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Ciencia

Cuando la falta de estado se siente

Investigadores paulistas calculan la capacidad de los brasileños sedentarios de hacer actividades físicas

Aquellas personas que sienten que les falta el aire y el corazón acelerado, como si éste estuviera a punto de saltarles por la boca, luego de caminar a paso rápido tan solo cinco cuadras, pueden tener algo más que una simple falta de preparación física, típica de aquéllos que llevan una vida sedentaria, como 90 millones de brasileños. La dificultad para respirar y el cansancio al hacer ejercicios, más comunes a partir de los 50 años, pueden indicar que algo no anda bien en el corazón o en los pulmones, principalmente si estas personas practican con regularidad alguna actividad física y en los últimos tiempos han notado que no tienen más la misma vitalidad que antes. En cualquiera de estos casos, estos síntomas transmiten un único mensaje del cuerpo: los músculos no están recibiendo la cantidad adecuada de oxígeno para hacer ejercicios.

Y ahora se ha vuelto más fácil identificar la causa de este problema. Los neumólogos Luiz Eduardo Nery y José Alberto Neder, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en colaboración con Brian Whipp, de la Universidad de Glasgow, Escocia, han establecido los parámetros que permiten calcular la capacidad para realizar ejercicio físicos de un adulto brasileño sedentario, como resultado de una serie de proyectos financiados por la FAPESP desde 1996. De esta manera, los investigadores logran estimar el desempeño esperado del corazón, los pulmones y los músculos – en otras palabras, el nivel de actividad física considerada normal para una persona sin problemas de salud.

Caminando a paso acelerado, a unos 2 metros por segundo, un joven sano – de 30 años, 70 kilos y 1,70 m – consume alrededor de un litro de oxígeno por minuto. Para suministrarle a sus células tal volumen de oxígeno – el gas esencial para la transformación de las reservas de azúcar en energía -, ese hombre respira aproximadamente 35 litros de aire en ese mismo lapso de tiempo – el equivalente al 40% de la capacidad máxima de sus pulmones. Al caminar a esa velocidad, el corazón trabaja a razón de hasta 135 latidos por minuto, casi el 70% de su capacidad máxima de esfuerzo. Si esa persona goza de buena salud y no es sedentaria, es capaz de caminar entre 2 y 3 kilómetros a ese ritmo sin sentir fatiga ni dificultades para respirar.

Cuando algo no anda bien, en las mismas condiciones del ejemplo anterior, la parte muscular, la cardiovascular o la pulmonar – que actúan en forma integrada – trabajan más allá del límite considerado normal, que varía en función de la edad, la masa corporal, la altura, el sexo y el nivel de actividad física. Si el esfuerzo se extiende durante un período prolongado, de cinco a diez años, puede poner en riesgo la salud y causar daños en las arterias del corazón – o en el propio músculo cardíaco -, por ejemplo, u ocasionar una falta de aire más intensa que limite la capacidad de realizar actividades físicas.

Hasta hace poco tiempo era complicado descubrir en cuál de esos sistemas residía el problema, sin que ello implicase la realización de una batería de estudios más caros y complejos, que permiten visualizar el músculo cardíaco y sus arterias, o analizar algunos aspectos de la función pulmonar. Algunos de estos análisis consisten en la introducción de un catéter en las arterias del brazo; otros, evalúan los gases disueltos en la sangre. Todos ellos son necesarios, pues las alternativas más simples – el electrocardiograma, el análisis de sangre para la detección de la anemia y el test que mide la capacidad pulmonar en reposo – no logran resolver la tercera parte de los casos en los que se desconoce el origen del cansancio y de la falta de aire, toda vez que dichos síntomas pueden representar un trabajo exagerado tanto del corazón y los músculos como de los pulmones.

El conocimiento de la capacidad normal para hacer ejercicio es esencial para que los médicos descubran de manera más precisa cuál es la parte del organismo que no está funcionando como es de esperarse, mediante una prueba relativamente sencilla: el test de ejercicio cardiorrespiratorio (TECR). Dicho test dura alrededor de media hora, suministra informaciones sobre más de 40 parámetros diferentes, relacionados con el sistemas cardiovascular, el respiratorio y el muscular, y permite descubrir la causa del trastorno en un 80% de los casos que permanecen velados cuando se realizan estudios más simples. En las restantes situaciones, si bien no señala la causa específica, el TECR hace las veces de brújula, pues indica a los médicos cuál de los tres sistemas no está bien.

