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Carta de la editora | 226

Aguas, tiempo y desafíos

La edición de diciembre de Pesquisa FAPESP es, en realidad, una edición doble: por un lado tenemos la revista regular, con su tapa dedicada a un tema que actualmente reviste extrema relevancia en varios ámbitos, incluso el de la investigación científica, que es la escasez del agua; por otro lado, una edición conmemorativa en homenaje a los 80 años de la USP, que se cumplieron en 2014, en la cual intentamos, crisis aparte, enfocarnos de manera global en lo más significativo de la actual producción científica de la mayor universidad brasileña y determinar las conexiones que la vinculan con los primeros años de la institución y con sus despliegues a través del tiempo. En total, se trata de 176 páginas ‒ó 184, si contamos las tapas‒ destinadas a una calma degustación de los lectores, que resultan bienvenidas al acercarnos al cambio de año, al cual vamos arribando exhaustos y esperando la calma necesaria como para reponer las energías antes de afrontar un nuevo ciclo.

En esta ocasión, voy a darme el lujo de recomendar la revista en su totalidad, en lugar de destacar algunos reportajes y explicar el porqué de ese tratamiento preferencial para determinados textos, tal como lo hago usualmente. Y la razón es, sencillamente, que necesito utilizar este espacio para contarles a todos ustedes que esta es la última “carta de la editora” que escribo en este espacio. Algo reacia, por cierto, tal como siempre nos sentimos cuando vamos a alejarnos de algún proyecto o producto al cual le dedicamos con alegría y durante años lo mejor de nuestras capacidades y habilidades, estoy dejando la revista Pesquisa FAPESP, uno de mis “hijos” dilectos, como solía denominarla en broma, cariñosamente. Por una necesidad personal, por inquietud o convicción intelectual, ahora necesito dedicarle tiempo y energía a un nuevo proyecto de periodismo/ divulgación científica, volcado a un público joven y muy amplio, en cuya concepción vengo trabajando durante los últimos cinco años. ¿Saldrá bien? No lo sé, asumo el reto, pero me empeñaré al máximo para que así sea, pues estoy convencida que, de ser exitoso, se transformará en un nuevo e importante aporte a la difusión de la ciencia y la ampliación de la cultura científica en la sociedad brasileña.

En eso se transformó Pesquisa FAPESP ‒una contribución fundamental al periodismo científico y a la divulgación científica en Brasil‒, patrocinada y entendida con visión estratégica y notable sensibilidad por esta extraordinaria institución denominada Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo. Entre el pequeño boletín de cuatro páginas con un tiraje de mil ejemplares presentado en agosto de 1995, tan sencillo que podía hacerlo sola en un par de días, y esta publicación extensa y sofisticada que exige, por un parte, excelentes científicos de todos los campos dispuestos a relatar su trabajo y, por otra, un equipo de brillantes y afanosos profesionales que la elaboran mes a mes, articulando la versión impresa, el sitio web, videos y un programa de radio, hay un hermoso recorrido, un largo viaje, a través del cual lo que puede vislumbrarse incesantemente es el vigor y la pujanza de una institución. A su tiempo, la FAPESP decidió que valía la pena dotar de nuevos términos de visibilidad a la producción científica de São Paulo y de Brasil. Y así lo hizo, delegando en profesionales la labor de indagar siempre los mejores términos y reservándose para sí el rol de supervisión de la calidad de ese producto que se tornaría parte importante de su patrimonio intelectual.

Considero que los lectores no percibirán ninguna soberbia en las palabras que le dedico a Pesquisa FAPESP, sino un justificado orgullo, aliado a un sentimiento de gratitud hacia la institución que abrió el espacio para la creación de una revista relevante y la certeza de que esta publicación posee inteligencia y vigor para llegar muy lejos. Sólo me queda darles las gracias a los lectores, a los científicos/ fuentes/ colaboradores, a mi equipo, al comité científico de la revista, a su consejo editorial, al personal de la FAPESP, a los directores y presidentes de la Fundación durante los últimos 20 años y a los miembros de su Consejo Superior. Optimista como soy, espero poder trazar un balance tan positivo como éste dentro de otros 20 años, al referirme a los desafíos que ahora tengo por delante.

¡Feliz 2015!

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