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Acceso Libre

Cómo sobrevivir sin suscribirse a revistas científicas

Las herramientas digitales y las redes sociales ayudan a estudiantes e investigadores a encontrar artículos en Internet

Bárbara Malagoli

Las universidades de varios países están creando nuevas estrategias tendientes a expandir el acceso a la literatura científica después de haber suspendido los contratos de suscripción con grandes editoriales, por considerarlos demasiado caros y abusivos. Para satisfacer al menos en parte las necesidades de información de sus estudiantes e investigadores, estas instituciones invierten en herramientas que ayudan a localizar copias de papers disponibles con acceso libre y en apoyo a las redes de bibliotecas y de medios de comunicación social para obtener artículos de contenido restringido. La Universidad de California (UC) en Estados Unidos, por ejemplo, anunció en febrero que había cancelado su contrato con la editorial holandesa Elsevier, a través del cual, y a un costo de casi 11 millones de dólares por año, sus 273 mil estudiantes y 68.400 docentes e investigadores podían leer documentos publicados en 2.400 periódicos. Responsable por alrededor del 10% de toda la producción científica estadounidense, la UC presionó a Elsevier para que aceptara un nuevo acuerdo, en el que formarían parte de un mismo paquete el valor total de las suscripciones y los honorarios pagados por los investigadores universitarios para publicar sus artículos con acceso libre en títulos de la editorial. Elsevier insistió en mantener la estructura tradicional para la mayoría de sus periódicos, cobrando suscripciones y honorarios de publicación por artículos y exigiendo sumas adicionales cuando el autor quisiese divulgar su paper libremente en la web.

Sin poder consultar las revistas, la UC reunió en una página web un conjunto de vías alternativas para sus estudiantes e investigadores. Les sugirió adoptar estrategias tales como la búsqueda de papers en bases de datos académicas, como el Google Scholar y el PubMed, así como el uso de programas plugins, que ofrecen funcionalidades específicas en navegadores de Internet; en este caso, encontrar copias en PDF de artículos científicos. Como si fuera poco, la recomendación consistió en pedirles ayuda a las bibliotecas de sus 10 campus, que integran redes en las que se comparten artículos y libros, o utilizar las redes sociales académicas, donde es posible solicitarles trabajos directamente a sus autores. “Apoyamos a nuestros docentes, estudiantes y empleados que se esfuerzan en romper las barreras que impiden el intercambio de investigaciones innovadoras”, dijo la rectora de la universidad, la abogada Janet Napolitano, en un comunicado de prensa.

No obstante, la estrategia de la UC no es tan original. Recientemente, instituciones de educación superior de Alemania, Suecia y Noruega también resolvieron no renovar sus suscripciones a las revistas de Elsevier y adoptaron actitudes semejantes. “Estas herramientas digitales les han dado a las universidades un poder de negociación sin precedentes”, dice Abel Packer, coordinador de la biblioteca de revistas de acceso libre de SciELO Brasil. “En el pasado, cortar suscripciones habría sido poco práctico porque imposibilitaba el trabajo de los investigadores. Pero en la actualidad, las universidades tienen alternativas”. Este movimiento logró más fuerza en septiembre del año pasado, cuando la Unión Europea y las agencias de financiación de investigación de 14 países pusieron en marcha el Plan S, una iniciativa de alcance internacional que establece, a partir del 2020, la publicación inmediata con acceso libre a los artículos que recibieron financiación pública.

A veces una simple consulta en las páginas de búsqueda es suficiente para localizar el PDF de un artículo, si es que está disponible. En los últimos años, surgieron una serie de herramientas digitales gratuitas que simplifican bastante la tarea. Uno de los más populares es el Google Scholar Button, plugin que permite acceder al contenido del Google Académico y también posibilita localizar textos disponibles en la Web y en bibliotecas universitarias. Simplemente se trata de seleccionar el título del documento en la página que se está visitando y hacer clic en el botón para encontrar el texto completo.

