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Criptografía

El código Voynich

Físicos brasileños proponen un significado para términos de un manuscrito redactado en un lenguaje desconocido

Aún enigmático: el manuscrito Voynich, con 240 páginas e impreso en papel vitela, probablemente se redactó en el siglo XV, en un alfabeto inventado

Reproducción Biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros/ Universidad Yale Aún enigmático: el manuscrito Voynich, con 240 páginas e impreso en papel vitela, probablemente se redactó en el siglo XV, en un alfabeto inventadoReproducción Biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros/ Universidad Yale

El más enigmático de los libros conocidos ‒el manuscrito Voynich, un texto que data supuestamente del comienzo del siglo XV, redactado en un alfabeto desconocido‒ no parece ser un mero amontonamiento aleatorio de símbolos sin sentido, tal como sostienen algunos estudiosos. Al menos, ésta es la conclusión a la que arribó un grupo de físicos brasileños luego de utilizar técnicas estadísticas avanzadas para analizar dicho documento, que hace tiempo frustra a los mayores expertos en desciframiento de códigos criptográficos.

Poco se sabe sobre el manuscrito y su historia. Tan sólo que está escrito en un alfabeto inventado, jamás visto en otro documento, y que fue adquirido en 1912, cerca de Roma, en Italia, por un librero polaco llamado Wilfrid Voynich, quien se casó con la hija de George Boole, un famoso matemático británico. El manuscrito está profusamente ilustrado con imágenes de plantas y cuerpos celestes, lo cual sugiere que podría tratarse de un texto sobre hierbas y astrología. Pero su contenido sigue siendo un enigma.

Los físicos tampoco pudieron descifrarlo, pero, en sus conclusiones, publicadas en el mes de julio en la revista PLoS One, creen haber identificado sus palabras claves, esto es, el conjunto de las palabras que más se asemejan a los nombres de los tópicos abordados en el texto. Una futura traducción de esas palabras finalmente podría revelar algo sobre el mensaje del libro, si es que, de hecho, hubiera un mensaje. El equipo brasileño, integrado por investigadores que se desempeñan en Alemania y en São Carlos, en el interior de São Paulo, también concluyó que el texto del manuscrito presenta todas las propiedades estadísticas que se espera en un texto con significado. Si eso fuera cierto, el citado manuscrito no sería una mera secuencia de símbolos sin sentido.

De cualquier manera, el método desarrollado por los investigadores para estudiar el Voynich tiene otras aplicaciones. “Nos permite identificar las palabras claves en un texto largo sin que sea necesario conocer su organización o compararlo con otros textos, tal como hacen los mecanismos de búsqueda, como el del Google”, explica uno de los autores del estudio, el físico Eduardo Altmann, del Instituto Max Planck para Física de Sistemas Complejos, en Dresde, Alemania. Altmann ha venido debatiendo con el personal de la biblioteca de Dresde el uso de un sistema de clasificación automática de documentos que ubicaría palabras potencialmente relevantes, que hayan pasado desapercibidas durante la clasificación de los libros por los bibliotecarios. “Este sistema podría ayudar a encontrar conexiones entre disciplinas científicas distintas”, dice.

Altmann se ha especializado desde 2009 en el uso de técnicas de física estadística para analizar la frecuencia con la que aparecen las palabras a lo largo de un texto (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 185). Tiempo atrás, durante una conferencia, conoció a otro brasileño radicado en Alemania, el físico Diego Rybski, del Instituto para la Investigación del Impacto en el Clima, en Potsdam, que conocía la historia del manuscrito Voynich.

Reproducción Biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros/ Universidad Yale¿Es un fraude o no?
El manuscrito, que actualmente se encuentra a resguardo en la Biblioteca Beinecke de la Universidad Yale, en Estados Unidos, se hallaba mezclado en medio de una colección guardada por sacerdotes jesuitas italianos cuando lo adquirió Voynich. Mucho se especuló acerca de si el mismo no sería un fraude creado por el propio Voynich, quien lucró con su venta, pero historiadores y biógrafos ya han descartado tal hipótesis.

Junto con el manuscrito había una carta fechada en 1666, firmada por un académico de la ciudad de Praga, en la actual República Checa, que le solicitaba a un jesuita en Roma que intentara descifrarlo. La correspondencia sugiere que el manuscrito perteneció a Rodolfo II (1552-1612), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, famoso por su fascinación por el ocultismo, y que el autor del libro quizá fuese el filósofo y fraile franciscano inglés Roger Bacon, quien vivió entre 1214 y 1294. Un análisis fisicoquímico del papel y de la tinta realizado en 2010, concluyó, sin embargo, que el escrito habría sido elaborado entre 1404 y 1438.

