Casi un 60 % de los más de 8.000 millones de habitantes de la Terra vive actualmente en áreas urbanas. Para el año 2050, las estimaciones prevén que esa cifra podrá crecer otros 10 puntos porcentuales. Datos del más reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambios Climático (IPCC) indican que las ciudades producen alrededor del 70 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero que elevan la temperatura del planeta. Pese a su gran huella de carbono y a que son particularmente vulnerables a los efectos del calentamiento global, las ciudades también pueden erigirse como espacios claves de adaptación y mitigación de los cambios del clima. Esto lo que sostiene la economista brasileña Anacláudia Rossbach, de 54 años, quien desde agosto de 2024 es la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (UN-Habitat), con sede en Nairobi, la capital de Kenia.
Rossbach tiene más de 20 años de experiencia en el área de políticas urbanas y viviendas sociales. Graduada en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), trabajó en la alcaldía de São Paulo, en el Banco Mundial y en la Cities Alliance, una colaboración internacional entre países para ayudar a las ciudades a afrontar la pobreza urbana y para el desarrollo sostenible. Durante la 29ª Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), que tuvo lugar en noviembre en Bakú, en Azerbaiyán, el UN-Habitat presentó el “World cities report 2024”. Dicho informe reúne datos sobre resiliencia climática, sostenibilidad urbana, impactos socioeconómicos e intervenciones políticas, con informaciones nacionales y municipales procedentes de fuentes gubernamentales y académicas. En esta entrevista, concedida vía correo electrónico a Pesquisa FAPESP, Rossbach comenta algunos de los principales puntos de ese documento.
¿Las ciudades están más expuestas a los efectos de los cambios climáticos?
La concentración de gente, negocios, instituciones e infraestructura en áreas urbanas las vuelve vulnerables a los eventos climáticos extremos. Con base en un artículo publicado en la revista Environmental Research Letters en 2018, el informe del UN-Habitat consignaba que un aumento de 2 grados Celsius (°C) en la temperatura global para 2050 expondrá a 2.7000 millones de personas, en su gran mayoría habitantes de África y Asia, a riesgos climáticos moderados o altos. Según otro informe técnico de 2018, elaborado por la Red de Investigación sobre el Cambio Climático Urbano y por otras instituciones, habrá más de 800 millones de personas viviendo en 570 ciudades costeras donde el nivel del mar puede subir al menos medio metro y que se produzcan así inundaciones a mediados de este siglo. En ese mismo documento se remarca que, en la década de 2050, más de 1.600 millones de residentes urbanos estarán expuestos a temperaturas extremas de al menos 35 °C durante tres meses consecutivos. Es por ello que las ciudades deben situarse a la delantera para enfrentar el reto del cambio climático, tanto lo que atañe a la mitigación y la adaptación como en la construcción de la resiliencia. Sin bien algunos acuerdos internacionales sobre cambios climáticos reflejan los compromisos nacionales, tales como el de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas [ODS], todas las decisiones requieren una implementación local. Pero las ciudades no tienen que obrar solas. Los gobiernos locales han de contar con el apoyo de una red de actores que operen a diferentes escalas.
Las áreas urbanas tienen el potencial de ser más eficientes desde el punto de vista de las emisiones de carbono
Mientras que las ciudades representan un riesgo, también puede vérselas como una solución con relación a los cambios del clima. ¿Podría explicar esta aparente contradicción?
