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Memoria

Así en la tierra como en el cielo

El calendario y las fechas religiosas cristianas se calcula con base en la astronomía

Dos de las principales fiestas religiosas brasileñas tendrán lugar este año en la misma fecha que la mayor fiesta pagana del país. Los homenajes a Yemanyá, adorada por los allegados al candomblé y la umbanda, y la procesión de Nuestra Señora de los Navegantes, tradición secular católica, coincidirán con el comienzo del Carnaval, el día 2 de febrero. La yuxtaposición de fechas es considerada indeseable por todos, pero no hay nada que hacer. Las fechas religiosas cristianas se crearon en el pasado para su celebración cerca del equinoccio de primavera del hemisferio Norte. Por ende, es por medio de una ciencia, la astronomía, que se calculan los días de esos eventos, aunque la determinación para que así fuese haya ocurrido el año 325 d.C., durante el Concilio de Nicea en Turquía, la primera reunión ecuménica del cristianismo.

La fecha de la Pascua se definió en el concilio como el primer domingo después de la primera Luna llena que tiene lugar después o durante el equinoccio de la primavera boreal, el 21 de marzo. El equinoccio tiene lugar cuando el Sol incide directamente sobre el ecuador iluminando simétricamente los hemisferios Norte y Sur equinoccio de primavera para el hemisferio que va del invierno al verano y equinoccio de otoño para el hemisferio que va del verano para el inverno. Por una serie de motivos definidos en el concilio, no siempre la fecha de la Pascua coincide exactamente con la que sería obtenida si la definición siguiese criterios puramente astronómicos. Por eso, el día de 21 de marzo establecido en Nicea es llamado como Equinoccio de la Primavera Eclesiástica.

Desde el concilio ecuménico del 325 hasta 1582, cuando el papa era Gregorio XIII, pasaron 1.257 años. El problema es que cada 125 años, por razones astronómicas, la primavera real comenzaba un día antes del día definido por la Iglesia. Tal discrepancia entre el equinoccio real y el eclesiástico llevó a un retraso de cerca de diez días en 1.257 años. Matemáticos y astrónomos ya venían pidiendo la corrección del calendario juliano, en ese entonces en vigor. Hasta que en 1563 el Concilio de Trento, Italia, determinó la reforma del calendario, llevada a cabo por Gregorio XIII, ungido en 1572. Además de las razones prácticas, había una importante motivación religiosa.

Entre el miércoles de Ceniza y la Pascua era prohibido comer carne, acto considerado herético por la Iglesia Católica de la época. Como la Pascua era definida por el Equinoccio de la Primavera Eclesiástico, que no siempre era en la misma fecha del equinoccio real astronómico, los católicos podrían haber comido carne cuando no deberían, explica Roberto Dias da Costa, investigador del Instituto de Astronomía, Geofísica y ciencias Atmosféricas de la Universidad de São Paulo (IAG/USP). Fue para evitar pecados futuros que la Iglesia reformuló el calendario entonces vigente y estableció una distancia segura entre los dos eventos. Se definió así que el domingo de Carnaval caería siempre el séptimo domingo que antecede al domingo de Pascua.

La reforma de lo que quedó conocido como calendario gregoriano se hizo bajo la supervisión del astrónomo Luigi Lilio, de su hermano Antonio y del matemático alemán Christoph Clavius. Cuando entró en vigor, el nuevo calendario suprimió diez días del mes de octubre de 1582. Al día 4 le siguió el día 15 para hacer recoincidir el equinoccio de primavera con el día 21 de marzo. En el calendario juliano, introducido en el 45 a.C. por el emperador romano Julio Cesar, ya había sido instituida la inclusión de un día adicional cada cuatro años el año bisiesto para que la duración media del año fuese de 365,25 días, más cerca de la duración verdadera del año solar. El calendario gregoriano define la duración media del año en 365,2425 días, aún más cerca del año trópico de 365,242199 días (o 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,967 segundos).

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