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museos itinerantes

Ciencia sobre ruedas

Una guía mapea 32 museos científicos itinerantes en Brasil

Museo Itinerante Punto UFMG: dentro del semirremolque hay módulos sobre los sentidos humanos...

LÉO RAMOSMuseo Itinerante Punto UFMG: dentro del semirremolque hay módulos sobre los sentidos humanos…LÉO RAMOS

La carga transportada por el chofer Daniel Batista da Silva es diferente a todo lo que él ya cargó en 25 años de oficio. “Llevo un museo de ciencia”, dijo, apuntando hacia el semirremolque estacionado en una gran área a cielo abierto. Sobre las ruedas del camión funciona la Caravana de la Ciencia, un museo itinerante creado en 2007 por la Fundación Centro de Ciencias y Educación Superior a Distancia del Estado de Río de Janeiro (Cecierj), que entre los días 12 y 18 de julio fue una de las atracciones de la 67ª Reunión Anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), realizada en el campus de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar). Esta iniciativa es uno de los 32 museos científicos móviles existentes en Brasil, que promueven actividades en pueblos y municipios alejados de los grandes centros urbanos. Y que aparecen listados en la recién lanzada guía intitulada Centros e museus de ciência de Brasil 2015, publicada por la Asociación Brasileña de Centros y Museos de Ciencia (ABCMC), por la Casa de la Ciencia de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y por el Museo de la Vida de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz). La edición anterior de dicha guía, divulgada en 2009, había registrado tan sólo 20 proyectos de este tipo en el país. “Los museos itinerantes tienen la capacidad de irradiar archivos y exposiciones científicas, fundamentalmente para poblaciones sin acceso a equipamientos científicos geográfica o socialmente, tales como los habitantes de pequeños y medianos municipios y las periferias de las grandes ciudades”, explica José Ribamar Ferreira, presidente de la ABCMC.

En siete años, la Caravana de la Ciencia recorrió barrios y favelas de la ciudad de Río de Janeiro. Estuvo también en 40 municipios fluminenses y recibió la visita de 260 mil alumnos de la enseñanza básica y media de las redes pública y privada. Vistos de lejos, el camión y las dos lonas gigantes armadas para albergar el archivo evocan un circo. Niños y jóvenes, a medida que se acercan, se deparan con microscopios, espejos cóncavos y convexos y un generador Van de Graaff que produce energía electrostática y deja los cabellos erizados, entre otros experimentos que se convierten en fuente de conocimiento, inspiración y diversión. “Muchos habitantes de barrios carenciados de Río no se sienten incluidos en este tipo de actividades y no frecuentan museos de ciencia, aun cuando viven cerca de alguno”, dice Jessica Norberto Rocha, coordinadora de la Caravana de la Ciencia. Para llegar a ese público, ella comenta que ya debió pedir autorización al crimen organizado para armar la estructura en favelas de Río de Janeiro. Con la colaboración de la municipalidad de la ciudad, también llevó el centro itinerante al Departamento General de Acciones Socioeducativas (Degase), donde se mantiene a menores que cometieron delitos. “Solemos ser bienvenidos en esos lugares”, afirma.

.... y una sala que simula la vida de los bebés en el útero

LÉO RAMOS…. y una sala que simula la vida de los bebés en el úteroLÉO RAMOS

El aumento de la cantidad de museos móviles es producto de la movilización de universidades, instituciones de investigación, secretarías estaduales y municipales, agencias de fomento y del gobierno federal para ampliar el contacto de la población con iniciativas de popularización de la ciencia en Brasil. Según la Investigación de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología 2015, del Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), tan sólo el 12% de los brasileños con más de 16 años visitó museos o centros de ciencia y tecnología durante los 12 meses anteriores al sondeo. Si bien el porcentaje se triplicó con relación a 2006 (4%), es bajo cuando se lo compara a los estándares europeos y norteamericanos, donde los índices de visitas anuales llegan al 20% de la población.