Existen otras opciones con las mismas características, tal como el Open Access Button, desarrollado por un grupo del Reino Unido conectado a una red de bibliotecas que promueven las publicaciones con acceso libre. El servicio tiene una funcionalidad importante: si el artículo no está disponible en la Web, puede solicitársele directamente al autor una copia de la obra. El mantenimiento y la actualización del Open Access Button ha sido garantizado en los últimos dos años por una donación de 420.000 dólares realizada por el Fondo Filantrópico Arcadia, mantenido por Peter Baldwin, filántropo y profesor de historia en la Universidad de California, Los Angeles. “Estas herramientas funcionan dentro de la legalidad y tienen buenas intenciones. Pero sus resultados siempre son limitados, porque hay mucha investigación que no se publica con acceso libre”, dice Moreno Barros, bibliotecario de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y doctor en historia de la ciencia.

Otro ejemplo exitoso es Unpaywall, un servicio gratuito creado en Estados Unidos que permite el acceso a 22,7 millones de artículos y manuscritos en preprint disponibles con acceso libre, así como papers pagos que tuvieron una copia legalmente archivada en repositorios de instituciones. Según la ImpactStory, creadora de la herramienta, alcanzó en febrero la marca de 200.000 usuarios activos. No es la mejor solución para todas las demandas de los investigadores, pero al menos resuelve la mitad sin dejar de cumplir con los derechos de autor. Un relevamiento realizado en 2017, basado en búsquedas realizadas por los usuarios de Unpaywall mostró que el 47% de los papers solicitados estaban disponibles para su lectura en algún lugar de la web. “Ofrecemos limonada gratuita justo al lado de los puestos de limonada de las grandes editoriales”, le comentó al The Chronicle of Higher Education el científico de la información, Jason Priem, quien lanzó el servicio en asociación con Heather Piwowar, investigador de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos.

Aunque estén disponibles para acceso libre, los artículos archivados en los repositorios no siempre son fáciles de encontrar

La popularidad de estas herramientas se explica: no siempre es fácil encontrar un artículo, incluso cuando está disponible con acceso libre. Una cosa es localizar un paper publicado en una revista que no cobra suscripción y ofrece toda su colección en la Web –una simple búsqueda en Internet, en estos casos, puede resolver la cuestión–. Algo más difícil es encontrar un texto divulgado en una revista de contenido restringido que haya tenido una copia archivada en el repositorio de alguna institución. A menudo, no están bien indexados en los motores de búsqueda. Es una situación frecuente y los plugins facilitan el acceso al rastrear múltiples repositorios.

En febrero, la FAPESP perfeccionó su política de acceso libre a las publicaciones científicas, que se había puesto en marcha en el 2008 y dio lugar a la creación del Repositorio de Producción Científica del Consejo de Rectores de las Universidades Estatales Paulistas (Cruesp), con artículos, tesis, disertaciones y demás trabajos científicos publicados por investigadores de las Universidades de São Paulo (USP), Estatal de Campinas (Unicamp) y Estatal Paulista (UNESP). Las nuevas directrices establecen que los artículos resultantes, total o parcialmente, de investigaciones financiadas por la fundación deben divulgarse en revistas que permitan archivar una copia de los papers en un repositorio público, donde podrán ser consultados por cualquier persona en la web.

El archivado de copias debe realizarse tan pronto como se apruebe el paper para su publicación o en plazos coherentes con las restricciones de cada revista, algunas de las cuales imponen períodos de embargo entre seis meses y un año. Los investigadores son libres de seleccionar los títulos en los que quieren publicar sus artículos, pero la recomendación es que la elección recaiga en títulos que permitan el depósito de copias en un repositorio. Para conocer el modelo de cada periódico, la sugerencia es consultar el sitio Sherpa-Romeo, un servicio ofrecido por un grupo de universidades de investigación del Reino Unido que reúne las normas adoptadas por las editoriales o las sociedades científicas con relación al acceso libre de sus publicaciones.

