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Política C&T

En defensa de la selva

A los 82 años, el profesor Nogueira Neto estudia manejo y gestión ambiental

El sabor de los descubrimientos ambientales, como es el caso del inexplorado y posiblemente único “bosque de aguajes o buritíes” existente en el mundo, situado a sobrevuelo de la región amazónica occidental, le sigue generando emoción. El empeño en la elaboración con fecha de conclusión agendada para finales de este año de un “diccionario de las abejas indígenas”, tema que ha sido su pasión desde que tenía 18 años, cuando estableció el primer contacto con esos insectos, implica en revisiones y un perfeccionamiento en cada nueva relectura.

El seguimiento de la formulación de políticas públicas relacionadas con la conservación del patrimonio natural como en el caso del proyecto presentado ante la FAPESP en asociación con la Fundación Forestal para la Conservación y la Producción Forestal del Estado de São Paulo, denominado Áreas especialmente protegidas del estado de São Paulo: estudio y definición de parámetros para la administración y el manejo, para apoyo a políticas públicas de gestión ambiental continúa dominando su biografía.

Es inquieto, activo y participante. Ésta son tan solo algunas de las aristas de la rica personalidad de Paulo Nogueira Neto, quien a los 82 años se enorgullece de que su vida misma esté entramada a la historia del ambientalismo en Brasil. Nogueira Neto es profesor titular jubilado de la Universidad de São Paulo (USP), del departamento de Ecología del Instituto de Biociencias.

Se ha dedicado con ahínco durante su vida a las abejas sin aguijón productoras de miel y, simultáneamente, ha cultivado siempre las cuestiones ambientales, que décadas atrás todavía no tenían un foco definido en la producción científica y social en Brasil. Ambos temas ocupan un lugar preponderante en su carrera y en su vida personal y familiar.

El profesor Nogueira Neto se convirtió en responsable de la demarcación de áreas ambientales en Brasil. Organizó y dirigió durante 12 años consecutivos y hasta 1986 la Secretaría Especial de Medio Ambiente (Sema), que dependía del Ministerio del Interior. Al frente de la Sema creó y estableció 3,2 millones de hectáreas en 26 estaciones y reservas ecológicas.

Asumió diversos cargos y mantiene vínculos como miembro de importantes entidades y asociaciones relacionadas con el medio ambiente, entre las cuales se encuentran el Consejo Nacional de Medio Ambiente (Conama); el Consejo Estadual de Medio Ambiente (Consema) y el Consejo de Administración de la Cetesb. Continua en la vicepresidencia de S.O.S Mata Atlântica, de WWF-Brasil y de International Bee Research Association. Preside a su vez la Asociación de Defensa del Medio Ambiente (Adema-SP) y la Fundación Forestal del Estado de São Paulo.

Cuando se hizo cargo de la coordinación del proyecto de Políticas Públicas presentado ante la FAPESP, Nogueira Neto intuyó que la investigación podría aportar elementos sólidos, no solamente para la toma de decisiones en las instituciones responsables de la protección de áreas naturales, sino también para pautar el accionar de representantes del Ejecutivo y del Legislativo.

“No se trata únicamente de cómo administrar mejor las unidades de conservación, sino también de cómo salvar los últimos fragmentos forestales relevantes del estado de São Paulo que aún no cuentan con la debida protección ambiental”, explica Nogueira. “De Jundiaí a la Sierra do Japi, y hasta el río Paraná, tenemos alrededor de 800 kilómetros casi que de un vacío, una inmensa área devastada”, subraya. El estado de São Paulo tiene tan solo alrededor del 7% de su cobertura vegetal preservada.

El trabajo pionero del equipo coordinado por el profesor ha mapeado y planteado la creación de nuevas áreas protegidas basándose en el señalamiento de 109 fragmentos prioritarios remanentes de ecosistemas. “El primero de éstos está en vías de convertirse en realidad, y está ubicado en el área de confluencia de los río Tietê y Piracicaba, en Barreiro Rico”, dice entusiasmado. La preservación de estas zonas, caracterizadas como Áreas de Relevante Interés Ecológico (Arie), determina qué es lo que puede y que es lo que no puede hacerse allí. El mayor problema radica en establecer la cooperación para el enriquecimiento de esas áreas, suministrándoles informaciones a los propietarios sobre el potencial de compensación ambiental.

