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Craig Venter

Craig Venter: Fuerzas equivalentes

El ambiente puede ser tan determinante como los genes

Se puede ser más o menos afecto al inquieto Craig Venter, fundador de Celera Genomics, la empresa estadounidense que publicó el mes pasado su versión del genoma humano en la revista Nature, mientras el consorcio público hacia lo propio en las páginas de Science. Pero es imposible soslayar su influencia sobre los destinos de la investigación genómica en los últimos diez años. En 1992, disconforme con la burocracia de los NIH (National Institutes of Health) de Estados Unidos, Venter decidió fundar un instituto de investigación genómica. Nacía así en Rockville, en el estado de Maryland, a media hora de Washington, la capital, el TIGR (The Institute for Genomic Research), que se transformó en un productivo centro de estudios y secuenciamiento.

En 1998, Venter comenzó a escribir definitivamente su nombre en la historia de la genómica. Ese año fundó a Celera, también en Rockville, con un propósito claro: establecer el orden correcto de los 3 mil millones de pares de bases que forman el genoma humano en un plazo máximo de tres años, un lapso mucho menor que el inicialmente propuesto por el consorcio público internacional, que planeaba alcanzar tal objetivo tan solo en 2005. La entrada de Celera – una compañía dispuesta a imponer un ritmo frenético a las investigaciones para de ese modo ganar dinero con sus descubrimientos – causó mucha polémica e hizo recrudecer el debate ético. Pero sin lugar a dudas hizo que el consorcio público revisara su cronograma de trabajo. De 2005, el consorcio empezó a prometer el secuenciamiento completo para 2003.

Con la llegada de 2001, se puede decir que Celera cumplió su promesa, empero no de manera integral. La empresa publicó una versión del genoma humano, que aún contiene agujeros y no es a definitiva, al igual que lo que ocurrió con el trabajo del consorcio público. Dos semanas después divulgar parcialmente los datos de su borrador del genoma – solo tienen acceso integral a las informaciones de Celera los suscritos al banco de datos de la empresa -, Venter le concedió la siguiente entrevista telefónica a Marcos Pivetta:

¿La revelación de que el genoma humano tiene menos genes de lo que se esperaba es una buena o mala noticia?
– Bueno, no es necesariamente ni una cosa ni la otra. Pero yo diría que es una buena noticia porque ahora sabemos cuál es la respuesta (con relación al número de genes). Es una óptima base para que los investigadores sigan adelante.

¿Pero eso quiere decir que va ser más fácil o más difícil entender el genoma?
– Irónicamente, el bajo número de genes muestra que la biología es más complicada de lo que muchas personas querrían que fuera. Mucha gente pensaba sobre la base de: “un gen, una proteína, una función biológica, una enfermedad”. Pero las cosas no funcionan de esa manera. Creo que el secuenciamiento del genoma ayuda a demostrar algo que muchos de nosotros ya sabíamos, pero no teníamos noción de la extensión de esas complicaciones. La biología aún es la misma que de antes de que secuenciáramos el genoma. Solo que ahora tenemos una mejor evaluación acerca de su complejidad.

Menos genes en el ser humano implican menos genes para patentear. ¿Cómo ve Celera esa cuestión?
– Eso es irrelevante. El patenteamiento de genes no es una parte clave en lo que Celera está haciendo. Nunca lo fue. Nuestro objetivo es ayudar al resto de la comunidad científica, farmacológica y farmacéutica a entender cómo usar el genoma humano para desarrollar mejores diagnósticos y terapias. Ése es nuestro único objetivo: desarrollar nuevos tratamientos para las enfermedades.

¿Puede seguir considerándose al genoma como “el libro de la vida”? ¿Usted está de acuerdo con los investigadores que sostienen que las informaciones del genoma constituyen un duro golpe al determinismo genético?
– Soy una de esas personas que usted está citando. Espero estar de acuerdo con eso (risas). Hay muchos términos diferentes que se han usado para designar al genoma: libro de la vida, fotografía de la humanidad. El código genético no es un retrato del ser humano, no es un diccionario de la vida. Contiene importantes partes de nuestra historia, importantes instrucciones para nuestras células, acerca de cómo modificarlas. Pero no se puede ir a un cromosoma y encontrar en él las instrucciones para hacer un corazón, o un cerebro. Esa discusión tiene que ver con la cuestión anterior, referente a la complejidad del ser humano. La información está en los niveles siguientes, en las interacciones entre las proteínas, entre las estructuras de las células. Todo eso no está directamente codificado en nuestro ADN.

¿De ahora en adelante la influencia del ambiente va a ser revaluada al respecto de la aparición de enfermedades?
– Nuestros estudios muestran que, de una manera general, los genes y el ambiente tienen probablemente la misma importancia. En cada enfermedad, en cada condición humana, existe un equilibrio diferente respecto a la influencia de ambos factores. La biología molecular probó que el ambiente es realmente una parte esencial de la vida, de la biología. Ellos no son separables. Las personas que solo optan por los genes o solo por el ambiente salen perdiendo. Tienen de ir los dos juntos por definición.

