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Reseñas

Warchavchik, el arquitecto de la metrópolis

Warchavchik: fraturas da vanguarda | José Lira | Cosac Naify | 552 páginas, R$ 89,00

El ajuste horario de la arquitectura brasileña, a los efectos de sintonizarse con la vanguardia internacional, no ocurrió de la noche a la mañana. Tampoco fue producto de la obra y la voluntad de un arquitecto “nacional”. Pero fue en São Paulo que el inmigrante judío ruso Gregori Warchavchik (1896-1972), nascido en la cosmopolita ciudad de Odessa, revisó la formación académica que recibiera en Roma y sentó las bases de la arquitectura moderna en el país. Visibles, aunque fracturadas en razón de la aclimatación local, dichas bases sumaron un hito simbólico ampliado con la Exposição de uma casa modernista, inaugurada en marzo de 1930. Construida con la intención de alquilarla, la casa fue presentada ante el público como un homenaje de Warchavchik a la ciudad, cuyo ambiente artístico y social, en sus palabras, “le permitió realizar, en tan poco tiempo, varias construcciones dentro de la nueva orientación”.  Decorada con esculturas y cuadros de los exponentes del modernismo local e internacional, pasaron por ella más de 20 mil visitantes.  Con la exposición se cerraba, según Oswald de Andrade, el “ciclo de combate a lo antiguo, iniciado por un grupo audaz en el Teatro Municipal en febrero de 1922”.

Si el lector llegó hasta acá, debe estar preguntándose cuál es la novedad, no sobre Warchavchik, sino la novedad de esta reseña. Y tiene razón. Pues la apertura de este texto refleja lo mismo que se lee en otros artículos publicados en la gran prensa desde la presentación en abril de este año del libro de José Lira. Por eso, si usted es un lector interesado en el debate cultural, seguramente ya se encuentra a la par del tema. Pero quizá esté menos familiarizado con la marcha analítica de Fraturas da vanguarda.

La visibilidad y el prestigio conquistados por Warchavchik se deben en buena medida a lo inventivo de su producción. Pero serían impensables sin la inserción en el poderoso clan de la familia Klabin a partir de su casamiento con Mina, en 1925, dos años después de su arribo al país. Bien educada y con la experiencia de sus viajes, Mina fue mucho más que un ama de casa refinada. Sobresalió como paisajista, al proyectar los jardines que componían las casas que el marido dibujó, y por ser la primogénita de una familia de mujeres, al perder a su padre, encontró en Warchavchik el anclaje necesario como para asegurar la posesión y la ampliación de su patrimonio, amenazado por la disputa sucesoria entre las fracciones masculinas de la parentela. No solamente ella, sino también su madre y las hermanas, una de ellas, Jenny, casada con Lasar Segall. En la división del trabajo familiar le cupo al arquitecto la conducción de los negocios vinculados con el significativo patrimonio de tierras. Y si bien esto le aseguró a Warchavchik un notable capital social – signado por su rápida incorporación en los círculos ilustrados de la cuidad y por la clientela que demandaba sus servicios –, también le redituó la incómoda posición del artista de vanguardia relegado, opacado por los “cariocas” Lúcio Costa y Niemeyer, los principales responsables de la internacionalización de la arquitectura brasileña.

Presionado por las constricciones derivadas de la importancia que tomó en la vida económica de la familia, el arquitecto que protagonizó el comienzo del modernismo arquitectónico entre nosotros fue poco a poco amainando el potencial inventivo y la tensión entre la concepción audaz y las condiciones efectivas de su aplicabilidad que signaron el comienzo de su trayectoria en el país. Tal nexo explicativo es tan sólo sugerido en el libro de José Lira. Y no podría ser de otro modo, dado que el autor se aproxima a Warchavchik no con la hoja afilada del sociólogo entrenado en la correlación entre biografía, experiencia social y producción artística, sino con la lente aguzada del historiador competente y erudito para develar la trama arquitectónica en su interfaz con la historia de la cultura y de la ciudad.  En las palabras de Adrián Gorelik, autor del prólogo del libro, José Lira muestra que para “el historiador de la cultura arquitectónica, no se trata de canonizar figuras o definir el rumbo correcto de lo que fue la arquitectura moderna, sino de comprender”. El resultado es una visión renovada de la historia de la arquitectura brasileña, de Warchavchik y de la metrópolis paulista que lo recibió.

Véase también el artículo “La nueva casa del modernismo”

Heloisa Pontes es docente del Departamento de Antropología de la Unicamp e investigadora del Núcleo Pagu, también de dicha universidad

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