“Muchas alcaldías han entrado en contacto con museos itinerantes para solicitar visitas en sus ciudades”, dice José Luís Schifino Ferraro, coordinador del Proyecto de Museo Itinerante (Promusit) de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUC-RS). Creado en 2001 por el biólogo Jeter Bertoletti, el Promusit fue el primer museo itinerante de Brasil y se convirtió en un referente. En 14 años, pasó por todas las regiones brasileñas y por ciudades cercanas a la frontera con otros países, recibiendo incluso público de lugares como Argentina y Uruguay. Alrededor de 75 experimentos en las áreas de física, química, biología y matemática se realizan en la parte externa de un gran semirremolque, cuyo interior se transforma en un auditorio de 50 lugares, donde se exhiben documentales en 3D.

La Caravana de la Ciencia, de la Cecierj, reúne experimentos tales como un giroscopio...

LÉO RAMOSLa Caravana de la Ciencia, de la Cecierj, reúne experimentos tales como un giroscopio…LÉO RAMOS

El modelo del Promusit se inspiró en el Shell Questacon Science Circus, un museo móvil del Centro Nacional de Ciencia y Tecnología del gobierno de Australia, en colaboración con la empresa Shell. Ese proyecto recorrió alrededor de 500 ciudades del país, incluidas 90 comunidades aborígenes, desde que se lo creó en 1985. Pero el surgimiento de los museos móviles es más antiguo y se remonta a la década de 1950, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicó un manual en el que se orientaba a los responsables de museos de arte y cultura a desarrollar actividades itinerantes, e incluso se sugerían prototipos de semirremolques adaptados. En poco tiempo se apropiaron también del concepto instituciones tales como el museo de Ciencia de Virginia, en Estados Unidos, y el National Council of Science museoms, de India.

La experiencia del Promusit sirvió de inspiración a otras iniciativas. En 2004, la Academia Brasileña de Ciencias y el MCTI emitieron el pliego Ciencia Móvil, un concurso en el que fueron contemplados nueve proyectos y que ayudó a fortalecer este modelo en el país. En tanto, la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Minas Gerais (Fapemig) destinó 490 mil reales en 2007 al montaje del museo itinerante del Centro Pedagógico de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). “Con esos recursos, compramos el tractocamión y el chasis adaptado”, comenta Tânia Margarida Lima Costa, directora de la Escuela de Educación Básica y Profesional de la UFMG y coordinadora del proyecto. El interior del acoplado alberga cinco salas interactivas, que abordan temas tales como la vida en el útero, los sentidos humanos, los biomas, las ciudades y los animales que viven en las zonas abisales. Fuera del camión se organizan más de 40 experimentos. “Estimulamos al público a entender la ciencia como un patrimonio de todos”, subraya Lara Mucci Poenaru, coordinadora pedagógica del museo. Uno de los objetivos consiste en descentralizar la divulgación científica y llevar investigaciones desarrolladas en la UFMG a lugares con pocos recursos, dentro y fuera de Minas Gerais. Desde 2012, esta iniciativa ha estado en Acre, Brasilia, Pernambuco, São Paulo y diversas ciudades de Minas Gerais.

De los 27 estados del país, tan sólo 12 disponen de museos itinerantes. De las 32 iniciativas, casi la mitad se concentra en el sudeste. El resto se divide entre el nordeste (8), el sur (5), el centro-oeste (3) y el norte (1). “La descentralización actividades de popularización de la ciencia no es una tarea sencilla”, explica José Ribamar, de la ABCMC. También es necesario lidiar con lo imprevisto para llevar el conocimiento arriba de un camión. “En Recife, nuestro camión se atascó en el barro y tuvimos que improvisar un puente con tablones de madera”, recuerda Lima Costa. “Ése es el lado menos glamuroso de la divulgación científica.”

...espejos que crean ilusiones ópticas...

