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DIFUSIÓN

Ciencia en viñetas

Las historietas cobran relieve en la divulgación de investigaciones

La temática de la biología se torna recurrente en las viñetas de Níquel Náusea, del humorista gráfico Fernando Gonsales

Reproducción

En el mes de marzo, la ilustradora estadounidense Karen Romano Young, munida de bolígrafos y gouaches, embarcó en el buque oceanográfico Laurence M. Gould rumbo a la Antártida. En uno de los laboratorios de la embarcación, bosquejó la tira de historietas Antartic Log, una producción que acompaña a una expedición científica que realizan los científicos del Laboratorio Oceanográfico Bigelow, de Estados Unidos. La expedición contó con el apoyo de la National Science Foundation (NSF), la principal agencia de fomento a la investigación básica de ese país, que dispone de una línea de financiación para patrocinar la ida de escritores, fotógrafos y artistas plásticos a aquel continente. La meta consiste en promover la difusión de los proyectos realizados en el marco del Programa Antártico de Estados Unidos. Durante dos meses, Romano Young trabajó rodeada por los científicos residentes en la Estación Palmer. La rutina de ellos quedó registrada en una especie de cuaderno de bitácora ilustrado, que revela lo que ocurre tras bambalinas en un estudio sobre las comunidades microbianas halladas en aguas frías.

Una de las viñetas de la serie explica el funcionamiento de un dispositivo que se utiliza para bombear agua de mar y analizar muestras de fitoplancton y de bacterias. Otra, aborda las consecuencias de los cambios climáticos desde la perspectiva de los elefantes marinos. “El lenguaje de las historietas posibilita una comprensión más rápida de los temas científicos al incorporar recursos visuales y no solo de texto, obteniéndose un contenido más atractivo”, dice Romano Young, que es autora de libros infantojuveniles. La falta de formación científica no fue un obstáculo para la artista. Siempre había algún investigador cerca para consultarle dudas o invitarla a participar de colectas en campo, disecciones de peces y observaciones en el microscopio. Antartic Log se encuentra a disposición en internet y los docentes recurren a ella en el salón de clases.

Al incorporar imagen y texto en forma sintética y abarcadora, el lenguaje de los cómics se viene utilizando con frecuencia para traducir resultados de investigaciones científicas complejas para el público lego y para los jóvenes en particular. El Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés) –que ayuda a grupos de investigación de excelencia e invierte el 17% de los 77 mil millones de euros del presupuesto de Horizonte 2020, el principal programa científico de la Unión Europea– también cuenta con una línea específica para patrocinar la producción de historietas científicas. Se trata del programa ERCcOMICS, que financia historietas online (webcómics) inspirados en proyectos realizados en el ámbito del ERC. Uno de ellos  es Brain Trippers, que narra las peripecias de unos pequeños alienígenas que arriban a la Tierra e invaden un cerebro con la misión de entender cómo funciona la mente humana.

El creador de ese cómic es Clayton Junior, un ilustrador brasileño radicado desde hace más de 10 años en la ciudad de Londres, en el Reino Unido. Luego de que resultara elegido por medio de un concurso del ERCcOMICS, él trabajó en colaboración con el físico Mickaël Tanter, investigador del Instituto Langevin, en Francia, responsable del desarrollo de una técnica de neuroimagen que se basa en ultrasonido. “Para poder generar el guión y los dibujos, tuve que estudiar en profundidad el trabajo coordinado por Tanter”, relata Junior, quien consultó libros de neurociencia e intercambió correos electrónicos semanales con el científico. El brasileño también visitó el lugar de trabajo de Tanter en París. “Ahí aprendí que los laboratorios pueden llegar a ser una buena fuente de inspiración para los artistas”, dice Junior.

En Brasil están empezando a surgir iniciativas similares. En el mes de mayo, el Centro de Investigación, Innovación y Difusión en Neuromatemática (NeuroMat), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) patrocinados por la FAPESP, lanzó Os Braçoz de Nildo e Rony, una historieta que está dirigida a pacientes con lesión traumática del plexo braquial, que es un conjunto de nervios responsables de la comunicación entre el cerebro y los miembros superiores. La trama relata el encuentro de un recadero, Nildo, quien sufre un accidente con su moto, y un médico, Rony, que fue herido de un tiro en un asalto a mano armada. Ambos sufren lesiones en el plexo braquial y pierden parcialmente el movimiento de los brazos. “El objetivo es informar a pacientes y familiares acerca de esa afección, que deja secuelas incluso después de una cirugía”, explica el matemático Antonio Galves, coordinador del NeuroMat y guionista de la historieta. “Estudiamos esa enfermedad porque la misma es un buen modelo para investigar la plasticidad del cerebro”.

