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Política C&T

Good Job

Los niños de California les escriben cartas a los científicos brasileños

Lori Connelly es la maestra de un grupo de alumnos del tercer grado de una escuela de San Luis Obispo, una ciudad del interior de California, Estados Unidos. Cercada de vitivinícolas, la región es una gran productora de vinos finos y vive con pánico de ser alcanzada por la enfermedad de Pierce, una plaga que ataca a los viñedos, causada por una variedad de la bacteria Xylella fastidiosa, que tantos estragos provocan en los naranjales. En agosto de 2000, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos le propuso a la FAPESP una asociación para secuenciar a la Xylella de las vides, aprovechando la experiencia brasileña en el área.

Bajo la dirección de las investigadoras Marie-Anne Van Sluys y Mariana Cabral de Oliveira, ambas de la Universidad de São Paulo, y João Paulo Kitajima, de la Universidad Estadual de Campinas, los brasileños se unieron a los norteamericanos y realizaron el trabajo. La profesora Lori, a partir de un reportaje del New York Times, les mostró a sus alumnos, todos de entre 8 y 9 años, como es posible trabajar en cooperación con gente de cualquier parte del mundo, y con éxito. Veintinueve estudiantes les escribieron entonces cartas de agradecimiento a los científicos brasileños.

“Lori les enseñó a los niños que los investigadores de todo el mundo son iguales y fue más allá de las diferencias entre países pobres y ricos”, dice Andrew Simpson, del Instituto Ludwig de Investigación contra el Cáncer, coordinador del primer proyecto genoma de la FAPESP, el de la Xylella. Todas las cartas tienen el mismo tono que la que escribió Warren Stevens Crendall: “Gracias por el duro trabajo que hicieron”.

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