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Agricultura

El menú de los próximos años

Expertos vaticinan una caída en la producción y la aparición de nuevas enfermedades y plagas como consecuencia de los cambios climáticos

Eduardo CesarEl Face, en Jaguariúna: los cafetos crecen más con una dosis mayor de CO2Eduardo Cesar

Los expertos están promoviendo una articulación para prevenir los posibles efectos de los cambios en el clima sobre el agronegocio, responsable de un tercio de la economía brasileña. Existen indicadores de que la producción de soja, trigo y otros cultivos puede caer de modo dramático y la incidencia de plagas y enfermedades puede aumentar, como respuesta a un probable aumento de la temperatura y a las modificaciones en la distribución de las lluvias en el país. El temor radica en que, en una primera instancia, los precios puedan subir y la variedad de cereales, hortalizas y frutas del menú diario sufra una reducción. Anticipándose a los escenarios que vislumbran tiempos difíciles por venir, los centros de investigación y las empresas están desarrollando –y ya presentando– variedades de cereales y hortalizas más resistentes a temperaturas mayores y al ataque de microorganismos causantes de enfermedades y plagas. La tendencia apunta que, próximamente, plantas, plagas, consumidores y la propia economía se reacomodarán y encontrarán nuevos estados de equilibrio.

En un estudio financiado por el Banco Mundial, investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y de Embrapa Informática Agropecuaria, utilizando 23 modelos computacionales de simulación climática global y tres regionales, detectaron una clara tendencia de descenso en la producción de arroz, frijol, soja, maíz y trigo, como resultado del probable aumento de la temperatura, entre 2020 y 2030. La reducción de la producción puede llegar a un 64% en el caso del frijol y un 41% para el trigo, incluso en el escenario más optimista, con un pequeño aumento de la temperatura promedio anual. En el contexto más pesimista, la producción de frijol puede caer un 70% y la de soja, un 24%. De acuerdo con este trabajo, solamente la producción de caña de azúcar y pasturas se beneficiarían con un clima más cálido (vea la tabla).

Paralelamente, los expertos de Climapest, un proyecto de investigaciones coordinado por Embrapa Medio Ambiente, con sede en la localidad de Jaguariúna, están observando que algunas enfermedades –principalmente las provocadas por hongos– y las plagas pueden agravarse en varios de los 19 cultivos analizados –entre los cuales figuran soja, maíz, café, arroz, frijol, banana, mango y uva–, como consecuencia del aumento en los niveles de CO2 del aire, de la temperatura y de la radiación ultravioleta B, tal como se prevé en los escenarios de cambios en el clima (vea la tabla).

040_Pragas_198-1AOtra posibilidad es la migración de enfermedades tales como la sigatoka negra, la más preocupante del banano, causada por un hongo, que perderá intensidad en algunas regiones productoras, pero avanzará hacia el sur, apareciendo donde hasta ahora no se había manifestado. “El combate contra las enfermedades no acaba nunca”, dice Wagner Bettiol, de Embrapa Medio Ambiente. “Las plantas y las plagas de las próximas décadas pueden ser diferentes a las actuales”.

Como se anticipa que la incidencia de algunas enfermedades aumentará y la de otras disminuirá, “no puede generalizarse lo que ocurrirá”, dice Raquel Ghini, investigadora de Embrapa en Jaguariúna y coordinadora del Climapest. El proyecto, que se creó hace tres años mediante una inversión de 5 millones de reales de Embrapa y 2 millones de reales aportados por otros organismos públicos y empresas, engloba a 134 investigadores de 17 filiales de Embrapa y 22 institutos de investigación y universidades. El trabajo conducirá a la edición, para fin de año, de un libro con mapas que indicarán la probable distribución de las enfermedades y plagas agrícolas del país durante las próximas décadas.

“El clima más cálido favorece el crecimiento y la proliferación de insectos”, reconoce José Parra, docente de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), dependiente de la Universidad de São Paulo (USP), y coordinador de un Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología sobre control biológico de plagas, “aunque el daño depende de la interacción con otros insectos y con el ambiente, de las respuestas del cultivo y de la provisión de agua”.

Según Parra, los propios enemigos naturales podrían desarrollarse con mayor velocidad y combatir las plagas. “Si se alterara la geografía de los cultivos, tal como podría suceder con los cítricos”, dice, “las plagas podrían mutar, y prevalecerán aquéllas más resistentes a las altas temperaturas”.

Efectos visibles
“Observamos claramente que el área plantada de café ha disminuido bastante e incluso ha desaparecido en el noroeste paulista y en el sur de Minas Gerais, que sufrieron un aumento de la temperatura durante las últimas décadas”, comenta Hilton Silveira Pinto, investigador de la Unicamp y uno de los coordinadores del estudio financiado por el Banco Mundial. Sus estudios anteriores habían indicado una reducción cercana a un 90% en las áreas favorables para el plantío en los estados de Goiás, Minas Gerais y São Paulo, y de un 75% en Paraná, hasta 2020, como respuesta al aumento de la temperatura. El café continuará cultivándose tan sólo en las tierras más altas del sudeste o más al sur del país, incluso en Rio Grande do Sul, donde actualmente tan sólo se lo consume. “Las alteraciones del clima están modificando las redes de transporte, distribución y organización rural, en tanto y en cuanto implican desempleo o migración de mano de obra especializada”.