Se imprimió un tiraje de mil ejemplares, que serán distribuidos en centros de salud y en los gremios de recaderos, dado que el 80% de esos tipos de lesiones se producen como consecuencia de accidentes en moto. “Podríamos haber hecho un folleto informativo en lugar de una historieta, pero sería una forma aburrida y fría de abordar un drama humano semejante”, dice Galves. “Los cómics generan empatía entre los lectores y los personajes, a los que no se los presentó como unos pobres infelices o discapacitados, sino como a verdaderos héroes”. Puesto que se habla de héroes, los dibujos del ilustrador João Magara se inspiran en el universo de Gotham City, la ciudad ficticia eternizada en las historietas de Batman como un sitio peligroso y atestado de rascacielos.

Las revistas científicas famosas también recurren a los cómics. En 2015, la revista Science publicó en el formato de historieta una guía en conmemoración del centenario de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein (1879-1955). Ese mismo año, Nature lanzó Fragile Framework, una historieta que informa sobre los esfuerzos que se vienen realizando en las últimas décadas para lograr un tratado internacional del clima. “La ciencia apela a los recursos visuales para que el público pueda entenderla mejor”, dice el matemático y humorista gráfico Nick Sousanis, autor de Fragile Framework e investigador de la Universidad Estadual de San Francisco, en Estados Unidos. En 2014, Sousanis presentó una tesis doctoral en formato de historieta en la Universidad Columbia, en Nueva York. Con posterioridad, ese trabajo, intitulado Unflattening, se publicó como una novela gráfica que en Brasil fue denominada Desaplanar. La obra analiza la divergencia entre la expresión verbal y la visual, y pone en tela de juicio la preponderancia de la palabra escrita para la construcción del pensamiento. “La fusión del texto con las imágenes debe tomarse como un modo de aprender legítimo y valioso”, sostiene Sousanis.

Las primeras historietas aparecieron a finales del siglo XIX y, desde ese entonces, se hicieron conocidas porque abrevan en el humor, la ficción científica o por ensalzar los poderes de los superhéroes. La conexión entre los cómics y la ciencia se intensificó luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Hasta comienzos de los años 1950, las historietas estaban vistas por muchos educadores y religiosos como una mala influencia para los niños y jóvenes. Para cambiar esa percepción, algunas editoriales empezaron a publicar fascículos ilustrados de ciencia y adaptaciones de historietas clásicas. Uno de los pioneros fue el neoyorquino Max Gaines (1894-1947), que en 1944 fundó Educational Comics para publicar historietas con contenido científico. “Proyectos como ese sirvieron para que se reconociera el potencial didáctico de este tipo de publicaciones”, dice Waldomiro de Castro Santos Vergueiro, investigador del Observatorio de Historietas de la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP).

Las historietas pueden estimular el aprendizaje y aumentar el interés de los lectores. A eso apuesta la química e ilustradora Adriana Yumi Iwata, doctoranda en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), quien realiza talleres de historietas sobre química para alumnos de enseñanza media de colegios públicos y privados de São Carlos, en el interior paulista. “Los alumnos no necesitan saber dibujar. La calidad del trazo no importa, pero sí la forma en que trabajan con el guión empleando los conceptos de química aprendidos en la escuela”, dice Iwata, autora de la historieta de química Sigma Pi, elaborada siguiendo el estilo manga, una técnica de cómics japonesa. Ella también es la productora de otra historieta: Histórias de Vidro em Quadrinhos, como una de las estrategias de divulgación científica del Centro de Investigación, Educación e Innovación en Vidrios (CeRTEV), otro Cepid de la FAPESP.

Con todo, los expertos sostienen que las historietas no deben tomarse solamente como un truco para despertar el interés de niños y jóvenes hacia el universo de la ciencia. Los personajes antropomórficos y las metáforas visuales también tienen el poder de conquistar a un público más amplio. “El verdadero valor de las historietas radica en que pueden atrapar a los lectores que son menos propensos a buscar otras formas de comunicación científica”, escribió el neurocientífico Matteo Farinella, investigador de la Universidad Columbia, en un artículo que publicó en junio en la revista American Scientist.

“Si bien es difícil estipular la influencia que ejercen los cómics sobre la población, mi experiencia sugiere que las historietas de ciencia pueden llegar a provocar en el público en general, resultados didácticos similares a los que pueden obtenerse en el salón de clases”, dijo Farinella en una entrevista que le concediera a Pesquisa FAPESP. Aparte de investigador, Farinella es ilustrador y coautor de Neurocomic, una novela gráfica que explica los principales mecanismos del funcionamiento del cerebro que acaba de lanzarse en Brasil. La obra abunda en metáforas visuales: en una de sus páginas, el cerebro se convierte en una central telefónica que recibe llamadas de varias partes del cuerpo. “El reto consiste en intercambiar palabras por ilustraciones. Siempre que se puede, prefiero mostrar en lugar de describir las cosas con palabras”.

