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Ecología

El poder de las ninfas

Las bromelias son centrales en el funcionamiento del Bosque Atlántico del nordeste de Brasil y ayudan a delinear su conservación

Puntas rígidas aserradas, decoradas con finas rayas rojas perforan la capa de materia orgánica que forra el piso de la selva. Son las hojas de la bromelia de Cryptanthus felixii, de cuyas bases espían tubos verdosos que terminan en delicados pétalos blancos, señuelo para abejas, que al sorber el néctar ayudan en la polinización. Bromelias Vriesea freicanecana se agarran a la piedra desnuda donde murciélagos transfieren polen de una flor a otra. Solo así se forman frutos, que penden en la punta de ramos expuestos al viento responsable de diseminar las semillas a otros cerros. Del agua de las lluvias que se acumula en la Neoregelia silvomontana, trepada en lo alto de árboles en el interior de Bahía, emergen pequeñas flores blancas. Los monos saben que allí encuentran insectos y renacuajos, importantes fuentes de proteína. Las plantas descritas arriba son algunas de las especies del nordeste de Brasil descubiertas por José Alves Siqueira Filho, de la Fundación Universidad Federal del Valle de São Francisco, con sede en Pernambuco, cuyo trabajo viene mostrando el papel central de las bromelias en la ecología del Bosque Atlántico.

Como las ninfas griegas, están por todo el bosque y son alimento para colibríes, murciélagos e insectos, refugio esencial para la reproducción de tipos de ranas y otros animales y en ellas germinan otras plantas. Algunas especies de bromelia se instalan en lo alto de árboles y solo se reproducen con la ayuda de animales que cumplen las funciones de transferir el polen para otras flores y las semillas para locales donde pueden germinar. Esa interdependencia entre bromelias y otros habitantes del bosque hace que ellas sean piezas claves del ecosistema y denuncien los primeros indicios de deterioración del bosque. Las bromelias sirven como bioindicadores para contar la historia del Bosque Atlántico, dice Siqueira Filho. Con Isabel Cristina Machado, de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), él mostró que las bromelias dependen sobre todo de vertebrados para reproducirse y que son la principal fuente de alimento para colibríes. De entre las 39 especies estudiadas, 60% son polinizadas por aves, 26% por abejas, 11% por murciélagos y 3% por mariposas. Ya las semillas son dispersas en gran parte por aves (40%), mamíferos (11%) y hormigas (6%). Sin embargo en muchas de las áreas examinadas la dupla ya no encontró el polinizador o dispersor necesario. La extinción localizada de los animales puede significar el principio del fin para las bromelias que de ellos dependen. Esos datos están entre los artículos originales que componen el libro Fragmentos del Bosque Atlántico en el Nordeste, organizado por Siqueira Filho y Elton Leme, de la Escuela de Derecho de la Fundación Getúlio Vargas de Río de Janeiro.

La reducción del bosque a manchas inconexas es la más seria amenaza a la biodiversidad ?en islas ecológicamente incompletas, plantas y animales necesitan transitar entre fragmentos para sobrevivir. Con eso en la mente, Marcelo Tabarelli, botánico de la UFPE, simuló en una computadora la capacidad de locomoción de animales entre trechos del bosque interconectados por corredores. El estudio muestra que, al norte del río São Francisco, ecosistemas viables exigieron la creación de entre 9 y 32 kilómetros de corredores. Además de eso, el desaparecimiento de vertebrados interrumpe la dispersión de semillas y puede llevar a la extinción de un 30% de los árboles y arbustos de la región. Tabarelli prevé un bosque futuro con menos diversidad, donde especies que necesitan sombra serán raras y las que hoy son raras dejarán de existir. Siqueira Filho analizó la distribución de bromelias en Pernambuco y Alagoas y vio que más de un 60% de las especies corren el riesgo de desaparecer de esos estados y 41 especies que solo existen allí están a las puertas de la extinción total. En algunos locales observó una invasión por plantas de la vegetación agreste característica del nordeste de Brasil, tal vez el inicio de un cambio drástico en el paisaje.

Ayer y hoy
La destrucción del bosque tiene raíces históricas que remiten al descubrimiento. Clóvis Cavalcanti, profesor de la UFPE especialista en aspectos socio-ambientales del Bosque Atlántico, explica que el colonizador encontró en Brasil una naturaleza de exhuberancia tal que le parecía infinita. La misma óptica permaneció en los descendientes como el propio Cavalcanti, que creció hallando que el bosque estaría siempre allí, aunque la caña de azúcar fuese el sustento de su familia. La deforestación  para la siembra de la caña de azúcar se amplió en los años 1970, con el programa del alcohol combustible. Fue con esa iniciativa, considerada ambientalmente saludable por evitar la quema de combustibles fósiles, sustituidos por el etanol de la caña de azúcar, que casi todas las últimas islas de bosques que cubrían las cimas de los cerros de la Zona del  Bosque de Pernambuco desaparecieron por completo, escribe Cavalcanti. En 1990 el Bosque Atlántico nordestino no llegaba a 6% del área original, y entre 1989 y 2000 perdió más del 10% de su cobertura vegetal.

La pérdida del Bosque Atlántico al norte del río São Francisco es especialmente grave, pues esa región tiene particularidades que la destacan. En un estudio publicado este año en el Journal of Biogeography, Tabarelli analizó 452 especies de árboles de la región y mostró que el bosque pernambucano es más emparentado con el Amazónas que con el Bosque Atlántico al sur del río São Francisco, sin embargo geográficamente más próximo. El mismo patrón emerge del trabajo de Siqueira Filho con las bromelias.

Las 24 nuevas especies de bromelias descritas por Siqueira Filho en los últimos diez años son señal de lo mucho que resta por descubrir por allí. Lo mismo se aplica a la fauna. En 2006, el mono denominado localmente macaco-prego-louro llamó la atención hacia los bosques nordestinos: sería la nueva especie Cebus queirozi o la redescubierta de C. flavius, registrado por primera vez en 1648 y nunca más visto desde entonces. Sin embargo casi todas las especies descritas recientemente como el ave caburé silvestre (Glaucidium mooreorum), en 2002 ya son descubiertas amenazadas de extinción.

Siqueira Filho teme que las plantas y los animales típicos del Bosque Atlántico nordestino ya estén perdidos, pero no hesita en señalar soluciones como replantar matas ciliares y establecer reservas en áreas de centrales. Hay oportunidades económicas: Europa y los Estados Unidos comienzan a exigir certificados de calidad ambiental?, afirma. Su trabajo está contribuyendo a una mejor comprensión de la ecología del Bosque Atlántico, pero para él el conocimiento científico puede  y debe  ser base para acciones concretas.

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