040_Pragas_198-1BEl aumento en la concentración de dióxido de carbono (CO2) del aire puede producir un efecto favorable, al aumentar la productividad agrícola y propiciar un crecimiento más acelerado de las plantas. En uno de los experimentos de campo de Embrapa, en Jaguariúna, denominado Face, sigla inglesa por free air carbon dioxide enrichment, los cafetos que recibieron dosis extras de CO2 crecieron más y exhiben el mismo tamaño que las plantas de café plantadas un año antes, que se nutren con el CO2 provisto normalmente por la atmósfera.

El Face, que funciona desde agosto de 2011, ocupa una superficie de 6,5 hectáreas cultivada con cafetos. Doce octógonos de 10 metros de diámetro se destacan en medio de los cafetos. En seis octógonos, las plantas reciben CO2 en una concentración de 550 partes por millón (ppm), simulando la atmósfera de fin de siglo. Diariamente, sensores activados automáticamente según la dirección e intensidad del viento liberan sobre las plantas 600 kg del gas, que sale de un tanque de un tamaño de 10 metros. En otros seis octógonos, los cafetos sólo cuentan con el CO2 atmosférico, en una concentración de 400 ppm, que ya es más que las 350 ppm que Ghini utilizaba hace 10 años para prever el comportamiento de las plantas. “Hace 10 años, nadie lo creía cuando se hablaba de los cambios climáticos”, comenta ella.

El crecimiento acelerado de las plantas también puede ser un problema. En los últimos dos años, los productores de flores de Holambra notaron que las plantas florecen antes que lo esperado, probablemente a causa del aumento de la temperatura promedio en la región. En este caso, el crecimiento acelerado es una tragedia para aquéllos que deben entregar pedidos frescos a los consumidores en fechas acordadas, tales como la víspera del Día de la Madre o el Día de Difuntos.

En Embrapa Semiárido, de Petrolina, estado de Pernambuco, Francislene Angelotti, mediante una serie de ensayos con invernaderos sin techo, verificó que las principales enfermedades causadas por hongos que afectan la producción de uvas –el mildiu, el oídio y la roya de la vid– responderían de manera diferente ante el aumento en la concentración de CO2. También aparecen diferencias según la variedad de uva. La variedad Sugraone se reveló más sensible a la roya, y la Crimson, al hongo causante del oídio de la vid, pero como contrapartida, el mildiu fue menos agresivo en la variedad Italia. De manera similar, el hongo causante del oídio en el tomate, la lechuga, el pimiento y el melón se volverá más común, beneficiándose con las mayores temperaturas y una humedad más intensa. En tanto, al hongo que provoca el mildiu en la lechuga, que actualmente se desarrolla mejor solamente en condiciones de frío y humedad,  le será difícil crecer en un clima más cálido y seco.

040_Pragas_198-2Los expertos advierten, sin embargo, que los agentes causantes de enfermedades podrían adaptarse o bien aparecer, aprovechando el espacio dejado por otros. Un microorganismo que causa el mildiu en la calabaza, el melón, la lechuga y el calabacín, el Pseudoperonospora cubensis, moriría a temperaturas mayores, pero aparentemente ya se ha adaptado a un clima más cálido y seco.

“El mildiu se ha convertido en una enfermedad común en el norte de Minas Gerais, pues el hongo ya se ha adaptado a un clima más cálido”, dice Kátia Regiane Brunelli, investigadora de la empresa Sakata Seed Sudamerica Ltda., una multinacional japonesa que desarrolla y produce semillas de hortalizas, mediante mejora genética. “Con un clima tendiendo a ser  más cálido y seco”, dice Romulo Fujito Kobori, director de investigación y desarrollo de la empresa, “algunas enfermedades causadas por virus se tornarán más importantes que ahora”.

Reemplazantes en campo
Kobori, junto a su equipo de genetistas, intensificó la búsqueda de variedades más resistentes a los efectos de los cambios climáticos inmediatamente después de las primeras conversaciones con el equipo del Climapest, hace siete años, al respecto de las enfermedades más probables dentro de algunos años. Un recorrido por los invernaderos y plantíos de la estación experimental de la empresa, en la localidad de Bragança Paulista, indica que el trabajo maduró para la mayoría de las hortalizas estudiadas. “En 20 años, si el clima cambia demasiado, ésta es una variedad de brócoli que no servirá, pero esta otra sí”, explica, señalando los plantíos frente a él, ocupados por brócoli y lechuga con sutiles, aunque decisivas, diferencias de tamaño, forma y espesor de sus hojas y, por supuesto, en su capacidad para soportar enfermedades.