Del tamaño de un libro de bolsillo y encuadernadas en papel vitela, las 240 páginas del manuscrito están generosamente ilustradas, y algunas hojas tiene varias veces el tamaño del libro cuando se las despliega. La temática de los dibujos es la única pista sobre lo que tratan sus capítulos. La mitad del volumen describe plantas enteras, la mayoría no identificadas (tres de ellas lo fueron, pero las especies crecen en varios sitios del mundo, lo cual no ayuda a localizar su origen). A continuación hay una sección astrológica, con dibujos del Sol, la Luna, estrellas, el zodíaco, círculos en el cielo y varias mujeres desnudas. La siguiente sección contiene extraños dibujos de tubos, que se conjetura que podrían ser vasos sanguíneos, microscopios o telescopios, y otras mujeres desnudas en piscinas. A continuación viene la sección a la que se le llama farmacéutica, que aparentemente parece ser una lista sobre hojas y raíces. El libro finaliza con páginas repletas con un texto formado por una serie de parágrafos cortos, tan sólo ilustrado con estrellas en sus márgenes.

Los alrededor de 40 símbolos del texto recuerdan vagamente a los números arábigos y letras del alfabeto latino, así como algunos símbolos utilizados por los alquimistas medievales. Se encuentran ordenados como en cualquier texto occidental, agrupados en palabras separadas por espacios. Simultáneamente familiar y único, el lenguaje del manuscrito burló a todos los expertos que lo examinaron. Fue una obsesión para el criptoanalista estadounidense William Friedman, famoso por descifrar códigos secretos de los alemanes y de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de 20 años de intentarlo, Friedman solamente arriesgó el pálpito de que su mensaje estaba escrito en una lengua inventada.

Reproducción Biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros/ Universidad YaleA partir de los años 1990, una comunidad formada por una centena de investigadores pertenecientes a varias disciplinas e interesados en el Voynich comenzó a comunicarse por internet. Para facilitar el debate de segmentos del texto vía e-mail, asociaron cada letra de la escritura voynichesa con un carácter latino. Esa transcripción facilitó el análisis estadístico del texto por computadora y su comparación con otros textos.

Uno de tales análisis logró repercusión en 2004, sugiriendo que el Voynich sería un fraude. El psicólogo y matemático Gordon Rugg, de la Universidad Keele, en Inglaterra, descubrió cómo crear una secuencia de símbolos similar a la escritura voynichesa por medio de las técnicas criptográficas disponibles en el período renacentista. Rugg cree que el libro sería obra de algún charlatán del siglo XVI, ávido del oro que ofrecía Rodolfo II por las reliquias místicas. En 2007, el físico Andreas Schinner, de la Universidad Johannes Kepler, en Austria, sugirió en un análisis publicado en la revista Cryptologia que el texto del Voynich habría sido creado mediante un proceso aleatorio. Tales resultados, empero, no desanimaron a la mayoría de los estudiosos del Voynich, ni quebrantaron la fe de los místicos que creen que el manuscrito contiene alguna profecía divina o alienígena.

“El tamaño de la literatura sobre el Voynich es asombrosa y me hizo plantearme hasta qué punto su objetivo es científico”, comenta Altmann. “Por eso en nuestro trabajo intentamos formular las preguntas de manera general, aguardando que el estudio genere otras aplicaciones”.

Diego R. Amancio/ IFSC/ USPAmontonamiento y dispersión
Altmann y Rybski colaboraron con los físicos Osvaldo Oliveira Jr. y Luciano da Fontoura Costa, del Instituto de Física de São Carlos, en la Universidad de São Paulo, quienes tratan a los textos como si fueran redes complejas de palabras (vea la figura de al lado). “Dos palabras se conectan en la red si aparecen juntas en el texto”, explica Diego Raphael Amâncio, alumno de doctorado de Costa y primer autor del artículo en la PLoS One.

