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LINGÜÍSTICA

Una red de intrigas

Leyendas urbanas diseminadas por internet hacen cundir el pánico

Hélio de AlmeidaEs la más pura verdad, puede creerlo: el pasado fin de semana, un muchacho fue seducido y embriagado por una rubia de aquéllas de cine en una disco y se despertó en una bañera de hotel rodeado de hielo, con un mensaje escrito en el espejo con lápiz labial rojo diciéndole que consultara inmediatamente a un médico, pues le había extraído un riñón. Una variable de esta historia es la del niño –“hijo de la vecina de un primo”– que desapareció cuando compraba un sándwich en el McDonald’s de un famoso shopping de la ciudad y fue encontrado una semana después, pálido. Cuando la madre lo fue a duchar, vio un gran corte no cicatrizado y lo llevó a la guardia del hospital, donde descubrieron que traficantes de órganos le habían extraído uno de sus riñones.

¿Qué usuario regular de internet en todo el planeta nunca recibió al menos un mensaje de éstos, reenviado por un amigo o conocido, con el relato de algún caso que le pareció bizarro o absurdo, capaz de causar escalofríos? Probablemente ninguno. El objetivo de estos increíbles pero posibles relatos sobre amenazas y conspiraciones es casi siempre difundir el miedo y el pánico. Uno de los primeros y más famosos mensajes del género contaba la historia de una persona que fuera infectada en un lugar público por alguien que lo pinchó con una jeringa – en el cine, en el ómnibus, en el metro, etc. – y recibió un mensaje donde se leía: “Bienvenido al mundo del VIH”. Sobran también casos sobre alimentos y refrescos contaminados y trampas de delincuentes para asaltar a personas distraídas en los grandes centros urbanos.

La paranoia que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 con relación a la política intervencionista estadounidense hizo surgir en Brasil la historia de que en las escuelas de Estados Unidos los niños estarían aprendiendo en las clases de geografía que la Amazonia era una zona libre internacional o que pertenecía a  ese país y no a Brasil. Otra asegura que un video de una empresa norteamericana “vende” la idea de que la Amazonia no forma parte de una nación (Brasil), sino del mundo, y que todos aquellos que tengan miedo de ver la selva desaparecer  deberían asociarse a ese grupo para tener derecho a comenzar a “comprar” o a tomar posesión de sus tierras.

Todos estos relatos, jamás probados, son lo que se ha dado en llamar leyendas urbanas, invenciones creadas hace siglos, principalmente en forma oral, pero que parecen haber encontrado en internet un campo bastante fértil para su multiplicación y difusión. Y son tantas que llamaron la atención del investigador Carlos Renato Lopes hace seis años, y lo llevaron a defender en la USP el doctorado “Leyendas urbanas en internet: entre el orden del discurso y el acontecimiento enunciativo”. Lopes comenta que mucho antes de abocarse al tema, se daba cuenta de que algunas de éstas iban y venían al cabo de un tiempo, a veces con pequeños cambios o con el agregado de detalles. “Procuré saber más sobre este tipo de texto y vi que solamente había material al respecto en la propia internet. Resolví entonces presentar un proyecto de doctorado sobre el tema planteando un estudio desde el punto de vista del discurso, es decir, de la práctica social del uso de la lenguaje, que es afectada por la historia y por la ideología”. Su intención era investigar de qué manera se construyen las historias y luego circulan dentro de prácticas discursivas.

Absurdo
Durante dos años, Lopes recabó y analizó nada menos que unos 12 mil mensajes propagados por internet. Si tuviera que definir a la leyenda urbana como un género narrativo, con características propias que la distinguiera de otros, él apuntaría básicamente, en primero lugar, el hecho tratarse de un relato inusitado o un absurdo (oral o escrito) que involucra algún elemento del cotidiano de la(s) comunidad(es) en que circula, propuesto para que se crea en él, toda vez que es contado como ocurrido efectivamente. No le ocurrió a quien lo cuenta, sino siempre a una tercera persona con quien normalmente no se podrán chequear las informaciones. “En su forma más común, la leyenda presenta algún alerta o un llamado para estar prevenidos contra posibles amenazas, posibles daños que tales elementos –aparentemente banales– de nuestro cotidiano pueden causarnos.”

Su aparición está ligada a miedos, preocupaciones, ansiedades recurrentes que circulan en un determinado momento histórico. “En efecto, acontecimientos significativos como el 11 de Septiembre, el surgimiento del Sida o la eclosión de las nuevas tecnologías, catástrofes naturales como el huracán Katrina o las tsunamis en Asia son todos catalizadores en torno a los cuales surge toda una suerte de relatos no probados y, en algunos casos, francamente fantasiosos”. Es importante subrayar, añade, que la amplia y rápida circulación de tales relatos en momentos como éstos se relaciona directamente con el “vacío” dejado por la sensación de impotencia, la falta de comprensión de las causas y factores materiales que afectan a dichos acontecimientos, abriéndose así, de esa forma, un espacio para que todo tipo de especulación y desinformación prolifere.