Hace algunos años que Sakata comenzó a vender variedades de tomate, lechuga, pimiento, melón, zanahoria, cebolla, calabaza, calabacín y pepino genéticamente resistentes a hongos, virus y bacterias, los que adquirirán mayor predominio durante los próximos años en las zonas tropicales. Se trata de un trabajo lento: cada nueva variedad requiere entre 10 y 15 años de trabajo hasta poder ser comercializada. Él espera que las técnicas de biología molecular ayuden a reducir ese lapso a la mitad, al identificar a las plantas que poseen los genes que les confieren características de interés, tales como calidad, productividad y resistencia a las enfermedades.

La selección genética de nuevas variedades de árboles frutales es aún más lenta. “Las variedades que utilizamos son de hace 60 años”, comenta Renato Bassanezi, investigador del Fondo de Defensa de la Citricultura (Fundecitrus), un centro de investigación financiado por los productores de Araraquara. Los naranjos más resistentes ante lo incierto del clima serían bienvenidos porque los cambios del clima ya están afectando la citricultura, una de las principales actividades económicas del estado de São Paulo, el principal productor nacional, y uno de los mayores del mundo, con 230 millones naranjos productivos.

Eduardo CesarEl Podosphaera xanthii, causante del oídio, creciendo en hojas de pepino: uno de los probables peligros por venirEduardo Cesar

En 2009, el inesperado exceso de lluvia en los naranjales incidió en la floración y propició el crecimiento de hongos, con lo que la producción decreció un 10%. Según Bassanezi, los productores compraron funguicidas, que no fueron necesarios porque al año siguiente el clima fue seco. Los casi 20 días de continua lluvia al comienzo de este años anticiparán la floración y, nuevamente la perjudicarán, propiciando el crecimiento de malezas, hongos e insectos transmisores de enfermedades.

El cancro cítrico, una enfermedad de origen bacteriano bastante diseminada, puede esparcirse  con mayor facilidad y adquirir mayor virulencia en un clima signado por temperaturas promedio anuales más elevadas y lluvias más intensas y concentradas. “Si se confirman los pronósticos de cambios climáticos”, dice Bassanezi, “las regiones del norte y sur del país serán más susceptibles a padecer epidemias de cancro”.

Bancos de germoplasma
De avanzar las plagas y enfermedades, los bancos de germoplasma –muestrario de variedades de arroz, frijol, soja, maíz y otras diversas plantas de interés económico, mantenidas en cámaras refrigeradas o en campo– cobrarán mayor interés. La coyuntura actual de los bancos de germoplasma es inquietante, ya que no se cuenta con un inventario actualizado de las colecciones, dispersas en centros de investigación, universidades, jardines botánicos y empresas.

“Menos del 10% de las colecciones de los bancos de germoplasma se encuentran adecuadamente caracterizadas”, dice José Baldin Pinheiro, docente de la Esalq y presidente de la Red Paulista de Recursos Genéticos, creada en marzo de este año. En el marco de un encuentro pactado para el final de este mes en la ciudad de Piracicaba, los integrantes de la red presentarán una actualización del archivo y del estado de conservación de los bancos paulistas de germoplasma.

Puede ser que varias plantas de la agricultura del futuro ya crezcan en el nordeste. En noviembre de 2006, al trasladarse desde el interior del estado de Paraná a Petrolina, Angelotti se sorprendió con la resistencia a la sequía y el poder regenerativo de las plantas de la región, que parecían quemadas por el fuego, y dos semanas después de una lluvia, comenzaban nuevamente a brotar.

Hace pocos meses, hubo otra sorpresa al saborear las manzanas, peras y caquis cultivados e irrigados en el campo experimental perteneciente a Embrapa. “Las variedades de peras del Instituto Agronómico de Campinas y de manzanas del Instituto Agronómico de Paraná se adaptaron muy bien”, dice Paulo Coelho Lopes, coordinador del proyecto de diversificación de cultivos de Embrapa Semiárido. “Nunca imaginamos que aquí pudiesen crecer frutas de climas templados”.

Los Proyectos
1. Efectos de los cambios climáticos globales sobre las enfermedades de las plantas (n° 04/ 01966-7); Modalidad Línea Regular de Apoyo al Proyecto de Investigación; Coordinadora Raquel Ghini – Embrapa Medio Ambiente; Inversión R$ 61.151,03 (FAPESP)
2. Climapest; Modalidad Macroprograma 1 de Embrapa; Coordinadora Raquel Ghini – Embrapa Medio Ambiente; Inversión R$ 5.028.798,47 (Embrapa)

Artículo científico
GHINI, R. et. al. Climate change and diseases of tropical and plantation crops. Plant Pathology. v. 60, n. 1, p. 122-32. 2011.

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