La cabaña bovina nacional es, por sí sola, responsable de casi el 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Brasil. Si a ello se le suma el resto del sector agropecuario, la cifra asciende al 30,5 %. Cuando incluimos también los cambios en el uso de la tierra ‒la conversión de bosques en pastizales, áreas de pasturas y cultivos agrícolas, es decir, actividades muy relacionadas con la agricultura y la ganadería‒, llegamos a un 70 % del total de la producción brasileña de estos compuestos que retienen el calor en la atmósfera y alimentan el cambio climático.
Las actividades económicas contempladas en el Inventario Nacional de Emisiones y Remociones de GEI incluyen asimismo al sector energético, al de procesos industriales y al de residuos, que representan el 20,5 %, el 5 % y el 4,5 % de las emisiones respectivamente. Estos datos corresponden al año 2022. Los argumentos económicos son habituales cuando se trata de la emergencia climática, por eso vale la pena recordar que, de acuerdo con los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2023, el sector agropecuario tuvo una participación del 8,1 % en el PIB, en tanto que que el sector industrial generó el 12,8 % de la riqueza producida en el país.
Los estudios como el del inventario son cada vez más precisos: para hacerse una idea, hay un factor de emisión específico para cada tipo de ganado bovino en cada región brasileña. El editor de Ciencias Exactas de Pesquisa FAPESP, Marcos Pivetta, explica cómo se llega a estas cifras, las disparidades entre los diversos estudios y las posibles lagunas (página 12). Para poder participar en este debate, cada vez más urgente, es necesario comprender de dónde proceden los datos. El reportaje complementario de Renata Fontanetto muestra de qué manera los recortes de recursos destinados a la investigación climática dispuestos por el gobierno de Estados Unidos tienen efectos negativos en muchos países y también perjudican a Brasil, por su dependencia de los instrumentos de observación de la Tierra financiados por ese país (página 19).
En 1982, Estados Unidos creó un programa de apoyo a la innovación en pequeñas empresas que supuso un punto de inflexión en las políticas públicas orientadas a la I&D en el sector privado. Anteriormente centradas en las grandes empresas, la implementación del Small Business Innovation Research (Sbir), las pequeñas compañías ganaron terreno. En 40 años, el programa destinó 64.000 millones de dólares a 195.000 proyectos de I&D e impulsó programas similares en al menos 20 países, entre ellos Brasil. En 1997, la FAPESP creaba el Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe), que desde entonces ha financiado más de 4.000 proyectos en 2.000 empresas. Un estudio realizado por investigadores de las universidades Federal de São Carlos (UFSCar), Federal del Estado de Río de Janeiro (Unirio) y Federal de Uberlândia (UFU) apuntó a evaluar cómo evolucionaron los programas de siete países que tomaron como referencia ese modelo en realidades distintas (página 34).
Una empresa beneficiaria del Pipe desarrolló una innovación que combina una tecnología tradicional de detección de fugas de agua, la varilla de escucha, con el análisis vía inteligencia artificial de los ruidos recogidos. El nuevo Marco Legal del Saneamiento, de 2020, establece que los contratos de servicios e infraestructura sanitaria deben contemplar metas de eficiencia que incluyan la disminución progresiva de las pérdidas de agua, que según estimaciones recientes ascienden al 40 % del total del agua tratada distribuida en Brasil. La demanda de las empresas concesionarias referente a tecnologías y prácticas destinadas a monitorear los escapes motiva la búsqueda de innovaciones en el área. El reportaje sobre el tema (página 70) incluye una infografía que resume los métodos tradicionales de detección y las nuevas técnicas.
El 4 de junio, Brasil, el estado de Piauí y la prehistoria perdieron a Niède Guidon. La arqueóloga brasileña dedicó su vida a los estudios, la valoración y la preservación de los sitios de arte rupestre en el Parque Nacional Serra da Capivara, en el sudeste de Piauí (página 88). Por coincidencia, la sección Memoria está dedicada al pionero Programa Nacional de Investigaciones Arqueológicas, implementado hace 60 años, que formó profesionales y cambió los métodos de trabajo en esta área (página 90).
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