Guia Covid-19
Imprimir Republish

Comportamiento

Uno es poco. Dos está bueno

Estudios que desmitifican los prejuicios acerca de las familias de padres homosexuales

Familia: se almuerza, se cena y se vive siempre todos juntos, nunca se pierde esa costumbre. Sencilla, la definición señalada por los Titãs es mejor que la creencia compleja en una “unión sacrosanta que se establece entre familia, nación, estado, tradición y moral”, como observa Marilena Chaui en “Represión sexual”. “Considérese que el eje que sustenta la sociedad occidental es el casamiento monogámico–familia heterosexual–hijos, para tener una noción de la opresión soportada por quien se aleja de esos patrones”, observa Claudiene Santos, autora de la tesis doctoral en psicología “La parentalidad en familias homosexuales con hijos”, dirigida por Maria de Toledo Bruns y defendida en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la USP. “Esta familia cristiana, idealizada sobre los pilares del casamiento indisoluble y la procreación, estableció la visión sacralizada de la familia y la idea de que la mujer se completa en la maternidad y el hombre en la paternidad, instalando así el prejuicio contra personas estériles y homosexuales debido a la imposibilidad biológica de reproducirse”.

Siguiendo investigaciones empíricas, Claudiene afirma que son pocas las diferencias entre parejas hetero y homosexuales en la crianza de los hijos. “El prejuicio sólo desaparecerá cuando la sociedad consiga entender que la orientación sexual de los cónyuges no excluye la capacidad de ser buen padre o buena madre”, advierte. No resultará fácil: un estudio reciente realizado por la Universidad Federal Fluminense, reveló que el 89% de los brasileños rechaza la homosexualidad masculina. No sólo eso. “La unión de un hombre y una mujer mediante el casamiento es la institución humana más duradera e importante. Cambiar esa definición desmoronaría la estructura familiar”, profetiza el presidente George W. Bush, en cuyo país un 27% de las familias homosexuales tiene hijos. En Brasil, donde la ley no permite la adopción de niños por parte de dos personas del mismo sexo (el pedido es realizado a nombre de uno de los compañeros), no existen investigaciones, sólo desinformación. “Considerar que la orientación sexual sea el factor preponderante para el ejercicio de la parentalidad, sólo refuerza una visión reduccionista de la vasta dimensión que involucra la familia”.

“La condena generalizada de la homosexualidad que subsiste en las sociedades contemporáneas, aún influenciadas por las leyes religiosas, constituye la principal resistencia para la aceptación de esas familias, percibidas como conspiratorias al carácter sagrado adquirido por la familia. Esa sacralidad hace impensable cualquier otra configuración familiar. Pero esa ‘sagrada familia’ no considera el hecho de que ella es solamente una construcción histórica muy reciente”, evalúa la antropóloga Elizabeth Zambrano, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, en el artículo “Parentalidades impensables”. La familia, tal como la concebimos, sólo se consolidó en el siglo XIX. Hasta el siglo XVI, ella existía como linaje, como institución política, pero no como espacio doméstico.

Pater
En la antigua Roma, familia designaba al “servidor”, el lugar donde había un jefe, el pater, y todos a su alrededor lo obedecían. Poco después, el término se restringió a los descendientes, y en la Edad Media, con la Iglesia, la familia se convirtió en la unión de dos personas por medio del casamiento. Se mezclaron entonces las nociones de vida conyugal y filiación, considerándose cada vez más importante a los vínculos biológicos y afectivos que unían a los individuos. La familia se torna el “centro de la estructuración de la sociedad” en el siglo XIX, con ribetes morales, una figura psicológica y afectiva, bajo el modelo nuclear monogámico y heterosexual. “Sólo al final del siglo es que surge la familia nuclear tal como la conocemos”, dice Elizabeth. Sin hablar de otras culturas. Para Lévi-Strauss, la familia no es una entidad fija en sí misma, pero si un ente donde se desarrollan normas de filiación y parentesco, vínculo de unión entre los individuos y la sociedad.

“La antropología nos muestra que, partiendo de un hecho biológico simple, la necesidad de un hombre y una mujer para concebir un hijo, las diferentes sociedades no sacan de ello las mismas conclusiones, ni postulan una adecuación natural entre padre y genitor, madre y genitora”. De esos cuestionamientos surge la homoparentalidad: un adulto homosexual es o pretende ser, padre o madre de uno o más niños. El neologismo, creado en 1997 por la Asociación de Padres y Futuros Padres Gays y Lesbianas, en París, es polémico por asociar la orientación sexual paterna con la crianza de los niños, pero, observa la investigadora, “al nominar a un tipo de familia hasta entonces sin nombre, se permite que ella adquiera una existencia, indispensable para indicar una realidad, posibilitando el tratamiento de su problemática”. Por eso, entiéndase: según algunos, la falta de presencia de los dos sexos haría que los niños crecieran sin referencias de lo masculino y lo femenino. Psicóticos y discriminados, finalmente se transformarían en homosexuales, colocando en riesgo a la civilización.

