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Mar

Anzuelos selectivos

Un estudio expone que la pesca nacional puede crecer solamente en el plano cualitativo, pero no en cantidad

Con un litoral marítimo que se extiende por poco más de 3 mil kilómetros, Perú captura anualmente alrededor de 8 millones de toneladas de pescado marino, 16 veces más de lo que oficialmente captura Brasil, dueño de una línea costera tres veces más larga. ¿Por qué nuestro país no logra sobrepasar la cifra de 500 mil toneladas anuales de peces, crustáceos y moluscos de agua salada ¿Faltaría apoyo para esa actividad económica? ¿Sería ineficiente la industria pesquera nacional? ¿O los brasileños no serían mayormente muy afectos a arrojar redes y anzuelos al océano? Según un informe final recientemente publicado, de un megaestudio patrocinado por el gobierno federal sobre el potencial pesquero en la costa brasileña, la explicación básica para la aparente timidez del sector no se debe a ninguna de las hipótesis anteriores. En relación con las grandes naciones pesqueras como Perú y China, situadas en zonas de mar frío y rico en nutrientes, aquí se extrae poca cantidad de peces del mar simplemente porca existen pocos peces en la fracción tropical del Atlántico que baña el litoral nacional. Nuestras aguas son cálidas en la mayor parte de la costa y pobres en alimento para los peces, afirma Carmen Wongtschowski, del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO/USP), quien participó de la elaboración del informe final. Son condiciones desfavorables para la concentración de grandes cardúmenes. En la mayor parte de la costa, la temperatura media anual de las aguas superficiales sobrepasa los 20 ºC, generando un ambiente inhóspito para la convergencia de grandes concentraciones de vida marina (ver el mapa en la página siguiente). No hay por lo tanto, forma de duplicar o triplicar el volumen de peces marinos capturados como preveían algunas suposiciones del pasado.

Esa constatación no es novedad para los expertos, que, al contrario de los legos en el tema, no asocian la gran extensión del litoral marítimo brasileño con la abundancia de seres vivos que pueblan sus aguas. El informe es una síntesis de una década de trabajos multidisciplinarios hechos por más de 300 investigadores de 60 instituciones y universidades nacionales para el programa de Evaluación del Potencial Sustentable de Recursos Vivos en la Zona Económica Exclusiva, el Revizee, iniciativa en la cual se invirtieron R$ 32 millones. El mérito de Revizee es proveer una radiografía actualizada del status de las principales especies de importancia comercial para la pesca marina en Brasil. Ese sector emplea cerca de 800 mil personas y moviliza casi 60 mil embarcaciones en el país, la mitad de ellas de carácter artesanal, como las que aparecen en la foto de apertura de este reportaje, tomada del recientemente publicado libro: Mar de homens (editora Terra Virgem, 180 páginas), del fotógrafo Roberto Linsker. Poseemos recursos marinos valiosos pero escasos, afirma el oceanógrafo Agnaldo Silva Martins, de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes), quien integro el grupo de investigadores que estudió la región comprendida entre el cabo de São Tomé, en el norte de Río de Janeiro, y la ciudad de Salvador. Necesitamos disciplinar mejor el acceso a ellos.

En el transcurso de una década, los investigadores de Revizee llevaron adelante varios estudios de norte a sur del país, y participaron de capturas experimentales, la mayoría en aguas profundas, centenas de metros debajo de la superficie del océano, a veces lejos de la costa y de la plataforma continental, para intentar determinar el eventual potencial pesquero de nuevas y antiguas especies marinas. De paso, durante el programa, los investigadores descubrieron seis nuevas especies de peces y 55 de bentos (seres que viven en el fondo del mar) en el litoral brasileño.

En vigor desde 1994, la Zona Económica Exclusiva (ZEE), es un concepto internacional que reglamenta la utilización de los recursos oceánicos en una franja que se inicia donde acaba el mar territorial de un país a 12 millas náuticas de la costa (22 kilómetros) y se extiende por más  de 188 millas náuticas (cerca de 350 kilómetros) mar adentro. En Brasil, la ZEE comprende 3,5 millones de kilómetros cuadrados.

Para la mayoría de las especies con valor económico, sobre todo las que habitan en las cercanías de la costa, no hay manera de aumentar de forma responsable a la cantidad de ejemplares capturados hasta hoy en el Atlántico, según los resultados finales de Revizee. Ya se está al límite de la explotación o la misma ya se excedió, y el tamaño de sus poblaciones se redujo considerablemente. Esto no quiere decir que no pueda haber pequeños y puntuales incrementos en la captura de determinados peces, en especial., de aquellos que viven en aguas profundas, y de los llamados camarones y cangrejos de profundidad, aún no estudiados en plenitud. Puede ocurrir que se gane más en calidad que en cantidad si adoptáramos una gestión más eficiente en la pesca nacional, afirma el biólogo Silvio Jablonski, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), uno de los autores del informe final.

