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Memoria

El Proyecto Xingú sale a la búsqueda de nuevas colaboraciones para expandir su alcance

Este programa de extensión universitaria de la Universidad Federal de São Paulo desarrolla acciones referentes a la salud indígena desde el año 1965

Roberto Baruzzi (sentado, en el centro) consulta sus notas durante una visita asistencial a una aldea del pueblo Kisêdjê, en 1984

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

El primer contacto de la enfermera Lavinia Santos de Souza Oliveira con un pueblo indígena fue a principios de los años 1980. Por entonces estudiante de carrera de grado en la Universidad de São Paulo (USP), ella viajó junto con médicos residentes y otros alumnos de enfermería hasta Marabá (Pará) para visitar una aldea del pueblo Parkatêjê, cuyos integrantes en aquella época eran más conocidos como Gaviões. El propósito del grupo era aplicar vacunas, pero antes era necesario llegar a un acuerdo con el cacique.

Krohokrenhum, el líder parkatêjê, quiso saber si las vacunas eran algo bueno. La enfermera le dijo que sí. Él la desafió a que demostrara que confiaba en las vacunas aplicándosela ella misma antes de que los indígenas extendieran sus brazos. Santos de Souza Oliveira le pidió a una compañera que le aplicase una dosis de antitetánica, y solo entonces el cacique autorizó al grupo a realizar su trabajo. “Son un pueblo guerrero y su altivez me causó una gran impresión”, dice la enfermera.

Ese encuentro fue decisivo para las decisiones que posteriormente tomó. Coordinadora de formación de recursos humanos del Proyecto Xingú, un programa de extensión de la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo (EPM-Unifesp) que despliega acciones de promoción de la salud indígena desde la década de 1960, a Santos de Souza Oliveira le gusta transmitir las lecciones que recibió en las aldeas. “Aprender es mucho más que dominar una teoría”, dice. “El trabajo enseña, como bien lo saben los indígenas”.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPEl médico recién graduado Laercio Joel Franco aplicando una vacuna a un niño del pueblo Kayapó en 1971Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

El proyecto nació en julio de 1965, cuando siete médicos de la escuela, liderados por Roberto Geraldo Baruzzi (1929-2016), organizaron una expedición para evaluar las condiciones sanitarias de los pueblos que habitaban en el Parque Indígena de Xingú, a instancias de Orlando Villas-Bôas (1914-2002), uno de los articuladores del proceso que condujo a la creación de la reserva en 1961 y su primer director. Las 16 etnias que hoy en día siguen ocupando el territorio reunían a 1.135 personas en aquella época.

Muchas de ellas se hallaban en peligro de extinción a causa de enfermedades infecciosas que desconocían y no lograban controlar, que diezmaban sus aldeas. En 1954, una epidemia de sarampión acabó en tan solo un mes con 114 de los 640 indígenas que vivían en el sur de la región de Xingú. El objetivo de la creación del territorio fue el de protegerlos contra las presiones que promovía la urbanización del país, y nada era más aterrador que la falta de atención médica.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPFicha del cacique Raoni MetuktireColección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

En los primeros años, las prioridades del Proyecto Xingú eran vacunar a la población, asistir a los enfermos y recabar datos sobre el estado nutricional de los niños y las enfermedades crónicas. Un acuerdo suscrito por Vilas-Bôas con la EPM preveía el envío de equipos multidisciplinarios al menos cuatro veces al año y cuando hubiera epidemias. Los casos complejos serían derivados al Hospital São Paulo, una institución filantrópica vinculada a la facultad.

En un testimonio que concedió en 2015 a la Asociación Paulista para el Desarrollo de la Medicina (SPDM), que administra el Hospital São Paulo, Baruzzi estimó que las caravanas del Proyecto Xingú movilizaron a 300 voluntarios a lo largo de cuatro décadas, incluyendo médicos, enfermeros, odontólogos y estudiantes. “Fuimos hasta allí a ayudar y volvimos más humildes por lo que no sabíamos”, dice el oftalmólogo Rubens Belfort Júnior, quien visitó la región por primera vez en 1967.

Desde las primeras expediciones, los médicos del proyecto adoptaron la rutina de rellenar fichas detalladas con información sobre cada indígena atendido, lo que en poco tiempo permitió armar una base de datos completa de los habitantes de la reserva, incluyendo la historia clínica de cada uno, sus vínculos de parentesco y fotografías que se actualizaban cada tanto. Las fichas fueron fundamentales para seguir la evolución de las condiciones sanitarias del territorio.

