Maria Paula Curado no tardó en darse cuenta de que operar tumores de cabeza y cuello no era la mejor forma de emprender un combate vasto contra el cáncer. Cambió la cirugía por la epidemiología y congregó instituciones de investigación en el proyecto Headspace, un consorcio internacional con financiación europea y de la FAPESP que estudia las características genéticas y epidemiológicas de los cánceres de cabeza y cuello. Su amplia y decidida trayectoria le valió, a sus 73 años, el reconocimiento como Personalidad Destacada en la ceremonia del Premio Octavio Frias de Oliveira, auspiciado por el Instituto del Cáncer del Estado de São Paulo (Icesp) y el periódico Folha de S.Paulo.
Graduada en la Universidad Federal de Goiás (UFG), realizó su especialización en el A.C.Camargo Cancer Center, fundado en São Paulo en la década de 1950, donde posteriormente completó su doctorado y actualmente dirige el Grupo de Epidemiología y Estadísticas del Cáncer (Geecan), en el Centro Internacional de Investigaciones (Cipe). Su perspectiva poblacional al respecto de la enfermedad se remonta a la década de 1980, cuando propuso registrar la totalidad de los casos de cáncer en el municipio de Goiânia, capital del estado de Goiás, donde inició su carrera.
Epidemiología del cáncer
Institución
A.C.Camargo Cancer Center y Fundación Antônio Prudente (FAP)
Estudios
Título de grado en medicina por la Universidad Federal de Goiás (UFG), magíster en cirugía de cabeza y cuello en el Hospital Heliópolis y doctorado en oncología en la FAP
Maria Paula Curado fue la primera mujer en asumir la presidencia de la Sociedad Brasileña de Cirugía de Cabeza y Cuello (SBCCP). Después de haberse convertido en una referente de ese campo en el país, vivió una década en Francia, primero como jefa del departamento de Epidemiología Descriptiva de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y posteriormente como investigadora en el Instituto Internacional de Investigación para la Prevención (Ipri).
La investigadora proviene de una familia de médicos eminentes del municipio de Goiás Velho, como se conoce a la localidad que antiguamente fue la capital del estado homónimo, y actualmente vive con su hijo de 30 años. A mediados de agosto, en el Cipe, conversó con Pesquisa FAPESP sobre la incidencia del cáncer de cabeza y cuello, los tratamientos y la cura funcional. A continuación pueden leerse los tramos principales de la entrevista.
¿Brasil ocupa una posición destacada en lo que respecta a la incidencia de los cánceres de cabeza y cuello?
El país con mayor incidencia de cánceres de cabeza y cuello es la India, que concentra el 50 % de los casos debido al hábito local de mascar hojas de betel ‒una enredadera‒ con nuez de areca, el fruto de una variedad de palmera. Nosotros tenemos una tasa de incidencia alta, que varía según la región del país y el rango de edad. Aquí en Brasil, la incidencia aumenta mucho a partir de los 45 años. El cáncer de cavidad oral es más frecuente entre ancianos, mientras que el de orofaringe asociado al VPH [virus del papiloma humano] afecta más a menudo a las personas de entre 50 y 59 años.
¿En qué regiones es más frecuente?
El estado de Espírito Santo registra índices altos, tanto de tumores de la cavidad oral como orofaríngeos, y Minas Gerais también.
¿Tiene que ver con la alimentación?
Principalmente con el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas, el vapeo y la transmisión del VPH al practicar sexo oral. En los estudios que hemos realizado comprobamos que los exfumadores deben esperar al menos 10 años antes de que el riesgo de desarrollar cáncer disminuya. Si consumen alcohol, tarda más aún.
Antes, los cánceres de cabeza y cuello eran más comunes a partir de los 50 años, pero en Brasil últimamente han comenzado a aumentar entre las personas menores de 50, ¿verdad?