En sus conclusiones, Lopes sostiene que las leyendas urbanas se confunden tanto con otras formas de narrativas ficcionales como “fácticas” (como las del periodismo dicho popular) para tejer una trama simbólica de lectura de la realidad. Particularmente, agrega, miedos, ansiedades y preocupaciones que marcan a las sociedades urbanas contemporáneas. De acuerdo con el investigador, estas historias se tejen en el marco de un proceso discursivo dinámico, y no se atienen a textos cerrados, sino que más bien se insertan en prácticas polifacéticas, como los productos mediáticos de cultura popular, las charlas de bar, los chats virtuales, entre otros contextos.

Así como tantos otros géneros de discurso de la cultura popular, las leyendas de la red merecen una consideración que va más allá de simple elemento “anecdótico”, en la medida en que transcienden las insistentes dicotomías entre falso versus verdadero, hecho versus mito, ubicando a todos, como lectores, en una práctica compleja de elaboración de la experiencia social. “De este modo, se presentan como una especie de marca, rasgo o síntoma que, por medio del discurso, apuntan hacia el deseo de conjurar el azar, de dar sentido a la percepción vaga y generalizada de inseguridad y la falta de control sobre los ‘riesgos’ que enfrentamos en las sociedades contemporáneas.”

Hélio de AlmeidaEl tiempo de vida de una leyenda urbana en internet es variable. Para Lopes, una historia puede “morir” rápidamente, en los casos de rumores cuya falsedad puede ser fácilmente chequeada, lo que se facilita debido a la propia inmediatez de la comunicación por internet. Otras logran permanecer en el imaginario popular durante decenas de años. Un ejemplo clásico de este segundo caso sería el de la leyenda de la rubia del baño, que el investigador conocía desde cuando iba a la escuela primaria en el interior, a comienzos de la década de 1980. “Tamaña fue mi sorpresa al saber que, más de 20 años después, la misma historia circulaba todavía (en São Paulo y aparentemente en todo el país) y asustaba a los niños a punto tal de que tuvieran miedo de ir al baño solos en la escuela.”

El límite del alcance de la leyenda urbana es el límite de la creencia, dice Lopes. Mientras haya personas creyendo o sencillamente atraídas por el encanto de los relatos que, pese a ser casi siempre demasiado insólitos para ser verdaderos, parecen sobrevivir en gran medida debido a la convocatoria ficcional que cargan. Como diría Jan Harold Brunvand, un pionero y gran divulgador del estudio de leyendas en EE.UU y citado por el investigador brasileño, “nada se interpone en el camino de una historia cuando es buena y demasiado sabrosa como para ser verdad”.

Dentro de esta cuestión, subraya Lopes, sería también interesante mencionar de qué manera algunas de las historias llegan hasta los internautas habiendo sido traducidas ipsis litteris de otros idiomas, especialmente del inglés y del francés, lo que da cuenta de su alcance a nivel global. Una de ellas, menciona él, cuenta que el padre de la modelo Daniela Sarahyba murió por haber bebido cerveza de una latita contaminada con excremento de rata. “Eso no es otra cosa que una adaptación local de un texto de idéntico tenor publicado y que circuló inicialmente en Francia hace al menos siete años.

Detectives
Existen personas, afirma el investigador, que se ubican como verdaderos “detectives” de las leyendas. Ya sea para probar su falsedad, o para trazar su historia e (intentar) llegar a su fuente primera. “En el grupo de discusión que yo analicé había varios de estos participantes. En las enciclopedias y compilaciones que consulté hay también un esfuerzo de hacer un trabajo de investigación riguroso y bien documentado sobre las ‘fuentes primarias’ de esos relatos”. Con todo, lo más curioso es, en su opinión, que este tipo de preocupación con el origen difícilmente suplanta a la convocatoria ficcional que hace que las historias sean retomadas, revisitadas, adaptadas y actualizadas siempre, y cada vez más. “Es como si el verdadero atractivo de dichas leyendas residiese en el hecho de ser consumidas como narraciones, tan ficcionales (y al mismo tan plausibles) como cualquier otra. A lo mejor eso explique el modo en que se prestan a apropiaciones y relecturas dentro de otras formas bien populares de cultura de masas, como el cine, las series de televisión o los cómic.”

Todo esto se hace dentro de la máxima popular: quien cuenta un cuento aumenta un tanto. Así se hacen desde correcciones gramaticales a agregados de elementos que les impriman mayor veracidad. “Ésa es quizás una de las características más significativas de este tipo de texto. Por cierto, procuré demostrar eso a lo largo de toda la tesis: de qué manera las leyendas, en su calidad de textos, son indisociables de esta práctica social dinámica dentro de la cual las mismas son producidas y transmitidas, y es prácticamente imposible que se restrinjan a una sola versión, a una trama invariable.”

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