Hasta hace poco tiempo, se tenía a las ciudades como parte del problema, debido a su expansión desordenada, a los asentamientos informales y una inacción climática. Este discurso ha ido cambiando paulatinamente. Por más que las ciudades todavía emitan muchos gases contaminantes, datos del informe muestran que las emisiones per cápita a nivel urbano son a menudo menores que la media per cápita nacional, particularmente en contextos con una buena planificación e igualmente buena gestión. Esto significa que las áreas urbanas tienen el potencial como para ser más eficientes desde el punto de vista de la emisión de carbono. El problema radica en que, en el ámbito global, las áreas verdes redujeron su participación en el espacio urbano del 19,5 % en 1990 al 13,9 % en 2020. De acuerdo con un estudio de 2020 publicado en la revista International Journal of Digital Earth, solamente algunas grandes ciudades, especialmente de América del Norte y de Europa, han venido logrando revertir esta retracción de las áreas verdes urbanas. Esto indica que, con políticas de regulación y planificación adecuadas, las áreas urbanas pueden cumplir un rol significativo en la regeneración del planeta. Las ciudades pueden implementar políticas exclusivamente urbanas para disminuir las emisiones; operar como centros de innovación y defensa contra los cambios climáticos. Es posible pensar en medidas de urbanización que benefician al planeta y no al contrario, tales como redes de transporte más eficientes, conservación o restauración de ecosistemas y construcciones urbanas más inteligentes y adaptadas al clima, como así también medidas que incentiven el reciclado de diferentes materiales.
¿Qué otros sectores pueden hacer su aporte a la mitigación de los gases que causan el calentamiento del planeta?
La transición energética es actualmente una historia de éxito global y nacional en la mitigación de los cambios climáticos. En 2023, por primera vez, las energías renovables –tales como la solar, la eólica, la hídrica y otras– fueron responsables del 30 % de la producción de electricidad en el mundo. Así y todo, aún han de implementarse diversas medidas por el lado de la demanda y la oferta con miras a alcanzar las metas de neutralidad de carbono de las ciudades y de los gobiernos nacionales: una mayor eficiencia energética en la construcción y operación de edificios, estímulos a un tipo de movilidad que favorezca el caminar, el uso de bicicletas y del transporte público y la adopción de vehículos eléctricos, por ejemplo. También es necesario que se propague una economía circular, que favorezca el retorno, la reutilización y el reciclado de diversos materiales, y que incluya a los recicladores de residuos. En el informe, citamos el ejemplo de Belo Horizonte. El estado de Minas Gerais cuenta con una ley de 2011 que instituyó el programa Bolsa Reciclado, que ofrece un incentivo económico a las cooperativas de recicladores.
¿Qué medias de adaptación a los cambios climáticos deberían priorizar las ciudades?
Remarco la necesidad de generar resiliencia. En el UN-Habitat, estamos acostumbrados a trabajar con asentamientos informales y locales de alta vulnerabilidad social para generar resiliencia climática mediante la adaptación. Es necesario contar con infraestructuras urbanas resilientes al clima, con especial atención a la oferta de servicios básicos tales como agua y saneamiento; esto constituye una prioridad. Al mismo tiempo, las ciudades deben estimular el empleo de soluciones basadas en la naturaleza y alinear las agendas de los cambios climáticos y la preservación de la biodiversidad. Estas medidas pueden producir respuestas relativamente económicas a los cambios climáticos, particularmente cuando se las aúna a la seguridad alimentaria y a las oportunidades de subsistencia destinadas a la población más vulnerable. Otro aspecto que debe tenerse en cuenta apunta a que los proyectos con la mira puesta en la resiliencia y el sostén de los medios de vida de la población pueden incluir medidas de reasentamiento urbano, como en los casos de las inundaciones causadas por la elevación del agua del mar. Esto se concretó en el archipiélago de Fiyi, en Oceanía, que tuvo que reubicar a familias que vivían en la bahía de Natewa en una localidad situada más en el interior de una de las islas a partir de 2009. Pero no se los consultó adecuadamente a los habitantes durante la elaboración técnica del proyecto. Este es un claro ejemplo de la manera en que los reasentamientos constituyen todo un reto, aun cuando en muchos casos son necesarios.

Emanuele Cremaschi/Getty ImagesLas áreas verdes urbanas crecen únicamente en algunas grandes ciudades de Estados Unidos y de Europa, como Milán, en ItaliaEmanuele Cremaschi/Getty Images
¿Los riesgos asociados a los cambios climáticos son mayores en las ciudades costeras o en las del interior?