Y permite también analizar la evolución del tratamiento y orientar los ejercicios físicos más adecuados para cada persona.Los parámetros brasileños para el TECR, presentados inicialmente en una serie de diez artículos científicos – el más último de éstos será publicado este mes en el European Respiratory Journal -, fueron compilados por Neder y Nery en el libro Fisiologia Clínica do Exercício – Teoria e Prática, lanzado a principios de este año por Editora Artes Médicas. Este perfil de la capacidad física de los brasileños sedentarios conquistó también un respaldo importante al final del año pasado: fue condensado en un capítulo del más reciente consenso de la Sociedad Brasileña de Neumología y Tisiología (SBPT): las Directrices para Tests de Función Pulmonar, divulgadas en octubre en el Jornal de Pneumologia.

Ya con el endoso de la SBPT, dicho trabajo orienta ahora la actuación de los médicos brasileños del área de fisiología clínica del ejercicio, que estudia las respuestas del organismo enfermo – o bajo sospecha de estar enfermo – ante el esfuerzo físico. Precisamente, la falta de un patrón nacional sobre la capacidad de realizar ejercicios dificultaba la aplicación del TECR para revelar la causa del cansancio y de la falta de aire de origen desconocido, una queja manifestada por la mitad de las personas de más de 70 años que se presentan en los consultorios médicos para realizar un chequeo clínico, de acuerdo con Neder. Antes del trabajo del equipo de la Unifesp, la ausencia de datos sobre la población brasileña obligaba a los médicos a tomar como base estudios realizados en Estados Unidos, Canadá y Europa.

La complicación de tal decisión reside en que las investigaciones extranjeras fueron hechas con personas de perfil bastante distinto que el brasileño, y una capacidad para realizar ejercicios superior a la de nuestra población -en general, éstas incluían a estibadores, voluntarios que practicaban actividad física e incluso soldados.Una consecuencia más directa y grave de la utilización de los patrones de otros países es que esto inducía frecuentemente al error en el diagnóstico de incapacidad para hacer ejercicio, que afectaba a cerca del 20%, en los casos de las personas más jóvenes (con edades entre 20 y 40 años) y más altas (más de 1,75 m), pero podía llegar al 50% entre los individuos de más de 60 años y menos de 1,65 m. “Estos datos”, comenta Neder, “indican que el análisis estaba más distorsionado todavía, justamente en la franja de población candidata al test: los adultos sedentarios con riesgo de problemas cardíacos y pulmonares, principalmente los ancianos.”

Patrón sobrestimado
Al evaluar el parámetro más representativo de la capacidad de una persona para realizar ejercicios físicos, medido por el TECR – el consumo máximo de oxígeno, que indica simultáneamente la eficiencia de los pulmones, del corazón y de los músculos para aprovechar el oxígeno del aire -, los investigadores descubrieron que los valores norteamericanos eran hasta un 15% más elevados que los brasileños.

Un médico que se basara en ese patrón extranjero podría concluir que el joven del inicio del texto – de 30 años, 70 kilos y 1,70 m – podría padecer algún problema pulmonar en caso de que su test de ejercicio cardiorrespiratorio indicase un consumo máximo de oxígeno de 2,4 litros por minuto. Dicho valor, normal para un brasileño de esas características, se ubica por debajo del estimado por el patrón norteamericano, de 3 litros por minuto.Otra derivación de la aplicación de los valores extranjeros para evaluar a los brasileños era la posibilidad de incurrir en equívocos en el análisis de la concesión de beneficios por enfermedades pulmonares causadas por la inhalación de polvos -las llamadas neumoconiosis- por parte del Instituto Nacional del Seguro Social (INSS).

En el marco de un investigación llevada a cabo en 1989 junto con Ericson Bagatin, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), y José Roberto Jardim, de la Unifesp, Nery había demostrado la falta de estandarización en el análisis del test de diagnóstico de la forma más común de neumoconiosis – la silicosis, una enfermedad incurable, que provoca una dificultad respiratoria grave-, efectuado a la época mediante la detección de nódulos en el pulmón presentes en las radiografías de tórax, tal como lo estipulaba la legislación vigente. En el mismo trabajo, publicado en la Revista Brasileira de Saúde Ocupacional, los investigadores ya sugerían que se implementasen análisis más completos, como el test de esfuerzo cardiorrespiratorio. Con todo, restaba aún fijar los criterios de clasificación.