En el escrito “El derecho a la homoparentalidad” (www.homoparentalidade.blogspot.com), Elizabeth brinda acceso a investigaciones internacionales acerca del tema, brindando todo aquello que usted quería saber, pero tenía prejuicio por preguntar. “El resultado de las investigaciones empíricas realizadas por diversos autores, indica la inexistencia de diferencias en relación con la habilidad para el cuidado de hijos y a la capacidad parental de personas heterosexuales y homosexuales, demostrando también que no existen diferencias significativas entre el desarrollo de los niños criados por familias heterosexuales cuando se los compara con aquellos por homosexuales”. Existe un dato notable: independientemente de la orientación sexual, es mejor para un niño que él sea criado por más de una persona. “Es importante resaltar que la socialización de los hijos en ambientes homoparentales hace que los niños y adolescentes transiten mejor entre las diferentes posibilidades de relaciones afectivo-sexuales, pese a que el estudio de Michael Bailey revela que el 90% de los hijos adultos de padres gay se consideraban heterosexuales”. Se deduce entonces que no existen bases empíricas para impedir la custodia de un niño por parte de padres gay o madres lesbianas, utilizando como justificación, los efectos en la orientación sexual del hijo.

Abuso
Lo propio vale para el supuesto peligro de abuso de los niños: “Ningún trabajo revisado informa el abuso como característica de las familias homoparentales. Al contrario, resaltan que el riesgo de abuso es el mismo que en las familias heterosexuales. Los datos evidencian que, en esas nuevas configuraciones familiares, así como en la familia tradicional, existe una separación moral entre la esfera de la familia y la sexualidad”. La parentalidad, según investigaciones, promueve una moralización de las relaciones sociales, de modo que los padres homosexuales pasan a seleccionar las personas con quienes se relacionan, con el fin de proteger a los hijos. “La idea según la cual, la familia homo parental podría contribuir para la destrucción de la familia y de la sociedad es un contrasentido, pues, justamente, lo que esas familias desean es su reconocimiento social y jurídico, como modo de formar parte, legítimamente, de la sociedad a la cual pertenecen. Ellas no sólo no van contra la familia, como se intenta incluir en el concepto, sino que intentan otorgar continuidad a esa institución a través de hijos deseados”. Para ella, psicólogos y psiquiatras conocen lo que hace daño a un niño: falta de cuidado, de amor, de tolerancia, de límites, padres deprimidos o violentos.

Igualmente, la necesidad del contacto con los dos sexos no necesitaría ocurrir solamente dentro de la célula familiar. Para eso, dicen los Titãs, existe “abuelo y abuela, tía, sobrina, gato, perro y gallina”. “No existe un modelo de familia específico que pueda garantizar la felicidad y el desarrollo saludable de los hijos. Lo que podemos afirmar es que los cónyuges capaces de establecer entre ellos y sus hijos buenos vínculos afectivos, cuentan con mayores posibilidades de favorecer un desarrollo psíquico y social satisfactorio. Lo que importa, entonces, es la capacidad parental de los individuos, más que como decidieron constituir su familia”. Existen, en estudio, investigaciones con diferentes resultados, como la del Family Research Institute, de Paul Cameron, indicando perjuicios en los niños por la convivencia en una familia homoparental. Para esos estudios contradictorios, basta considerar que “la homosexualidad es una enfermedad de carácter contagioso (asociada con una propensión a la criminalidad), lo que originaría daños a los hijos”.

Nuestro Código Civil no prevé la complejidad de las uniones y filiaciones decurrentes de la coparentalidad homosexual. “De esa forma no pueden garantizarse al niño ni la estabilidad ni el recuerdo de sus vínculos parentales, pues, al reconocer la existencia legal de apenas un padre y una madre, deja fuera de la protección del Estado a los otros participantes de esa nueva configuración, juntamente con los derechos y deberes que le son inherentes”, analiza Elizabeth. Existe, por lo tanto, un patrón de elección: los gays prefieren adoptar, mientras las lesbianas prefieren hijos que sean frutos biológicos de una de las dos componentes. En el caso de la adopción, el Estatuto del Niño y el Adolescente, no contempla reservas acerca de la orientación sexual del adoptante, mientras que muchos gays se quejan de que las exigencias de psicólogos y asistentes sociales son mayores con ellos. “Las personas precisan comprender que las normas cambian, tienen una historia, y su contenido varía de acuerdo con el tiempo y el lugar. No reconocer eso, es rechazar las investigaciones, las normas democráticas y los derechos humanos”. Aunque la palabra es femenina, la familia no posee género. Lo difícil igualmente, es vivir juntos diariamente sin perder esa costumbre.

Republish