Los resultados del informe sugieren que casi ningún residente urbano permanecerá indemne ante los cambios climáticos. Es importante subrayar que las ciudades del interior también están expuestas a inundaciones causadas por las lluvias debido al drenaje inadecuado y al aumento de la cobertura de hormigón, asfalto y otros materiales que impiden la infiltración de agua. Otros impactos de los cambios climáticos específicos del contexto urbano comprenden la formación de islas de calor, un fenómeno climático caracterizado por el aumento de la temperatura en las ciudades en comparación con las zonas rurales. Así como sucede en los casos de elevación del nivel del mar y en las inundaciones costeras, la gente más pobre y vulnerable tiende a quedar desproporcionalmente expuesta a situaciones de calor extremo.
El informe también advierte que es necesario ir más allá de sencillamente medir la exposición al riesgo: es importante investigar las vulnerabilidades en el ámbito local también. ¿De qué manera deben converger esas dos variables en un plan de acción climática adecuado?
Es importante entender la exposición al riesgo, en particular al aumento del nivel del mar, el calor, las sequías y las inundaciones. Pero entender de qué manera ciertos grupos específicos se ven afectados constituye el primer paso hacia la acción climática. Una familia con una vivienda resistente es menos vulnerable que una con una casa ubicada en un asentamiento informal. Las personas con movilidad reducida o sin movilidad son más vulnerables que las que pueden moverse con facilidad hacia fuera de las áreas de riesgo. La topografía, la infraestructura y los servicios a disposición de las comunidades marcan la diferencia. Quienes se encuentran más vulnerables a los cimbronazos económicos –a menudo lo están las mujeres, las niñas y los ancianos– también son más vulnerables a los cambios climáticos. Es necesario brindar apoyo específico para construir resiliencia y para proteger a estos grupos.
La comprensión de cómo se ven afectados grupos específicos constituye el primer paso hacia la acción climática
¿Los planes de acción climática mal elaborados pueden agravar las desigualdades?
Pese a las buenas intenciones de ciertas acciones de adaptación y mitigación climática, vimos que las intervenciones pueden generar nuevas vulnerabilidades y exacerbar inadvertidamente las desigualdades sociales cuando no se las planifica ni se las ejecuta en forma inclusiva, particularmente cuando se orientan hacia los habitantes urbanos más pobres, los pueblos indígenas y las comunidades migrantes. En el informe pusimos de relieve resultados indeseables de medidas de mitigación de las inundaciones en ciudades de diversas áreas del mundo, que resultaron en la gentrificación de ciertas regiones y en una mala adaptación. Ese fue el caso, por ejemplo, del proyecto Big U, en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, que aspiraba a crear un anillo de parques contra las inundaciones en el perímetro situado al sur de la isla después del paso del huracán Sandy, en 2012. En el proyecto original se los consultó los habitantes, pero se lo alteró en 2018 en forma arbitraria. Las ciudades solo son efectivamente resilientes en la medida en que sus habitantes más vulnerables también lo son.
¿Podría dar ejemplos y apuntar de qué manera pueden perfeccionarse las políticas públicas a los efectos de evitar el aumento de las desigualdades?
Deben ser inclusivas y reconocer el aporte de la gobernanza informal y de las perspectivas de las comunidades con experiencias locales sobre los riesgos de los cambios climáticos. También es de suma importancia contar con sistemas robustos de datos para informar acerca de la toma de decisiones con base en evidencias. Los gobiernos municipales deben invertir en la medición y el monitoreo de los impactos de la inclusión y de la equidad de las acciones climáticas. Los datos separados por barrios, ingresos, género y otros indicadores deben informar a los tomadores de decisiones si sus políticas están bien proyectadas y si los impactos de las acciones se distribuyen de manera equitativa.
Esta entrevista forma parte de la Climate Change Media Partnership 2024, una beca de periodismo organizada por la Earth Journalism Network, de Internews, y por el Stanley Center for Peace and Security.
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