LÉO RAMOS…espejos que crean ilusiones ópticas…LÉO RAMOS

Con todo, los responsables de los museos itinerantes advierten que la experiencia vivida por el público suele ser más pasajera que la que proporciona un museo permanente. Las unidades móviles suelen permanecer entre cinco días y una semana en las ciudades que visitan. Según Ferraro, del museo de Ciencias y Tecnología de la PUC-RS, museos con estructuras fijas crean la percepción de que el conocimiento científico ha echado raíces allí. “Eso resulta importante para crear una cultura científica local y una referencia perenne en aquella comunidad”. Para el físico Ernesto Kemp, docente de la Universidad de Campinas (Unicamp), el museo itinerante constituye una buena alternativa, mientras no es posible contar con un espacio físico para albergarlo. Ése fue el caso, por ejemplo, de la exhibición NanoAventura de la Unicamp, que en 2005 empezó como unidad móvil y en 2008 se estableció en un área del campus de la universidad. “Un museo permanente es un lugar donde puede accederse siempre al conocimiento”, evalúa Kemp, quien actualmente coordina el Taller Desafío, un proyecto del Museo Exploratorio de Ciencias de la Unicamp que recorrió más de 10 municipios del estado de São Paulo desde 2008. Se trata de un taller móvil equipado con herramientas y materiales tales como madera y corcho, entre otros, utilizados por estudiantes de la enseñanza media para la solución de desafíos tecnológicos.

...y un generador Van de Graaff

LÉO RAMOS…y un generador Van de GraaffLÉO RAMOS

Para permitir que las huellas que dejan los museos itinerantes sean más duraderas, algunas iniciativas desarrollan acciones de educación con la población local. La Caravana de la Ciencia, por ejemplo, suele viajar acompañada por otro proyecto creado por la Cecierj: la Plaza de la Ciencia Itinerante. El objetivo consiste en materializar la formación continua de docentes de la educación básica. Hay más de 40 talleres en las áreas de biología, física, química, matemática y artes, en los cuales se estimula a los maestros a enseñar ciencias de manera más interactiva, mediante el uso de kits experimentales. Las clases están a cargo de profesores del propio Cecierj y de universidades e instituciones asociadas como la UFRJ y el Museo de Astronomía y Ciencias Afines (Mast), entre otros.

La Caravana de la Ciencia también suele reclutar a unos 15 habitantes del municipio visitado para trabajar como mediadores voluntarios junto con su equipo fijo, integrado por 20 personas. En general, participan alumnos de grado, docentes de la enseñanza media y personal municipal, que hacen un curso a distancia sobre mediación en museos dictado por el Cecierj, y al final reciben un certificado. “Dejamos un legado en la ciudad. Hay casos de gente que montó grupos de divulgación científica en escuelas públicas después de que pasaron por nuestra capacitación”, dice Jessica. El Museo Itinerante Punto UFMG también convoca y califica a educadores de la localidad a través de un curso a distancia, para que actúen como mediadores. “Es una forma de crear vínculo con la comunidad”, sostiene Lima Costa.

Otras iniciativas evitan reclutar a personas desvinculadas del proyecto. El Ciencia Móvil de la Fundación Oswaldo Cruz, por ejemplo, elabora un registro de mediadores, la mayoría alumnos de grado de universidades de Río de Janeiro, y los convoca de acuerdo con su disponibilidad para viajar. Ese trabajo es remunerado. “Son personas que han pasado por cursos en el área de divulgación y educación científica”, comenta Marcus Soares, coordinador del Ciencia Móvil, cuya colección transportada en el camión incluye un banco de microscopía y juegos interactivos sobre vacunas, entre otras cosas. El equipo de 26 personas entre choferes, técnicos, docentes y mediadores, cuenta también con actores de circo y de teatro que presentan sketchs. Este mismo año, el museo promoverá una actividad destinada a discutir la relación entre arte y ciencia en las obras del pintor Candido Portinari (1903-1962).

La Escuela Móvil de Nanotecnología del Senai: el interior del acoplado se transformó en un laboratorio de microscopia

LÉO RAMOSLa Escuela Móvil de Nanotecnología del Senai: el interior del acoplado se transformó en un laboratorio de microscopiaLÉO RAMOS

En São Paulo, la Escuela Móvil de Nanotecnología del Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (Senai) se destaca por reproducir el ambiente de laboratorio. En el interior del acoplado se instalaron aparatos tales como un microscopio electrónico de barrido, un sistema de fabricación de microestructuras, un analizador de partículas y computadoras. “Queremos despertar el interés de los alumnos en la nanotecnología, un área fascinante, pero poco conocida”, dice Gilderlon Fernandes Oliveira, coordinador de la unidad móvil del Senai. Esta iniciativa también les muestra a los visitantes la aplicación de la nanotecnología en la industria: la producción de camisetas hechas con tela bactericida, microprocesadores, suplementos alimentarios y medicamentos.

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