Imprimir Republicar

Ingenier

Valiosa madera

El cultivo y la explotación de pinos abren nuevos mercados y reducen la tala de especies autóctonas

En 1990, los muebles fabricados con la madera extraída de especies de pinos no autóctonos le rindieron a Brasil 40 millones de dólares en exportaciones. El año pasado, esos mismos productos alcanzaron la marca de 1.000 millones de dólares de ventas destinadas al mercado externo. Los bosques cultivados con especies del género botánico Pinus también han catapultado a Brasil al segundo lugar, detrás únicamente de China, en la producción de la resina extraída del tronco de esots árboles. Al procesársela industrialmente, dicha resina resulta en un residuo sólido llamado brea, y uno líquido, la trementina, materias primas utilizadas en la fabricación de solventes, pinturas, colas, adhesivos, cosméticos y perfumes. Hasta 1989, Brasil era importador de resina de pino, pero hoy en día la situación es distinta. Ahora, al producir para el mercado interno y la exportación, ese sector factura 30 millones de dólares anuales. Dividendos que son en gran medida producto de la investigación de técnicas de plantío y adaptación al clima y el suelo brasileños, la selección de semillas y la obtención de plantines. Muchos de estos avances han salido del Instituto Forestal (IF) de São Paulo, ligado a la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. Desde 1936, el instituto se dedica a la realización de estudios destinados a la adaptación y formas de cultivo comercial de las especies de pino originarias de Estados Unidos y América Central. Uno de los registros primordiales de este tipo de árbol en Brasil se hizo en 1906, cuando el primer director del IF, el sueco Albert Löfgren, publicó un trabajo que detallaba la introducción de algunas especies de pino en el Huerto Forestal de São Paulo.

En un principio, la introducción de especies exóticas con finalidad comercial, dice el ingeniero agrónomo Francisco José do Nascimento Kronka, investigador del IF, ?se dio debido al aumento de la demanda de celulosa destinada a la fabricación de papel y de madera para aserraderos, en razón de la merma de especies autóctonas en el estado de São Paulo y en el sur del país. Kronka y los ingenieros forestales Francisco Bertolani, consultor y empresario forestal, y Reinaldo Herrero Ponce, director de la Fundación para la Conservación y la Producción Forestal del Estado de São Paulo, son autores del libro A cultura do pínus no Brasil, editado por la Sociedad Brasileña de Silvicultura (SBS) y que salió publicado en marzo de este año. En ese trabajo se muestran de manera didáctica las características de las especies y los actuales sistemas de producción agrícola e industrial adoptados en Brasil.

Devastación de araucarias
La expansión de la industrialización a comienzos del siglo XX requería mucha madera. La preferencia en aquella época recaía sobre un árbol nativo del Bosque Atlántico: la araucaria (Araucaria angustifolia). Halladas desde el estado de Paraná hasta el de Río Grande do Sul, y en áreas más altas y frías de São Paulo y Minas Gerais, las araucarias fueron prácticamente erradicadas, y actualmente queda alrededor de un 2% de su población original. Del mismo orden botánico de las coníferas, los pinos reemplazaron con ventajas a estas especies autóctonas, también conocidas como pino de Brasil o pino de Paraná. Es muy difícil cultivar araucarias, pues requieren un suelo rico en nutrientes, abundantes lluvias y humedad, y además crecen muy despacio, dice Kronka. El pino, en cambio, crece rápido en suelos pobres y con escasas lluvias, aunque la mayor parte de las especies exige épocas bien definidas de frío. Son árboles que alcanzan su tamaño de corte final a los 25 años, pero es posible utilizarlos para la producción de madera y de celulosa con 12 o 15 años, en la forma de desbaste, con la tala de árboles menores.

Se plantaron hasta finales de la década de 1950, 55 especies de pinos ubicadas entre las 111 catalogadas en el mundo, en extensas áreas administradas por el IF. Se realizaron diversos otros plantíos empresariales, aunque pequeños, y de órganos de investigación estatales en São Paulo, Paraná y Río Grande do Sul. Tan sólo nueve se adaptaron bien al clima y al suelo brasileños. Dos especies norteamericanas, Pinus elliottii y Pinus taeda, son aún en la actualidad las principales representantes de este género, cultivadas comercialmente en el sur y en parte del sudeste do país. Las otras son los pinos P. caribaea, P. oocarpa, P. kesiya, P. pseudostrobus, P. strobus y P. tecunumanii, originarias de países de Centroamérica como Nicaragua, Honduras, Bahamas, Cuba, Guatemala y El Salvador. Algunos de estos pinos, llamados pinos tropicales, pueden plantarse en Brasil desde el norte de Paraná hasta la región amazónica.