Esto ha ocurrido en los casos derivados de la infección causada por el VPH. La proporción de mujeres con cáncer de cabeza y cuello también ha aumentado, y el problema aparece a una edad un poco más temprana. Antes, la proporción era de cuatro casos en varones por cada uno en mujeres. Ahora la relación es de dos a uno. Las mujeres han salido de sus casas, fuman y beben. Llevan una vida más parecida a la de los varones.
¿A cuáles órganos se refiere cuando habla de cabeza y cuello?
A la cavidad oral o bucal, formada por los labios, la lengua, las encías y el paladar duro [la bóveda palatina]; la orofaringe, que incluye el paladar blando o velo del paladar, la úvula o campanilla, las amígdalas y la pared posterior de la boca; a la nariz y los senos paranasales; a las glándulas salivales y a la tiroides. Hoy en día hay una avalancha de diagnósticos de tumores en la tiroides, porque todas las mujeres que acuden a una consulta ginecológica solicitan una ecografía. Y cualquier nódulo detectado se somete a un análisis patológico para establecer un diagnóstico.
¿Por qué esto constituye un problema?
El cáncer de tiroides es el más frecuente en el mundo, pero en la mayoría de los casos es inactivo. El nódulo no se convertirá en un cáncer. Para evitar la extirpación de la glándula, que puede ocasionar problemas, se ha desarrollado una técnica para quemar los nódulos. Algo similar ha ocurrido con el cáncer de próstata. Cuando se creó el test de detección del PSA [las siglas en inglés de antígeno prostático específico, una proteína liberada por la próstata], todos los varones se lo hicieron, porque evita tener que someterse a un tacto rectal. La detección de estadios muy iniciales llevó a muchas cirugías innecesarias, ¿y qué sucedió? La mortalidad creció. En países como Japón, donde no se realizan exámenes de PSA, la mortalidad no aumentó.
En lo que se refiere a los tumores de cabeza y cuello, ¿cuáles son los síntomas a los que debe prestarse atención?
Hay que estar atentos al cáncer bucal, porque es de evolución rápida. La gente suele acudir al médico o al odontólogo y nadie examina sus bocas. Quizá estos profesionales ni siquiera saben cómo hacer el diagnóstico. Son ellos quienes deben buscar el problema. El paciente debe aprender a realizar un seguimiento de su salud.
¿Cómo ha evolucionado el tratamiento para estos tipos de cáncer?
Las terapias han cambiado un poco. Antes hacíamos lo que se denomina estadificación, que consiste en determinar el estadio en el que se encuentra el cáncer. Examinábamos al paciente y observábamos el tamaño, la apariencia y la localización del tumor. El nuevo estándar internacional de clasificación propuesto en 2018, conocido por las siglas TNM, también clasifica al cáncer en función de los biomarcadores. No solo se tiene en cuenta el tamaño del tumor, sino también si presenta altas concentraciones de la proteína P16. Este factor tiene influencia en el pronóstico o en la probabilidad de cura, y sirve como orientación para mejorar la precisión del tratamiento.
¿Se realiza un test genético del tumor?
Si, una prueba inmunohistoquímica, que utiliza anticuerpos para detectar la presencia de la proteína. Si el tumor es P16 positivo, significa que hay presencia de VPH. En Brasil y Estados Unidos disponemos de modalidades de tratamiento adecuadas para los pacientes portadores del virus. De ser negativo, prescribimos la terapia de rutina. Los marcadores moleculares ahora forman parte de la estadificación y, para algunos tipos de cáncer, son factores pronósticos asociados a su curación. Esto ha permitido orientar mejor el tratamiento y condujo a un aumento de la sobrevida. La enfermedad puede estabilizarse, lo que le permite al paciente convivir con ella. Hoy en día existen muchos fármacos de administración oral, antes todo era endovenoso. También ha cambiado el concepto de cura. Ya no se apunta solamente a la eliminación completa del cáncer. La persona puede tener una sobrevida funcional, con capacidad y buena calidad de vida, aun cuando siga teniendo el tumor.