La elaboración de historietas de temas científicos no es una tarea trivial. Cuando el tema es muy específico, como en el caso de la física cuántica, por ejemplo, se corren muchos riesgos de incurrir en “chistes propios”, aquellos que sólo comprenden los adeptos al tema. Pero hay historietas cuya propuesta se basa justamente en que está dirigida a un público más acotado. Las tiras de PhD Comics, una historieta creada en 1997 por el ingeniero y humorista gráfico Jorge Cham, investigador del Instituto de Tecnología de California, está dirigida a un público familiarizado con las peripecias de la vida académica, tales como los desafíos que implica la publicación de un artículo científico, la compleja relación entre alumnos y supervisores y la búsqueda perpetua de comida gratuita en los congresos. El reto cambia cuando la finalidad reside en llegar a un público sin formación científica. El humorista gráfico Fernando Gonsales, autor del personaje Níquel Náusea, eventualmente aborda la evolución biológica y genética en sus viñetas, al aludir sarcásticamente a temas tales como el creacionismo. “Intento apelar al conocimiento científico para elaborar algún chiste. En mi caso, la ciencia es otra fuente de inspiración, toda vez que mi objetivo no es la difusión de la ciencia”, dice Gonsales, quien es biólogo y médico veterinario.

Para el ilustrador Marco Merlin, autor de Cientirinhas, que publica desde 2016 en el sitio web del pódcast Dragões de Garagem, el humor puede servir como puerta de entrada para interesar al lector en temas científicos serios. Aunque se respete la rigurosidad científica, él dice que no siempre se pueden evitar algunas “licencias poéticas”, algo que podría no ser del agrado de lectores más exigentes. “En cierta ocasión, elaboré una tira bromeando acerca de que la mayor pesadilla de los monos capuchinos [en portugués, macacos-prego, que significa monos clavos] son los tiburones martillo. Un lector se quejó de que el dibujo no era fiel al animal verdadero”, relata Merlin.

Mateo Farinella, de la Universidad Columbia, sostiene que los prejuicios con respecto al humor dentro de la comunidad científica aún representan un escollo para el surgimiento de nuevas historietas de ciencia. “Incluso se piensa que los cómics solamente son una herramienta para que la ciencia se torne más divertida y accesible para los niños”, dice. En su opinión, el lenguaje puede emplearse para referirse a temas complejos sin llegar a promover síntesis triviales. “Sueño con llegar a ver humoristas científicos profesionales, versados en el tema y capaces de reinterpretarlo de manera singular. Ya hay algunos que logran hacer eso, pero son excepciones”, dice Farinella, quien creó un sitio web para monitorear la producción de historietas científicas en todo el mundo denominado Cartoon Science, que es una especie de repositorio que contiene alrededor de 85 historietas de ciencia.

Pero, ¿qué es lo que deben saber los interesados en crear historietas antes de empezar? La bióloga Carly Melissa Tribull, investigadora de la Universidad de Houston, en Texas, Estados Unidos, publicó en septiembre de 2017 en la revista Annals of the Entomological Society of America una guía con recomendaciones para aquellos científicos que deseen generar sus propias historietas. “La calidad que diferencia a los libros o artículos de las historietas reside en que estas dependen de un orden específico de imágenes para relatar una historia. El primer paso para dibujar una historieta consiste en saber qué informaciones serán presentadas”, sugiere Tribull. La autora también recomienda la contratación de ilustradores profesionales cuando los científicos no supieran dibujar, aunque eso no constituya una exigencia. “No se necesitan dibujos excepcionales para que una historieta de comunicación científica sea exitosa. En internet pueden encontrarse cómics completamente ilustrados con muñequitos y dibujos sencillos”, señala.

Historietas científicas en Brasil
os cómics sobre temas científicos circulan en el país desde el final de la década de 1940

Ciência em Quadrinhos
Publicada entre 1953 y 1958 por la extinta editorial Brasil-América (Ebal), explicaba conceptos de física, tales como la electricidad y la energía nuclear, además de otros temas, como por ejemplo la historia de la civilización y el mundo animal.

Ciência Popular
Una revista que circuló entre 1948 y 1960. Publicaba artículos, noticias, textos ilustrados e historietas, algunas de ellas adaptadas de publicaciones estadounidenses. La energía nuclear era un tema recurrente.

Os Cientistas
La tira, que comenzó a publicarse en 1994 en el periódico Correio Popular, de Campinas, retrata al universo de la ciencia y el ámbito académico en tono humorístico y crítico. En la actualidad, las viñetas pueden leerse en la revista electrónica ComCiência.

Um Sábado Qualquer
A partir de 2009, las viñetas de Carlos Ruas abordan con humor temas científicos. Los personajes recurrentes son Dios, Albert Einstein y Charles Darwin.

Humorcomciencia.com
La temática de los cómics alude al entorno de los alumnos de la enseñanza media.

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