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Neurofisiología

Cómo transcurre el impacto del horror

Un estudio dimensiona la tensión que genera la observación de imágenes violentas

El acto de observar a un bebé que duerme, o el ver un rostro contento, que transmite paz, pueden aportar una cierta relajación física, o suscitar un deseo de acercarse. En el sentido opuesto, las imágenes de muertos o de cuerpos heridos ocasionan tensión y activan reacciones de defensa. Es como si nos encontráramos ante un peligro inminente, de acuerdo con un estudio coordinado por la neurobióloga Eliane Volchan, docente del Instituto de Biofísica de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Brasil.

Volchan y su grupo de investigación arribaron a estas conclusiones luego de realizar un experimento durante el cual 48 hombres debían observar 72 imágenes, encuadradas en tres categorías. En la primera de éstas se ubicaban las escenas positivas: gente nadando, corriendo, jugando a la pelota o practicando otros deportes. La segunda correspondía a imágenes neutras: fotos de objetos inanimados, como por ejemplo un teléfono, una válvula hidrante o una batidora de tortas.  La tercera contenía imágenes negativas, con cuerpos de personas mutiladas, sin sus brazos o sus piernas; o muertas, o con heridas graves. Aquéllos que tomaron parte en este estudio debían quedarse firmes, con sus pies juntos y descalzos, y los brazos estirados junto al cuerpo, ubicados sobre una base metálica denominada plataforma de fuerza. Este dispositivo, similar a una balanza, registraba las oscilaciones del cuerpo ante la observación de las imágenes, exhibidas sucesivamente durante tres segundos en la pantalla de una computadora, sin ningún lapso de tiempo entre ellas.

En el marco de este trabajo, cuya realización estuvo a cargo de Tatiana Azevedo, bajo la supervisión de Volchan, junto a investigadores del Instituto de Biofísica y de la Escuela de Educación Física de la UFRJ, los sutiles movimientos del cuerpo que registró la plataforma, sumados a la variación de la frecuencia de los latidos cardíacos, mostraron los cambios de postura corporal que engendraron los tres grupos de imágenes mencionados anteriormente. Entre estos resultados, que en mayo pasado salieron publicados en la revista Psychophysiology, el que más llama la atención apunta que las escenas de desastres o de mutilaciones provocaron inmovilidad: ante ellas, los observadores oscilaban menos hacia los costados que cuando estaban delante de imágenes neutras o placenteras. También se registró un incremento de la tensión muscular es el llamado freezing o congelamiento, estudiado anteriormente en roedores, pero ahora confirmado también en los seres humanos. El período de inmovilidad y tensión se caracteriza por el aumento de la atención y la vigilancia, y una reducción de la frecuencia de latidos cardíacos. Es como si el observador sintiera que se encuentra ante un peligro inminente, comenta Volchan.

El instinto de supervivencia
Al igual que otros animales, los seres humanos tenemos una reacción de congelación ante amenazas lejanas o que aún no se nos muestran concretamente, dice la investigadora. Se trata de una respuesta adaptativa: frente a un predador que aún no ha detectado dónde está su presa, lo mejor podríamos hacer, si estuviéramos en el lugar de la presa, es quedarnos inmóviles, y no llamar su atención. De acuerdo con la científica, la visualización de fotos en laboratorio podría así corresponderse con un tal contexto, debido a que causa la impresión de que el peligro está ahí mismo, pero no concretamente. ?En caso de que el peligro se materialice, probablemente habrá una acción propia de movimientos de huída, por ejemplo, y una aceleración de los latidos cardíacos, dice. Ambas reacciones, tanto la de congelación como la de huida, forman parte de nuestro repertorio defensivo ancestral, tal como sucede también con otros animales.

Otros estudios anteriores habían apuntado ya que la observación de imágenes de cuerpos heridos o incompletos engendra una propensión a la liberación de hormonas tales como el cortisol, y el reflejo de sobresalto: el susto. El cerebro humano parece haber preservado mecanismos ancestrales de defensa, que se activan ante situaciones específicas; pero estas respuestas varían de persona a persona. En el experimento en cuestión, no todos los observadores de las imágenes negativas tuvieron efectivamente las reacciones típicas del congelamiento que, aparentemente, dependen de la habilidad de cada persona al momento de vérselas ante estímulos desagradables. Cabe acotar que en el marco otro estudio, que saliera publicado en marzo del año pasado en el Brazilian Journal of Medical and Biological Research, Mirtes Garcia Pereira, quien actualmente se desempeña en la Universidad Federal Fluminense (UFF), Eliane Volchan y otros científicos de la UFRJ y de la UFF habían verificado que las personas son más lentas cuando se trata de detectar un círculo de luz al cabo de haber presenciado fotos de cuerpos mutilados.

El miedo contenido
Con estudios como éstos, Volchan y otro grupo con el que trabaja conjuntamente, coordinado por Ivan Figueira, del Instituto de Psiquiatría de la UFRJ, demuestran un particular interés en dilucidad de mejor manera la variabilidad de las respuestas emocionales de personas expuestas a las situaciones más dramáticas, tal como sucede en casos de trastorno de estrés postraumático. Es sabido que alguien que ha vivenciado una situación aterrorizante, que revistió peligro de muerte, como puede ser un asalto, un accidente o una violación, puede tener dificultades para librarse de ese miedo o de las recordaciones, que pueden emerger en medio a una charla o cuando está viendo una película por televisión. La rememoración de la situación traumática puede desencadenar un descontrol emocional, pero lo cierto es que aún no se sabe con exactitud de qué manera la memoria puede activarse, ni tampoco cuáles son las mejores alternativas en el combate contra este problema.

En una línea de trabajo complementaria, el equipo de Eliane Volchan arribó a otras interesantes conclusiones referentes a los cambios de postura corporal en situaciones que denotan seguridad. Lívia Facchinetti, una de las investigadoras del grupo, bajo la supervisión de Claudia Vargas, del Instituto de Biofísica y una de las coautoras de este estudio, verificó que la observación de fotos agradables de bebés y familias alteró la postura corpórea, y de un modo que sorprendió a los investigadores: el centro de gravedad del cuerpo se deslizó un poco hacia atrás, lo indica que las personas se apartaron ligeramente. Pese a estar tensos, estos ínfimos pero significativos movimientos corroboran la predisposición a traer algo o a alguien hacia cerca suyo, dice Eliane. La investigadora y otros expertos en reacciones orgánicas generadas por la observación de imágenes parecen estar llegando a la conclusión de que los seres humanos, como así también otros animales, escudriñan constantemente el ambiente en busca de señales de peligro o de seguridad. La detección de pistas de amenaza activa el sistema defensivo, dice la científica, mientras que la detección de pistas de seguridad fomenta la interacción social.

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