La persona puede tener una sobrevida funcional, con capacidad y calidad de vida, incluso si sigue teniendo el tumor
La cura ahora significa convivir con la enfermedad sin perder calidad de vida.
Exactamente. Antes el tratamiento tenía que matar al cáncer, pero también mataba a la persona. Lo que actualmente tenemos es un equilibrio. Por ejemplo, una mujer presenta un tumor mamario extendido y, al momento de practicar la mastectomía, se descubre una metástasis pulmonar. En mi época como cirujana esto era sinónimo de muerte. Ahora, se extirpan los nódulos y la mujer continúa viviendo. El nuevo enfoque consiste en darle vida al paciente. La cura es algo relativo, no es definitiva. También existe una serie de nuevos medicamentos: agentes inmunosupresores, anticuerpos monoclonales y células CAR-T para tratar tumores hematológicos. La industria farmacéutica está invirtiendo mucho y esto implica cambios en el tratamiento.
¿Los últimos avances en materia de tratamientos están disponibles para todos en Brasil?
Algo muy necesario y que hace falta en Brasil son directrices que ayuden a universalizar el tratamiento. Para el cáncer de cabeza y cuello no las tenemos. Un médico en el interior del estado de Mato Grosso, por ejemplo, recibe a un paciente con un tumor en el borde de la lengua y observa uno o dos ganglios linfáticos abultados. ¿Qué conducta debe adoptar? Si existieran directrices, las consultaría, tomaría una decisión y podría justificar esa conducta ante el paciente. Hace dos años profundicé en este tema en una reunión con líderes regionales y logramos establecer estas directrices para América Latina. Están publicadas, pero aún no han sido implementadas. Cuando se sospecha de un tumor de cabeza y cuello, la recomendación es practicar una biopsia: extraer un fragmento de muestra, colocarlo en un frasco y enviarlo a un laboratorio para su análisis. El problema radica en que este proceso puede demorar uno o dos meses en el sistema público de salud. Mientras tanto, el paciente debe esperar y el tumor crece.
¿Es importante el diagnóstico precoz?
Aquí en el A.C.Camargo, los tumores bucales detectados están en alrededor de un 40 % de los casos en su fase inicial. En el Sistema Único de Salud de Brasil [SUS], que atiende al 75 % de nuestra población, los casos atendidos en un 76 % ya se encuentran en fase avanzada y, llegado a este punto, no podemos saber en dónde comenzó el tumor. Para poder diseñar políticas públicas, tenemos que conocer dónde se encuentran la mayoría de los tumores en sus estadios iniciales, para saber cómo actuar. Necesitamos realizar ese mapeo porque el mismo tiene influencia en el pronóstico. Cuando el paciente llega con un tumor en una fase avanzada, incluso aquí en el A.C.Camargo, que contamos con acceso a tecnologías avanzadas de exámenes y tratamiento, no hay mucho que hacer. La persona se muere. Si el tratamiento se inicia en las fases iniciales, tiene más probabilidades de cura.
¿Sigue atendiendo pacientes?
Fui cirujana de cabeza y cuello hasta 2007. En Goiânia no tenía dinero para investigar, así que operaba. Suelo bromear diciendo que pasé de ser una cirujana rica a una epidemióloga pobre. Vine aquí a completar mi formación y le propuse a Luiz Paulo Kowalski, que era amigo mío, que hiciéramos un estudio epidemiológico. Reunimos datos de Goiânia, Curitiba [Paraná] y del A.C.Camargo. En 1991 comenzamos a reclutar pacientes para entender sus hábitos y averiguar por qué desarrollaban cáncer. Insistí para que incluyéramos las cocinas de leña en el análisis. El humo era precisamente uno de los factores de riesgo de cáncer de boca en Curitiba, donde su uso era muy frecuente. Logramos publicar nuestro primer artículo en la revista Journal of the National Cancer Institute. Éramos Kowalski, Benedito Valdecir de Oliveira, del Hospital Erasto Gaertner, de Curitiba, y yo. Más tarde nos unimos al grupo de la USP. Quería dedicarme a la epidemiología porque creo que lo importante es investigar los factores asociados a la enfermedad para poder modificar conductas.
