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Accidentes Domésticos

Viviendo con el peligro

Pocas madres saben cómo evitar que sus hijos sufran caídas, cortes y quemaduras en casa

Justina Nagato vivió una situación embarazosa mientras tomaba parte en una investigación desarrollada durante su último año de la carrera de psicología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Estaba en un chalé donde se estaban haciendo refacciones, en el barrio de Icaraí, Niterói, ciudad vecina a Río de Janeiro, entrevistando a una mujer sobre la temática de los accidentes domésticos con los niños, mientras que sus dos hijos subían y bajaban por una escalera caracol, sin barandilla ni pasamanos. La madre de los chicos estaba tranquila, pero Justina se afligía: ¿debería avisarles que podrían fracturarse o cortarse si se caían? Recién al cabo de terminar la entrevista, Justina preguntó si no sería un tanto peligroso que los chicos jugasen en la escalera. La mujer le contestó que no había pensado antes sobre los riesgos que los niños corrían, y acto seguido paró el juego al tiempo que agradecía la advertencia de la entrevistadora.

Justina y otras siete estudiantes de psicología visitaron a 96 mujeres de toda la Región Metropolitana de Río. Les mostraban seis dibujos del dormitorio, el living, el baño, la cocina, la escalera y el patio y les preguntaban a las mamás qué tipo de accidentes podrían producirse en cada uno de estos espacios. Las conclusiones a lo mejor dejan a las mamás con los pelos punta. De acuerdo con este trabajo, publicado en la revista Social Science & Medicine, las mamás tienen dificultades para imaginar que un niño puede cortarse al agarrar un cuchillo dejado desaprensivamente en el borde de una mesa o quemarse al tocar una plancha caliente. Tres de cada cinco de las madres entrevistadas detectaron los peligros que aparecían en las ilustraciones, pero solamente una de cada cuatro aportó soluciones.

Los padres tienden a creer que los peligros están fuera de casa, no dentro, dice Rodolfo de Castro Ribas Jr., profesor del Instituto de Psicología de la UFRJ y uno de los autores de la investigación. Sin embargo, para un niño pequeño, los riesgos de sufrir accidentes en casa son mayores que los de la violencia callejera. Ribas comenta que ni él ni sus colaboradores más cercanos en este estudio Alexander Tymchuk, de la Universidad de California con sede en Los Angeles, Estados Unidos, y Adriana Ribas, de la Universidad Estácio de Sá, de Río de Janeiro tenían idea acerca de la dimensión de la frecuencia y la gravedad de los accidentes domésticos. Hasta que las historias empezaron a surgir. Una de ellas provino de una investigadora de la propia UFRJ, que tuvo que faltar un día de prueba porque uno de sus hijos se quemó en la casa con aceite que cayó de una sartén.

De cara a las estadísticas, puede ser que las madres lo piensen dos veces antes de dejar que los hijos corran tantos riesgos al acercarse a la cocina. En todo el mundo los accidentes domésticos responden por el 40% de las muertes de niños de 1 a 14 años. En Brasil, entre 1997 y 2002 las heridas accidentales cegaron la vida de 35 mil niños brasileños de entre 1 y 14 años. Otros 30 mil eran anualmente víctimas de quemaduras ocasionadas por accidentes con alcohol líquido, hasta que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) decidió permitir únicamente la venta de alcohol en gel y los accidentes se redujeron a la mitad ya en los meses siguientes.

En ciertas ocasiones los daños pueden ser bastante graves: un 3% de las personas internadas con quemaduras en Brasil termina muriendo como consecuencia de las lesiones que el accidente provocó en el organismo. En Inglaterra también asciende al 3% el total de niños que pasaron por las guardias de los hospitales y quedaron con una alguna incapacidad física permanente. Estudios epidemiológicos no faltan, dice Ribas, pero pocos se abocan a investigar por qué realmente se producen tantos accidentes que podrían evitarse.

Mamás conscientes
Una hipótesis que el grupo pretende chequear durante las próximas investigaciones apunta que la frecuencia o la gravedad de los cortes, las caídas y las quemaduras en un espacio aparentemente tan seguro como el hogar puede estar asociada a la madurez emocional de las mamás. Cuando las madres creen que su rol es importante para sus hijos, comenta Ribas, ?tienden a buscar más información y ordenar la casa de manera tal de evitar accidentes. Según el científico, las mujeres sienten una presión social intensa que apunta a que promuevan la educación y les garanticen la salud y la seguridad a sus hijos, pero generalmente no reciben apoyo y tienen que aprender a arreglárselas solas.

Pero lo cierto es que ahora ya no están tan solas. Ribas y su equipo recomienzan este mes a circular por Río, en este caso para reunirse con docentes y padres en las escuelas. No queremos ocasionar malestares o alimentar el sentimiento de culpa de las madres, sino advertirles sobre cómo gerenciar los riesgos de accidentes en el hogar, dice. En la cuna, por ejemplo, es bueno evitar las almohadas, especialmente aquellas que son muy suaves, sobre las cuales el bebé puede sofocarse. También es bueno dejar el suelo del cuarto siempre libre de juguetes y objetos pequeños que los niños puedan tragarse. Muchos consejos son los mismos que dan las mamás a las que los hijos les dirían maniáticas: guardar bien los productos de limpieza y los remedios; mantener los fósforos y objetos contundentes en armarios o en lugares altos, y los libros u otros objetos pesados en lugares bajos; mantener a los niños fuera de la cocina cuando se está cocinando; y en el baño, nunca dejar a los chicos solos en las bañeras. Pero, como no todo el peso del mundo les compete a las mujeres, la próxima etapa de las investigaciones consistirá en entrevistar también a los padres. Y dice Ribas: Tenemos mucha curiosidad por conocer el comportamiento de los varones con relación a los peligros hogareños.

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