
Miguel Boyayan / Revista Pesquisa FAPESPEl investigador durante una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP en 2004 en São PauloMiguel Boyayan / Revista Pesquisa FAPESP
Fue la influencia de una compañera de clase de la universidad, la brasileña de origen austríaco Ruth Sonntag, lo que indujo a Victor Nussenzweig a dedicarse a la ciencia. Eran los principios de la década de 1950 y el país vivía la euforia de la campaña “El petróleo es nuestro”. Nussenzweig estudiaba en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP) y participaba en las reuniones del Partido Comunista Brasileño (PCB). Hasta que Ruth, de quien estaba enamorado, lo convenció de que podrían hacer algo más importante para el mundo a través de la ciencia. “En aquella época, me interesaba más la política de izquierda que la ciencia, pero me puse de novio con Ruth y ella me convenció de que la investigación científica beneficiaría mucho más a la gente que la política”, recordó Nussenzweig en un reportaje dedicado a la pareja publicado en 2013 en la revista Science. Victor Nussenzweig falleció en São Paulo el 11 de agosto, a los 96 años.
Juntos, cuando todavía eran estudiantes universitarios de grado, Victor y Ruth iniciaron sus estudios sobre el protozoo Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad de Chagas, bajo la dirección del parasitólogo Samuel Pessoa (1898-1976). Pero fue posteriormente, ya casados, con tres hijos y una extensa carrera en la Universidad de Nueva York (NYU), en Estados Unidos, que dieron su mayor contribución: sentaron las bases para el desarrollo de la primera vacuna contra el paludismo recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Victor fue el segundo de los tres hijos de Michel y Regina Nussenzweig, judíos polacos que llegaron a Brasil escapando de los ataques antisemitas en Europa. En su adolescencia, daba clases particulares y ayudaba a sostener a la familia, al igual que sus hermanos: Israel (1925-2019), quien se convirtió en nefrólogo y docente de la USP, y Herch Moysés (1932-2022), quien fue físico y profesor de la USP y de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, antes de incorporarse a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).
Al comenzar la carrera de medicina, Victor conoció a Ruth (1918-2018), quien se había visto obligada a huir de Austria con su familia tras su anexión por la Alemania nazi. La afinidad entre ambos surgió rápidamente y dio lugar a una colaboración científica que perduró hasta la muerte de ella, en 2018 (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 266).
Se casaron en la biblioteca de la Facultad de Medicina en 1952, antes de graduarse. En 1958, una vez que Victor concluyó su doctorado, el matrimonio se fue a hacer una pasantía a Francia: ella en el Collège de France y él en el Instituto Pasteur. Al regresar a Brasil, en 1960, la pareja se dio cuenta de que aquí no podrían hacer ciencia al nivel de lo que se hacía en el extranjero y decidieron probar suerte en Estados Unidos. En 1963, Victor consiguió una beca de la fundación Guggenheim y se marchó con Ruth a Nueva York. En la NYU, pasó una temporada en el laboratorio del inmunólogo de origen venezolano Baruj Benacerraf (1920-2011), quien recibiría el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1980, y Ruth trabajó con el parasitólogo húngaro Zoltan Ovary (1907-2005).
En 1964, la pareja intentó regresar a Brasil otra vez, tras el golpe militar, pero pronto cayeron en la cuenta de que el ambiente no era propicio. Entonces Victor le escribió a Benacerraf, quien aceptó recibirlos. Victor volvió a trabajar con el futuro Nobel, y Ruth con Ovary. Más tarde ella fundaría el Departamento de Parasitología Molecular y Médica y se convertiría en la primera mujer en dirigir un departamento en la Escuela de Medicina de la NYU. Solo en 2012, aunque de manera temporal y por unos pocos años, el matrimonio volvería a trabajar en una institución brasileña. Llegaron a la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), con el apoyo del programa São Paulo Excellence Chair (Spec), financiado por la FAPESP, para coordinar, en colaboración con el parasitólogo Sergio Schenkman, la caracterización de las enzimas esenciales para el desarrollo del parásito que causa el paludismo [Plasmodium spp.] y hallar nuevos inhibidores.