Antes de abocarse al Voynich, los investigadores evaluaron 29 tipos de mediciones estadísticas que pueden obtenerse a partir del análisis de un texto cualquiera. Son cantidades que miden cómo se aglutinan o se dispersan las palabras a lo largo del texto o bien miden la distribución de los diversos ordenamientos posibles de las conexiones entre las palabras, cuando al texto se lo representa como una red compleja. “Realizando un experimento imaginario, si pudiésemos analizar todos los textos escritos en todos los lenguajes existentes, contaríamos con todos los valores posibles para estas medidas estadísticas”, explica Altmann. En ese contexto ideal, los investigadores contarían entonces con una especie de firma estadística por cada texto posible.

Altmann buscó textos largos, traducidos en más de 10 lenguas, que estuviesen digitalizados y sin restricciones por derechos autorales, para su análisis. Uno de los que halló fue el Nuevo Testamento. El equipo analizó el texto bíblico en 15 idiomas, desde el árabe al xhosa, hablado por un pequeño grupo de Sudáfrica, y comparó los versos del texto con palabras mezcladas. Los físicos obtuvieron así una idea de cuáles medidas estadísticas son más sensibles a las variaciones en la lengua y cuáles de ellas pueden distinguir a un texto con significado de una serie aleatoria de palabras.

Cthy, qokeedy y shedy
Los investigadores compararon también varios textos escritos en un mismo idioma, analizando 15 novelas clásicas de la literatura portuguesa y 15 de la inglesa, así como sus versiones mezcladas, determinando cuáles medidas dependen más del mensaje particular del texto que del lenguaje en que está escrito.

Al contrario del análisis de Schinner, las medidas evaluadas por los brasileños indican que el texto del Voynich tiene una estructura sintáctica y transmite algún mensaje. “Según mi experiencia, los resultados del Schinner no son necesariamente una señal de que el texto no se halle escrito en una lengua natural”, dice Altmann. Él explica incluso que, si pudiera compararlo con más libros, hasta sería posible establecer qué lengua está más emparentada con la utilizada en el manuscrito.

Fui combinando algunas de esas medidas como los investigadores desarrollaron como método para diferenciar palabras del manuscrito cuyo significado remite a la temática abordada en el texto en general de las palabras que cumplen un rol meramente sintáctico, tales como artículos y preposiciones. Aplicando el método al Nuevo Testamento en portugués, por ejemplo, se obtiene una lista de palabras que incluyen “María”, “nació”, “niño”, “sepulcro” y “bienaventurados”. La lista del Voynich incluyó cthy, qokeedy y shedy.

Un estudio publicado una semana antes también en la PLoS One arribó a conclusiones similares. Los físicos argentinos Marcelo Montemurro, de la Universidad de Manchester, en Inglaterra, y Damián Zanette, del Instituto Balseiro, en Argentina, utilizaron técnicas estadísticas diferentes y obtuvieron una lista muy similar de palabras importantes.

“Cada nuevo estudio sobre el manuscrito señala detalles que son característicos en las lenguas naturales e improbables en textos aleatorios”, sostiene Jorge Stolfi, del Instituto de Computación de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien estudió el manuscrito entre 1997 y 2004. “Me arriesgo a decir que se trata de una transcripción fonética de alguna lengua del este asiático, realizada por un europeo, probablemente dictada por un nativo, utilizando un alfabeto inventado por el autor a tal fin”.

“Desgraciadamente, no veo cómo progresar en esa dirección”, dice Stolfi, cuya teoría causó cierta conmoción al ser presentada el año pasado en el marco de una conferencia que celebraba el centenario del descubrimiento del manuscrito. “Aunque mi hipótesis esté correcta, no me aventuro a predecir cuándo será descifrado.”

Proyectos
1. Uso de redes complejas para el procesamiento de lenguas naturales (nº 2010/ 00927-9); Modalidad Doctorado Directo; Beneficiario Diego Raphael Amancio; Inversión R$ 109.708,56 (FAPESP).
2. Modelos y métodos de e-Science para ciencias de la vida y agrarias (nº 2011/ 50761-2); Modalidad Proyecto Temático; Coord. Roberto Marcondes Cesar Junior/ IME-USP; Inversión R$ 1.033.785,69 (FAPESP/ CNPq.)

Artículos científicos
AMANCIO, D. R. et al. Probing the statistical properties of unknown texts: Application to the Voynich manuscript. PLoS One. v 8(7). jul. 2013.
MONTEMURRO, M. A. e ZANETTE, D. H. Keywords and Co-Occurrence Patterns in the Voynich Manuscript: An Information-Theoretic Analysis. Plos One. 21 jun. 2013.

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