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Autonomía Universitaria

Combustible para la innovación

La estabilidad financiera estimuló a las universidades públicas paulistas a invertir en la cooperación con empresas y la transferencia de tecnología

Los 30 años de autonomía financiera de las tres universidades públicas paulistas coinciden con el período en el cual las mismas ampliaron la protección de la propiedad intelectual generada por sus investigadores, multiplicaron la cooperación con el sector productivo y estimularon la creación de empresas de base tecnológica. En la década de 1980, ya eran frecuentes las colaboraciones de investigación entre las empresas y las universidades de São Paulo (USP), de Campinas (Unicamp) y Estadual Paulista (Unesp). Pero el logro de la asignación, en 1989, de un porcentaje fijo de la recaudación del Impuesto sobre la Circulación de Mercaderías y Servicios (ICMS) para financiar al trío de instituciones, influyó en su capacidad de producción de innovaciones con impacto económico en la sociedad. “Una condición esencial para que una universidad pueda cooperar con empresas radica en disponer de una estructura de investigación pujante. Y la autonomía financiera resultó clave para ampliar la producción científica de las universidades estaduales paulistas”, dice el físico Marcos Nogueira Martins, director de la Agencia USP de Innovación, en referencia al aumento del número de publicaciones científicas de las tres instituciones, que se incrementó 16 veces en el transcurso de las últimas tres décadas.

Datos sobre la ciencia producida en colaboración con empresas demuestran esa evolución. En 1989, poco más del 0,5% de la producción científica de la USP indexada en la base Web of Science registraba como coautores a investigadores vinculados con empresas. En tanto, en 2017, esa proporción era del 2,7% (vea el recuadro en la página 37). En cuanto al índice registrado en la Unicamp, el mismo evolucionó del 1,5% al 2,5% en ese mismo período, mientras que la Unesp partió de cero en 1989 y llegó a alrededor del 2% de artículos en coautoría con investigadores de empresas en 2017. A los efectos de dimensionarlo en forma comparativa, en Estados Unidos ese promedio se ubicó en un 2,8% entre 2015 y 2017, mientras que el de los países de la Unión Europea fue inferior al 2,5%, con Francia y Alemania superando el 4%. En el mes de mayo, se publicaron datos sobre coautoría entre investigadores de las universidades paulistas y empresas en el libro intitulado Innovation in Brazil: Advancing development in the 21st century, en un capítulo firmado por el director científico de la FAPESP, Carlos Henrique de Brito Cruz, quien abordó las formas de evaluar ese tipo de colaboración en el país. El trabajo revela que la participación de empresas en la financiación de la investigación científica superó, en los casos de la USP y de la Unicamp, el desempeño de grandes universidades del exterior. Las erogaciones privadas para investigación en la Unicamp fueron equivalentes a alrededor del 13% de los contratos firmados con agencias de fomento públicas en 2016. Ese índice es ligeramente mayor que el que registró la USP, que se ubicó en el 12%. Ese rendimiento es similar al de instituciones tales como la Universidad Yale o la Universidad de California en San Francisco, ambas de Estados Unidos.

La lista de grandes empresas que mantienen colaboraciones en investigación y desarrollo (I&D) con las universidades públicas paulistas es extensa: Petrobras, Basf, Cargill, LG, Pirelli y Natura son algunas de las más asiduas. Según el economista Renato Garcia, las tres, USP, Unicamp y Unesp, estaban bien posicionadas al momento en que las empresas salieron en busca de ayuda externa para sus esfuerzos de I&D. “Hasta los años 1990, la innovación en las empresas brasileñas se llevaba a cabo intramuros y generaba un conjunto de productos y procesos capaces de garantizar competitividad. Durante los últimos 15 años eso se tornó insuficiente y las universidades se transformaron en un canal privilegiado para abastecer de conocimiento e innovación a las empresas”, explica Garcia, del Instituto de Economía de la Unicamp.