Merced a esta diligencia, también pudieron corroborarse los resultados del programa. En 1985, la base de datos de los médicos apuntaba que había 2.555 indígenas viviendo en el Xingú, lo que significaba que la población del parque se había duplicado al cabo de dos décadas. Las enfermedades contraídas durante los primeros años de contacto con los blancos habían sido controladas, lo que llevó a un descenso de las tasas de mortalidad. La última epidemia de sarampión que se registró en el territorio indígena se produjo en 1979.

Con la redemocratización del país y el proceso de construcción de la red pública del Sistema Único de Salud (SUS), los miembros del proyecto pasaron a actuar en otros dos frentes: la formación de personas que pudiesen ampliar las actividades sanitarias en el Xingú y el fortalecimiento de la precaria estructura de atención con la que podían contar los indígenas. En 1989 se dio un primer paso, con la creación en São Paulo de un consultorio externo especializado que hasta la actualidad funciona como puerta de entrada para los indígenas que acuden a buscar tratamiento en el hospital universitario.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPEl neumólogo José Roberto Jardim, por entonces un estudiante, atendiendo a un grupo del pueblo Kayapó en 1970Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

El primer curso, en los años 1980, se centró en la formación de 24 monitores de salud que pudieran ayudar a asistir a los enfermos en los centros sanitarios y aldeas del parque, aprovechando la predisposición de muchos indígenas a colaborar con los médicos y enfermeros en su labor. “Notamos que había una demanda de formación por su parte y mantuvimos largas conversaciones con sus líderes para hallar una metodología adecuada”, dice la sanitarista Sofia Beatriz Machado de Mendonça, quien empezó a participar en el Proyecto Xingú cuando era una estudiante, en 1981, y ahora es su coordinadora general. En 1996, una promoción de 63 agentes sanitarios indígenas se graduó tras haber realizado un curso de cuatro años.

Al año siguiente, Lavinia Oliveira se sumó al proyecto tras concluir su maestría en la Facultad de Salud Pública de la USP, en la que analizó un programa de formación de auxiliares de enfermería en São Paulo. El primer grupo de auxiliares indígenas que realizaron el curso en Xingú se graduó en 2002. Este mismo año, Oliveira finalizó su doctorado en la USP, en el que estudió el proceso formativo de los agentes sanitarios indígenas y su inclusión en el SUS. Desde entonces, la Unifesp ha participado en la formación de 110 auxiliares de enfermería en el Xingú y otros territorios indígenas de Mato Grosso.

En 1999, con la creación del Subsistema de Atención de la Salud Indígena (Sasi-SUS), el Ministerio de Salud reorganizó dicha atención, creando decenas de distritos sanitarios especiales en los territorios indígenas y albergues en las ciudades. Al año siguiente, mediante un convenio firmado por el ministerio y la Unifesp, los médicos del programa de extensión asumieron la administración del distrito del Xingú, haciéndose responsables no solo de las actividades relacionadas con la salud, sino también de la contratación de personal, la construcción de infraestructura y la distribución de medicamentos y equipos.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPBaruzzi conversando con Claudio Villas-Bôas (con gafas), el hermano de Orlando, durante un vuelo, en 1971Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

Este cambio generó tensiones en las relaciones con los líderes indígenas, como Machado de Mendonça reconoció al hacer un balance de la experiencia en su tesis doctoral, defendida en la Unifesp en 2021. “La distribución equitativa de recursos humanos y materiales entre los distintos pueblos no fue una tarea sencilla”, escribió. En 2024, el Ministerio de Salud se hizo cargo de la gestión de todos los distritos indígenas y pasó a recurrir a SPDM para la contratación de los equipos que trabajan en el Xingú, a través de convenios que han sido renovados periódicamente.

Los sanitaristas de la Unifesp volvieron entonces a concentrarse en las actividades de apoyo y formación, pero los cambios de gobierno y los recortes presupuestarios fueron en detrimento de la continuidad del trabajo. La segunda promoción de agentes de salud indígenas, de 62 alumnos, finalizó el curso en 2011. Al año siguiente, el Proyecto Xingú elaboró un amplio diagnóstico de la situación sanitaria en el territorio, basado en talleres realizados con líderes indígenas, administradores de distritos y profesionales de la salud que se desempeñaban en la zona, pero las recomendaciones formuladas por el grupo no se implementaron.