Su experiencia con la epidemiología ya venía de antes, ¿verdad?
Puse en marcha el registro de cáncer de base poblacional de Goiânia. Empecé con ello porque perdí a un paciente de 37 años con cáncer bucal. Le había practicado una intervención quirúrgica excelente, estaba orgullosa, cosa de cirujana presuntuosa. Unos meses después, el paciente regresó con una recidiva. Entonces pensé: “Sé hacer cirugías, pero de nada sirve”. Así que partí hacia Río de Janeiro para realizar un curso en el Instituto Nacional del Cáncer. Allí había una profesora colombiana que vivía en Estados Unidos. Cuando terminaban las clases, todos se iban y yo me quedaba. Entonces se acercó a hablar conmigo. Le dije que quería aprender a realizar registros epidemiológicos y ella me enseñó un montón de cosas, trabajaba en la Organización Panamericana de la Salud e incluso me envió una computadora.
¿Y así fue que creó el registro en Goiânia?
Así empecé. Para lograrlo es necesario recopilar todos los casos de cáncer de la ciudad, visitar todos los hospitales, convencer a los directores para que faciliten la información. Ya había movilizado a las fuentes, pero necesitaba la autorización del Ministerio de Salud. Un día vine a São Paulo y fui convocado por los oncólogos Eduardo Franco y Humberto Torloni (1924-2017) a una reunión en Brasilia. Me dijeron que, en el ministerio, preguntarían dónde era necesario crear un registro en el país y que yo debía responder que en Goiânia. Aproveché para invitarlos a conocer el hospital en donde trabajaba, que no era nada comparado con lo que ya existía aquí en el A.C.Camargo.
¿Cómo funcionaba el registro?
Recabábamos la edad, el sexo, la topografía [la localización del tumor], y su estadio. Pasábamos las 24 horas del día haciendo eso.
¿El registro ya existía cuando se produjo el accidente con cesio en 1987?
Lo habíamos creado poco tiempo antes. Trabajábamos mucho. El gobernador me pidió que ayudara a las víctimas y yo accedí, con la condición de poder transferir el registro, mediante una ley, al Hospital del Cáncer de Goiânia, en donde yo trabajaba. Realizamos tratamientos preventivos, cirugías para extirpar lesiones iniciales e impedir que se volvieran malignas. La situación causó muchos problemas mentales en la población, la gente quedó conmocionada. Aprendí mucho, sobre todo en lo que respecta a la comunicación. A proporcionar información correcta, confiable.
¿Se registraron cambios en el patrón del cáncer luego del accidente?
Implementamos un protocolo para realizar un seguimiento de las víctimas y observamos que no hubo un pico de casos de cáncer. Una mujer desarrolló un cáncer de mama, pero no sabemos si está relacionado con el accidente. Creo que no. Entre las 249 personas del grupo que estuvo expuesto a la radiación, un empleado presentó mielodisplasia, un cuadro precanceroso en el que se producen fallas en la producción de las células sanguíneas en la médula ósea.
En Goiânia, observamos cambios en la incidencia de los cánceres de mama y de cuello uterino, que hoy en día aparecen en pacientes más jóvenes
¿El registro sigue activo en Goiânia? ¿Qué ha revelado en todo este tiempo?
Sigue en funcionamiento hasta ahora. Fue el primero instaurado en la región del centro-oeste; ahora Brasilia también cuenta con uno. En estos 30 años logramos mostrar cuál es la situación del cáncer en Goiânia y hemos servido de referencia para otros lugares. Hemos detectado cambios en la incidencia de los cánceres de mama y de cuello uterino, que en la actualidad se presentan en pacientes más jóvenes. También están aumentando los casos de melanoma. Asimismo, hemos observado el impacto de las medidas de prevención. Ahora me he dado cuenta de que tenemos que estudiar los tumores raros. Las personas viven más, entonces se incrementan las posibilidades de que aparezcan estos tumores. Los médicos deben estar entrenados para sospechar de los casos y realizar los diagnósticos.