Un estudio que encargó el año pasado la Asociación Brasileña de la Propiedad Intelectual (ABPI) con base en 4 millones de currículos de la Plataforma Lattes reveló que, de un total de 15.600 científicos brasileños que informaron actividad en el campo de la protección de la propiedad intelectual, más del 84,5% exhibían una productividad académica elevada, con un promedio de 27 artículos publicados. Las tres estaduales paulistas sobresalen en ese estudio: de los 11.400 investigadores e inventores de todo el país que a los cuales se les concedió alguna patente, un 7,3% trabajaban en la USP, un 4% en la Unicamp y un 2,3% en la Unesp.

En la década pasada, la creación de agencias de innovación en las tres universidades ayudó a organizar la protección de la propiedad intelectual, a identificar resultados de investigaciones de interés para empresas y a acordar contratos de transferencia de tecnología. La Unicamp lanzó su agencia Inova en 2003, un año antes de que se promulgara la Ley de Innovación, que estableció que todas las instituciones de ciencia y tecnología del país formaran Núcleos de Innovación Tecnológica (NIT) para la gestión de sus políticas de innovación. La universidad siempre se destacó en los ranking brasileños de pedidos de patentes. En la última lista divulgada por el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI), que refleja los registros de 2017, la Unicamp se ubicaba en el primer puesto del ranking general, con 77 depósitos de patentes y tan solo una empresa, CNH Industrial, figuró dentro de los 10 primeros lugares del escalafón, dominado por las universidades. Con más de mil patentes activas, la universidad ostenta un buen desempeño en transferencia de tecnología: en 2018 había 115 contratos activos de licenciamiento con empresas que le generaron a la universidad ingresos por regalías que sumaron 1,7 millones de reales. Tan solo en 2018 se firmaron 22 nuevos contratos de licencia.

A juicio del físico Newton Frateschi, director de la agencia, la estabilidad en la financiación que propició la autonomía tuvo un efecto transformador para la Unicamp. “A partir de una fuente fija de recursos, las universidades estaduales pudieron invertir en planificación. La Unicamp, que siempre estuvo interesada en interactuar con el sector productivo, pudo ejecutar estrategias de transferencia de tecnología e intensificar el acceso de las empresas a sus innovaciones”, refiere. El coordinador científico del Núcleo de Política y Gestión Tecnológica de la USP, Guilherme Ary Plonski, también vislumbra una relación entre autonomía e innovación, aunque en forma indirecta. “Al trazar una comparación con la trayectoria de las universidades federales, que no conquistaron la autonomía financiera, sospecho que el desempeño de las estaduales paulistas en el campo de la innovación hubiera sido más endeble si no hubiese salido el decreto de 1989”, dice Plonski. “El caso es que, al final de la década de 1980, había un zeitgeist, una expresión que alude al espíritu de un tiempo, favorable tanto a la autonomía como a la innovación en São Paulo”.

Plonski recuerda que cuando se firmó el decreto de la autonomía, la protección de la propiedad intelectual en la USP tenía un sesgo marcadamente jurídico. El Grupo de Asesoramiento al Desarrollo de Invenciones (Gadi), creado en 1986, estableció que la mitad de lo recaudado por la comercialización de la propiedad intelectual le correspondería al investigador”. “Ese era un reparto generoso. Hoy en día, lo normal es de un 30% para el investigador”, dice. El Gadi fue incorporado a la Coordinación Ejecutiva de Cooperación Universitaria y Actividades Especiales (Cecae), y en 2005 dio origen a la agencia de innovación de la universidad. En los primeros años de autonomía, Plonski recuerda que la USP se enorgullecía de mantener acuerdos con grandes empresas, hasta que al comienzo de los años 1990 se le reclamó que ampliara esa participación. “Recuerdo que el rector Roberto Lobo [1990-1993] solía mostrarles a sus interlocutores una edición especial del Jornal da USP que describía las colaboraciones de la universidad con empresas tales como Petrobras o Metal Leve”, dice Plonski. Él comenta que en cierta ocasión, Lobo fue interpelado al respecto de la contribución de la universidad a las pequeñas empresas. “De ese requerimiento surgió la idea de crear un canal en el cual cualquier emprendedor o empresario pudiera recurrir a la USP y saber cómo podrían colaborar sus científicos”, dice Plonski. Como en esa época el medio de comunicación dominante era el teléfono, surgió el programa Llame Tecnología [Disque-Tecnologia, en portugués), de asistencia a demandas tecnológicas de empresas. El servicio, que actualmente funciona vía internet, se brinda en colaboración con el Servicio Brasileño de Respuestas Técnicas.

