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Memoria

Una hermosa y bárbara provincia

Hace 200 años el territorio de São Paulo era recorrido por innumerables expediciones científicas

Uno de los efectos interesantes de las extensas celebraciones de los 450 años de la ciudad de São Paulo consiste en que su historia está siendo intensamente recordada en periódicos, revistas, libros y programas especiales de radio y televisión. Las expediciones científicas emprendidas durante los siglos XVIII y XIX por el interior del país son algunos de esos acontecimientos que están siendo rescatados lentamente del olvido -a excepción de aquéllas realizadas en la, por ese entonces, capitanía de São Paulo, que casi nunca se las recuerda. Durante la segunda mitad del siglo XVIII y hasta el final del siglo XIX, desembarcaron en Brasil naturalistas portugueses, franceses, ingleses, austríacos y rusos interesados en recolectar material y en reproducir y analizar la naturaleza brasileña. La Corte portuguesa, preocupada por saber qué materias primas podrían ayudar a expandir la economía de Portugal, fomentaba tales expediciones. En São Paulo, el santista Martim Francisco Ribeiro de Andradase internó en el interior de la capitanía para conocer mejor las tierras paulistas.

Como inspector de minas y bosques, Ribeiro de Andrada redactó informes en sus Jornais das viagens [Diarios de viajes] entre 1803 y 1804, y en el Diário de uma viagem mineralógica pela província de São Paulo [Diario de un viaje mineralógico por la provincia de São Paulo] en el año 1805. En dichos relatos, Martim Francisco describió múltiples observaciones sobre la geología y sobre los animales vistos durante las exploraciones por los bosques y ríos de Santos, Peruíbe, Iguape, Cananéia y alrededores de São Paulo. Pero se refirió también a las costumbres de las poblaciones, criticó la “indolencia” de la gente, hizo elogios a la naturaleza prodigiosa e incluso arriesgó una crítica a la Corte (“… Su Alteza está muy lejos, y sólo de cerca puede verse la carencia de mejoramientos de sus colonias”).

Catorce años después, Martim realizó un nuevo viaje exploratorio, en esta ocasión junto a su hermano José Bonifácio de Andrada e Silva, que estaba de regreso en Brasil como científico eminente y político importante, tras pasar 36 años en Europa. Los hermanos Andrada partieron de Santos y llegaron hasta Itú, regresando por Sorocaba. En el relato intitulado Digressão econômico-metalúrgica pelas serras e campos do interior da bela e bárbara província de São Paulo [Digresión económico-metalúrgica por las sierras y campos del interior de la hermosa y bárbara provincia de São Paulo], de 1820, se refieren a gneises, micaesquistos, granitos y esquistos arcillosos de la sierra de Paranapiacaba, arcillas de la capital, minerales de hierro de Santo Amaro y aluviones de oro de la sierra de Jaraguá, e informan sobre numerosas observaciones, consideradas precisas años después por los expertos. Al final de sus experiencias científicas, José Bonifácio se vio nuevamente cooptado por la política nacional, enla cual ejerció funciones que fueron de capital importancia para Brasil, a punto tal que pasó ser conocido como el Patriarca de la Independencia.

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