¿Cómo funciona Headspace?
Es un consorcio internacional que agrupa a centros de investigación de 15 países para estudiar las características genéticas y epidemiológicas de los cánceres de cabeza y cuello. Cuando fui a Francia, en 2007, hicimos un segundo proyecto sobre el cáncer de cabeza y cuello, con colaboradores de varios estados brasileños y de algunos países de América del Sur. Reclutamos a alrededor de 4.000 pacientes y analizamos la incidencia y los factores de riesgo que predisponían a este tipo de tumores. A partir de ese trabajo, un amigo mío, el epidemiólogo británico Paul Brennan, sugirió que creáramos Headspace. Vino acá, reunimos a los grupos, debatimos y elaboramos la propuesta que él luego le presentó a la Comunidad Europea y obtuvimos los fondos. Después establecimos un acuerdo, lo enviamos a la FAPESP y conseguimos la financiación para el proyecto, que culminó en agosto y apunta a comprender las razones del retraso en el diagnóstico de los tumores de cabeza y cuello. Inicialmente estaba integrado por investigadores de Goiânia, São Paulo, Argentina, Uruguay y Estados Unidos. A mitad de camino se sumaron Irán y la India. Actualmente somos 15 centros. Nos ocupamos de la comunicación, el diagnóstico y el análisis del genoma. Pretendíamos saber cuáles son las mutaciones más frecuentes en estos 15 países, cómo funcionaban los sistemas de salud y por qué el diagnóstico de este tipo de cánceres era tardío.
¿La situación es similar en los 15 países?
No, es muy diferente. En Sudamérica (Uruguay, Colombia, Argentina, Brasil), la situación es más o menos parecida, pero las diferencias entre el sistema público y el privado influyen. Aquí, el SUS proporciona diagnóstico y tratamiento gratuito, pero el paciente que puede pagar un seguro médico o una consulta particular puede ser atendido con mayor premura. En Italia, por ejemplo, el sistema es público, pero dicen que hay lista de espera. Elaboramos un artículo basado en cuestionarios y las disparidades en el plazo del diagnóstico quedaron en evidencia. En el Reino Unido hay un plazo máximo de 60 días para iniciar el tratamiento.
Aquí también tenemos una ley que fija ese plazo, ¿no es así?
Así es. Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento debe iniciarse dentro de un plazo de 60 días. Pero no contamos con mecanismos para obligar a cumplirlo. El sistema británico funciona porque los controles son muy estrictos.
Así y todo, ¿los tumores que allí se detectan están en una fase más avanzada?
En efecto, pero no sé por qué. En Inglaterra, debido a las listas de espera del NHS [Sistema Nacional de Salud], la sobrevida en el caso del cáncer de mama es la más baja de Europa.
La lista de espera parece ser un problema común en los sistemas de salud públicos. ¿Cuál es la solución?
Me parece que hace falta regionalizar el formato de atención. En Goiânia, el SUS funciona de una manera. En el nordeste, la gestión local será de otra forma. No hay un modelo que funcione en todas partes. El equipamiento disponible en el SUS de Barretos, en el interior del estado de São Paulo, no es el mismo que hay en Goiânia o en Aracaju [la capital del estado de Sergipe]. Estas diferencias deben tenerse en cuenta.
¿Qué pudo observar durante su estadía en la Iarc, en Francia?
Aprendí mucho. Es una institución consolidada, típicamente europea, diferente a lo que una está acostumbrada. Me encargaron que elaborara uno de los tomos del Cl5, un libro que publican cada cuatro años sobre la incidencia del cáncer en los cinco continentes.
¿Se propuso cambiar algo?