La USP dispone actualmente de 1.300 patentes que abarcan tecnologías y productos desarrollados por sus investigadores, pero la cantidad de contratos de licencia pactados hasta ahora es de algunas decenas. Así y todo, en 2018 los ingresos por regalías de contratos de explotación fueron de 3,4 millones de reales. El 90% de ese monto proviene de una única licencia, la del medicamento Vonau Flash, que se utiliza para el control de náuseas y vómitos y fue desarrollado en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la USP en colaboración con la empresa Biolab Sanus. El director de la Agencia USP de Innovación, Marcos Nogueira Martins, atisba cierta exageración en el número de patentes que mantiene la institución. “El costo de mantener una patente activa es alto y realizar el depósito solo compensa cuando existen buenas perspectivas de licenciarlas. Pero tampoco es sencillo renunciar a las patentes, porque los organismos de control las consideran patrimonio de la institución y suman puntos en el desempeño de la universidad en los ranking internacionales”.

La experiencia de la Unesp es la más reciente. La universidad creó su agencia de innovación en 2010 y hoy en día cuenta con una cartera de 361 depósitos de patentes, con 13 tecnologías licenciadas, entre las cuales hay un sistema para el cálculo de créditos de carbono y un suero para combatir la intoxicación por picaduras de abejas, esta última en la etapa de firma del contrato. “Hemos tardado en invertir en una cultura de protección de la propiedad intelectual y estamos desarrollando formas alternativas para la transferencia de tecnología a la sociedad, dado que muchos de nuestros investigadores generaron innovaciones de interés social, pero que no despiertan el interés de empresas”, dice el biólogo Wagner Cotroni Valenti, director de la Agencia Unesp de Innovación. Uno de los nuevos frentes de actuación de la universidad es el programa Doctorado Académico para Innovación, que fue lanzado este año y ofrece 10 becas para interesados en hacer el doctorado en temas de interés de empresas. La investigación se realizará dentro de las empresas colaboradoras, tales como Moinho Nacional, en la localidad de Assis, y la fábrica de pinturas Ticon, de Sorocaba.

La generación de empresas
Una forma de medir el impacto de la innovación que producen las universidades consiste en contabilizar la cantidad de empresas de arranque fundadas a partir del conocimiento generado por sus egresados. La USP reclama el título de “emporio de unicornios” de Brasil, a partir de que un estudio de la consultora KPMG revelara que en esa universidad se graduaron 10 fundadores de empresas brasileñas que alcanzaron un valor nominal de mil millones de dólares incluso antes de la apertura de capital, entre las cuales figuran Nubank, 99 y Gympass. Un estudio de la USP también registró que muchos de sus exalumnos se convirtieron en empresarios. De un global de 180 mil alumnos que se graduaron entre 1974 y 2014, 31 mil figuraban registrados en la Junta Comercial por haber fundado empresas de comercio (un 11,3%), salud (un 7,9%), construcción (un 7,2%) y servicios financieros (un 6,2%), entre otros rubros.

La Unicamp generó alrededor de 700 “empresas hijas”, de las cuales más de 600 siguen en actividad. Las empresas hijas son emprendimientos generados por alumnos, exalumnos e individuos vinculados con la institución, así como negocios cuya actividad deriva de la licencia de una innovación creada por la universidad o bien, empresas que surgieron de su incubadora tecnológica. En conjunto, facturan alrededor de 4.800 millones de reales al año y generan más de 30 mil puestos laborales, y entre ellas hay multinacionales, tales como CI&T, que se especializa en soluciones digitales, y Movile, líder latinoamericana en desarrollo de plataformas comerciales y contenido móvil. La Unesp también cuenta con sus empresas hijas. Son alrededor de 150. La joya de la corona es Predilecta Alimentos, en el municipio de Matão, la mayor procesadora de guayaba del planeta, fundada en 1970 por un exalumno del Instituto de Química de Araraquara.

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