Pero los cultivos comerciales únicamente florecieron como negocio a partir de 1966, cuando el gobierno nacional instituyó incentivos fiscales a la reforestación con interesantes quitas en el impuesto a las ganancias. En esa época, al margen del Pinus, también empezó en Brasil la plantación masiva de eucaliptos (Eucalyptus sp.). Así, pinos y eucaliptos se transformaron en las principales maderas de reforestación del país, que abarcan el 99% del área plantada. Son dos especies de rápido crecimiento para el suministro de madera y celulosa. Tuvieron dos importantes funciones para el país. La primera fue evitar el corte de más árboles nativos, y la segunda, la creación de una base forestal que permitió la exportación de chapas, aglomerados, compensados y muebles, dice Francisco Bertolani. De acuerdo con datos de la SBS, de los 21 mil millones de dólares referentes a la producción de madera, celulosa y carbón en Brasil en 2004, 17.500 millones de dólares corresponden a bosques plantados ?un 61% de eucaliptos y otro 39% de pinos, y los restantes 3.500 millones de dólares provienen de la tala legal. No se incluyen en esos números, lógicamente, los árboles talados irregularmente en la Amazonia, por ejemplo. Las exportaciones del sector forestal fueron de 5.800 millones de dólares en 2004, el segundo  ingreso agrícola, detrás únicamente de la soja, con 10 mil millones de dólares. Deltotal producido en el país en el sector de reforestación, el 45% (9.400 millones de dólares) se refiere a madera y muebles, un 35% (7.300 millones de dólares) a papel y celulosa, y un 20% (4.200 millones de dólares) a madera que se transforma en carbón para su uso en los hornos de las siderúrgicas.

En el área de papel y celulosa, que trabaja únicamente con árboles de reforestación, el pino representa el 30% de los plantíos. La especie es de suma importancia, pues contribuye con las fibras largas, imprescindibles en la fabricación de papeles, que requieren más resistencia y mejor absorción de tinta. Con relación a los muebles, la madera de pino domina la preferencia de las industrias.

Bosques plantados
El plantío en gran escala se dio entre 1970 y 80. Durante esa década, que se caracterizó por la formación de la base forestal, también se intensificaron las asociaciones entre empresas, universidades e institutos de investigación con miras a mejorar la adaptación de las especies de reforestación. Los incentivos fiscales distorsionaron un poco el cultivo de pinos porque se largó una carrera empresarial para concretar los plantíos e importar semillas de varios puntos del mundo. Comenzaron a plantar pinos subtropicales en áreas cálidas, y pinos tropicales en áreas frías, por ejemplo. Entonces pasó que los investigadores tuvieron que afrontar problemas, dice Bertolani, quien en 1967 fue contratado como ingeniero forestal por el grupo Freudenberg, para realizar estudios de manejo y mejoramiento de árboles de pino en la plantación que la empresa estaba inaugurando en Agudos (São Paulo), una de las primeras del país.

Bajo la coordinación del ingeniero forestal Horst Schuckar, que había trabajado en el IF, Bertolani empezó a hacer experimentos con manejo, principalmente con pinos tropicales, incluso para la producción de semillas seleccionadas. A mediados de los años 1970, el IF dio inicio a un trabajo pionero de mejoramiento. Fue un grupo que reunió a agrónomos, ingenieros forestales y biólogos, con el objetivo de desarrollar técnicas de mejoramiento de la calidad de especies productivas orientadas al aprovechamiento de la madera para aserraderos y la producción de resina, recuerda Araci Aparecida da Silva, investigadora del IF desde 1977, en la Estación Experimental de Tupí, municipio de Piracicaba. Empezamos con la selección de los mejores ejemplares según el volumen, la forma, la resistencia a las plagas y enfermedades, dentro de las técnicas de selección clásicas.

La selección de los mejores especímenes transcurrió con la elección de uno de cada 10 mil árboles. Incluso árboles rectos, sin bifurcación, pero que presentaban crecimiento lento, fueron eliminados, comenta Alexandre Magno Sebbenn, investigador y coordinador del programa de mejora forestal del IF. ?Hicimos un estudio climático e implantamos los ensayos de progenies y árboles clonales?, dice Araci. Los ensayos de progenies apuntan a evaluar si la constitución genética de los padres es buena o no, con base en las características de los hijos. En el pino, estas características se conocen cuando el mismo llega a los 10 años de vida. En tanto, los árboles clonales se usan para producir semillas mejoradas de árboles seleccionados que han sido aprobados en los ensayos de progenies.

Desde los años 1980, los investigadores se valen de la clonación en laboratorio para generar árboles. Tenemos 3.590 clones para la producción de semillas, dice Araci. Ahora ya están en la segunda generación, extraídos de plantas que a su vez también salieron de semillas de árboles seleccionados, dice Sebbenn. En una arboleda clonal se evita plantar clones idénticos cerca unos de otros, para que no haya polinización entre ejemplares iguales, cosa que causaría una degeneración de los descendientes.