Sí, dos cosas. Los registros eran escasos y no estaban digitalizados. Cualquiera que quisiera acceder a ellos tenía que comprar los programas. Creamos un software abierto para todo el mundo denominado CanReg5, por el que no hay que pagar licencia. Hoy en día está más avanzado y posee otras versiones. Otra cosa que quería cambiar era que, en el CI5, solo utilizaban la topografía para describir los casos: cáncer de nariz, por ejemplo. Pero la morfología es más importante para el tratamiento que el lugar en donde está alojado el tumor. Por primera vez, empezamos a hacer el registro internacional de la incidencia del cáncer, incluyendo información referente a la morfología. Hice muchos amigos en aquel período, con quienes actualmente aún tenemos proyectos en conjunto. Pero quise regresar. Aquí hay mucho por hacer.
Cuando regresó, ¿quiso hacer algo diferente a lo que hacía?
Quería dedicarme a la epidemiología del cáncer, porque en Brasil no existía. Éste es un hospital oncológico y es importante que los estudiantes aprendan más sobre epidemiología. Necesitaba generar una nueva mentalidad, y eso lleva tiempo.
Cuando llegaron los europeos, trajeron consigo los hábitos de beber, fumar y esnifar rapé, asociados al cáncer de cabeza
¿Cuál es esa mentalidad?
Que el cáncer no sea visto como una mera cifra. Detrás de él siempre hay una persona, un impacto social. Cuando se dice que 50 mujeres de cada 100.000 tienen cáncer cada año, les pregunto a los estudiantes: “¿Eso qué quiere decir? ¿Cuál es la franja etaria? ¿Cómo mueren esas mujeres? ¿Cómo es el acceso de los negros y los pardos al sistema de salud?”. La incidencia de los tumores de cabeza y cuello está aumentando y los negros se están muriendo más que los pardos, sin siquiera tener un diagnóstico. Los pardos están comenzando a tener acceso al sistema de diagnóstico y tratamiento, por lo que la mortalidad entre ellos está disminuyendo. Los negros aún no.
Usted participó en la elaboración de un artículo de 2024 sobre el impacto del colonialismo en el cáncer en Brasil. ¿Puede explicarlo?
Cuando los europeos llegaron aquí, trajeron consigo hábitos como beber alcohol, fumar, o esnifar rapé. El cáncer de cabeza, y sobre todo el de la cavidad oral, está asociado a estos hábitos. El colonialismo no solamente fue la conquista del territorio, sino también la incorporación de nuevos hábitos culturales.
¿Cómo se despertó su interés por la cirugía oncológica?
Soy edípica, mi papá era médico. Era otorrinolaringólogo y me llevaba para que le ayude en las cirugías cuando yo tenía 11 años. Eso influyó en mi decisión de dedicarme a la cirugía y en mi interés por cuidar y estar siempre lista para atender a las personas. En cuanto a la epidemiología, la que ejerció influencia fue mi mamá, una mujer de opiniones firmes, que hacía campañas políticas en la calle. Era una lectora ávida y nos hacía leer. Leí mucho sobre Marie Curie. Mi abuelo poseía la biblioteca más grande de Goiás Velho. Me quedaba pensando en esta mujer allí en el frío, comiendo zanahorias a oscuras y descubriendo tantas cosas. Hacía radiografías en medio de la guerra. Eso me impresionó mucho y despertó mi interés por la ciencia.
¿Cómo fue venir a São Paulo a completar su formación como cirujana oncológica, un área dominada por los varones?
Vine desde Goiânia en mi coche escarabajo, mi papá consiguió un muchacho para que me ayudara a conducir hasta aquí. Cuando llegué, me encontré con un residente y le pedí orientación, no sabía dónde debía ir. “Rebúscatelas”, me dijo. Tuve que descubrir dónde estaba mi cuarto. Ellos apostaban cuánto tiempo iba a durar.
¿Por qué?