Tan sólo una especie, hasta ahora prácticamente no explotada comercialmente en aguas brasileñas, puede representar un aumento nada despreciable del volumen de peces capturados en el mar: la anchoita. La demás, no alterarían sustancialmente las estadísticas pesqueras nacionales, aunque algunas, a pesar de su existencia reducida, tienen excelente valor  comercial. Emparentado con la sardina, con tamaños en su fase adulta que varían entre 4 y 17 centímetros, la Engraulis anchoita, nombre científico de la especie,  representa un potencial estimado de captura sustentada, sin colocar en riesgo el stock de este recurso, del orden de las 100 mil toneladas anuales, en particular en el sur del país y en menor escala en el sudeste. Estos peces acostumbran habitar en la plataforma continental, que puede describirse como una planicie sumergida con un ángulo de inclinación  de 5 grados y un máximo de 200 metros de profundidad. Sin embargo existen limitaciones para la exploración de ese recurso. La anchoita, que puede ser utilizada como carnada para atrapar otros peces o procesada parta convertirse en alimento, es de difícil conservación a bordo de los navíos y no hay gran demanda de mercado para ese producto.

Otro recurso que igualmente puede ser objeto de algún incremento en la captura es el calamar argentino (Illex argentinus), un molusco que, como su nombre lo indica, habita con preferencia en las aguas heladas de la región patagónica, en profundidades superiores a 100 metros, pero que puede ser hallado en la región meridional de Brasil en invierno, cuando la temperatura del mar en Río Grande do Sul y en Santa Catarina se torna más baja. El calamar argentino es un recurso compartido que pasa la mayor parte del año en Argentina y migra eventualmente hacia acá, explica Carmen. Su explotación comercial, que ya comenzaron a realizarla algunos buques, debe ser muy cuidadosa porque la cantidad de ejemplares de esa especie varía mucho de año a año en las aguas nacionales.

Uno de los temores de los investigadores es que la explotación del calamar argentino se intensifique y repita la historia del pejesapo (Lophius gastrophysus), una especie de aguas profundas que comenzó a ser capturada por grandes buques hace cerca de cinco años, cuando el Revizee estaba en medio de sus trabajos, y ahora parece que ya se encuentra con sus existencias bastante comprometidas. Un caso clásico de recurso que fue explotado más allá de la cuenta es el de la sardina verdadera  (Sardinella brasiliensis). En el tiempo de auge de su captura en la costa del sudeste, durante los años 1970, estos peces  llegaron a proveer alrededor de 200 mil toneladas anuales. Ese número cayó a menos de 20 mil en 2001, y al poco tiempo, parece volver a crecer. En 2004 fueron capturadas 40 mil toneladas, según los datos oficiales, pero aún no puede decirse que el stock de estos peces se haya recompuesto. Igualmente en las zonas con aguas bastante cálidas existen nichos específicos que, si son explotados con criterio y cuidadosamente, pueden rendir algunos dividendos a la pesca nacional. En el nordeste, peces como el guarajuba o jurel (Carangoides bartholomei), la sapuruna (Haemulon aurolineatum) y el saramunete (Pseudupeneus maculatus), este último muy apreciado en Francia donde es denominado rouget, se encuadran en esa situación. Los científicos, sin embargo, advierten que el status de pesca en la región debe mantenerse básicamente en estado artesanal, sin la apertura del mar nordestito a embarcaciones de gran porte que  capturan diversas especies en cada salida al mar La pesca aquí debe continuar siendo artesanal, no porque sea más atrasada de la que por ejemplo se practica en el sur y sudeste del país, explica la oceanógrafa Rosangela Lessa, de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE). Es porque la cantidad de recursos no es proclive a la pesca industrial. Existe gran diversidad de especies en el mar del nordeste, pero la presencia de cardúmenes de tamaño significativo es rara. Por ello, para conservar la biodiversidad local, y, al mismo tiempo no poner en peligro las pequeñas existencias de cada especie, las capturas marinas, según Rosangela, deben permanecer en los patrones actuales de explotación.

En el norte también existen oportunidades sectorizadas para invertir en peces y crustáceos hasta ahora sub-explotados. La captura comercial de especies costeras más tradicionales, como el besugo, el sierra y la pescada amarilla, se encuentra en su límite máximo, afirma la ingeniera de pesca Flavia Lucena, de la Universidad Federal de Pará (UFPA). En los sondeos realizados por el equipo de Revizee, los recursos que, en teoría, podrían ser blanco de algún incremento de pesca serían el camarón carabinero (Aristeopsis edwardsiana) y el camarón listado (Aristeus antillensis). Ambas especies, que ya son blancos de pesca en el sudeste y en el sur, habitan en áreas muy localizadas, a profundidades entre 700 y 800 metros. Otro recurso que llamó la atención fue la presencia en grandes cantidades del camurím de ojos verdes (Parasudis truculenta) en el litoral de Amapá, a profundidades entre 350 y 700 metros. El problema es que aún no sabemos exactamente cuanto se podría capturar de esas especies sin poner en riesgo sus poblaciones, pondera Flavia.

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