Los reflejos de la evolución comercial del cultivo de pinos empezaron a sentirse a finales de los años 1970, cuando se hicieron efectivas las primeras tales. Aunque el plantío aún en estaba en vías de mejora, existía ya una preocupación por mejorar los productos resultantes de los pinos exóticos. El principal problema era con la madera aún joven. Los muebles elaborados con esos pinos eran considerados de mala calidad. Un trabajo realizado en esa época por el IF y por el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT, sigla en portugués) desarrolló varios estudios con miras a la mejora del procesamiento de la madera con tecnología para la fabricación de tablas recubiertas con resinas, empleados en muebles y también para la construcción de viviendas. En la década de 1980, varias empresas, tanto reforestadoras como muebleras, se radicaron en diversos puntos de la región sur, formando polos industriales importantes en São Bento do Sul (Santa Catarina) y Bento Gonçalves (Rio Grande do Sul). El dominio de la tecnología de producción de aglomerados, chapas y tablas de madera de pino llevó a Brasil a iniciar las exportaciones de muebles durante las décadas de 1990 y 2000. Esa fue la época en que las empresas empezaron a utilizar la madera de mejor calidad proveniente de los árboles que estaban completando 20 años de cultivo.

Brea de resina
Otro mejora económica, que llegó al final de los años 1980, fue el incremento de la producción y la exportación de resina. Actualmente el país produce 95 mil toneladas de resina por año, de acuerdo con la Asociación de Resineros de Brasil (Aresb), que congrega a 60 productores. En la facturación de 30 millones de dólares prevista para este año se incluyen tanto el producto in natura como los derivados originarios de la destilación de la resina, la brea y la trementina.

El mayor productor brasileño de resina es el Instituto Forestal, que posee una extensión total de 25 mil hectáreas (ha) con pinos esparcidos por varias unidades del estado. Todos los años, el instituto llama a licitación por pliegos  para la venta de resina. La producción de la cosecha 2004-2005 fue de 18 mil toneladas. Cada árbol da alrededor de tres kilos de resina anuales, dice Kronka. Pero nosotros tenemos árboles que producen hasta 12 kilos. Estos ejemplares son clonados, pero eso no siempre constituye una garantía de perpetuación de las mismas cualidades. Siempre aparecen grandes variaciones en los descendientes, porque la constitución genética es responsable de apenas una parte de la producción de resina, la otra parte es el resultado de aspectos ambientales tales como temperatura, suelo, humedad y altitud, dice Sebbenn. En esta segunda generación hemos logrado mejoras de hasta un 40% en relación con el producción original de resina. Los resultados llevaron a una sociedad entre el IF, la Aresb y la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de São Paulo (USP) en el marco de un proyecto destinado a la sistematización de la clonación de pinos para resina. El objetivo es la formulación de un protocolo, que puedan usarlo los productores para la producción y el uso del material clonado, dice Eduardo Monteiro Fagundes, director ejecutivo de la Aresb.

La producción de resina comienza cuando los árboles llegan a la edad de 10 años, y se extiende hasta los 30. Se lleva a cabo una especie de raspado de cara, que quita una parte de la corteza del árbol. En ese sitio se aplica una sustancia ácida que desencadena una serie de estímulos en las paredes del árbol, facilitando así el escurrimiento de la resina.

La resina, la madera y la celulosa hicieron que la demanda de pinos se elevara un 10% al año. Corresponde a 1,8 millones de hectáreas plantadas, siendo que el estado de Paraná es el mayor productor, con un tercio del total. Pero sigue siendo poco. A comienzos de los años 2000 aparecieron las primeras señales de escasez de madera de pinos. Es el comienzo de un posible apagón forestal, dice Kronka. Como es un producto agrícola que requiere muchos años para luego explotárselo, los expertos proyectan escenarios futuros para el país. Estos especialistas señalan que en 2020 deberá haber 1,9 millones de hectáreas de pinos más plantadas, para que no falte madera en el país. En Brasil, tan solo el 0,6% del territorio se emplea hoy en día para la reforestación comercial, lo que totaliza cinco millones de hectáreas. Chile tiene un 2,6%, y China, un 4,7% de bosques plantados. Datos de la Secretaría de Agricultura y Abastecimiento del Estado de São Paulo apuntan que alrededor de 10 millones de hectáreas corresponden tierras de pasturas, y pueden usarse para reforestación. Es una forma de aprovechamiento que causará menos impacto sobre los bosques nativos y sobre otros cultivos agrícolas, que, al contrario de los pinos, requieren suelos muy fértiles.

Republicar