Un tema que ha preocupado a los coordinadores del proyecto desde su inicio y al que se ha prestado más atención es la articulación de la biomedicina con la medicina tradicional indígena. “La valoración de las prácticas y los saberes de estos pueblos es muy importante para elevar la capacidad resolutiva, crear vínculos de confianza con los profesionales, promover el autocuidado y posibilitar medidas de prevención y vigilancia sanitaria”, dice Machado de Mendonça. “El aumento de la oferta de servicios y medicamentos en los territorios acabó dejando esto en un segundo plano en los últimos años”.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPAgentes de salud indígenas que asistieron al curso de formación del proyecto, en septiembre de 2024: protestas contra los incendios forestalesColección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

En los talleres organizados en el Parque del Xingú para elaborar el diagnóstico presentado a los habitantes de las aldeas y administradores del territorio, los médicos sanitaristas observaron que los propios indígenas estaban perdiendo contacto con la sabiduría de los ancianos. Entonces se alentó a los participantes de los cursos para que entrevistaran chamanes o pajés, expertos en plantas y otras personas conocedoras de las prácticas tradicionales de sus aldeas, para luego compartir los resultados de sus investigaciones con el resto del grupo en las demás etapas de formación.

“Muchos de los médicos de la ciudad son reacios a estas prácticas y piensan que no respetamos su trabajo, pero el diálogo ha inducido a algunos a reconsiderar sus posturas”, dice el profesor Autaki Waurá, residente de una de las aldeas del pueblo Wauja en Xingú, quien actualmente realiza una investigación para su doctorado en antropología en la Universidad de Campinas (Unicamp). “Nuestro conocimiento puede contribuir a la comprensión del origen de las enfermedades y colaborar en su tratamiento”.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPEl sanitarista Douglas Antonio Rodrigues impartiendo instrucciones a los estudiantes en una aldea del pueblo Kuikuro, en 2017Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

Estudios realizados por investigadores de la Unifesp y otras universidades han señalado cambios dramáticos en el perfil epidemiológico de las poblaciones indígenas, con un aumento de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad. Los primeros casos en Xingú fueron registrados en la década de 1980, pero la situación se ha agravado con el crecimiento de las ciudades en los alrededores del territorio y el consumo de alimentos industrializados por los indígenas. El censo que llevó a cabo el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) en 2022 contabilizó 6.204 indígenas viviendo en Xingú.

Acciones sanitarias preventivas
Factores genéticos también pueden haber contribuido a este cambio, según surge de un estudio internacional realizado en 2010, que contó con la participación de investigadores de la Unifesp, en el que se analizaron muestras de sangre de los indígenas del pueblo Xavante en busca de un marcador asociado a un riesgo mayor de desarrollar diabetes y otras enfermedades (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 182). La coordinación del Proyecto Xingú se ha propuesto ampliar los estudios y rastrear este marcador, en particular, entre los pueblos sometidos a presiones por el avance de las explotaciones agropecuarias en la Amazonia, como los que viven en Xingú y los del pueblo Panará. “Esto ayudaría a planificar acciones preventivas y educativas”, dice el sanitarista Douglas Antonio Rodrigues, quien coordinó el programa entre 1996 y 2010. (Rodrigues y Sofia Machado de Mendonça se conocieron en la facultad y se casaron en una aldea Kuikuro, donde los tratan como parientes).

Otra idea que se está debatiendo es la creación de una organización social civil de interés público, lo que permitiría recaudar fondos de donantes y organismos internacionales para financiar proyectos y ampliar sus actividades. Según un recuento reciente que llevó a cabo la coordinación del programa, desde la década de 2000 en adelante, sus investigadores han trabajado en 18 proyectos financiados por agencias de financiación y han producido 22 tesinas de maestría, 20 tesis doctorales y publicaron 148 artículos en revistas científicas indexadas.

Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESPEn 2002, graduación de la primera promoción de auxiliares de enfermería indígenas, en Cuiabá (Mato Grosso)Colección del Proyecto Xingú / EPM-UNIFESP

Este año, el programa reanudó los cursos de capacitación destinados a las personas que trabajan en Xingú, con un grupo de 210 agentes de salud y saneamiento básico y apoyo financiero de la gobernación del estado de Mato Grosso, donde se encuentra la reserva. A finales de septiembre, los médicos y enfermeros enviados para el primer ciclo programado se vieron sorprendidos por el humo de los incendios forestales en la región y su impacto sobre las comunidades indígenas. “Habían empezado a cultivar mandioca y lo están perdiendo todo a causa del fuego, por lo que no están consiguiendo reponer sus reservas de alimentos”, relata Machado de Mendonça.

Las técnicas de cultivo y control del fuego desarrolladas por los indígenas con el asesoramiento del Instituto Socioambiental y otras organizaciones han resultado insuficientes, dañando los nuevos cultivos y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de las aldeas. Las consecuencias podrían implicar un aumento del consumo de alimentos industrializados y, a largo plazo, enfermedades crónicas como las que tienen preocupados a los médicos en Xingú. “Es un ciclo perverso al que es necesario ponerle fin”, dice la sanitarista.

Este artículo salió publicado con el título “Para proteger las aldeas” en la edición impresa n° 345 de noviembre de 2024.

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