Porque era la única mujer que hacía cirugía, una especialidad masculina. En la primera cirugía de cabeza y cuello en la que participé, me encargaron permanecer de pie sujetando el separador durante 12 horas. Por lo general, el residente junior es quien hace la traqueotomía, pero en esa ocasión no lo hice. Cuando la cirugía finalizó, me acerqué y les dije: “Esta fue la primera y la última vez que ustedes hacen lo que me corresponde a mí”. Fui la mujer que más traqueotomías hizo en este hospital.
Se enfrentó a dos estigmas: el hecho de ser mujer y encima no ser paulista.
En cierta oportunidad hubo una reunión con una autoridad y todos decían solamente “sí, señor”. Cuando terminó, tomé mis notas y cuestioné varias cosas. Al día siguiente me mandó llamar y me dijo: “¿Quién eres tú?”. “Soy Maria Paula, de Goiânia”, respondí. “¿Y allí hay facultad de medicina?” Cosas como esa tenía que escuchar, por ser de otra región de Brasil.
¿Cómo fue presidir la Sociedad Brasileña de Cirugía de Cabeza y Cuello?
Todo se repartía entre São Paulo y Río de Janeiro. En una reunión, dije que necesitábamos salir del eje Río-São Paulo. La propuesta se sometió a votación y perdimos. Avisé que la próxima vez no perderíamos, había que movilizar a los integrantes. Convocamos gente del nordeste, votamos y llevamos la reunión a Natal. Fue la primera vez en 25 años que la reunión se llevó a cabo fuera del eje Río-São Paulo. La siguiente fue en Goiânia.
Esto le abrió el camino a más gente.
Y estoy muy feliz por ello. No ha sido fácil, pero al final, a ellos también les gustó conocer Brasil. Tuve que luchar, parecía que los mandamases ya habían acordado quién sería el próximo presidente. Pero gané la elección. Con el tiempo las cosas cambiaron. Tras casi 20 años, Fátima de Matos es ahora la segunda mujer que llega a la presidencia.
Todo esto le valió el homenaje en el Premio Octavio Frias de Oliveira.
Creo que sí. En la ceremonia, dije que en Brasil hay mucha desigualdad y que São Paulo debería colaborar más con otros estados, conocer el país y mostrar lo que se puede hacer. La FAPESP puede contribuir a ello.
Necesitamos informar más y escuchar a los pacientes, como aquel cuyo problema era que no podía besar a su mujer luego de la cirugía
¿Cómo es su labor en la formación de nuevos médicos?
Soy muy activa. Les he dicho a mis alumnos que en el cielo hay una suite presidencial aguardándome. Adoro a los estudiantes, pero es difícil. Ellos son muy jóvenes y tienen una forma de encarar la investigación científica muy diferente a la de mi época. Yo aprendo a la par de ellos. Esta generación no asume compromisos, hacen las cosas cuando y como quieren. Yo intento hacerlos pensar y que presten más atención a las personas que a los números, al sueldo.
¿Por qué vio que era necesario incluir las redes sociales en Headspace?
Porque tenemos que ampliar. ¿Por qué han mejorado la identificación y el cribado del cáncer de mama? Fue gracias a la comunicación. Cuando se creó ese objetivo azul, se generó concientización. Ahora estamos en otro momento, que es el de apostar a las redes sociales. Nosotros, los especialistas, tenemos la costumbre de hablar en código: “carcinoma espinocelular”. Debemos descodificar e informar más, escuchar a los pacientes, como aquel que nos dijo que el mayor problema era que no podía besar a su mujer después de la cirugía, porque la boca le había quedado torcida. Tenemos que dejar de asustar y hablar más de la salud, de la importancia de cuidarse.
Usted también tuvo cáncer. ¿Qué aprendió como paciente?
Como médica, aprendí que es importante informar bien al paciente. No fueron tiempos fáciles, hacía quimioterapia y venía a trabajar. ¿Qué iba a quedarme haciendo en mi casa?
Esta entrevista salió publicado con el título “Maria Paula Curado: Con la mira puesta en los patrones del cáncer” en la edición impresa n° 356 de Octubre de 2025.
Republicar