Los fragmentos prioritarios seleccionados, tal como aclara la bióloga Lélia Marino, de la Fundación Forestal, partícipe en el proyecto, tienen en consideración las condiciones de conectividad entre los fragmentos, es decir, cómo éstos se comunican con los otros y también con las zonas aledañas. Se trata de jerarquizar cuál es la importancia de un fragmento con relación a otro seleccionado, en cuestiones tales cómo la preservación de la fauna y la flora.

Un área urbana es menos permeable para la fauna que un pastizal, que tiene tránsito de mamíferos. Lo propio sucede con un cañaveral, ejemplifica Lélia. La conectividad permite expandir el área ambiental preservada con mejor y mayor calidad. “Un bosque aislado restringe genéticamente a las especies, pero esto no quiere decir que las pequeñas poblaciones no pueden resistir, sino que esto se hace mucho más difícil”, añade el profesor.

Las abejas, en la terraza del caserón. La vocación de Nogueira Neto por las cuestiones ambientales nació casi que accidentalmente ?toda vez que su opción inicial de carrera universitaria se inclinó hacia Derecho, habiéndose recibido en 1945 en la USP?, durante sus visitas a la hacienda de la familia de su esposa. “Mi suegro tenía una caja de abejas indígenas en la terraza del caserón. Leí al respecto y me di cuenta de que ése era un insecto poco estudiado”, recuerda Nogueira.

“En los últimos años que pasé en la facultad de Derecho publicaba artículos sobre abejas en revistas científicas”, agrega. Durante ese período su gran amigo Paulo Vanzolini (doctor en Zoología, docente de la USP) le aconsejó que transformase esa pasión en objeto regular de estudios. Ocho años después de haberse recibido hizo entonces otro examen de ingreso a la universidad, esta vez en Historia Natural, en la Facultad de Filosofía de la USP, carrera que concluyó en 1959. Durante ese lapso, Nogueira Neto fundó aquella que quizás es la primera entidad conservacionista de Brasil: Defensa de la Flora y de la Fauna, hoy en día Asociación deDefensa del Medio Ambiente.

La relevancia actual de la cuestión del medio ambiente con relación a la calidad de vida en general no existía por ese entonces en Brasil. Lo que sí había era una comprensión acerca de la importancia de la preservación de los parques nacionales; esto desde la creación del código forestal, en 1934. La concepción más amplia vendría con la divulgación de los grandes eventos internacionales, como la reunión sobre el medio ambiente de Estocolmo, en 1972, de la cual Nogueira Neto participó.

Al final del gobierno militar, el docente fue invitado a conducir un órgano federal encargado del tema, que luego se convertiría en el Sema. “Me dieron tres salas y cinco funcionarios, pese a las dimensiones continentales del país”, comenta Nogueira. “Acepté porque vi que había un gran futuro para construir en esa área tan carente. Permanecí en el cargo durante cuatro gobiernos. Fueron más de 12 años como secretario federal”, agrega. Lejos de las disputas político-partidarias, Nogueira Neto logró difundir la importancia del ambientalismo en Brasil.

Durante muchos años Nogueira Neto dictó cursos sobre el comportamiento de los animales sociales, sobre los cambios climáticos y los ecosistemas terrestres. Fue uno de los fundadores del Departamento de Ecología General del Instituto de Biociencias de la USP. Construyó una carrera con reconocimiento tanto interno como en el exterior. Participó entre 1983 y 1986 en la Comisión Brundtland de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

Era uno de los dos únicos representantes de Latinoamérica. Fue de la partida en varias delegaciones oficiales al exterior, que a su vez condujo, y recibió la Orden de Río Branco, primeramente como oficial y después como comendador. Fue elegido dos veces vicepresidente del programa El hombre y la biosfera de la Unesco, órgano de las Naciones Unidas responsable de las áreas de educación y cultura con sede en París.