Le cupo entonces a Neder, en su tesis doctoral, desarrollarlos a partir de los estándares norteamericanos aceptados por la Asociación Médica Americana y por la Sociedad Torácica Americana. Neder aplicó el test de esfuerzo cardiorrespiratorio a 75 trabajadores de la industria cerámica que exigían una compensación laboral por estar con sospecha de padecer silicosis, y constató que, con base en los patrones de Estados Unidos,un 45% de los trabajadores con capacidad normal de hacer ejercicio, y, por lo tanto, considerados aptos para realizar sus actividades, serían calificados como incapaces, tal como se afirma en el artículo publicado en el Brazilian Journal of Medical and Biological Research de mayo de 1998.

A partir de esta constatación, Neder propuso alteraciones en el patrón estadounidense para que se adecuara a la realidad brasileña. Los valores ajustados sirvieron de base para una norma técnica de 1997 del INSS, que regula la concesión de beneficios para afectados de neumoconiosis. Pero con una salvedad: aun de ese modo existía la posibilidad de que existieran errores en un 15% de los tests. “Observamos que, pese a los cambios, ese patrón aún era un terreno minado”, comenta Neder. En esa época, disconformes con el resultado, ambos investigadores decidieron evaluar cuál era la capacidad de los brasileños adultos para realizar ejercicios.

En un extenso estudio realizado entre 1995 y 1998, aplicaron el test de ejercicio cardiorrespiratorio a 120 personas sanas con edades entre 20 y 80 años, una muestra representativa no solamente de la población brasileña, mayoritariamente sedentaria, sino también de gran parte de los países occidentales. La Organización Mundial de la Salud estima que el 75% de los adultos no se ejercita con una frecuencia mínima considerada deseable en Occidente.

Casi como en un gimnasio
La principal diferencia del estudio brasileño, reconocido por organismos internacionales como la Sociedad Torácica Americana, reside en que es el primero de este tipo realizado únicamente con personas escogidas aleatoriamente. Esto deriva en la obtención de estándares de normalidad más próximos a los de la población habitualmente sometida al test. Por medio de este examen, evaluaron alrededor de 40 medidas diferentes de cada participante, seleccionados entre 8.226 individuos del personal de la Unifesp, y llegaron a 50 ecuaciones matemáticas que permiten trazar el perfil de la capacidad de esfuerzo del brasileño.

En el laboratorio en el que se realizaron los test, ubicado en la Unifesp, en donde el equipo de Nery realiza entre 30 y 50 exámenes mensuales, puede encontrarse un ambiente similar al de una sala de evaluación física de un gimnasio con los mejores equipamientos. Mientras la persona pedalea en una bicicleta ergométrica, permanece conectada al menos a seis equipos diferentes. Una pequeña máscara acoplada al rostro transporta el aire expirado a través de un tubo flexible hasta un aparato que mide su flujo, llamado neumotacómetro, y luego lo distribuye en dos cámaras, que evalúan la concentración de oxígeno y de gas carbónico de cada respiración.Una decena de electrodos conectados al tórax del paciente informan a otro equipo – el electrocardiógrafo – la actividad eléctrica y el ritmo del corazón, mientras que una presilla especial sujeta al dedo índice mide la fracción de oxígeno de la sangre que se une a la hemoglobina, aquella molécula que le aporta a ésta su color rojo característico y transporta dicho gas a las células del cuerpo.

Los datos recabados mediante este conjunto de equipamientos, llamado carro metabólico, alimentan dos microprocesadores, de donde salen las estimaciones del esfuerzo cardíaco, pulmonar y muscular realizado durante el ejercicio. El TECR fue introducido en Brasil hace unos 20 años, y tiene un precio considerado accesible – su aplicación, que ya es pagada por algunos sistemas de seguro médico, cuesta aproximadamente 400 reales -, si se considera la cantidad de informaciones que suministra. Su uso se ha diseminando en los últimos años. Es realizado en unos 20 centros médicos ubicados en São Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Brasilia, Santa Catarina y Río Grande do Sul, en su mayoría ligados a universidades.

Como reconocimiento de la importancia del trabajo brasileño, el consenso de la Sociedad Torácica Americana, publicado en enero, y el Principles of Exercise Testing and Interpretation, uno de los principales libros didácticos sobre fisiología clínica del ejercicio, citan actualmente los parámetros brasileños. Asimismo, tres de los seis principales fabricantes de carros metabólicos, los equipamientos utilizados para hacer el TECR, incluyen a las ecuaciones brasileñas en el programa de computadora que analiza los datos del examen.

El Proyecto
Valores de Referencia para Variables Metabólicas, Ventilatorias y Cardiovasculares en el Ejercicio Aerobio Máximo en Cicloergómetro

Modalidad
Línea regular de auxilio a la investigación
Coordinador
Luiz Eduardo Nery – Unifesp
Inversión
R$ 12.200,00 y US$ 41.331,00

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