa en un modelado estadístico que asoció datos de temperatura y precipitaciones con cifras de captura y recaptura de 4.264 ejemplares de 29 especies de aves, atrapadas e identificadas previamente mediante anillos y liberadas en su medio natural, en el marco de un trabajo realizado entre 1985 y 2012 en 20 puntos dentro de las 3.180 hectáreas de selva preservada del Proyecto Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales (PDBFF), a 80 kilómetros al norte de la ciudad de Manaos. Compuesto por 23 parcelas forestales, el PDBFF es una unidad de conservación federal de Brasil y las investigaciones en su territorio son coordinadas por el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) en colaboración con el Instituto Smithsonian de Estados Unidos.
Según el estudio, el aumento del calor durante la estación seca redujo en un 63 % la tasa media aparente de supervivencia de la comunidad de aves que habitan en el sotobosque del PDBFF. Esto significa que, en función del incremento de la temperatura, la probabilidad de supervivencia de un ave de un año a otro ha disminuido a alrededor de la tercera parte de lo que cabría esperar si las temperaturas se hubiesen mantenido más benignas.
“Las aves de los trópicos son muy sensibles a los cambios que afectan el medio en el que viven”, le dijo a Pesquisa FAPESP el ornitólogo Jared Wolfe, de la Universidad Tecnológica de Michigan, en Estados Unidos, autor principal del estudio y colaborador del Inpa. “Una estación seca cada vez más cálida y árida tiene una influencia drástica en la supervivencia de prácticamente todas las aves del sotobosque de la Amazonia que hemos evaluado”.
El panorama general muestra que 24 de las 29 especies fueron afectadas por el calentamiento de la región, con una tendencia a un mayor impacto en el grupo de aves que viven más tiempo. Especies tales como el ticotico oliváceo (Automulus infuscatus), el trepatroncos gorgipunteado (Certhiasomus stictolaemus), el picolezna menudo, también llamado picolezna gorgiblanco o común (Xenops minutus) y el hormiguero gorgirrufo o bicolor (Gymnopithys rufigula), figuran entre las más vulnerables identificadas en el estudio.
“En nuestro modelo estadístico, los datos relacionados con la temperatura explicaban alrededor del 85 % de la variación en la tasa de supervivencia aparente de las aves”, comenta Wolfe. Cuando un año era más cálido, la tasa disminuía; cuando era más frío, aumentaba. En el estudio también se calculó el impacto de una mengua de 10 milímetros (mm) en las precipitaciones durante la estación seca sobre la tasa de supervivencia anual aparente de las aves. El efecto fue mucho menor que en el caso del aumento de la temperatura. En promedio, un descenso de las precipitaciones se asociaría a una disminución de un 14 % en la cantidad de aves de la población estudiada.
La supervivencia aparente es un concepto que se utiliza para referirse a la conservación de la vida entre animales previamente identificados dentro de un área determinada con el paso del tiempo. Un descenso de esta tasa no significa necesariamente que se haya registrado mortandad entre los miembros de la muestra. Hay tres factores que esta definición no discrimina y pueden hacer caer el valor del índice de supervivencia aparente: la muerte real de ejemplares de la población estudiada, la migración fuera del área de estudio o simplemente el hecho de no haber recapturado a los animales dentro del plazo previsto.
Cuando un ave no es recapturada, esto indica que podría haber muerto o simplemente que no volvió a ser capturada. Los autores del artículo recurrieron a un modelo estadístico para diferenciar entre estas dos probabilidades. Así pudieron ajustar las estimaciones de supervivencia aparente, que indican la probabilidad de que un ave aún siga viva al año siguiente.

Vitek JirinecÁrea de sotobosque dentro del proyecto PDBFF, a 80 kilómetros de ManaosVitek Jirinec
Es posible que el aumento de la temperatura y la disminución de las precipitaciones registrada empujen a las aves a buscar otro territorio, menos cálido y con mayor disponibilidad de agua. Pero la reiteración del descenso de las recapturas año tras año, a juicio de Wolfe, constituye un indicador de que el calor y la sequía están siendo fatales para la fauna de este tipo.
Las lluvias, la disponibilidad de agua y la diversidad del relieve local parecen ser importantes para generar los microclimas que permitan a las aves refrescarse frente al advenimiento de temperaturas cada vez más altas. “¿Estas especies serán capaces de adaptarse para desarrollar respuestas evolutivas acordes con las condiciones que se ven obligadas a enfrentar?”, se pregunta el biólogo Philip Stouffer, de la Universidad del Estado de Luisiana, otro de los autores del estudio, en una entrevista que concedió a Pesquisa FAPESP. “Bajo las condiciones actuales, las poblaciones están disminuyendo y su supervivencia se reduce. De momento, los resultados no son para nada alentadores”.
Según el biólogo, la resiliencia de las aves del sotobosque depende del mantenimiento de amplias áreas de la selva intactos. De esta forma, aun cuando sus poblaciones disminuyan, las especies podrían seguir siendo viables. “Las tierras más bajas de la selva, como aquellas situadas a lo largo de los arroyos, también son de particular importancia para la protección de las aves, ya que aparentemente pueden proporcionarles nichos de refugio”, dice Stouffer.
El ornitólogo Mario Cohn-Haft, curador del sector de aves del Inpa, también subraya que los resultados del estudio refuerzan la importancia de la conservación de grandes extensiones de la selva intactas. “En parte, los cambios climáticos son producto de la deforestación”, dice Cohn-Haft, quien no participó en el trabajo publicado en Science Advances. “Necesitamos regenerar la selva y terminar con la deforestación. Esto ayudará a recomponer el clima y a preservar las condiciones necesarias para la conservación de la biodiversidad”.
Para la bióloga evolutiva Ana Paula Assis, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP), el estudio realizado en la Amazonia sobresale por la utilización de datos a largo plazo, de casi 30 años. “Si ellos obtuvieron esos resultados trabajando en áreas de selva virgen, imagínese cuánto peor debe ser el escenario en las zonas donde la selva ha sido talada o se ha fragmentado”, se pregunta Assis, quien tampoco participó en la redacción del artículo.
La investigadora sugiere un posible estudio complementario, centrado en tratar de entender si existe alguna variación en la tasa de supervivencia entre las aves que pueda tener relación con factores hereditarios. “Si algunos ejemplares de las especies más amenazadas consiguen sobrevivir con éxito al aumento de la temperatura, quizá puedan transmitirles esta capacidad a sus polluelos si esta resiliencia se basa en una característica genética”, comenta la bióloga.
En Panamá y Ecuador se realizaron trabajos similares al del PDBFF. Estos estudios indican que las aves, sobre todo las de aquellas especies que se alimentan de insectos, están desapareciendo de las capas bajas e intermedias de los bosques. Investigaciones como la que se llevó a cabo en la Amazonia, que vincula los cambios climáticos con la supervivencia de las aves, por ahora son poco comunes y hay escasos datos a largo plazo sobre este tema.
Este artículo salió publicado con el título “Más calor, menos aves” en la edición impresa n° 349 de marzo de 2025.
Artículo científico
WOLFE, J. D. et al. Climate change aggravates bird mortality in pristine tropical forests. Science Advances. 29 ene. 2025.