¿Usted cree que esa idea es aceptada por la mayoría de los investigadores?
– Eso es algo que no puedo asegurar. Yo espero que sí. Pero intuyo de que aún se requiere mucho más tiempo para que las personas asimilen toda esa información. Tuve la oportunidad de pensar sobre eso mucho más que la mayoría de las personas.

Después del genoma, ¿qué es lo que se viene?
– Viene todo el resto de la biología. No existe un paso único que vaya resolver todo. Tenemos que integrar toda la información para entender la biología.

¿Pero mucha gente dice que el proteoma es el paso siguiente de la genómica?
– Existen importantes investigaciones en desarrollo en la separación y el secuenciamiento de proteínas. Estamos construyendo la unidad más grande del mundo en lo que se refiere a secuenciamiento de proteínas. Venimos realizado investigaciones en el área de proteómica desde hace un buen tiempo.

¿Qué paralelo podría usted hacer entre los datos de Celera y los del consorcio público?
– Creemos que el consorcio público realizó un gran trabajo. Pero el banco de datos de Celera es definitivamente más sofisticado. Nuestra secuencia se encuentra en un orden más correcto, algo que el consorcio público aún va a demorar dos o tres años para hacer. Una cosa es tener las partes de la secuencia, y otra es colocar todo en el orden correcto y obtener la secuencia correcta de los genes. Es por eso que el banco de datos de Celera es tan popular entre los científicos. Ellos saben que efectivamente tenemos los mejores datos.

¿Cuántos suscriptores tiene el banco de datos de Celera?
– Hasta ayer (1º de marzo), teníamos 37 abonados, incluyendo grandes escuelas de medicina e instituciones académicas, como el Rockfeller Institute. Científicos de todo el mundo, del Instituto Karolinska (de Suecia), del Instituto Max Planck, confían en nuestra información.

¿Ese número de suscriptores es suficiente para usted?
– Celera tiene solo dos años y medio de existencia. En ese lapso, secuenciamos la Drosophila melanogaster (mosca de la fruta), el genoma humano y ahora el genoma del ratón común. Todo eso en dos años y medio. Ya tenemos un número sustancial de suscriptores. Estamos apenas en el comienzo. Estamos esperando que Brasil suscriba nuestros servicios.

Investigadores brasileños, la mayoría de ellos financiada por la Fapesp, produjeron una gran cantidad de datos sobre el genoma humano, un millón de ESTs de regiones codificadoras de genes. ¿Cómo definiría usted la calidad de esas informaciones?
– No tengo conocimiento específico sobre las ESTs humanas producidas en Brasil. Pero se que otras secuencias de ESTs, las primeras que fueron conseguidas en su país y que fueron producidas en colaboración con mi instituto (TIGR, The Institute for Genomic Research), eran de alta calidad. Los científicos brasileños realizaron un gran trabajo en el secuenciamiento del primer patógeno de plantas (la Xylella fastidiosa).

En Brasil, los investigadores hablan más del estudio del transcriptoma que del proteoma en los próximos años, a diferencia de lo que ocurre en el exterior. ¿Por qué está ocurriendo eso y cuál es la importancia del transcriptoma?
– Es un término que nadie reconoce, por lo menos que yo sepa, como así también un término válido desde el punto de vista científico. Es por eso que no se escucha mucho hablar de él. Creo que nunca usé esa palabra en ese sentido. Las personas están estudiando el ARN todo el tiempo. Es un intermediario que puede ayudar con algunas indicaciones sobre las variaciones en las proteínas, pero no puede decirnos con gran precisión qué sucede con las proteínas.

¿Usted considera entonces mucho más importante el estudio del proteoma que el del transcriptoma?
– Mi postura consiste en adoptar una visión holística de la biología. Intento no emitir juicios… Usted no tendría ninguna proteína en el cuerpo sin el ARN y ningún ARN sin el genoma. Todo es importante y todo debe estudiado y entendido. La mayor parte de la biología ocurre al nivel de las proteínas. Las personas miden el ARN generalmente para intentar adivinar cuántas proteínas existen. Ahora contamos con nuevas técnicas para medir las proteínas directamente. Pero todavía hay interés académico en medir el ARN en algunos lugares. Las dos técnicas son muy importantes.

¿Usted cree que los software usados para secuenciar el genoma humano también pueden utilizarse en el estudio de las proteínas?
– Estamos desarrollando nuevos software para actuar con proteínas, pero su entendimiento está íntegramente basado en el entendimiento del genoma. Cuando se trabaja con un sistema integrado, todos los componentes son necesarios. Pero definitivamente vamos a necesitar nuevos y mejores software y computadoras.

¿Todo lo que se publicó en Nature y en Science sobre el genoma humano hizo que usted modificara alguna de sus creencias más íntimas, como Dios, el destino o la evolución humana?
– No. Ninguna de mis creencias se modificó. Sigo siendo la misma persona. Apenas me di cuenta aún más de las complejidades de la biología.

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