En 1981, juntamente con Maria Thereza Jorge Pádua, recibió el premio Paul Getty, el principal galardón mundial en el campo de la conservación de la naturaleza, y también el Premio Duke of Edinburgh en 1997, éste último de WWF Internacional. Fue distinguido con la encomienda del Arca Dorada (1983), de los Países Bajos, también debido a su actuación conservacionista.

Nogueira Neto cuenta con gusto sus descubrimientos, como el del bosque de buritíes plasmado en la década de 1980. El bosque aún hoy en día es impenetrable. “Nunca nadie puso sus pies allí. Enviamos una expedición, pero no fue posible llegar cerca. Calculamos, en vuelos rasantes, que el área, ubicada a unos 40 kilómetros del río Amazonas, tiene más o menos 30 mil hectáreas de palmeras, lo que sumaría alrededor de 10 millones de buritíes. No existe nada parecido en todo el mundo”, dice entusiasmado. El conocimiento sobre la biodiversidad nacional es bastante razonable en la regiones sur y sudeste de Brasil.

Nogueira Neto elaboró proyectos para hacer compatible el desarrollo y el mantenimiento de la selva amazónica con la explotación del copuazú y también el trabajo de los siringueros con el uso de otras técnicas. Así terminó por patrocinar la creación de la reserva de extracción Nova Esperança, ubicada en la región de Xapuri, estado de Acre. Creó vínculos personales con los habitantes de la zona, y así se convirtió “una especie de consejero”, tal como él mismo se define, de un grupo de 50 familias que están fuera de la reserva Chico Mendes.

Adquirió una pequeña propiedad donde también mantiene un apiario experimental. Otros similares, que visita regularmente con enorme satisfacción, se encuentran instalados en el interior de São Paulo, en Campinas y en Ribeirão Preto, como así también Luziânia, Goiás. Son abejas diferentes. Las de Acre son típicas de la región y diferentes de las de los otros criaderos de Nogueira Neto. La observación de estas colonias está aportándole nuevas informaciones al ya de por sí vasto conocimiento del profesor sobre el tema: son tres libros publicados, a los que al final de este año se le sumará un diccionario.

Portinari y la gente de la selva
En la época que vivía en el barrio Jardins, hace casi 50 años, en São Paulo, adquirió una área de cerca de dos mil metros cuadrados del otro lado del río Pinheiros, hoy en día barrio de Morumbí, y allí cultivaba su predilección por la observación de la naturaleza. “Esa zona era considerada, de las afueras de la ciudad, tanto es así que hice una quinta, aboné las plantas y mejoré la calidad de la tierra. Por acá los animales, las vacas andaban sueltas por las calles”. Se ríe del recuerdo de una ciudad que desapareció en pocas décadas.

Actualmente reside allí, en la amplia casa que construyó y donde le agrada recibir a sus seis nietos y al que es por ahora su único bisnieto. “Creo que cuando uno hace lo que le gusta el trabajo rinde frutos y se multiplica en buenas recordaciones”, pondera. La casa, cómoda y amplia, refleja la pasión primordial de su propietario. Tan pronto como se entra en el zaguán de entrada, una abeja estilizada por el artista plástico Aldemir Martins en unos 5 metros de longitud domina el piso, hecha en pastillas de cerámica.

En una de las paredes principales del pasadizo que da a las salas, un cuadro de Portinari hecho a pedido suyo retrata a los habitantes del monte retirando miel de abejas indígenas. “En un arrebato de osadía le di a él unas fotos, ya que desconocía el tema, para que pintase el cuadro”, recuerda divertidamente. “Menos mal que Portinari era accesible. Hoy en día es un ejemplar raro, porque es su único cuadro sobre este tema”. El óleo de Portinari es de 1958.

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