Lou Stejskal/ Flickr Biblioteca Geisel, Universidad de California, San Diego: el contrato entre la institución y la editorial Elsevier costaba casi 11 millones de dólares al añoLou Stejskal/ Flickr

Existen revistas que permiten el depósito de versiones del texto antes de que sea realizado el proceso de revisión por pares. La herramienta Kopernio, que funciona como una extensión de browsers, también puede rastrear copias preliminares. Según sus creadores, logra encontrar un 70% de los manuscritos que fueron buscados por los usuarios. El servicio fue creado por un startup y adquirido en el 2018 por Clarivate Analytics, responsable de la base de datos Web of Science. Se basa en un plugin que utiliza software de inteligencia artificial y también puede ser utilizado por quienes tienen el derecho de acceder a artículos de revistas restrictas. El usuario debe abrir una cuenta en el servicio e informar si forma parte de alguna institución o si es suscriptor de alguna revista.

Kopernio almacena los derechos de acceso e inmediatamente transfiere al contenido en caso de que el artículo solicitado sea de una revista restringida. Esta facilidad de acceso puede resultarles útil, según los creadores del plugin, a quienes tengan suscripciones legítimas subsidiadas por sus respectivas instituciones pero que utilizan herramientas de búsqueda ilegales, apenas porque estas últimas permiten llegar a los artículos deseados con mayor rapidez. “Muchos investigadores utilizan páginas piratas no por necesidad, sino porque les resulta más conveniente”, le informó a la revista TheBoookseller el noruegués Jan Reichelt, uno de los creadores de Kopernio. Se estaba refiriendo al Sci-Hub, un repositorio que franquiciaba copias obtenidas irregularmente de 64 millones de artículos científicos. Antes de fundar Kopernio, Reichelt fue uno de los creadores del Mendeley, un software organizador de bibliografías académicas que se transformó en una red social de investigadores y fue comprado por la editorial Elsevier en el 2013.

Las redes sociales también pueden desempeñar un papel importante en la búsqueda de artículos científicos. A veces, investigadores con perfiles en Research Gate, Academia, Mendeley y Humanities Commons ofrecen copias de sus obras para su descarga. También resulta posible enviarles mensajes directamente a los autores, solicitándoles el artículo deseado. Otras estrategias son menos eficaces y no garantizan que la obtención del archivo haya respetado los derechos autorales. Es el caso de #icanhazpdf, utilizado en la red social Twitter. Los investigadores asocian la palabra clave con la dirección de la publicación deseada y esperan que otro usuario con acceso al documento la comparta. La red social Reddit también tiene una página que se usa para solicitar y difundir copias de artículos y libros.

Según Abel Packer, de la biblioteca SciELO, el intercambio de artículos en medios digitales se transformó en una versión moderna del préstamo interbibliotecario –antes del nacimiento de Internet, los investigadores procuraban bibliotecas en busca de artículos y libros, las cuales conseguían copias en papel de otras instituciones asociadas–. “En la actualidad eso ocurre a través de las redes sociales. Cuando necesito un artículo de difícil acceso, se lo pido a alguien que lo tenga”, afirma Packer. En algunas situaciones, se atraviesa la frontera de la legalidad, pero este límite, afirma, se ha tornado difuso dentro de la comunicación científica. Un estudio publicado en el 2017 por Heather Piwowar, de Unpaywall, mostró que el 58% de los artículos consultados libremente en Internet provenían de revistas de acceso limitado y fueron puestos a disposición por las propias editoriales sin que hubiera una licencia formal que lo permitiera. “Las editoriales acaban haciendo un juego doble, porque no quieren reducir las posibilidades de que los artículos de sus revistas puedan ser citados y logren impacto”, explica.

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