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Memoria

En el frente de la infección

Hace 95 años, el médico Rocha Lima descubría en Alemania el origen del tifus exantemático

FONDO ROCHA LIMA, CENTRO DE LA MEMORIA DEL INSTITUTO BIOLÓGICO DE SÃO PAULO, REPRODUCCIÓN: EDUARDO CESARRocha Lima con uniforme militar alemán, en 1914, al comienzo de su investigación sobre el tifus exantemáticoFONDO ROCHA LIMA, CENTRO DE LA MEMORIA DEL INSTITUTO BIOLÓGICO DE SÃO PAULO, REPRODUCCIÓN: EDUARDO CESAR

Durante sus primeros días en Berlín, Alemania, el médico Henrique da Rocha Lima (1879-1956) se topó con un clima “detestable”, tuvo dificultades para comprender el idioma, su único conocido se hallaba desanimado a causa del fallecimiento del padre e incluso él mismo se sentía angustiado por la ausencia de noticias sobre su familia. En aquel año 1901, el joven recién graduado se encontraba en Europa para perfeccionarse en microbiología, cirugía clínica y anatomía patológica. Comenzó a alternar años de estudio de especialidades en instituciones germánicas con su trabajo en el Instituto Oswaldo Cruz (IOC), en Río de Janeiro, hasta establecerse en Alemania, en 1909. Cuando regresó definitivamente a Brasil, en 1928, sus días de malestares parecían recompensados, ya que el científico construyó una sólida carrera internacional, cuyo ápice fue el descubrimiento, en 1916, del agente etiológico del tifus exantemático. También fue un importante promotor del intercambio entre científicos de ambos países y el gestor de la consolidación del Instituto Biológico de São Paulo.

Rocha Lima pasó tan sólo ocho meses en el Instituto de Anatomía Patológica de la Universidad de Jena antes de trasladarse al Instituto de Enfermedades Marítimas y Tropicales de Hamburgo, invitado por el protozóologo checo Stanislas von Prowazek. Allí siguió estudiando la anatomía patológica de la fiebre amarilla, tal como lo hacía en el IOC, y trabajó con el mal de Chagas. Investigó la formación de nódulos de la bartonelosis humana (enfermedad de Carrión o verruga peruana) y comprobó que el causante de la histoplasmosis, una infección pulmonar, era un hongo y no un protozoario.

Durante la Primera Guerra Mundial, Rocha Lima y Prowazek fueron enviados para investigar la epidemia de tifus exantemático que amenazaba  a las tropas alemanas. La enfermedad presenta síntomas similares a los de la gripe, con erupciones cutáneas (exantemas). En los casos leves el paciente se cura, pero cuando la enfermedad afecta al sistema nervioso, casi siempre ocasiona la muerte. El tifus, asociado con la miseria y las pobres condiciones higiénicas, resulta altamente infeccioso.

En 1909, Charles Nicolle, del Instituto Pasteur de Túnez, en la República Tunecina, anunció que la transmisión ocurría mediante el piojo del cuerpo. En 1910, Howard Ricketts, de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, realizó investigaciones en la Ciudad de México, que apuntaban hacia un microorganismo similar a los bacilos como su agente patológico. Ricketts se infectó y falleció ese mismo año. Rocha Lima y Prowazek se abocaron al tema en 1914. Un año más tarde, Prowazek murió contaminado. El brasileño también se infectó, pero sobrevivió y continuó el trabajo. En 1916, Rocha Lima presentó en Berlín sus resultados sobre el microorganismo, al que bautizó con el nombre de Ricketsia prowazek – en homenaje a los investigadores fallecidos -, al cual apuntaba como el real causante del tifus exantemático, hallado en el piojo del cuerpo.

“En aquel período había más de 30 patógenos estudiados por otros científicos que disputaban esa primacía”, dice André Felipe Cândido da Silva, autor de la tesis doctoral sobre la trayectoria del brasileño, defendida en octubre en la Casa de Oswaldo Cruz, de la Fiocruz, en Río de Janeiro. Rocha Lima también afirmaba que aún no era posible determinar si de hecho se trataba de una bacteria o de otro tipo de microorganismo. Años después, otras investigaciones confirmaron que la R. prowazek es efectivamente la causante del tifus, y pertenece a una nueva categoría de microorganismos, denominados rickettsias. “Él siempre reafirmó su prioridad en esos descubrimientos, que aún hoy en día son, a veces, adjudicados únicamente a Ricketts”, comenta André Felipe.

El investigador regresó a Brasil para ser uno de los líderes del Instituto Biológico, creado en 1927, siendo importante para su consolidación. Una de las rutinas instituidas por él se hizo famosa: las reuniones de los viernes, conocidas como “sextaferinas” [de sexta-feira, viernes en portugués], para debatir sobre artículos científicos relevantes, que también eran frecuentadas por investigadores de otras instituciones. “En 1948 era estudiante de medicina y un importante investigador como era José Ribeiro do Valle me llevaba a las reuniones para escuchar las conclusiones y debates acerca de los más recientes avances en nuestra área”, cuenta Alda de Campos Lavras, de 84 años, investigadora jubilada del Instituto Butantan.

En São Paulo, Rocha Lima mantuvo sus contactos con Alemania. Durante el nazismo ofreció trabajo en el biológico a algunos investigadores judío-alemanes perseguidos y recomendó a otros para instituciones del exterior. Aun así, su admiración por la cultura germánica lo impulsó a aceptar y recibir, en 1938, de manos de Adolf Hitler, la Orden del Águila Alemana de 2ª Clase por sus contribuciones científicas a la nación durante su período de permanencia.

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