En la NYU, la carrera de Victor prosperó. En 1970, junto al inmunólogo brasileño Celso Bianco (1941-2018), descubrió que las células del sistema inmunitario denominadas linfocitos B presentaban en su superficie un grupo particular de moléculas: receptores que reconocen determinadas proteínas de la sangre y, cuando se activan, mejoran la capacidad de los linfocitos B de producir anticuerpos. También estudió el papel de los receptores de estas proteínas, que integran el llamado sistema del complemento, en células capaces de encapsular y digerir patógenos. Su laboratorio se convirtió en una referencia mundial en este campo y contribuyó a explicar de qué manera las demás células del organismo soportan el impacto de las respuestas inmunitarias que hacen frente a los agentes infecciosos.
Para Nussenzweig, la ciencia debía ejercerse como una actividad desafiante, creativa y placentera
En la década de 1980, Nussenzweig regresó a sus orígenes y profundizó en el estudio de los mecanismos que utiliza el T. cruzi para invadir las células y sobrevivir al ataque del sistema inmunitario. En simultáneo, se unió a Ruth en sus estudios para el desarrollo de vacunas contra el paludismo o malaria.
El grupo dirigido por Victor produjo anticuerpos que permitieron identificar una proteína ‒la CSP‒ en la superficie de la forma infecciosa (esporozoito) del Plasmodium que podría utilizarse para despertar la respuesta inmunitaria del organismo. Al demostrar que la neutralización de la CSP por anticuerpos reducía la capacidad de infección del esporozoito, Ruth y Victor sentaron las bases para el desarrollo de varias posibles vacunas contra el paludismo causado por la especie Plasmodium falciparum. Una de ellas es Mosquirix, producida por la empresa GlaxoSmithKline, que ya se está aplicando a miles de niños en África.
A lo largo de sus carreras en la NYU, donde se convirtieron en profesores, Victor y Ruth dirigieron a decenas de estudiantes. Uno de ellos fue Julio Scharfstein. En 1974, luego de exiliarse voluntariamente tras promulgarse el Acto Institucional nº 5 (AI-5), que intensificó la represión en Brasil, Scharfstein, por entonces con 24 años, fue el primer brasileño en realizar un doctorado bajo la dirección de Nussenzweig investigando el sistema del complemento. “Recibía alumnos de toda América Latina, ya fueran chilenos perseguidos por la dictadura del general Augusto Pinochet o brasileños disconformes con la represión orquestada por el régimen militar brasileño. Victor y Ruth eran extremadamente profesionales y sensibles a nuestras voces. En los tiempos de la Guerra Fría, se mantenían atentos a lo que sucedía en Brasil, en Latinoamérica y en el mundo”, recuerda Scharfstein, docente de la UFRJ.
Su atención a la realidad política se hacía patente en las críticas que, en aquella época, Victor deslizaba haciendo referencia a la escasa valoración de la ciencia en Brasil (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 106). “La ciencia, para él, debía ejercerse como una actividad desafiante, creativa y placentera. Cuando me despedí de Victor, en 1978, me dio consejos valiosos. Era consciente de que hacer ciencia innovadora en Brasil en aquel momento inestable sería una tarea penosa”, recuerda Scharfstein.
“Victor tenía un conocimiento profundo de la inmunoquímica, mientras que la mirada de Ruth estaba más orientada hacia la parasitología. Él trataba de entender los mecanismos moleculares implicados en la respuesta inmunitaria contra el paludismo y ella buscaba soluciones a partir de esos mecanismos. Eran una combinación perfecta”, dice Schenkman, quien realizó una pasantía posdoctoral en la NYU, bajo la supervisión de Victor, entre 1987 y 1991.
Los descubrimientos de la pareja siguen rindiendo frutos. Científicos brasileños, actualmente liderados por la parasitóloga Irene Soares, de la USP, han obtenido avances en las pruebas de un compuesto candidato a vacuna contra el Plasmodium vivax, el parásito responsable de la forma más común de malaria en América Latina. El proyecto fue iniciado por un exalumno de Ruth, el inmunólogo Maurício Rodrigues, de la Unifesp, fallecido en 2015, quien estaba casado con Soares. “Básicamente utilizamos la misma estrategia que condujo al desarrollo de Mosquirix, pero en este caso con la proteína de P. vivax”, dice Soares. Los ensayos en animales ya se han completado y ahora los investigadores aguardan autorización para evaluar el compuesto en humanos.
Victor deja tres hijos: Michel, inmunólogo; André, físico graduado y dedicado ahora a la genética, y Sonia, científica social.
Este artículo salió publicado con el título “Un científico atento y amable” en la edición impresa n° 354 de septiembre de 2025.
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